miércoles, 14 de octubre de 2026

UNA NOCHE DIFERENTE

 Relato que cuenta una historia de sentimientos...


   Paula le da un beso en los labios a Luis. Lleva meses queriendo hacerlo y hoy ha reunido el valor necesario. Han pasado la tarde hablando de un montón de temas. La complicidad era visible para cualquiera que pasara por su lado. 

   El autobús abre las puertas. Ella le da las gracias por el rato que han pasado juntos y le pide que no se enfade por lo que acaba de hacer. Sube al vehículo mientras él la mira. No dice nada, sólo observa como se aleja. 

   Él intenta poner en orden sus ideas. Antes de esa tarde tenía muy claro lo que sentía. Ahora lo que tiene claro es que no sabe lo que siente. Ha notado la caída de una piedra que protegía su corazón. Construyó un muro el día que prometió no volverse a enamorar. Y hasta ese momento era resistente. Ahora empieza a dudarlo. No se esperaba el beso aunque tiene que reconocer que le ha gustado. Decide coger la piedra que se ha caído para volver a ponerla en su sitio. A pesar de que Paula le gusta, ha decidido no empezar nada con ella. 

   Sentada al lado de la venta observa el paisaje. Tiene ganas de llorar, reír y chillar. Todo a la vez. Luis le gusta desde hace meses. Es el protagonista de las historias de amor que se imagina cada noche antes de dormir. En todas ellas él la besa y le dice que quiere empezar una nueva vida a su lado. Unas veces lo hace en un parque, otras en una cafetería, algunas en una calle cualquiera de su ciudad. Y en todas ellas se abrazan. Nunca ha querido imaginar qué pasaría después de ese abrazo. 

   Los amigos de Luis le hacen olvidar lo sucedido hace unas pocas horas. Risas, cervezas, música. La noche transcurre con normalidad. Pero es una noche diferente. Porque a pesar de no querer pensar no puede evitar recordar el sabor de sus labios. 

   Paula, metida en la cama, cierra los ojos. Hoy no hay beso ni abrazo. Tan sólo el recuerdo de una mirada cuando llegaba el autobús. Una mirada que lo decía todo. "Lo siento, pero yo no..." El mensaje es claro. Él no quería ese acercamiento y se lo ha hecho saber sin despegar los labios. Lo acepta. Cuando decidió dar el paso sabia que había ese riesgo. Una lágrima resbala por su mejilla.

   Paula y Luis hablan por WhatsApp como cada domingo. Se llevan muy bien, tienen complicidad y bromas que sólo entienden ellos. Él decide empezar la conversación incómoda pero ella le corta. Ya le ha quedado claro el mensaje. Sólo le pide que su amistad no se vea afectada. Luis le dice que cuente con ello. Le tiene mucho cariño a pesar de no poder ofrecerle lo que a ella le gustaría. 



lunes, 5 de octubre de 2026

ECHAR DE MENOS

Entrada en la que hablo sobre algo que hemos hecho y hacemos todos. Echar de menos.

   Seguro que al leer el título has pensado en una persona, un animal, un sentimiento o una emoción. Se puede echar de menos incluso un objeto. La entrada de hoy va sobre eso, lo que echamos en falta cuando no lo tenemos. Hay tres posibilidades, que no lo vayamos a tener más, que sepamos que lo vamos a recuperar o que no sepamos si lo vamos a volver a tener. Lo sé, suena confuso. Intentaré aclararlo.

   Para mí, lo más difícil es cuando echamos de menos algo que no sabemos si vamos a volver a tener. Vamos con mi tema favorito, el amor. Cuando estamos llorando por un desengaño, echamos de menos muchas cosas. Besos, abrazos, mensajes de buenos días y buenas noches, el olor de esa persona, sus caricias... en definitiva, el amor. Y aunque en un primer momento podemos pensar que no nos vamos a volver a enamorar, sobretodo porque no nos quedan ganas, cuando pasa el tiempo la incertidumbre es si volveremos a ver al alado Cupido. Y esa incertidumbre es dura. 

   Menos dura me parece la sensación de echar de menos a algo o a alguien que sabemos que no va a volver. Hace menos de un mes mi "compañera de piso perruna" cruzó el arcoiris. Lo tengo muy reciente y saber que nunca la voy a volver a ver es muy duro. Esa sensación de echar de menos sus besos, el que venga a la puerta a recibirme, el ruido de sus patitas...Hay días que lo llevo mejor que otros. A pesar de todo, prefiero saber que no va a volver que la incertidumbre de si volverá. Porque el duelo se hace y la pérdida se supera o al menos se aprende a vivir con la ausencia, pero mantener la esperanza es más duro.

