martes, 18 de septiembre de 2018

SEPTIEMBRE


Nueva entrada en la que hablo de un mes en el que digo adiós y hola. 

   El pantalón vaquero se ajusta a mis piernas como un guante. Noto su calor y su tacto. No me gusta esa sensación. Siento ganas de cortar las perneras y sentir el aire por delante y detrás de las rodillas.


   Un escalofrío me recorre la espalda. Ya no hace el calor que hacía por más que me empeñe. Las temperaturas poco a poco, grado a grado, comienzan a bajar. Me niego a admitirlo. Me cuesta asumir que los pantalones cortos esperarán su turno en el armario a la espera de si he engordado o adelgazado.


   Mientras camino miro mis pies. Ellos aún pueden sentir la brisa mañanera aunque las sandalias piden a gritos su merecido descanso. Muevo los dedos. En silencio me piden el abrigo de un calcetín fino. Me resisto a ello. No quiero volver a perder calcetines en la lavadora.


   Conforme avanzo, avanza el mes. Me susurra al oído palabras como rutina, problemas aparcados a los que debo dar solución, nuevos retos. De alguna manera, cada septiembre empieza un año nuevo. Y como cada año, los buenos propósitos se me acumulan. A muchos de ellos no les daré salida, pero otros verán la luz. Uno de ellos es mantener el blog con vida. Darle en forma de entradas o relatos, alimento para que nunca muera este proyecto que empecé hace algunos años y con el que pienso seguir hasta que se me olvide escribir.
   Gracias por estar ahí, por leerme y si te animas a comentar, puedes hacerlo libremente.

domingo, 9 de septiembre de 2018

TIC-TAC


Entrada en la que describo el paso de las horas... 


   Tic-tac.

   María camina hacia la plaza donde ha quedado con Roberto. Sabe que no es sólo una cita. Es "la cita".

   Tic-tac.

   A la hora en punto llega al punto de encuentro.

   Tic-tac. 

   Está nerviosa pero tiene muchas ganas de sentir sus labios acariciando su piel.

   Tic-tac.

   El beso de saludo viene acompañado de una palmada en el culo. Los nervios aumentan.

   Tic-tac.

   El reloj marca despacio cada minuto. Ella le observa y mentalmente desea que se detenga.

   Tic-tac.

   Una copa después de cenar en el bar. La mezcla de la música y el alcohol hace que las manos de ambos cobren vida propia.

   Tic-tac.

   Una cama. Besos. Caricias. Gemidos de placer.

   Tic-tac.

   Ya casi amanece. Dos cuerpos sudorosos descansan sobre las sábanas húmedas.

   Tic-tac.

   Ya no hay nervios, tan sólo el deseo de que no amanezca nunca.

   Tic-tac.

   Una alarma suena. Un café rápido en la cocina. Un beso en los labios.

   Tic-tac.

   "Hasta luego" dice ella. La contestación de él es el silencio.

   Tic-tac.

   María envía un mensaje. "He llegado bien a casa. Pasa un buen día".

   Tic-tac.

   Las horas pasan. Mensaje recibido y leído.

   Tic-tac.

   El tiempo que no se detuvo la noche anterior, se ralentiza ese día.

   Tic-tac.

   El sol se esconde por el horizonte. El móvil no suena.

   Tic-tac.

   "Otra vez" "Si lo sé no me acuesto con él" "¿Por qué a mí?" "Pensaba que le gustaba de verdad"

   Tic-tac.

   Los días pasan. El mensaje sigue sin respuesta. María lo asume.

domingo, 19 de agosto de 2018

COSAS FÁCILES Y DIFÍCILES


 Entrada en la que reflexiono sobre las cosas fáciles y las difíciles en el amor  

  En las relaciones de cualquier tipo. Pareja, amigos, familia... Siempre hay cosas fáciles y difíciles. Hoy quiero hablar de todas ellas en ámbito de la pareja. Me encanta el tema del amor. Si has leído alguna entrada ya te habrás dado cuenta.


   Es fácil dar la mano por la calle cuando estás en un sitio donde nadie te conoce. Lo difícil es hacerlo cuando te pueden ver las vecinas cotillas de tu madre.


   Es fácil dar un abrazo cuando sientes al rededor de tu cuello los brazos de la otra persona. Lo difícil es hacerlo cuando eres tú el que debe acercarse.


