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sábado, 10 de enero de 2026

SENTIR EN SILENCIO

 Entrada en la que reflexiono sobre las veces en las que callamos lo que sentimos.


   Hay veces que la vida te obliga a sentir en silencio. Y no solo hablo de amor, mi tema favorito, sino otros muchos sentimientos. Dolor, enfado, tristeza... Otras veces te ves obligado a callar enfermedades o injusticias.


   El silencio, aunque en ocasiones necesario, puede ayudar o destruir con la misma intensidad. Incluso ambas cosas dependiendo del momento. En otras ocasiones el silencio grita lo que callan las palabras. Y los sentimientos se hacen más fuertes e intensos. Empiezan siendo pequeños hasta que llega el momento que son tan grandes que no caben en el corazón. Y en ese momento salen de dentro y no siempre de la mejor manera. Un grito, horas llorando e incluso una enfermedad pueden ser consecuencia de sentimientos callados durante mucho tiempo.


   ¿Por qué la vida hay veces que nos obliga a callar sentimientos? Por otros sentimientos como el miedo. Yo creo que es el más común. No te digo que te quiero por miedo a que me rechaces, no te digo que estoy triste por miedo a tu indiferencia, no denuncio una injusticia por miedo a que tenga consecuencias negativas hacia mi persona. Y así multitud de veces. El no querer molestar o dar pena son otros motivos por los que nos callamos cosas. No te quiero decir que estoy ingresado porque vas a volver de tu viaje, no te quiero contar mi situación actual porque te vas a compadecer de mí y no necesito eso.


   Los muros nos vienen bien para eso de no expresar las emociones. Mostramos la cara que queremos que vea la gente. Sonreímos a nuestros hijos al dejarles llorando en la guardería porque queremos transmitirles felicidad. Aunque al darnos la vuelta lágrimas de dolor y rabia resbalen por nuestras mejillas. Con los hijos fingimos mucho. Decimos en el trabajo "Buenos días" y "feliz lunes" a pesar de haber pasado un fin de semana peleando con la pareja. No queremos tener que contar que las ojeras que se esconden tras el maquillaje se deben a toda la noche sin dormir.


   Acumular siempre es malo. Acumular sonrisas sin tener con quien compartirlas hace que tengamos sentimientos de soledad y abandono. Acumular tristezas nos puede llevar a una depresión. Acumular besos puede hacer que cuando queramos darlos ya sea tarde para la otra persona. Acumular palabras y pensamientos no expresados nos puede llevar a redactar entradas de blog como esta. Aunque esto último no lo considero algo negativo. 


   ¿Es bueno mantener las emociones en silencio o no? Yo creo que en esto, como en la mayoría de las cosas, lo mejor es el equilibrio. Ni gritarle a la señora que te ha dado sin querer con el paraguas en el tranvía ni decirle a tu mejor amiga que estás bien cuando llevas una semana llorando todas las noches. Pero es tan difícil encontrar el equilibrio, que hay veces que optamos por lo fácil. Guardar silencio y tal vez expresar sin palabras la emoción que invade nuestro corazón. Porque de esa manera sólo las personas que nos quieren bien, pueden intuir que algo pasa.


   ¿Y yo? ¿En qué punto estoy? En modo "propósitos de año nuevo". Uno de ellos es participar en concursos literarios. Pero eso es el tejado de la casa. Así que he decidido empezar por los cimientos, por mi blog. Por este espacio íntimo y personal en el que me puedo expresar con total libertad, escribiendo entre líneas, dejando que los pensamientos me lleven al destino. Todo eso es práctica a la hora de meterme en harina con los personajes, porque yo les digo cómo empieza la historia y ellos me cuentan el resto.


   Y en cuanto a lo de la vida que hay veces que nos obliga a sentir en silencio... Estoy buscando el equilibrio. Lidiando con las emociones, intentando expresarlas cuando considero que va a servir para algo. Guardando en un cajón esas lágrimas que salen solas al dejar a mi bebé llorando en la guardería, conteniendo el impulso de llevármelo al trabajo. Siendo aries, lo de controlar el impulso no es nada fácil. Y el lunes sonreiré al llegar al trabajo y diré "Buenos días" mientras en mi mente sonará "de buenos nada, que mañana tengo dentista y estoy muerta de miedo". 


   Me pasaría horas escribiendo sobre el tema, pero quiero dejar la entrada de blog terminada. Te doy las gracias por los minutos que has dedicado al leer mis letras y te animo a dejar un comentario si te apetece. No obstante, antes de despedirme, una pregunta ¿cuál es la última emoción que te has callado?.

sábado, 25 de enero de 2025

DEJÉ DE LUCHAR, TOCA ACEPTAR

 Entrada en la que hablo de situaciones que tienes que aceptar en vez de buscar soluciones que no existen.


Hay veces en las que piensas mucho buscando la solución a un problema. Tienes la esperanza de encontrar una solución que no existe. En el fondo sabes que es así, pero en la superficie te niegas a admitirlo. No es que no exista, es que no has dado con ella. ¿Aceptar las cosas tal y como vienen? No. Eso no. Mejor poner las neuronas a trabajar hasta que den con la fórmula mágica que te permita no tener que aceptar lo que no quieres. 


Se me ocurren varios ejemplos. Cuando tienes un problema de salud. Antes de la visita con el médico esa enfermedad no existía. Seguro que existe la forma de volver atrás en el tiempo para que siga siendo así. 


El fallecimiento de un familiar, un bache económico, querer cuidar de tu bebé cuando no puedes dejar de trabajar. También se me ocurre la mala relación con un familiar o amigo que por más que lo intentas no consigues que sea buena. Encontrar un piso de alquiler o de compra que cueste la mitad de lo que cuestan actualmente. Ese trabajo donde te pagan el doble por la mitad de horas. 


Seguro que tú estás pensando en otra lista de problemas. Esas situaciones que en tu cabeza tienen una solución tan fácil como irreal. Y ahí estás, pensando y pensando para dar con esa solución que no existe. En el fondo sabes que te tocará aceptar la situación, pero haces todo lo posible porque ese momento tarde en llegar. 


Hay ocasiones en las que hay que luchar y hacer todo lo posible por cambiar la situación. Pero tenemos que darnos cuenta que hay momentos en los que debemos rendirnos. Que en realidad no es rendirse, sino aceptar las cosas. Por ejemplo, queremos ser astronautas y vivimos en un pueblo con pocos habitantes. La solución mágica (lo que yo llamo mi mundo de luz y color) sería que nos llamaran de la Nasa para ofrecernos el puesto. Pero eso no va a pasar. Así que lo suyo es intentar vivir en una gran ciudad donde es más fácil acceder a la formación necesaria. Luchar por vestirnos con un traje espacial, poner todo nuestro empeño. Darle vueltas a cómo podemos hacerlo. Pero llega un momento en el que tenemos que aceptar que sólo podremos pilotar un cochete de juguete. Porque con 65 años, miopía, hipertensión y problemas de espalda lo de viajar al espacio es algo irreal (no me gusta la palabra imposible).


En resumen. Hay situaciones en las que debemos pensar y otras en las que debemos aceptar. Y en la gran mayoría necesitamos hacer ambas cosas. Lo que pasa es que el momento en el que debemos dejar de pensar, no lo tenemos claro. Porque no es fácil. Siempre tenemos esa idea de que hay algo que se nos escapa, que todavía no hemos dado con la solución mágica.


