Entrada en la que hablo de algo que parece fácil pero no siempre lo es.
Nos pasamos la vida aprendiendo. Idiomas, manejo de teléfono móvil, cocina... En cada etapa aprendemos una cosa. No siempre son visibles, hay veces que aprendemos cosas invisibles. Como por ejemplo, decir "no". Si has hecho una mueca al leer la última frase, choca esos cinco, tenemos mucho en común.
He tenido unos años en los que siempre decía que sí. Estaba necesitada de cariño y tenía el listón bajo... muy bajo. Si, estoy hablando otra vez de amor. Aunque no siempre había amor y la mayoría de veces había sexo. La de veces que me he tirado a la piscina sin mirar si había agua. La de películas que me montaba yo sola después del primer beso. La de cenas que le dejé a deber a un buen amigo que me daba consejos como "no le digas que sí al primero que te guste". O las veces que habré oído frases como "adelante, sigue, ambas sabemos que te vas a estrellar. ¿Es lo que quieres? Pues venga" cuando en su mirada decía "sabes que voy a estar aquí cuando te hagas daño". Pero no me arrepiento de nada. Cada uno de los castillos en el aire eran míos y gracias a ellos soy quien soy.
En otros momentos de mi vida he dicho muchas veces "sí" cuando tenía que haber gritado "NO". Pero no lo he hecho porque no sabía pronunciar esas palabras. Tal vez era el miedo a lo que pudiera pasar lo que me llevara a decir lo contrario a lo que pensaba. Otras veces simplemente me dejaba llevar. No me planteaba que podía dar una respuesta diferente a la que daba. Y sí, también el amor hacía de las suyas y me nublaba la razón de tal manera que no era consciente de mi error. Porque decir "si" cuando quieres decir "no" te lleva a una situación incómoda. Pero bueno, te justificas porque al fin y al cabo has aceptado. Y cuando esa situación se repite con la misma persona entras en un círculo vicioso del que cuesta mucho salir. Esa persona te trata como tú le permites. Y cambiar eso cuesta mucho.
Decir "no" es marcar un límite. Y no siempre es fácil hacerlo. Sobretodo cuando nunca ha estado dicho límite. Yo soy la primera que si hago lo que me da la gana, el primer día que no puedo hacerlo, me mosqueo. Aunque yo no sería capaz de tratar a la gente como me han tratado a mí en algunas ocasiones. Y eso que he metido la pata como la que más.
No sé si lo habrás podido intuir, pero hoy es uno de esos días que escribo para mí. De alguna manera necesito reafirmarme en mi propósito de marcar límites y no dejar que las personas a las que nunca se los he puesto, los crucen. Ya no tengo miedo al futuro. Mentira tengo miedo. Pero la idea de dejar que las cosas sigan igual me da aún más miedo. Porque una de las cosas que pasan cuando dices tantas veces lo contrario a lo que piensas, es que te pierdes. Cada "sí " te aleja de tu esencia. Y cuando menos te lo esperas, tú no eres tú. Y eso no me lo puedo permitir. Porque el volver a ser yo cuesta mucho.
Bueno, por hoy doy por finalizada la entrada. Espero que te haya gustado. Si tienes alguna herramienta que me pueda ayudar a seguir diciendo "no" te animo a compartirla en comentarios. Gracias por tu tiempo.