   Por último, la sensación de echar de menos a aquello que sabes que vas a volver a ver o a tener. Para mí es la sensación más bonita. Porque si echas algo o a alguien de menos es porque te gusta o te cae bien. Volviendo al tema del amor. Cuando la persona amada vive o trabaja en otra ciudad pero tienes marcado en el calendario el día que la vas a volver a ver. Eso es bonito. Porque recuerdas lo bien que te hace sentir y sabes que vas a volver a experimentar esa misma sensación. O en el terreno de la amistad. Esa persona especial que con sólo mirarte sabe si necesitas un abrazo, una noche de fiesta o todo a la vez. 

   Esta es mi reflexión de hoy. Escribiéndola me han venido a la mente personas, animales, sentimientos y sensaciones. ¿Y a ti? ¿Has pensado en alguien a quien echas de menos? ¿Tal vez alguna situación? Te animo a compartirlo en comentarios. Gracias por tu tiempo. 

domingo, 27 de septiembre de 2026

AUSENCIA

 Relato dedicado con todo mi cariño a una perra con la que compartí buenos momentos.

   Suena el despertador. Lo apago y me doy media vuelta. Va a hacer ruido varias veces más. El sonido de la puerta de casa me dice que alguien ha salido. En unos minutos oiré a Luna andar por el pasillo, venir hasta la puerta de la habitación para pedir agua del bidé. Después, el sonido de la comida cayendo en su bol y a ella masticando. 

   Pasan los minutos y la puerta no se vuelve a abrir. No han salido a pasearla porque ya no vive en casa. Desde hace unas horas está en el cielo, como me gusta pensar a mí. 

   Llego al trabajo y hay un silencio poco habitual. Recibo el pésame de los compañeros a tiempo que lucho contra las lágrimas. A mitad de mañana me voy a dar un paseo. Necesito tomar aire. Camino por la sombra sin rumbo fijo. Intentando escapar de la tristeza. Pero ella es más fuerte que yo y está decidida a no abandonarme. Me rindo y decido volver a la oficina. 

   En el tranvía de vuelta miro por la ventana. No veo a la gente que pasea por la calle. En mi mente está entrar en casa y saber que no me van a recibir moviendo la cola. O que no va a estar tumbada aporreando el suelo. Ni va a entrar después de mí tras su paseo. Otra vez, las lágrimas ganan la batalla.

   Llaman a la puerta y nadie sale corriendo y ladrando para avisarme. Cojo el paquete y me siento en el suelo. De nuevo nadie me lame la cara. Y eso duele. 

   Ya en la cama, todos los recuerdos del día me atacan a la vez. Y me dicen que mañana será peor, porque los días no sólo pasan sino que pesan. Y cambiar una rutina establecida durante 7 años es muy duro. No escuchar "saca a Luna ahora antes de que empiece a llover ", los besos en la cara cuando alguien se agacha, decir "este pollo al horno que ha sobrado para ella". 

   Cierro los ojos y me viene a la mente la puerta de la cocina abierta. Ahora puede estar así, ningún ser de cuatro patas va a entrar para ver qué encuentra. En el salón, una valla lo divide por la mitad, en un lado su cama que ya no está y en el otro el sofá donde no se va a volver a subir. 

   Duele el recuerdo de los buenos momentos, la despedida en casa. Y la esperanza de un milagro hasta que recibí el mensaje "la están durmiendo". En ese momento algo se rompió. Fue mi corazón el que se hizo añicos. 

   Ahora toca dejar que el tiempo pase y que cure las heridas. Morfeo me abraza a tiempo que entro en un profundo sueño. En el que, tal vez, volvamos a jugar juntas. Porque sólo en sueños podré hacerlo.

   Suena el despertador. Lo apago y me doy media vuelta. Un nuevo día comienza. Un día en el que la puerta se va a abrir y cerrar sólo una vez.



martes, 15 de septiembre de 2026

JUEGA TÚ CON ELLA

 Entrada en la que escribo una carta desde el corazón. 