Gracias por estar ahí. Por leerme y si te animas a compartir tu reflexión, gracias por hacerlo.



lunes, 25 de noviembre de 2024

URGENCIAS PEDIÁTRICAS

 Entrada en la que comento algunas de las cosas que pasan cuando llevas a tu peque a urgencias. 


   Hoy quiero hablar de las relaciones invisibles qe se establecen cuando te pasas horas en urgencias. Todo empieza un rato antes, cuando te das cuenta que el amor de tu vida está malo. Tiene mucha fiebre, se ha hecho una brecha, se ha dado un golpe en la cabeza, lleva vomitando días... En cuestión de minutos os vais para el hospital con un deseo. Bueno, en realidad dos. Que no sea nada y que no haya mucha gente en la sala de espera. 


   Llegas a tu destino y mientras vas a dar los datos, miras de reojo la sala de espera. Te entran ganas de llorar. Ves caritas con los ojos de tener fiebre, otros dormidos encima de papá o mamá, alguno en silla de ruedas con la pierna estirada. Oyes toses, alguna mamá hablando con su peque. 


   Cuando te has sentado en la sala, después de pasar por triaje, ya sabes la gente que ha entrado antes que tú. Sin conocerles de nada, has empatizado con cada persona con la que compartes sala. De vez en cuando van llamando a los peques para que pasen a boxes. Ves en la mirada de los padres escrita las palabras "por fin". Y deseas en silencio que no sea nada. Gente nueva entra. Sus ojos reflejan lo que tú pensabas hace unos minutos. 


   Si tu peque está medio bueno, te toca pasear por los pasillos. Coincides con papás y mamás en la misma situación. "No toques la basura", "no entres ahí", "no des golpes a la máquina de café". Y si tiene edad de entenderlo "nos vamos pronto, cariño". 


   Te alegras cada vez que dicen por megafonía el nombre de un peque y el número de un box. Ya queda uno menos para que te toque a ti. 


   Puede pasar que un peque empeore y tenga que entrar corriendo. En una ocasión, un bebé se empezó a poner morado y la mamá entró gritando a boxes. Los pediatras corrían, los padres chillaban, los de seguridad también acudieron. Y un minuto después, el llanto del bebé. Todo el mundo respiró aliviado. A tiempo que el susto hacía que las pulsaciones aumentaran. Te pones en el lugar de esa madre, de ese padre y te imaginas a tu pequeño siendo ese bebé. Eliminas ese pensamiento al instante porque la imagen te resulta demasiado dolorosa. La vida es frágil, pero preferimos no pensarlo.


   Puede ocurrir que unos padres protesten por las largas esperas. Que entre de la calle alguien pidiendo una silla de ruedas o que se vayan cansados de esperar. 


   Por fin los altavoces dicen el nombre de tu hijo. Entras con un único pensamiento "que no sea nada". Le cuentas lo que le pasa al pediatra, le examina y en el mejor de los casos te dice lo que quieres oír y unas recomendaciones por si empeora. 


   Sales de boxes. Mientras te pones el abrigo tal vez veas a una amiga con la que dejaste de tener contacto hace 9 años. Sonríes sin mover los labios. Pero no le dices nada, estás centrada en salir de allí cuanto antes. Además tu peque hace que sólo puedas desear que su hijo esté bien, mientras evitas que salga a la calle sin abrigo. 


   Una vez fuera has olvidado cada cara, cada conversación, cada mirada cómplice. Has dejado dentro tus mejores deseos para que todos se recuperen lo antes posible. Deseas de corazón que los pediatras tengan poco trabajo, porque eso significa que nuestros pequeños están sanos. 


   Camino al coche miras la puerta de urgencias "hasta nunca" piensas. Aunque en el fondo sabes que te tocará volver tarde o temprano. 


   Y hasta aquí mi entrada de hoy. Espero que te haya gustado. Y si te animas a dejar un comentario lo leeré con atención. 



miércoles, 12 de octubre de 2022

ES TAN IMPORTANTE EL CAMINO, COMO EL DESTINO

   Entrada que va sobre algo que deberíamos tener todos, sueños.



   Hay veces en las que conseguir nuestro sueño se convierte en una carrera de fondo. Empezamos con un objetivo. Una idea clara. Nos ponemos las zapatillas a la vez que decimos en voz alta el nombre de nuestro destino. Al oírlo, parece más real. Accesible, alcanzable. Incluso posible.

   La mayoría de sueños empiezan siendo una locura. "¿Yo? ¿Astronauta? ¡Qué va!" Y empezamos la carrera imaginaria. Buscamos información, nos damos cuenta de que alguna posibilidad tenemos, se nos da genial el inglés. Y poco a poco vamos cambiando de idea. Es una locura... pero no tanto.

   Ya estamos en marcha. Y los obstáculos se multiplican. La opinión de la gente, la experiencia de otros astronautas, la familia... incluso hay veces que la sociedad nos dice "¿Ande vas, con lo que contamina un cohete?"

   Recibimos nuestro primer "no". El mundo se paraliza. En realidad sigue girando pero nuestros pies no lo notan. Nos ha salido  el hierro bajo y para viajar por el espacio necesitamos tener los niveles normales. Tras el susto, nos ponemos a comer lentejas y a buscar por internet. En dos días sabemos cada alimento que tiene hierro, el que no lo tiene y el que tenía fama de tenerlo pero es mentira. Seguimos en carrera para alcanzar nuestra meta.

   Lo anterior se repite una y otra vez. Ayer fue el hierro, hoy un papel que no hemos enviado a tiempo, mañana un ligero mareo causado por los nervios... y así una y otra vez. Pensamos en abandonar,  en dejar la carrera. Nos cuesta superar las dificultades. Nos duele cada caída. Cada "no". Entonces miramos al cielo. Una estrella parpadea para que la veamos sólo nosotros. Y recordamos por qué quisimos empezar a correr.

   Hay sueños que no se alcanzan. Que tenemos que dejar ir. Y nos vemos obligados a coger todas nuestras esperanzas, lágrimas y horas invertidas, para guardarlo en un cajón. Nos quedamos con el camino recorrido, la gente que hemos conocido, los lugares visitados. Y nos damos un aplauso. Porque sí, porque nos lo merecemos. Esta carrera nos ha servido para conocernos un poco más y para saber hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conseguir lo que queremos.

  Una amplia sonrisa refleja la alegría del sueño cumplido. Sí, de verdad, hay veces que se cumplen. Y que todo nuestro esfuerzo adquiere la forma del sueño cumplido. Y sentimos que merece la pena cada lágrima, cada enfado, cada noche sin dormir, cada discusión con la gente que no nos entendía. A pesar y gracias a todo lo anterior, hemos llegado a la meta. Y ahora nos toca disfrutar al máximo y a la vez pensar en cuál será la próxima locura que se convertirá en sueño.

  Llegados a este punto he de confesar que no, mi sueño no es ser astronauta. Pero tengo otros que tal vez sean tan inalcanzables. Lo importante, es luchar por ellos y disfrutar al máximo del camino. Y cuando las fuerzas flaqueen, buscar una mano amiga que nos ayude en la lucha. Porque se cumpla o no, lo más importante es no dejar de soñar nunca.

   ¿Y tú con qué sueñas? ¿Te animas a contármelo? Gracias por leerme.

viernes, 25 de junio de 2021

ADICCIONES

 

Entrada en la que hablo de algunas adicciones. 



