martes, 15 de septiembre de 2026

JUEGA TÚ CON ELLA

 Entrada en la que escribo una carta desde el corazón. 


   Hola mamá:

   Hace mucho que no te escribo, pero pienso en ti casi todos los días. Cada vez que miro al cielo y guiño un ojo o cuando tú nieto nombra a la luna. Sé que estás ahí y me cuidas y proteges. Si no fuera así no podría seguir adelante.

   Hoy quiero contarte un momento del pasado y lo que sucedió ayer. Por último te haré una petición.

   Yo estaba en mi desordenada habitación mientras tú luchabas por tu vida en el hospital cercano. El bloqueo me impedía moverme. No era capaz de recoger ni una hoja de papel. Sabía que algo estaba pasando, pero no era consciente de la magnitud. El desenlace ya lo sabes. Pasaste de ayudarme en la tierra a hacerlo desde el cielo.

   Ayer volví a vivir ese bloqueo. Mientras tu nieto dormía, yo miraba al infinito. Deseando con todas mis fuerzas que sucediera un milagro. Estaba hablando con una amiga cuando recibí el mensaje. La estaban durmiendo. Colgué y sentí cómo las lágrimas rodaban por mis mejillas. Miré al cielo desde la ventana y te pedí fuerza. Y eso haré cada día hasta que la ausencia duela menos. Porque las ausencias nunca dejan de doler del todo.

   Por favor. Juega con ella. Es un poco tímida pero estoy segura que va a saber quién eres. Dile que la quiero con toda mi alma. Dale las gracias por los momentos bonitos que ahora duelen tanto recordar. Acaríciala todo lo que no puedo acariciarla yo. Y pídele que me mande fuerza para levantarme cada mañana, porque en estos momentos me faltan un poco.

   Eso es todo, mamá. Nos vemos cuando me toque. Hasta entonces solo decirte que te quiero.

   Firmado:

   Isabel. 

viernes, 4 de septiembre de 2026

Tic tac

Relato en el que hablo del paso del tiempo.

   Empieza la partida. La cojo con ganas. Voy a salir victorioso. Tic tac. Hago el primer movimiento. Consigo salir con la chica popular de la universidad. Tic tac. Me deja por otro más mayor diciendo que soy un crío. Qué sabrá ella... además, no era tan guapa. Tic tac.

   La vida sigue pasando. Tic tac. De nuevo parece que voy ganando. Voy a coger el coche una noche de sábado aunque mis amigos insisten en que no lo haga. Tic tac. Les digo que no pasa nada, que yo controlo. No veo la línea continua y me deslumbran los faros de un coche. Jaque. 

   Hace dos años que superé el coma. Tic tac. He aprendido la lección, nada de alcohol al volante. Afortunadamente no acabé con la partida de otra persona. Tic tac.

   La vida sigue. Hay veces que parece que voy ganando. Tic tac. Pero cuando me descuido, pierdo un nuevo peón. Cada vez me quedan menos. Tic tac. Aún puedo ganar la partida. 

   Me convierto en un hombre de negocios. Tic tac. Tengo una gran empresa. Soy un triunfador. Tic tac. He aprendido a pensar en frío y calcular el siguiente movimiento. Tic tac.

   Suenan campanas de boda. Tic tac. He sido listo y hemos firmado la separación de bienes con un notario amigo de la familia de mi ya mujer. Es una rubia despampanante. Tic tac. Voy ganando, lo sé. 

   El día de mi 50 cumpleaños recibo una carta. Tic tac. En ella la rubia me envía los papeles del divorcio y me pide la mitad de todo lo que tengo. Ha decidido empezar una nueva vida con el notario. El documento de la separación de bienes que firmé era falso. Jaque.

   El cardiólogo habla pero no le escucho. Tic tac. Sólo oigo frases sueltas. "Infarto grave. Vivo de milagro. Reducir estrés. Nada de disgustos." Yo sólo pienso en vengarme. Tic tac. 

   Los años pasan pero no me rindo. Tic tac. Voy a ganar la partida. Conseguí vengarme de mi ex. Tic tac. La jubilación la paso en un pueblo lejano. Sigo ganando la partida. Tic tac.