   Hola mamá:

   Hace mucho que no te escribo, pero pienso en ti casi todos los días. Cada vez que miro al cielo y guiño un ojo o cuando tu nieto nombra a la luna. Sé que estás ahí y me cuidas y proteges. Si no fuera así no podría seguir adelante.

   Hoy quiero contarte un momento del pasado y lo que sucedió ayer. Por último te haré una petición.

   Yo estaba en mi desordenada habitación mientras tú luchabas por tu vida en el hospital cercano. El bloqueo me impedía moverme. No era capaz de recoger ni una hoja de papel. Sabía que algo estaba pasando, pero no era consciente de la magnitud. El desenlace ya lo sabes. Pasaste de ayudarme en la tierra a hacerlo desde el cielo.

   Ayer volví a vivir ese bloqueo. Mientras tu nieto dormía, yo miraba al infinito. Deseando con todas mis fuerzas que sucediera un milagro. Estaba hablando con una amiga cuando recibí el mensaje. La estaban durmiendo. Colgué y sentí cómo las lágrimas rodaban por mis mejillas. Miré al cielo desde la ventana y te pedí fuerza. Y eso haré cada día hasta que la ausencia duela menos. Porque las ausencias nunca dejan de doler del todo.

   Por favor. Juega con ella. Es un poco tímida pero estoy segura que va a saber quién eres. Dile que la quiero con toda mi alma. Dale las gracias por los momentos bonitos que ahora duelen tanto recordar. Acaríciala todo lo que no puedo acariciarla yo. Y pídele que me mande fuerza para levantarme cada mañana, porque en estos momentos me faltan un poco.

   Eso es todo, mamá. Nos vemos cuando me toque. Hasta entonces solo decirte que te quiero.

   Firmado:

   Isabel. 

viernes, 4 de septiembre de 2026

Tic tac

Relato en el que hablo del paso del tiempo.

   Empieza la partida. La cojo con ganas. Voy a salir victorioso. Tic tac. Hago el primer movimiento. Consigo salir con la chica popular de la universidad. Tic tac. Me deja por otro más mayor diciendo que soy un crío. Qué sabrá ella... además, no era tan guapa. Tic tac.

   La vida sigue pasando. Tic tac. De nuevo parece que voy ganando. Voy a coger el coche una noche de sábado aunque mis amigos insisten en que no lo haga. Tic tac. Les digo que no pasa nada, que yo controlo. No veo la línea continua y me deslumbran los faros de un coche. Jaque. 

   Hace dos años que superé el coma. Tic tac. He aprendido la lección, nada de alcohol al volante. Afortunadamente no acabé con la partida de otra persona. Tic tac.

   La vida sigue. Hay veces que parece que voy ganando. Tic tac. Pero cuando me descuido, pierdo un nuevo peón. Cada vez me quedan menos. Tic tac. Aún puedo ganar la partida. 

   Me convierto en un hombre de negocios. Tic tac. Tengo una gran empresa. Soy un triunfador. Tic tac. He aprendido a pensar en frío y calcular el siguiente movimiento. Tic tac.

   Suenan campanas de boda. Tic tac. He sido listo y hemos firmado la separación de bienes con un notario amigo de la familia de mi ya mujer. Es una rubia despampanante. Tic tac. Voy ganando, lo sé. 

   El día de mi 50 cumpleaños recibo una carta. Tic tac. En ella la rubia me envía los papeles del divorcio y me pide la mitad de todo lo que tengo. Ha decidido empezar una nueva vida con el notario. El documento de la separación de bienes que firmé era falso. Jaque.

   El cardiólogo habla pero no le escucho. Tic tac. Sólo oigo frases sueltas. "Infarto grave. Vivo de milagro. Reducir estrés. Nada de disgustos." Yo sólo pienso en vengarme. Tic tac. 

   Los años pasan pero no me rindo. Tic tac. Voy a ganar la partida. Conseguí vengarme de mi ex. Tic tac. La jubilación la paso en un pueblo lejano. Sigo ganando la partida. Tic tac.

   Es de noche. Oigo ruidos. Salgo con un cuchillo en la mano. Jaque mate. 


martes, 1 de septiembre de 2026

BIMBA

   Es la primera noche que no estás en casa y te echo mucho de menos. Llevo tan sólo unas horas sin oír el ruido de tus uñas golpeando el sueño y ese silencio me hace daño en los oídos. 