   Que caprichoso es el ser humano, que teniéndolo todo, no es suficiente. El que tiene mucho dinero quiere más, llegando incluso a delinquir para conseguirlo. El que tiene un buen puesto quiere ascender aunque fuera del trabajo no tenga nada más. El que es feliz quiere serlo aún más a pesar de que esa lucha constante le genere infelicidad. 


   Todos somos adictos a una u otra cosa. Algunos al alcohol o las drogas, otros a la limpieza o a coger cosas de la basura.  También están los adictos al móvil o la consola. La comida, es otra adicción. Y luego están los adictos a los sentimientos.  No sé si es la palabra más adecuada, pero encaja en la definición. 


   La felicidad y la tristeza son los sentimientos que más adicción generan, igual que el amor. Hay personas que nunca llegan a ser felices. Tal vez porque nunca nadie les ha enseñado a serlo. Lo tienen todo y aún así no es suficiente. Trabajo, amigos, pareja, familia... aunque tengan todo eso no están conformes y luchan por mejorar a las personas de su entorno. En vez de mirarse al espejo y analizar qué es lo que no funciona. Porque algo no está bien cuando todo no es suficiente. 


   La tristeza hace que su entorno esté pendiente de ellas. Y siempre hay un motivo u otro para llorar. El pasado, el presente o el incierto futuro. La gente les apoya, les da consejos, empatiza y confirma su sospecha de que tienen razón para no querer sonreír. 


   El amor. En esta ocasión me refiero al amor de pareja. Otra adicción. El miedo a estar sólo, a peinar canas sin una persona al lado, ir al cine, a una boda o de vacaciones sin compañía. Eso hace que vayan detrás de la primera persona que les hace sonreír y les promete permanecer a su lado. Les da seguridad, aunque en el fondo sepan que ese sentimiento tiene fecha de caducidad. 


   Todo lo anterior nos ayuda a vivir. Nos hace tener un motivo por el que luchar y levantarnos cada día. Y aunque alguna vez miremos a nuestra adicción a los ojos, es más fácil hacer como que no la hemos visto y seguir nuestro camino. Tal vez la cambiemos por otra o simplemente acumulemos adicciones como si padeciéramos el síndrome de diógenes. 


   ¿Y tú? ¿Tienes alguna adicción? ¿Tal vez mis letras? Gracias por leerme. 

domingo, 18 de junio de 2017

EL AMOR DE MI VIDA

Entrada en la que reflexiono sobre qué es eso del amor de una vida.

   Acabo de ver un vídeo donde varias mujeres se reencuentran con el amor de su vida. Últimamente estoy hipersensible y las imágenes me han dado qué pensar.

   ¿Qué es exactamente el "amor de tu vida"? Como pasa siempre, cada persona tiene una definición. En el tema del amor es complicadísimo ser objetivo. Para una persona puede ser aquel primer amor, para otra la persona con la que se casó, o con la que tuvo la relación más larga o tal vez esa chica o chico que amó en silencio.

   No tengo una opinión formada sobre el tema. He vivido varias relaciones, de diferente duración, e incluso he llegado a estar casada. Cada hombre, en su momento, dejó huella en mi. El primer chico al que besé, mi primer amor, aquéllos con los que compartí varios meses... No sé... sería injusto ponerle a uno esa etiqueta.

   ¿Etiqueta? ¿Cargo? ¿Qué es ser amor de la vida de una persona? ¿Para ser eso tiene que ser recíproco? Quiero decir, para mí Juan puede ser el amor de mi vida. Digo Juan porque es un nombre que uso mucho en mis relatos y porque ni me gusta ni me ha gustado un chico con ese nombre. A lo que iba. Le nombro a él como amor de mi vida. ¿Yo lo seré para él? Entiendo que esto del amor es cosa de dos. Entonces, si yo no lo soy para él, el puede serlo para mi ¿O no?

   No sé, estoy muy confundida con el tema. ¿Puede haber más de un amor de nuestra vida? Cuando me he enamorado lo he hecho de verdad, con el corazón y para siempre. Al final, ninguna de las relaciones se ha mantenido hasta la fecha. ¿Se puede decir que cada una de las veces que he suspirado es porque he tenido ese amor?

   Me gusta pensar que lo mejor está por llegar. Y que si ahora mi corazón está libre es porque aún no ha llegado esa persona con la que voy a compartir el resto de mis días. ¿Mi último novio será el amor de mi vida? ¿Si muero soltera significará que no he tenido ese amor inolvidable?

   Por otro lado... ¿Qué se siente al estar con una persona sabiendo que no es el amor de tu vida? Para él tu puedes serlo, pero si no es recíproco la balanza está descompensada ¿No? Entiendo que hay personas que marcan más que otras. En el terreno de la amistad es muy fácil de ver, no te llevas igual con una u otra amiga. Entonces... ¿La relación que más te marcó es ese amor?

   Tal vez lo mejor sea vivir cada historia como si fuera la última. Porque de esa manera será intenso. No sé, me produce tristeza darle el título de "amor de mi vida" a una persona a la que no puedo ver cada mañana. Además, los sentimientos evolucionan. Y justo cuando creemos que no podemos sentir tal o cual cosa, lo hacemos y con más fuerza.

   En el vídeo que he visto comentaban las chicas que nunca habían sentido lo mismo al conocer a otras personas. Me produce cierta tristeza escuchar eso. ¿Con todas las personas que somos y no han encontrado a alguien capaz de igualar o incluso superar eso?

   Conforme escribo me reafirmo. Yo no he conocido todavía a esa persona. Quien sabe, tal vez, quizás... llegue a conocerla algún día y lo entienda todo. Si así fuera, lo contaría aquí, en mi espacio personal.

   Gracias por leerme y si te apetece hacer algún comentario, no dudes en hacerlo. Estaré encantada de conocer tu opinión.

 

QUERIDA PERSONA ESPECIAL

Entrada dedicada a una persona futura en la que le cuento cómo me gustaría pasar un día.

   Hola Persona EspecIal Futura:

   Me vas a perdonar, aún no sé tu nombre, por eso no lo pongo.

   Después de un día en el parque de atracciones, quiero contarte todas las cosas que tengo pensadas para hacer cuando estemos juntos. Quiero que vengamos aquí. Podemos hacerlo solos o con más gente, eso me da igual. Pero hay unas cuantas atracciones en las que quiero montar contigo. Igual detestas los parque de atracciones, pero estoy segura que vendrás por mí, igual que yo haré otras cosas por ti.

   Quiero que entremos en el laberinto de espejos. Será divertido empezarlo contigo de la mano y luego perdernos hasta encontrarnos a la salida. Te pido por favor que si ves que tardo mucho en salir, entres a buscarme. Con mi sentido de la orientación puedo estar dentro hasta que cierren y vuelvan a abrir el parque.

    También quiero montarme en la casa del terror. Te sonará infantil, pero es un sitio que me da miedo. Sé que te reirás cuando veas que no abro los ojos en todo el rato. Espero que me abraces con ternura para que pueda olvidar donde estoy y así disfrutar de tu compañía.

   Luego podemos ir a la noria. Me da un poco de miedo, pero desde arriba se ve toda Zaragoza. Podemos comentar donde está tal o cual barrio. Te enseñaré donde trabajo. Se ve desde allí arriba.

   ¿Dónde podemos ir más? ¡Ah! Sí. Al tiovivo. Me parece muy romántico cabalgar a tu lado mientras nos miramos. ¡No te rías! Venga, vale, dejo que lo hagas.

