Entrada en la que hablo de un vehículo que ha sido muy importante para mí durante unos cuantos años.
Te echo de menos. Mucho. Tu color, el sonido que hacías cuando estábamos juntas, nuestros viajes... Hemos vivido tanto que aún no me hago a la idea que ya haga más de año y medio que no estás conmigo.
Te diría que no me voy a emocionar escribiendo esta entrada, pero no te engañaría. Hemos vivido tantas cosas juntas que me conoces de sobra. Sabes cómo lloro, cómo río, cómo hablo por teléfono... Sabes de mí más que mucha gente. Disculpa, estoy hablando en presente cuando debería hacerlo en pasado. Y para que la persona que está leyendo esto sepa de qué estoy escribiendo, empezaré por el principio.
Era el año 2006 cuando, mi ahora ex marido, iba a buscarte al taller. Eras una bonita furgoneta renault kangú de color rojo. Te tintaron los cristales del mismo color. Hasta ese momento tu misión era llevar y traer material. Trabajabas en un taller. Estuviste los primeros 6 meses desempeñando esa labor. Nosotros estábamos sin coche y gracias a un compañero de trabajo dimos contigo.
Cuando nos conocimos yo no te podía conducir porque no tenía el carnet. Un par de años después me puse al volante. Y llegamos al momento en el que los recuerdos me vienen todos a la vez.
Los primeros días conduciendo y el miedo de mi copiloto. La vez que me perdí de camino al trabajo. Otras tantas veces que me he perdido. Nadie como tú conocía mi sentido de la orientación. El viaje más largo que hemos hecho juntas ha sido hasta casi Portugal. También nos hemos ido de vacaciones a la playa con los peques. Te he llevado a muchas de mis rutas de montaña.
Has conocido a las personas más importantes de mi vida. Novios, amigas, conocidos, compañeros de trabajo. Has oído conversaciones de todo tipo. Desde "qué majico es este chico" hasta "no le soporto" pasando por el "no aguanto el dolor de pies" de cuando trabajaba por la tarde.
Hay una canción que dice en una de sus estrofas..."Y es que empiezo a pensar.
Que el amor verdadero es tan sólo el primero. Y es que empiezo a sospechar
Que los demás son sólo para olvidar." Y tiene razón, pero no en el amor romántico, sino en mi amor hacia a ti. Porque ahora llevo otro coche y no hago más que compararlo contigo. No es mío, el motor suena raro, es gasolina en vez de diésel. Vamos, que no me ayuda en absoluto a olvidarte sino todo lo contrario.
Mira, te voy a contar algo que ya sabes. Soy una persona muy sensible que enseguida se encariña con objetos. De pequeña me pasaba mucho más que ahora. ¿Cómo no me voy a encariñar contigo? Si hemos estado juntas 18 años. Me tocaste en repartición cuando me separé. Y desde entonces te he llevado a todos los sitios.
Esto muy poca gente lo sabe, pero soy mucho de ver "señales". Hay veces que tomo una decisión que no sé si es la correcta y todo se pone a mi favor. Hace buen tiempo y las cosas fluyen con facilidad. Por otro lado, también me pasa lo contrario. Elijo el camino de la derecha y no hay manera de avanzar por él. Estando al volante he tenido varias de esas señales y cuando les he hecho caso, me ha ido mejor que cuando las he ignorado. Y esos momentos quedan para ti y para mi, son nuestros secretos.
Juntas hemos vivido dos accidentes. En ambos me han dado a mí. Afortunadamente he salido ilesa y el seguro se ha encargado de tus daños.
Lloré cuando te dejé en el desguace. No tenía opción. Tenías una avería que costaba mucho repararla y para una furgoneta de tantos años no merecía la pena.
Siempre decía que eras un camión. Porque te matricularon como vehículo mixto adaptable. Y no podía cambiarlo. Tenías las ruedas específicas más caras que las normales, no podía pasar de 90 km/h en autovía y las últimas itvs eran cada 6 meses. Sí, eras un gasto. Una amante cara que le oí una vez no recuerdo a quién. Pero eras mía, mi amante cara.
No siempre te he conducido yo. Te he dejado para un par de mudanzas, para llevar al trabajo a dos amigos, he incluso te han puesto a lo máximo de velocidad que podías dar. A día de hoy, sigo sin saber exactamente cuanto fue. Tú también tienes secretos para mí.
En Francia también hemos estado, que no me acordaba. Pero en esa ocasión no era yo quien llevaba el volante, sino uno de los que dije "que majico es este chico". Tú ya me entiendes.
Me gustaría acabar la entrada como intento hacerlo siempre, con un mensaje positivo. Pero en este caso no encuentro lo positivo a tener que mirar hacia el futuro sin una furgoneta que me ha dado tanto en el pasado. Supongo que forma parte de la vida. Aprender a despedirse para seguir conociendo amores nuevos.
Gracias por tu tiempo. ¿Y tú? ¿Recuerdas tu primer coche? Si es así te animo a contarme su historia en los comentarios.
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