   Es fácil dar un beso apasionado cuando las sábanas rozan tu cuerpo. Lo difícil es hacerlo cuando esa persona te acaba de decir algo que no te ha gustado.


   Es fácil regalarle para el aniversario una figura cuando sabes que las colecciona. Lo difícil es comprarle un día cualquiera ese libro que ojeó con detenimiento.


   Es fácil decirle que estarás a su lado siempre cuando la vida os sonríe. Lo difícil es hacerlo cuando la vida muestra su cara más dura.


   Es fácil sentir y dejarse llevar cuando los problemas se mantienen al margen. Lo difícil es hacerlo cuando no son una excepción.


   Es fácil decir "te quiero" cuando te sientes feliz y piensas que la relación va a ser para toda la vida. Lo difícil es decirlo cuando para que sea para siempre, tienes que luchar.


   Es fácil quedar con esa persona cuando tu agenda está vacía. Lo difícil es hacerlo cuando no hay un hueco libre.


   Es fácil secar las lágrimas cuando tú no eres la causa. Lo difícil es hacerlo cuando sí lo eres.


   Es fácil hablar sobre amor. Lo difícil es hacerlo.


   Ahora no se me ocurren más cosas, pero seguro que tu al leerlo si. Te animo a comentar la entrada y contármelas. Gracias por tu tiempo.

jueves, 16 de agosto de 2018

DÍA GRIS


Nueva entrada en la que hablo de un día gris.

   Hoy el día ha amanecido nublado. Estamos en agosto y parece septiembre. Sin llegar a hacer frío, la sensación es esa. Aunque no sé si es mi piel la que siente más frío que mi corazón o al revés. Las ausencias empiezan a pesar. Los días pasan despacio y la vida me susurra al oído "asúmelo, es lo que hay". Me resisto a ello. A pesar de que veo las cosas con total claridad el sentimiento de echar de menos y de querer que las cosas sean diferentes, está ahí. Sé que es una lucha sin cuartel y que la batalla la tengo perdida de antemano. Pero la guerrera que llevo dentro se resiste a dejar de luchar y simplemente aceptar lo que no puedo cambiar.


   Tengo muchos recursos para evitar que la tristeza se apodere de mi. Y voy tirando de ellos. Hoy, por ejemplo, quedaré con una muy buena amiga. Es un privilegio poder contar con gente así. Que te pregunta "¿Cómo estás?" con la misma naturalidad que entras en cualquier sitio y dices "hola". Personas luchadoras, que han vivido cosas duras y que han sido capaces de sobreponerse al dolor y seguir adelante. Y no contentas con ello, te dan la mano cuando la necesitas.


   No tengo motivos para estar triste. Y en realidad no lo estoy. Pero supongo que hay días en los que dejo que la melancolía me hable. Hoy, por ejemplo, me habla de un pasado que fue mejor. Me susurra al oído que cada día que pasa de agosto es un día menos para que llegue septiembre. Que con la llegada de ese mes habrá muchos más días nublados que vendrán cargados con problemas que he decido aparcar hasta ese mes. Pero no pasa nada, porque sé que puedo con esto y más. Porque sé que al lado de cada problema, está la solución. Sólo hay que darle la vuelta a la página y saber buscarla.


   Otro de mis recursos en días así es la frase "no es como empieza, es como acaba". Y sé que el día va a acabar bien. Con una luna en cuarto creciente que me quiere contar muchas cosas aunque me resista a oírla. Acabaré el día cerrando los ojos y feliz porque he sabido mirar a los ojos a un cielo nublado para decirle lo bonito que es. Porque las nubes son tan necesarias como el sol que se empeñan en tapar.


   ¿Y tú? ¿Cómo has empezado el día hoy? ¿También tienes la sensación de que agosto se quiere difrazar de septiembre? Gracias por tu tiempo.

miércoles, 1 de agosto de 2018

TRISTEZA


Entrada en la que hablo de la tristeza que siento hoy. 

   Hay días que amanecen torcidos y da igual lo que hagas por enderezarlos, sabes que todo esfuerzo es inútil. Y justo cuando intentas hacer algo para solucionarlo la madeja se lía más y más hasta convertirse en una gran pelota de hilos de colorines. 