   Te pediré que me compres un algodón de azúcar. Prometo darte las gracias con un beso dulce y pegajoso.

   Si vamos en verano, nos podemos montar en los rápidos. Saldremos riendo y empapados de agua.

   En el barco Misisipi estaré detrás tuyo, para que me guíes en la oscuridad y me avises de los peligros que hay bajo nuestros pies.

   Si te gusta la montaña rusa o el revolution, veré como te montas. Y desde abajo te sacaré la lengua. Me dan miedo esas atracciones, pero quiero que te lo pases bien.

    Será un día muy bonito. Lleno de risas y complicidad, en el que nuestra vena más infantil saldrá a la luz. Cuando llegue la noche estaremos agotados y recordaremos cada atracción con esa sonrisa que sale sola cuando piensas en tu persona especial.

   Te mando un abrazo. Cuando nos conozcamos te daré muchos más.

   Firmado. Isa.

jueves, 15 de junio de 2017

HUELLAS

Entrada que va sobre lo que despiertan en nosotros las personas a las que ya no vemos.

   ¿Eres consciente de la huella que dejas en las personas? ¿Te has parado alguna vez a pensar si una persona de tu pasado sonreirá o se pondrá triste al hablar de ti? ¿Hay alguien de tu pasado a quien quieras abrazar y no te atrevas a decírselo? Muchas preguntas y tantas respuestas como personas.

   La semana pasada estaba un poco melancólica. El motivo fue porque me iba de excursión a un lugar donde la última vez había estado con una persona que no está en mi presente. Casualidades de la vida, encontré a esa persona en un supermercado. Le dije "hola" y seguí comprando. No me esperaba verle ahí y sé que él tampoco.

   Una servidora, que es muy sensible y pensadora, se quedó impactada. Querido destino ¿Qué significa encontrarme con esa persona a la que hace casi un año que no veo? Por supuesto, no resolvió mi duda. Tenía guardada para mi una sorpresa aún mayor. Pero no quiero contarla ahora. Se merece una entrada de blog o incluso un extenso relato.

   Recordando, la vida me ha devuelto al presente a varias personas que hacía años no veía. Una amiga de la infancia, el chico que me gustó en los scouts, mi querida prima y resto de familia... Son preciosos los reencuentros después de tantos años.

   Perdón, me voy del tema. No quiero hablar de los reencuentros, sino de las huellas que esas personas dejan en nosotros y las que dejamos en ellas. No sólo hablo de amor, sino de amistad, compañeros de trabajo o vecinos. ¿Cómo me recuerdan? ¿Qué sienten, si es que sienten algo, cuando mi nombre se pasea por su memoria? ¿Por qué dejamos que las personas que son importantes se conviertan en recuerdos y no las llevamos con nosotros?

   De nuevo, más preguntas. Sea como fuere, es maravilloso saber que una persona a la que quisiste te recuerda. Y más aún cuando te enteras que lo hace con cariño.

   Por hoy doy por finalizada esta entrada. De nuevo, gracias por tu tiempo y te animo a comentar e incluso a escribir a esa persona que te gustaría volver a ver. Porque si tú la recuerdas con cariño. Es muy posible que ella a ti lo haga con una sonrisa en los labios.

sábado, 10 de junio de 2017

VIVIR EL PRESENTE NO ES TAN FÁCIL

Una nueva entrada que habla sobre cómo vivir el presente desde el lado racional y emocional.

   Hoy me ha venido una idea a la mente. Bueno, más bien una pregunta. ¿Cómo se hace para vivir el presente? Sí, la teoría me la sé, nos la sabemos todos. Pero... ¿Soy la única que lo ve complicadísimo? Vivir el presente. ¿Y el pasado? ¿Y los recuerdos? Eso ya no importa, porque no va a volver. ¿Y el futuro? Tampoco existe. Existirá... o no. Tenemos que centrarnos en el hoy. ¿Y cuando ves a una persona de tu pasado? Es inevitable que por un momento vuelvas a la época en la que tenías contacto. Pero eso son recuerdos. Y hay que dejarlos donde están, en ese gran cajón de recuerdos que todos tenemos.

   Vale, la parte racional ahí está. El pasado no pinta nada en un presente que no sabemos si tendrá futuro. Pero... ¿Y la parte emocional? Esa no entiende de tiempos verbales, entiende de latidos. Una sonrisa que te hace sentir algo especial, un olor que te recuerda a una persona que echas de menos y por la que derramas una lágrima, un sabor que te hace sonreír al recordar la comida de mamá. ¿Qué? ¿Y ahora cómo se hace para no sentir ese cosquilleo, derramar esa lágrima o disimular la sonrisa? Con el futuro pasa igual. La ilusión porque llegue ese día señalado en el calendario, la esperanza por aprobar un examen, el nerviosismo porque tienes una cita el fin de semana. También hay otros sentimientos como el miedo porque te operan o la tristeza porque vas a estar un mes sin ver a las personitas que quieres. Yo esto no sé hacerlo. No sé no sentir.

   Dentro de la gran dificultad que veo, me parece mucho más sencillo vivir el presente desde la razón. Eso de mantener a ralla las emociones y decirle al corazón que no se altere tanto porque algo positivo va a pasar, no lo veo factible. Sé que se puede llegar a controlar, que hay técnicas para vivir intensamente el presente. Pero yo creo que seguiré conjugando a la vez los tres tiempos verbales. Presente, pasado y futuro.

   Gracias por leerme y si te apetece comentar la entrada estaré encantada de responderte.

jueves, 18 de mayo de 2017

HAY QUE VIVIR

Entrada escrita después de un paseo mañanero con dos personas que sin saberlo, me han enseñado mucho.


   Vive, joder, vive. Pero... ¿De dónde se sacan las fuerzas para levantarse cada día? ¿Como se hace para mostrarle al mundo tu amplia sonrisa? ¿De qué manera silencias las palabras que tu corazón te grita y tú no quieres oír? Cuando miras a tu alrededor y ves a tu gente pasarlo mal... ¿Qué haces con toda esa impotencia que sientes al no poder ayudarles como te gustaría?

   La teoría me la sé, de verdad que sí. Vivir el momento, dar gracias por todo lo que tenemos, valorar como se merece el poder levantarnos cada día de la cama. La actitud. Pero cuando los sentimientos hablan, no hay quien los calle. Ellos no entienden de problemas económicos, entienden de agobio. Ellos no ven que la vida es efímera, ellos lloran la ausencia.

   Ayer pensaba que la vida es maravillosa, que la vida es lo mejor que nos puede pasar y que tiene que ser dura para que la podamos valorar tal y como se merece. Porque lo que más nos cuesta es lo que más apreciamos. Aunque haya momentos en los que sacamos de paseo la bandera blanca para rendirnos o no tengamos claro el camino a seguir.

   Una vez me preguntaron qué quiero ser de mayor. Feliz fue mi respuesta. Es lo único que quiero, felicidad. Ser capaz de sonreír y tener la fuerza necesaria para hacer sonreír a la gente que me rodea. De día todo se ve mejor, con la luz del sol las cosas tienen color. Pero por la noche las sombras acechan, igual que las lágrimas. De noche las cosas no tienen vida ni color.

   Sí, voy a ir por ese camino. Por el de la sonrisa y la felicidad. Voy a dar gracias por cada minuto que tengo la capacidad de respirar. Voy a llorar, pero de felicidad y lo haré siempre que tenga ocasión. Porque sólo así podré valorar de verdad, todo lo que tengo. Y no hablo de cosas materiales. Se acabó el ser infeliz con lo que no tengo. Adiós a la frustración porque me gustaría estar de vacaciones o porque la lotería no toca. Voy a darle a cada cosa, el valor que tiene.