   Es de noche. Oigo ruidos. Salgo con un cuchillo en la mano. Jaque mate. 


martes, 1 de septiembre de 2026

BIMBA

   Es la primera noche que no estás en casa y te echo mucho de menos. Llevo tan sólo unas horas sin oír el ruido de tus uñas golpeando el sueño y ese silencio me hace daño en los oídos. 

   No has venido a saludar cuando la puerta de casa se ha abierto. Y eso duele. Y duele saber que no voy a oír la rutina nocturna. Puerta que se abre y se cierra. Unos minutos de silencio. Puerta que se abre y se cierra. Uñas contra el suelo. Pienso cayendo en tu bol. Oírte comer, beber agua y paseo por la casa buscando el postre. Mañana por la mañana no vas a beber agua en el bidet. Y la ausencia de todo eso, también duele.

   Sé que estás bien, que tu sitio ahora es en la jaula de la clínica donde te pueden dar calmantes.

   Estoy muy triste. ¿Y sabes lo peor? Que hoy es lo fácil. La incertidumbre de no saber lo que tienes es mejor que la certeza de saberlo. Las posibles enfermedades que ha dicho el veterinario suenan a cual peor. Pero voy a mantener el optimismo. Te lo debo. 

   Desde que te conocí decidí que no quería enamorarme de ti porque sé que tu esperanza de vida es menor que la mía. Pero hoy me he dado cuenta que me he enamorado hasta las trancas, como se suele decir.

 Voy a dejar la entrada aquí. Sólo pedirte que seas fuerte. Mañana te van a hacer una prueba para saber lo que tienes. Y va a salir lo mejor posible. Se curará con medicación, operación o lo que diga el profesional. Y ya está. No me quiero ni plantear ninguna otra opción. 

  Te quiero.



domingo, 30 de agosto de 2026

LUCHAR SÍ, PERO NO TANTO...

Entrada que va sobre lo bueno y lo no tan bueno de ser luchadora. 

   Lo peor y lo mejor que me ha podido pasar, es tener una infancia dura. Eso me ha convertido en una persona luchadora. Pero luchadora de las buenas. De las que no se rinden y siguen andando a pesar de que no haya camino. En alguna ocasión me he dejado caer en el pozo para darle una patada al fondo y subir para arriba. Suena bien ¿verdad? Pues no es tan bonlto como parece.

   Porque he luchado incluso cuando no había que hacerlo. Yo solita me he buscado problemas donde no los había. Y eso me ha costado caro.

    En el tema del amor he metido la pata hasta el fondo. He hecho daño a alguna persona que no se lo merecía. Estoy pensando en una en concreto. Sé que no era mi persona porque hace años se bajó del tren. Pero me porté fatal. No tenía ninguna queja, pero buscaba pelos a una calavera. Fui muy dura con las palabras. Y eso es porque una servidora, que no sabía que hay que veces que no hay que luchar, se inventaba batallas. Afortunadamente esa lección ya la he aprendido.

   En otras relaciones he visto el cartel luminoso de "vete y no mires atrás" ¿y yo que he hecho? Luchar. ¿Para qué vamos a optar por el camino fácil y leer el cartelito? Yo le hacía caso a esa persona que me quiere tanto y me decía "Estréllate. ¿No es lo que quieres? Pues adelante". Que su mensaje era justo el contrario, pero yo me lo tomaba de forma literal. Pero no me estrellaba una vez, no. Repetía una y otra y otra y otra vez. Hasta que no me podía levantar del suelo. Y cual boxeador tirado en el ring asumía mi derrota.

    Porque sí, porque una es así. Soy una enamorada del amor. Ese sentimiento tan bonito y protagonista de la mayoría de mis entradas y relatos. Porque eso de aceptar a la primera que me he equivocado de persona no va conmigo. Yo tengo que luchar por la persona que en uno u otro momento he decidido que era el amor de mi vida.

   Ahora miro atrás y me llevo las manos a la cabeza. Quién me mandaría a mí aguantar tanto. Quién me creía que soy para conseguir que esa o esas personas me quisieran igual que yo a ellas. ¿No era más fácil asumir mi derrota y seguir buscando? Que si, que el amor no se busca. Esa lección me costó pero también la aprendí.