    Como habrás podido intuir, no llevo buen día. Y utilizo mi blog a modo de terapia, para intentar sacar lo que llevo dentro. Y no hablo sólo de todas esas palabras que me gustaría gritar y no puedo porque me tomarían por loca. Sino también de esas lágrimas, gotas de agua mas amarga que salada. Que golpean contra el móvil en un intento de estropear su pantalla nueva.

   La teoría me la sé de memoria. Sólo estoy triste si quiero estar triste, debo forzar la sonrisa aunque sea falsa, ver vídeos de humor, llorar mucho el tiempo que necesite y luego salir del pozo... Pero no, no y no. Hoy no y mañana no lo sé.

   Tengo una desagradable sensación y es que no tengo derecho a estar triste. No sé... Es algo así como que la sociedad en general no acepta la tristeza. Hoy he dicho que estaba triste y he recibido palabras, muy bonitas eso si, pero sólo palabras que no han ido acompañadas de ningún hecho. Duele mucho, pero es lo que hay. No sé, tal vez si hoy no me hubiera levantado necesitando un abrazo no habría actuado como lo he hecho... O tal vez si. Bueno, ya está. Debo ser valiente y asumir con la cabeza bien alta cada una de las palabras que he dicho. Pero... ¿Y qué hago con el dolor que me provocan las que me han dicho a mi? Bueno, de eso ya me ocuparé más tarde.

   Todo ha empezado con una despedida. Mis pequeños se han ido esta mañana para volver dentro de un mes y medio. ¡Joder! Cómo duele. Ojalá pudiera transmitir con palabras esa infinita tristeza, que se me agarra al corazón y lo apretuja fuerte sin intención ninguna de soltarlo. Para esto también tengo la teoría, también me la sé. Pero no encuentro consuelo. Duele y punto. Y dolerá todos los días, más o menos durante los 45 días que dure la ausencia.

   Otra cosa que ha hecho mi día duro ha sido una conversación. Un mal entendido. Tú has dicho una cosa, yo he entendido otra y en un determinado momento he saltado porque me he visto excluida. ¿Y si no hubiera llevado mal día habría saltado? No lo sé. ¿Y si hubiera estado mejor habría saltado? No lo sé. ¿Y si...? Y así podría estar lineas y lineas, con preguntas que no me van a llevar a ningún sitio. Lo que tengo claro es que sea cual sea el desenlace, será para mejor. De eso no tengo ninguna duda. También tengo claro que me ha dolido una respuesta, pero eso tampoco es malo. Porque es una muestra de que la persona que la ha dicho, es importante para mi. Pero bueno, no puedo hacer más. Me quedo con lo que ya he dicho. Tanto si se aclara el mal entendido como sino, (ojalá se aclare) será para bien. Porque aunque las lágrimas duelen, también sanan.

   En otro orden de cosas, mi barrio y su aparcamiento. No contentos con cerrar la calle de al lado un mes y con cerrar me refiero a que no se puede aparcar. Desde la semana que viene. También la mía. Que si, que en otro momento me habría enfadado y punto. Pero hoy, al ver las señales, me ha dado la llorera. En el trabajo me planteaba ir y volver este mes andando. Al final no me lo voy a plantear y lo voy a tener que hacer si o si.

   Hay otras situaciones que me han afectado este miércoles 1 que se ríe del martes 13 y viernes 13 juntos. Como la vuelta al curro o la disolución de un grupo. Pero, sinceramente, no me quedan fuerzas para estar triste o quejarme porque tengo que madrugar.

   Tengo que asumir que hoy es un día de mier... malo. Y que se acabará... Cuando suene el despertador. Porque sé que esta noche no dormiré, que a pesar de que las lágrimas llegará el momento en el que se agoten, la tristeza no se irá por donde ha venido. Tal vez mañana... o pasado... o quizás al otro. O puede que aprenda a vivir con ella y decida no hacerle caso y le haga ver que aunque estemos juntas tareas como hacer la comida o ir a comprar hay que hacerlas. Espero que en ese momento decida abandonarme. ¿Alguien tiene un palo de fregona tamaño tristeza? Ahora en serio, gracias por leerme.

miércoles, 25 de julio de 2018

HOY LA PROTAGONISTA ERES TU


Entrada en la que hablo de una gran persona. 

   Hoy, desde mi espacio personal, quiero darle las gracias a una persona. Su nombre es de la persona que me vio nacer. Una gran mujer que me dio la vida y a la que siempre estaré eternamente agradecida, aunque no se lo pueda decir mirándola a los ojos.