   Adiós tristeza e impotencia. Hola alegría y aceptación.

viernes, 7 de abril de 2017

ESTACIÓN

Entrada que habla sobre las estaciones...

   Las estaciones tienen un olor que las caracteriza. Huelen a despedidas y a reencuentros, a prisas cuando llegas tarde y a horas de espera cuando llegas muy pronto. También tienen un sabor único, el de las lágrimas. Dulces en el reencuentro y saladas en la despedida.

   Es algo mágico lo que se vive en un amplio espacio. Muchas personas andan de un lado a otro. Todas diferentes entre sí. Viajeros de primera clase se mezclan con adolescentes que pagan su primer viaje en monedas que entregan llenos de ilusión.

   Una estación es el punto de partida para la aventura. El primer viaje con los amigos, viajar para conocer a un nuevo miembro de la familia, una boda en la ciudad de destino, un viaje de trabajo...

   Y el tiempo que avanza y se detiene a partes iguales. Avanza cuando tienes prisa y se detiene cuando el autobús o el tren lleva retaso.

   Las estaciones siempre me han inspirado mucho y hoy les he querido rendir un pequeño homenaje. Espero que hayas disfrutado de esta nueva entrada.

sábado, 25 de marzo de 2017

MI PRIMERA VEZ

Nueva entrada en la que hablo de un mundo que me resulta familiar y a la vez desconocido.

   Las primeras veces, son complicadas. El primer beso, la primera noche que estás con un chico a solas, el primer día de trabajo, la primera comida que cocinas... Aunque la teoría nos la sepamos, dar el paso cuesta un poco y no siempre sale bien a la primera.

   Quiero hablar hoy de la primera vez que conoces a personas con las que compartes una afición. A mí me ha pasado hace muy poco con el mundo literario. Siempre ha sido mi afición. Bueno, más que eso. Mi desahogo, una forma de intentar transmitir algo sólo juntando letras. He conocido a varias personas que sienten lo mismo que yo cuando cogen un boli. Sinceramente, se me hace raro. La gente de mi entorno no escribe y alguna vez me he llegado a sentir un bicho raro. ¿Soledad y silencio para escribir? ¿Inspiración? Para gustos están los colores, eso está claro, pero no es lo habitual.

   Como decía, ahora puedo compartir experiencias. Y ante mí se ha abierto un gran mundo. Hay muchísima gente que escribe y muy bien. Luego está el mundo de la edición y de la autoedición, palabra que ni conocía. Y en medio de todo esto, estoy yo. Intentando buscar mi sitio. ¿Dónde quiero llegar? ¿Tengo talento o simplemente sé juntar muchas palabras para formar un texto? En esto, como en casi todo, no hay verdades absolutas. Y supongo que depende de mí encontrar un hueco en el que esté cómoda. Intentar visualizar un sueño e ir a por él. He de reconocer que ando algo, vale, algo no. Muy perdida porque es todo un mundo nuevo para mí a pesar de que las letras y yo somos amigas desde hace tiempo.


   Por hoy, dejo aquí la entrada. Hace tiempo que no escribía una rallada y las echaba de menos. Gracias por tu tiempo.

viernes, 17 de marzo de 2017

7. PARQUE DE ATRACCIONES

Hoy comparto una rallada del día 25/10/2015.

Una nueva entrada que va sobre el amor, comparándolo con un parque de atracciones...


     Por norma general, cuando tenemos una edad hemos vivido diferentes historias de amor. Cada una de ellas nos ha dejado una huella mas o menos profunda. Lágrimas, helado de chocolate, tristeza, compras, sensación de soledad... Son muchas las cosas que acompañan al desamor. Sabes que si te golpeas el dedo duele. Por eso cuando tenemos un martillo ponemos cuidado en no hacernos daño. Pues bien, con esto del amor, quiero hacer una petición en general. ¡Vamos a coger martillos! Vamos a darle una oportunidad al amor. El miedo a hacernos daño está ahí, es inevitable, pero no hay que dejar que ello nos condicione.

     La semana pasada estuve en las ferias con unos amigos. Uno de ellos me decía que para rato se subía a una de esas atracciones que dan vueltas y te ponen cabeza abajo. Que como el brazo que la sujeta se soltara ya no lo contabas. Yo le decía que por esa regla de tres, tampoco habría que salir a la calle, porque el peligro de que nos caiga una maceta a la cabeza, o que nos atropelle un coche está ahí. La diferencia, es lo que decía Luis, que no tenía ninguna necesidad de subirse a esa atracción.

     En cierto modo con el amor es igual. Es como una feria. Las atracciones son las personas con las que nos encontramos en la vida y simbolizan las diferentes relaciones que tenemos con ellas. El tiovivo puede ser un rollo. De una noche vuelta, de varias noches varias vueltas. Sube, baja, sube, baja, gira... no es emocionante, nos aporta placer momentáneo pero sin más. Elegimos el caballo mas bonito y nos dejamos llevar. Hay otras atracciones, como la montaña rusa, que es mas divertida. Con subidas y bajadas, giros imprevistos... Disfrutamos cuando estamos dentro aunque pasemos un poco de miedo y no todo el camino sean rectas. Eso puede ser una relación de pareja. De esas que empiezas con alegría e ilusión y tienes momentos de todo tipo. Y luego están las más peligrosas. Las que te ponen boca a abajo, con giros bruscos, vueltas... y acabas con mareo. Son las relaciones mas complicadas. Las que nos destrozan, nos dejan el corazón echo polvo y sin ganas de saber nada de ninguna atracción durante una buena temporada. Se pueden combinar las relaciones. Puede que empieces en el tiovivo y el ocupante del caballo de al lado te proponga una montaña rusa. También puedes montarte en una montaña rusa y darte cuenta que es una atracción peligrosa. Sea como fuere, hay que entrar en las ferias. Porque siempre no lo pasamos bien. Y todas las atracciones tienen su punto.

     Yo soy partidaria de no rendirse, de continuar el camino. No buscar pero dejarse encontrar. Mientras aparece esa persona que nos ayudará a ser mas felices, podemos encontrar la manera de sonreír sin nadie al lado. Encontrarnos a nosotros mismos y cuando Cupido nos lance una de sus flechas, disfrutarlo al máximo. Montarnos en esa montaña rusa imaginaria y dejarnos llevar, sin preocuparnos si va a ser una atracción peligrosa o no. Tal vez ahora estés dando vueltas por el parque y no encuentres a la persona con la que te vas a subir a una atracción. O tal vez la hayas encontrado y estéis dudando sobre cual elegir. Sea como fuere, no te salgas del parque. Disfruta de todo lo que ofrece. Tómate un algodón de azúcar, un gofre de chocolate o una manzana de caramelo. Juega a la tómobola o a los dardos. Haz todo aquello que te haga feliz. Y si estás en la etapa de helado de chocolate, no te preocupes, porque sabes que pasará. Eso sí, intenta no estar mucho tiempo con el congelador abierto. Camina, avanza, entra en el parque de atracciones con la vista fija en el presente y no en el pasado.