   Y hasta aquí mi entrada de hoy. ¿Cómo estoy ahora? Eso no es lo importante. Lo importante es que por fin he aprendido todas las lecciones que la vida me ha querido enseñar. Y la más valiosa es que no me lo tenga tan creído, que ella es la que manda y si dice que no es que no. Por mucho que yo luche. Y que si veo una cartel luminoso es para leerlo, no para pasar de él y seguir a lo mío.

   ¿Y tú? ¿Eres de leer carteles o de estrellarte contra muros? Gracias por tu tiempo. 

martes, 25 de agosto de 2026

NO ESTOY PREPADADA

 Entrada en la que hablo del inicio del cole.

   Hoy he ido a recoger al pequeño a la guarde. La monitora me ha preguntado la si la primera semana de septiembre también le iba a llevar y le he dicho que sí. Pensando que aún faltaba mucho. De camino al coche he mirado el calendario y no me ha gustado lo que he visto. Queda semana y media para que el pequeño empiece el cole.

   Sí, ya lo sé, es maravilloso verle crecer sano. Me siento muy afortunada de tenerle y soy feliz al compartir con él cada etapa. Pero hoy mi en mi rallada no le voy a dar voz a la parte racional. Seamos realistas, le dé voz o no, se va a hacer lo que diga ella. Hoy quiero darle voz a mi corazón. Poner en sus manos el teclado del móvil y que se exprese libremente. Últimamente no le trato del todo bien y hoy quiero que sea él el encargado de escribir esta entrada.

   No, no estoy preparada. Hace dos días (en realidad 3 años pero el sentimiento no es ése) que estaba embarazada y deseando verle la cara. Ayer me repetí varias veces una eco 3d porque el señor se tapaba la cara. Hace tan sólo unas horas, giraba la cara para mirarle, después de un parto que da para otra entrada. Recuerdo como si lo acabara de vivir las lágrimas al tenerle que dejar ingresado. Soy capaz de describir esa sensación al salir del hospital una noche de sábado. 

   Pero todo eso ha quedado lejos. Los primeros días de guardería coincidiendo con mi nuevo trabajo. La nueva rutina. Los lloros cuando entraba en la guardería. Pero si aún ahora, después de dos años, le dejo y me voy corriendo. Cualquier día me confunden con un repartidor. 

   No estoy preparada para tener que explicarle que hoy ha sido el último día de guarde y mañana el primero de cole. No se lo puedo explicar a él porque me resulta difícil entenderlo a mí. 

   Sí, lo sé, no tengo que pensar en el futuro y todo eso. Pero como hoy la cosa va de sentimientos, me da mucho miedo que lo pase mal. Que le cueste adaptarse, salir de colegio llorando mientras le escucho llorar a él, coger el coche y luchar contra el impulso de llevármelo a trabajar. 

   No estoy preparada para que me digan que se ha peleado en clase. O que no come bien o cualquier otra cosa que le haga sentir mal. 

   Ya he pasado por esto, ya he vivido en dos ocasiones el primer día de clase. Y los recuerdos se empeñan en decirme que no fue tan malo.

   No estoy preparada para hacerle una foto el martes. Para compararla con la del último día de clase. Me cuesta imaginarme marcando cada prenda de ropa. Comprando la bata y la bolsa de almuerzo. 

   Pero si aún no he acabado la carta que le quiero dar a la monitora de la guardería. ¿Cómo voy a rellenar la solicitud de madrugadores? Todavía no he escrito la reseña positiva al monitor de natación y septiembre me dirá si entra a natación él sólo. 

   Agosto, no te vayas. Quédate. Me da igual el calor, las noches sin dormir o no disfrutar de los días de fiesta de septiembre. No estoy preparada para dejarte ir. Hay una canción que dice "reloj no marques las horas". Y ahora pienso en ella. "Reloj detén tu camino".

   A mi pequeño en la guarde le llevan en palmitas, igual que a sus compañeros y compañeras. Pero en el cole, como ya son más mayores, eso no va a ser así. Va a ser uno más. 