   Tú ya sabes quién eres y quien me conozca un poco, también. Con eso es suficiente. Quiero hablar de lo que tenemos entre manos. Una amistad de esas de verdad. Me conoces mejor que yo misma. Y sabes en cada momento lo que tienes que decir. Ves mis ojos llorar y sabes si tienes que pegarme un grito porque lloro por una tontería, darme un abrazo, soltarme uno de esos comentarios irónicos que tienen la habilidad de odiarte y quererte un poco más, o simplemente aceptar que no sabes qué decir mientras me ofreces un poco de helado.


   Te quiero. Y no tiene nada que ver con el romanticismo. Sino con un cariño que te has ganado a pulso. Conoces mis fantasmas y los llamas por su nombre, sabes qué piedras cargo en la mochila y las sujetas con tus manos cuando no puedo con ellas. Es maravilloso poder contar con una persona así. Todo el mundo debería tener una amiga como tu. Porque conocerte, es quererte.


   Gracias. Emocionada te digo esa palabra. Gracias por sacarme una sonrisa, por esperarme en lo alto del pozo, por confiar en mi y dejar que te ayude con tus fantasmas. Gracias por esos gritos de los que hablaba antes porque con ellos consigues que reaccione, aunque no siempre tengamos el mismo punto de vista.

   Además de todo eso, me valoras. Sabes cómo ver en mi virtudes que ni yo misma sé que tengo. Cada una de mis batallas internas es valorada por ti y eso es algo que me anima a seguir luchando, a seguir caminando, a ser mejor persona. 

   Te deseo lo mejor. Quien sabe, tal vez ahora comience una nueva etapa para ti... o tal vez no. Sea como fuere te deseo lo mejor. Porque muy pocas personas conozco que se merezcan la felicidad tanto como tu. Una gran mujer luchadora y fuerte.


   Si, ya lo sé. Estás pensando que yo también soy así. Pero no, hoy no es mi momento, es el tuyo. Y quiero decirle a todo el mundo que si alguna vez se encuentra con una persona como tú, no la deje escapar. Porque el tesoro más valioso es una amistad verdadera. Y lo sé porque la he encontrado. Gracias.

NO HIZO FALTA DECIR ADIÓS


Relato donde hablo del principio... y del fin.



   Recuerdo el día que nos conocimos. Al instante hubo química, atracción... La verdad es que no sabría cómo definirlo pero lo cierto es que nos gustamos desde que mi amiga nos presentó en aquel concierto de rap. Yo era la primera vez que iba y ella insistió porque decía que me gustaría. Acertó, sólo que no me gustó el concierto, sino Ismael.


   Las cosas, al principio, iban rodadas. Una mirada antes de un abrazo, un abrazo antes de un beso y muchos besos antes de que nuestros cuerpos se unieran en una noche de pasión desenfrenada. Lo recuerdo como si fuera ayer y aún se me eriza la piel al recordar cada caricia por todos los rincones de mi cuerpo. En aquel momento éramos uno, y lo fuimos durante varios meses.


   No recuerdo exactamente qué pasó ni en qué momento sucedió, pero toda esa química, complicidad o como quiera que se llame lo que teníamos, se fue. Nos convertirnos poco a poco en casi desconocidos. Empezamos a dejar de tener intimidad física. Y con ella las ganas de vernos también fueron a menos. En nuestros mensajes ya no había corazones ni palabras cariñosas. Llegamos al punto en el que a mí se me olvidaba darle los buenos días y a él las buenas noches.


   No hubo lágrimas ni discusiones. De la misma manera que la chispa encendió el fuego, la rutina o los diferentes estilos de vida la apagó. Tal y como vino el amor, de forma imprevista y sin llamarle, se fue.


   Un día quedamos. Sabíamos que teníamos que despedirnos. El darnos dos besos nos hizo darnos cuenta que ya no había nada que salvar, que el amor había sucumbido, incapaz de luchar por dos personas que habían dejado de quererse. La conversación, frente al café, fue la de un par de amigos que hace tiempo que no se ven y que saben que no van a volver a verse. Pasada una hora nos despedimos.


   - Te quise.

   - Te quiero.

   - Te querré.

   Y así, con nuestro ritual, nos dimos un beso en los labios y nos fuimos cada uno por un lado. Ninguno de los dos se volvió... O tal vez ambos nos volvimos pero en diferente momento.