     Bueno, por hoy es suficiente. Hazme un favor y no sigas ninguno de mis consejos, me he dado cuenta que al final de la entrada doy muchos de ellos. Disfruta de la vida de aquella forma que te haga feliz, y si de una manera no lo eres, busca otra. Seguro que se te ocurren mas de una. Muchas gracias por estar ahí y por dedicarme unos minutos de tu valioso tiempo.

miércoles, 15 de marzo de 2017

5. ESPINITAS

Entrada publicada el día 12 de febrero del 2013. Dejo la presentación que hice sobre el texto.



Entrada sobre esas espinitas que se quedan en el corazón y no se van...

   Hoy quiero que eches la mirada atrás y recuerdes. Quiero que pienses en esa persona especial. Ese amor de infancia o de adolescencia que se te quedó como una espinita clavado en el corazón. Hoy quiero que pienses en ese nombre que te hace sonreír con tan sólo oírlo. Tal vez con esa persona no hayas tenido una relación, tal vez sólo hubo cuatro besos o simplemente fuisteis solo amigos. El tiempo, la distancia o la vida hizo que vuestros caminos se separaran. En esta ocasión no hablaré de mí pero sí contaré cuatro historias.

   La primera es breve. Una amiga tiene un hijo y se llama igual que su amor platónico. Puede que "amor platónico" no sea la mejor expresión... pero todos me entendéis.

   La segunda me la contaron hace muchos años. En esta ocasión era él el que recordaba con un brillo especial en los ojos a esa compañera de colegio. No recuerdo si llegaron a besarse o no pero lo que sé a ciencia cierta es que nunca la olvidará. Lo sé a pesar de no tener ya contacto con la persona que me contaba la historia.

   La tercera es la que me ha hecho escribir esta entrada. Ella le conoció en casa de una amiga. Por aquel entonces el chico en cuestión tenía novia y la dejó días mas tarde. Se vieron varias veces a lo largo de los años. Casi siempre coincidían por casualidad y en tan sólo dos ocasiones quedaron. Con especial emoción ella recordaba dos noches. Una en la que no quiso acostarse con él y lloró durante horas en su baño y otra en la que simplemente estuvieron hablando. Ahora ella quiere volver a verle. A pesar de los años y de no haber hablando durante este tiempo su corazón late de manera especial cada vez que escucha su nombre. Sabe donde trabaja y quiere hacerle una visita. Puede que con ese encuentro empiece una bonita historia de amor y la espina se convierta en un amor correspondido. O puede que suceda todo lo contrario y se de cuenta de que lo tiene idealizado. Sea como fuere, le deseo lo mejor.

   Y ya por último os contaré lo que sé de una historia de amor. Para mí es especial ya que la protagonista fue mi madre. Ella quería mucho a un chico, era un amor correspondido y hasta donde yo sé eran novios. Un día al chico le dio un ictus facial y se le paralizó media cara quedando con la boca torcida. Mi abuela le prohibió volver a ver a ese chico. Mi madre le hizo caso pero sé que esa espinita se quedó ahí.

   Que en el pasado hayas tenido un amor inolvidable no significa nada. Hay gente que no lo ha tenido y vive feliz, al igual que quien lo tiene. Lo que sucede con esas personas es que dejan una huella mas profunda que otras que hayan pasado y en vez de ser un compañero de trabajo o un vecino que te cae muy bien es alguien con quien has compartido miradas de esas que solo entienden las dos personas. Y por alguna razón las recuerdas siempre. ¿Qué pasaría si te volvieras a encontrar con esa persona? Tal vez nada, porque tu corazón ya está ocupado o tal vez todo porque en vuestro destino estaba encontraros con el paso de los años. Sea como fuere, hay que disfrutar del presente y dejar esa espinita en el lugar que se merece... en una gran caja llamadas "recuerdos".

domingo, 12 de marzo de 2017

2. EL ÚLTIMO "TE QUIERO"

En esta ocasión recupero una "rallada" que escribí hace años. Eran unas palabras dirigidas a una persona que dudo leyera el texto. He puesto puntos y a parte para que sea más fácil de leer. Cuando empecé con el blog no lo hacía.



   Hay una cosa que todavía no te he contado. La última vez que fui a comprar metí en la cesta dos postres de chocolate. De esos que en el centro tienen chocolate líquido. Ahora me estoy comiendo uno y me he acordado de tí.

   Creo que es justo que te diga, aunque sea por última vez, lo mucho que te quiero. Has sido una persona muy importante para mí durante este tiempo y me duele tener que dejar de quererte. Sé que va a ser duro, que cada vez que vea una piruleta con forma de corazón debajo de algún papel, lloraré. Sé que vas a llorar al leer esto, pero necesito expresar lo que siento. Le tengo que dar una oportunidad a mi corazón. Tiene derecho a expresar lo que siente antes de rendirse en la batalla que tiene montada contra Tristeza y Razón.

   Han sido unos meses muy bonitos en los que he descubierto a una persona maravillosa. He aprendido que el amor no puede con todo, aunque para aprender esa lección tenga escribir cosas tristes.

  De nuevo las palabras no salen, al contrario que las lágrimas. Pero no quiero llorar sóla, quiero llorar aquí, en mi espacio personal, para volver a leer lo que hoy escriba cuando esté preparada. Cuando abrir la caja de los recuerdos no me ponga triste.

   De verdad, estoy muy feliz de haberte conocido. Me has ayudado mucho, me has dado tu cariño incondicional. Y como ya dije en su día, me has demostrado que la bondad sin límites existe. No cambies tu esencia, por favor. Tienes un fondo muy valioso, un corazón enorme. Tal vez por eso me cuesta pasar página. Porque sé que no hay nadie en el mundo como tú.

   Quiero pensar en que el dolor que hoy siento algún día desaparecerá y contaré con tu amistad y cariño. Seré la mujer más afortunada del mundo.

   Bueno... pues... no sé que mas decirte, ya te he dicho lo mucho que te quiero... por última vez.

lunes, 6 de marzo de 2017

PERSONAS GRANDES

Entrada que intenta transmitir lo que pasa por mi corazón dos días después de conocer a personas grandes.


   Las cosas como son. Las personas mas grandes, te hacen sentir grande. Llevo todo el día de resaca. Una resaca que sabe a felicidad, alegría, compañerismo... Como ya he comentado en una entrada anterior, este sábado conocí a gente estupenda y grande. Sí, de verdad. Muy grande. Tras ese encuentro me doy cuenta, gracias a las redes sociales, que no soy la única que lo ha vivido con una sonrisa.

   Me cuesta escribir sin emocionarme, sin recordar cada comentario leído y no hablo de esas frases donde me nombran, sino en las que se dicen entre ellos. Intento poner un poco de cordura, racionalizar toda la información, pero en vez de conseguirlo lo que hago es verlo más grande y maravilloso.

   Me siento pequeña al lado de tanta gente con talento. Es... como si te sentaras en la mesa con gente que admiras antes de saber lo mucho que la admiras. Y ya no hablo de la calidad literaria de sus obras, que también, sino de su gran corazón. Hablo del recibimiento a personas que ni sabían que existían, hablo de las sonrisas, de un abrazo cuando ves a una chica que está ahí porque sabía que era su lugar y no cualquier otro.

   Como dijo alguien el sábado, nos conocíamos por dentro y ahora nos conocemos por fuera. Esa es una frase que me llevo y no es la única.

   Supongo que cualquier persona que haya vivido algo así me podrá entender. Cuando te dan algo que te hace muy feliz y no lo esperabas, dudas de que sea real. Pero cuando tus ojos lo confirman es como.... guau.