   No has venido a saludar cuando la puerta de casa se ha abierto. Y eso duele. Y duele saber que no voy a oír la rutina nocturna. Puerta que se abre y se cierra. Unos minutos de silencio. Puerta que se abre y se cierra. Uñas contra el suelo. Pienso cayendo en tu bol. Oírte comer, beber agua y paseo por la casa buscando el postre. Mañana por la mañana no vas a beber agua en el bidet. Y la ausencia de todo eso, también duele.

   Sé que estás bien, que tu sitio ahora es en la jaula de la clínica donde te pueden dar calmantes.

   Estoy muy triste. ¿Y sabes lo peor? Que hoy es lo fácil. La incertidumbre de no saber lo que tienes es mejor que la certeza de saberlo. Las posibles enfermedades que ha dicho el veterinario suenan a cual peor. Pero voy a mantener el optimismo. Te lo debo. 

   Desde que te conocí decidí que no quería enamorarme de ti porque sé que tu esperanza de vida es menor que la mía. Pero hoy me he dado cuenta que me he enamorado hasta las trancas, como se suele decir.

 Voy a dejar la entrada aquí. Sólo pedirte que seas fuerte. Mañana te van a hacer una prueba para saber lo que tienes. Y va a salir lo mejor posible. Se curará con medicación, operación o lo que diga el profesional. Y ya está. No me quiero ni plantear ninguna otra opción. 

  Te quiero.



domingo, 30 de agosto de 2026

LUCHAR SÍ, PERO NO TANTO...

Entrada que va sobre lo bueno y lo no tan bueno de ser luchadora. 

   Lo peor y lo mejor que me ha podido pasar, es tener una infancia dura. Eso me ha convertido en una persona luchadora. Pero luchadora de las buenas. De las que no se rinden y siguen andando a pesar de que no haya camino. En alguna ocasión me he dejado caer en el pozo para darle una patada al fondo y subir para arriba. Suena bien ¿verdad? Pues no es tan bonlto como parece.

   Porque he luchado incluso cuando no había que hacerlo. Yo solita me he buscado problemas donde no los había. Y eso me ha costado caro.

    En el tema del amor he metido la pata hasta el fondo. He hecho daño a alguna persona que no se lo merecía. Estoy pensando en una en concreto. Sé que no era mi persona porque hace años se bajó del tren. Pero me porté fatal. No tenía ninguna queja, pero buscaba pelos a una calavera. Fui muy dura con las palabras. Y eso es porque una servidora, que no sabía que hay que veces que no hay que luchar, se inventaba batallas. Afortunadamente esa lección ya la he aprendido.

   En otras relaciones he visto el cartel luminoso de "vete y no mires atrás" ¿y yo que he hecho? Luchar. ¿Para qué vamos a optar por el camino fácil y leer el cartelito? Yo le hacía caso a esa persona que me quiere tanto y me decía "Estréllate. ¿No es lo que quieres? Pues adelante". Que su mensaje era justo el contrario, pero yo me lo tomaba de forma literal. Pero no me estrellaba una vez, no. Repetía una y otra y otra y otra vez. Hasta que no me podía levantar del suelo. Y cual boxeador tirado en el ring asumía mi derrota.

    Porque sí, porque una es así. Soy una enamorada del amor. Ese sentimiento tan bonito y protagonista de la mayoría de mis entradas y relatos. Porque eso de aceptar a la primera que me he equivocado de persona no va conmigo. Yo tengo que luchar por la persona que en uno u otro momento he decidido que era el amor de mi vida.

   Ahora miro atrás y me llevo las manos a la cabeza. Quién me mandaría a mí aguantar tanto. Quién me creía que soy para conseguir que esa o esas personas me quisieran igual que yo a ellas. ¿No era más fácil asumir mi derrota y seguir buscando? Que si, que el amor no se busca. Esa lección me costó pero también la aprendí.

   Y hasta aquí mi entrada de hoy. ¿Cómo estoy ahora? Eso no es lo importante. Lo importante es que por fin he aprendido todas las lecciones que la vida me ha querido enseñar. Y la más valiosa es que no me lo tenga tan creído, que ella es la que manda y si dice que no es que no. Por mucho que yo luche. Y que si veo una cartel luminoso es para leerlo, no para pasar de él y seguir a lo mío.

   ¿Y tú? ¿Eres de leer carteles o de estrellarte contra muros? Gracias por tu tiempo.