   Dejo la entrada aquí. Ahora no puedo escribir más, no me salen las palabras. De nuevo, gracias por tu tiempo y te pido disculpas si no te has enterado de mucho. Hoy el cuerpo me pedía intentar sacar fuera lo que llevo dentro.

domingo, 5 de marzo de 2017

HE VUELTO

Entrada que resume los sentimientos que me invadieron el día que salí de mi zona de confort.



   Hace unos meses que publiqué mi última   entrada y ya va siendo hora de retomar mis ralladas. "La vida es tan sabia que si no aprendes una lección te la repite". Dice una frase. Y estoy de acuerdo con ella.

   Sé que debo mirar por mí, luchar por ser quien quiero llegar a ser, ser la dueña y señora de mi autoestima... pero hay veces que me despisto. Eso no es malo, porque sé que siempre vuelvo al camino.

   Tengo la sensación de que cuando vas por el buen camino, la vida te da pistas. Si, ya lo sé, puede sonar raro pero ya me ha pasado varias veces. La última vez fue este fin de semana. Conseguí ahorrar en el viaje, un día de fiesta y disfruté de unas horas que va a ser difícil que las olvide. Dentro de unos días publicaré un relato donde cuento la historia, pero me apetece compartir sentimientos.

   Una de mis aficiones es la escritura. No me considero escritora, aunque hay gente que sí y yo se lo agradezco. Como decía antes, hay veces que voy por el camino que me lleva a realizarme como persona. Por aquél caminito andaba hace unos meses. Descubrí una página en la que los escritores compartían sus relatos. Decidí participar con algunos párrafos sin esperar ningún tipo de comentario, pero la gente los hizo. Personas que no me conocían de nada. Eso me animó a seguir pulsando las teclas del ordenador para compartir algún que otro relato. Pasé por una temporada en la que mi inspiración se fue y vino el desánimo. Siempre he dicho que cuando estoy triste escribo mejor, pero cuando estoy muy triste la cosa cambia. En esos momentos necesito recluírme en mi burbuja y cuando estoy preparada, cojo de nuevo el boli.

   Necesitaba hacer algo diferente, así que aprovechando que el grupo del Facebook había publicado su primer libro me fui a la presentación del mismo. Era una decisión correcta porque en el momento que la tomé, todo fue sobre ruedas.

   Tenía que ir a otra ciudad, iba a conocer a personas de las que sólo había visto una foto o hablado dos o tres días vía chat. Yo soy tímida y la idea de entrar en un bar y decir "Hola buenas, soy Isabel. ¿Me firmas el libro?" no me seducía en absoluto. Pero era un reto. Era salir de mi zona de confort de un salto, necesitaba salir de mi burbuja, echar de casa a sentimientos como la apatía o la tristeza y abrir la puerta de par en par al compromiso conmigo misma y a la ilusión por retomar una de mis grandes aficiones.

   La noche del viernes apenas dormí. "¿De qué voy a hablar con ellos? ¿Les caeré bien? ¿Seré capaz de iniciar una conversación? Muchos de ellos ya se conocen ¿Dónde me estoy metiendo?" Decidí cerrar los ojos e imaginarme qué era lo mejor que podía pasar. Que me vaya el sábado sin ganas de irme. Lo tenía claro.

   Y allí estaba yo, a punto de echarme a llorar de la pena que me daba alejarme de esas personas, que sin conocerme, me habían acogido como a una más. Llevaba en la mano un libro con dedicatorias que me tocaron el corazoncito. No podía estar más feliz y agradecida con todo lo que me habían transmitido. Pasé de entrar al bar con dolor de tripa por los nervios a olvidarme del resto de la gente y sólo tener ojos para la persona que en ese momento tenía el micrófono. Pasé de tratar de usted a un escritor, a bromear con él. Me quedo sin palabras. Se las han llevado todos esos escritores.

   En el relato que escribí de agradecimiento digo que me ha cambiado la vida. Y realmente es así. Porque de nuevo veo el camino que me lleva a donde quiero llegar. A nivel de escritura quiero seguir pulsando las teclas para formar relatos. Quiero seguir describiendo sentimientos, quiero volver a escribir entre líneas, mandar mensajes a esas personas que saben qué hay detrás de una frase sin doble sentido. No aspiro a publicar un libro, mi objetivo no es ganarme la vida con esto. Sólo es hacérmela más fácil. Vivir el dolor y la alegría, el desánimo y la esperanza detrás de cada Laura o Juan.

   Bueno, y eso es lo que quería contar. Vuelvo al blog y espero que está vez sea para no volver a dejarlo. Gracias por tu tiempo.

jueves, 3 de noviembre de 2016

LA VIDA

Una rallada más en la que reflexiono sobre lo que es para mí la vida...

   Necesito escribir... y te ha tocado a ti leerlo...

   La vida. ¿Qué es la vida? Es lo que sucede desde que nuestra madre nos da ese regalo hasta que el hombre de la guadaña viene a por nosotros. No sabemos cuando va a venir para reclamar ese regalo, así que debemos disfrutar al máximo. Disfrutar ¿Cómo? Viviendo. Pero viviendo el hoy, no el ayer. Porque nuestro camino no nos lleva hacia el útero materno, sino que nos conduce a una cita que en ningún momento nos viene bien tener. Qué bonita es la teoría, qué fácil es escribir palabras con un sentido tal vez diferente al que tenga para ti.

   Mi objetivo con estas letras es hacernos ver a ti y a mí que el pasado no existe, que tal vez ni siquiera exista el futuro, pero tenemos la obligación de vivir cada momento, tenemos que hacer aprecio a ese regalo que nos dio nuestra madre hace ya unos años.

   Da igual los palos que nos de la vida, los errores que cometamos, las lágrimas que otras personas han derramado por nosotros... todo eso, toda esa mierda, da igual. Porque por encima de todo eso, tenemos un corazón que a día de hoy late y lo hace con tanta fuerza como ayer. Y eso es lo importante, lo realmente importante. Porque significa que conservamos el regalo.

   ¿Cómo podemos agradecerlo? Siendo felices. No se me ocurre otra forma. Cuando nos regalan algo material que nos gusta, damos las gracias con una sonrisa. Y la persona que nos entrega el paquete se siente bien. No sé... tal vez debemos hacer lo mismo con la vida. Es nuestro regalo más valioso. ¿Vamos a llorar y a lamentarnos por los errores cometidos? No. Rotundamente no. Porque eso es pasado, un pasado que no podemos cambiar y volver a él una y otra vez sólo nos puede hacer sentirnos peor. Y la vida es muy corta para desaprovecharla con lágrimas.

   No tiene sentido pasarlo mal por un error. ¿Cuando haces por primera vez macarrones y no te salen bien lloras? ¿Por qué lo hacemos cuando metemos la pata? ¿Por qué nos exigimos hacerlo todo bien a la primera? Si nadie nos ha enseñado a vivir. Si lo más normal es que nos equivoquemos cuando metemos las pilas por primera vez en ese coche teledirigido que nos acaban de regalar. Y no por eso se hunde el mundo. Lo que hacemos es sacar las pilas y volverlas a meter y tal vez a la segunda tampoco funcione el coche porque no le hemos dado al botón de "on". Entonces, cuando le damos, funciona. Es fácil leer el manual de nuestro coche. Pero.... ¿Y si no viniera con instrucciones? Nos pasaríamos horas y horas dándole vueltas al juguete intentando adivinar qué es lo que no funciona, qué es lo que estamos haciendo mal, nos preguntaríamos porque si hacemos todo bien el coche no funciona. Y tal vez en ese momento alguien nos diga que no funciona porque tiene un fallo de fábrica. Y por muchas vueltas que le demos, no vamos a conseguir que se mueva.

   Vamos a aplicar ese ejemplo a todo. A las relaciones de pareja, amistad, vecindad... a la vida misma. Cuando estamos ante un problema del que no tenemos la solución lo miramos desde todos los lados posibles, nos preguntamos qué estamos haciendo mal, sentimos impotencia porque no sabemos qué es eso que no funciona. No tenemos a nadie que nos diga que la vida está defectuosa, que nuestra relación de pareja o de amistad tiene un fallo de fábrica y que por más que hagamos no va a funcionar. Hay veces en las que, si nos alejamos del problema, lo vemos con más claridad e incluso llegamos a dar con la solución. Otras veces el problema se resuelve solo.

   No sé seguir. Quiero darle un enfoque final positivo, pero no se me ocurren las palabras. Lo único que tengo claro es que quiero VIVIR, cometer errores y pagar por ellos si es necesario, pero aceptar que los voy a volveré a cometer, que una y otra vez voy a hacer daño a las personas que quiero, de la misma manera que me lo van a hacer a mí. Y no pasa nada, porque de tristeza no se muere. Y que una sonrisa, aunque sea falsa, es el mejor agradecimiento que le puedo hacer a la persona que un día me dio la vida.

FRÍO Y CALOR

Entrada que va sobre los sentimientos que nos pueden invadir cualquier día.


   Hoy hace frío. Pero no de ese que dice el hombre del tiempo que van a bajar las temperaturas. Sino del que sientes por dentro. Frío de tristeza e incluso miedo. De no saber cómo levantarte de la cama cada día. De sentir que no puedes afrontar los problemas, superar las zancadillas que te pone la vida cada día. Frío del que nace dentro, no del que viene desde fuera. Es peor que uno de esos días de cierzo sin fin en los que el aire huracanado te hace retroceder unos pasos al volver una esquina.


   A la vez hace calor. Pero no ese calor del sol en las horas del medio día o esa sensación abrasadora de los meses más calurosos. Esa sensación que te golpea cuando sales de un sitio con aire acondicionado y te enfrentas a 35 grados a la sombra. No es de ese calor que hace temblar la tensión de las personas hipotensas. Es un sentimiento. Es lo que te transmite una persona cuando te abraza y a la vez es lo que te ayuda a salir adelante. Es un calor que nace de dentro, de lo más profundo. Necesitamos ese calor para poder caminar cada día. Una palabra de aliento, una palmada en la espalda, un sueño por cumplir, un objetivo al que llegar.


   Calor y frío. Frío y calor. Dos sensaciones, dos sentimientos opuestos pero necesarios para mantener con vida a una persona. No eres nadie si sólo sientes frío, tristeza, miedo. Y tampoco puedes sentir ganas de luchar, de cumplir tus sueños, de recorrer el camino si no tienes un reto que superar. Lo importante es el equilibrio. Aceptar el frío y abrigarte. Notar el calor y disfrutar de su sensación. Una sábana helada una noche de invierno y un suelo congelado por la mañana no debe detener nuestras ganas de soñar ni de levantarnos.

domingo, 25 de octubre de 2015

QUIERO CAMBIAR


Entrada que va sobre una lucha interna. Impulso contra paciencia.


     Estoy en una etapa de cambios. Hay cosas de mí que no me acaban de gustar y estoy en proceso de ver como puedo mejorarlas. Esto de cambiar es una gaita. Entran en conflicto dos cosas. Por un lado, pienso que debo aceptarme tal y como soy. Por el otro, soy consciente de aquellas cosillas que no me acaban de hacer feliz del todo. Encontrar un término medio entre cambiar sin perder mi esencia y ser un poquito mas feliz es complicado. Hay un rasgo en el que estoy trabajando y con el que llevo una pelea interna. Sé que encontraré el término medio, pero me cuesta. Cuando doy algún pasito hacia esa persona que quiero ser, me siento un poco rara. Porque hago algo que no es habitual en mí. Y esa sensación no me acaba de aportar la sonrisa que me gustaría, así que me replanteo si voy por el buen camino. Sí, lo sé, no te enteras de nada. Voy a decirte de que hablo y seguro que me entiendes.

     Soy Aries y en todos los horóscopos que nos definen dicen dos cosas. Personas impulsivas e irreflexivas. No hago mucho caso a eso, pero me define a la perfección. Si veo una piscina me lanzo de cabeza y me da igual si tiene agua, vino o está vacía. No sólo hablo de amor, sino en general. Ahora mi pelea está con una palabra que es paciencia. Vamos, lo contrario de lo que soy yo. De alguna manera es la lucha de corazón contra razón pero aplicada a todo. El corazón me dice "hazlo" y la cabeza me dice "espera y observa, luego ya veremos si lo haces". Cuando no me dejo llevar por impulso le doy vueltas a la cabeza. Intento ver que realmente y desde un punto de vista objetivo, es lo mejor que puedo hacer. Pero es cuando mi corazón me manda la tristeza. Algo así como un chantaje emocional, que me hace replantearme si es mejor intentar ser paciente o aceptar que soy una mujer que prefiere darse una leche contra el fondo de la piscina porque se ha lanzado sin mirar. Soy una cabezona y voy a conseguir ser paciente. Voy a mirar la piscina, veré si tiene o no agua, meteré un pie y lo sacaré. Valoraré si el agua está fría o caliente y en ese momento iré hacia la escalera para meterme poco a poco si el agua no está demasiado fría. Las cosas como son, caliente nunca va a estar porque en esta vida las cosas no son fáciles.No sé hasta que punto seré capaz de hacer lo que acabo de escribir, todo el mundo sabe que la teoría es muy bonita, pero la práctica es otro cantar. Lo de la escalera lo veo difícil, pero lo de meter el pie y sacarlo es más factible. En cuanto al chantaje emocional del que hablaba antes, seguiré intentando convencer a mi corazoncito que así no van las cosas. El resultado que he objetivo hasta la fecha no ha sido del todo positivo y tengo que hacer todo lo posible por modificar mi carácter en ese aspecto. Son varias las cosas para las que necesito paciencia. Concretamente estoy pensando en dos. Que si al final consigo llevarlas a cabo os las comentaré, pero adelanto que van para medio o largo plazo. Ambos objetivos merecen la pena y pienso estudiar la situación, meter el pie todas las veces que haga falta e incluso iré hacia esa escalera imaginaria de la que os hablaba. Porque a pesar de mi naturaleza impulsiva sé que debo hacer las cosas con calma, aunque no sea mi estilo, porque el esfuerzo será ampliamente recompensado. Cabe la posibilidad de que alguna de las dos cosas no se llegue a realizar, pero en ese caso, haré lo que hago siempre. Seguir mi camino.

     Parece que en esta mañana de domingo la inspiración me ha acompañado. Aunque hoy escribo un poco para mí, la idea que intento transmitir es que no hay que acomodarse con uno mismo. Hay que avanzar, seguir caminando, cambiar una cosa que no nos acaba de hacer feliz por otra que nos puede hacer un poquito mas feliz De esta manera conseguimos sonreír mas y los problemas cotidianos no nos parecen tan graves y el esfuerzo habrá merecido la pena. Una vez mas, gracias por estar ahí.