   No estoy preparada pero lo haré. Y le explicaré lo que va a pasar y le diré que es muy mayor y le acompañaré en cada uno de los días que tenga que ir a clase. Y seré su apoyo cuando necesite un hombro en el que llorar sea de felicidad, rabia o tristeza. Mi apoyo y mi sonrisa la va a tener siempre. Aunque tenga pendiente una carta, una reseña y amordazar a mi corazón. 

   Gracias por tu tiempo. 




jueves, 20 de agosto de 2026

DIFERENCIA ENTRE PRECIO Y VALOR

Entrada en la que hablo sobre el valor y precio de las cosas.

   La entrada de hoy va sobre algo que seguro que en algún momento has pensado. La diferencia entre el precio y el valor de las cosas. Precio es el importe por el cual las compramos y el valor, en algunas ocasiones y según con qué objetos, es lo que realmente valen para nosotros. 

   Por ejemplo, ahora ¿dónde estás? ¡Vaya! Te he pillado en el baño. No pasa nada, mientras haces tus cosas mira a tu alrededor y recuerda lo que tienes dentro del armario. Sí, ese armario que estás mirando. Una de las colonias que tienes dentro. ¿Cuánto cuesta? ¿Entre 10 y 100 euros? Ahora vamos a hablar de su valor. Tal vez fue un regalo de una persona especial, la elegiste porque era la que llevaba tu madre y te recuerda esos años tan bonitos o puede que la compraras al azar y alguien te dijera que hueles muy bien. Sea como fuere, su valor se ha multiplicado. 

   Las emociones son lo que hacen de un boli, algo especial y único. Por ejemplo, el de la foto que acompaña esta entrada. No recuerdo donde lo compré. Pero me acompaña desde que empecé en el nuevo trabajo. Y para mí es muy especial. Porque me transmite los nervios de los primeros días, el recuerdo de los compañeros que había entonces, incluso la tristeza por estar lejos de mi pequeño durante tantas horas. 

   Si tiro del hilo de los recuerdos llego hasta una camiseta y un peluche. La primera me la regalaron unos amigos de mi padre en mi tierra, Bilbao. Y era del Athletic Club Bilbao. Me encantaba, con esas letras que sólo he visto allí. La conservé durante años hasta que se perdió en alguna mudanza. 

   En cuanto al muñeco, imagínate a una pequeña de unos 9 años en la puerta de la casa de una vecina. Me lo dio y lo movió un poco de tal manera que sonó un cascabel. Recuerdo como si fuera ayer que lo estuve buscando haciéndolo sonar. Lo tenía en una pata. 

   ¿El precio de ambos objetos? Bajo. ¿El valor? Incalculable. No sé en qué mudanza se perderían pero me da pena no conservarlos.

   ¿Otros ejemplos? No sé...una pelota antiestrés, el papel de una galleta de la suerte, un par de calcetines o de pendientes. Cualquier cosa a la que tengas aprecio tiene más valor que precio. Porque el dinero lo tienes para pagarlo hoy, ahora, en este momento. Pero no puedes pagar un sentimiento del pasado.

   Una sonrisa, un beso, una mirada, un abrazo. Todo eso no cuesta nada. Pero tiene mucho valor. Aunque no lo sepamos valorar cuando lo tenemos. Cuando nos falta nos damos cuenta de la cantidad de cosas valiosas que no podemos pagar con dinero. 

   Con monedas se pueden "comprar" gestos de cariño. Si le compro un juguete a mi pequeño y le pido un beso me lo da. Pero si me da un abrazo sin haber obtenido nada antes, para mí vale mucho más. Porque el cariño sincero es el más valioso.

¿Y dónde están las cosas más valiosas? No en tiendas de lujo, sino en nuestro corazón. Porque necesitamos objetos para vivir pero también palabras de ánimo, palmadas en la espalda y felicitaciones de la gente que nos guarda en su corazón. 

Y hasta aquí la entrada de hoy. Al final me he desviado un poco del tema pero creo que he sabido transmitir la idea. ¿En qué piensas cuando hablo de objetos valiosos? Gracias por tu tiempo. Para tí es valioso porque no vuelve, y yo valoro mucho que lo uses para leerme.





lunes, 17 de agosto de 2026

MI TRÍO DE LA MINA

 Entrada dedicada a tres personas con las que he compartido momentos. 

   No te voy a echar de menos. Vamos, lo tengo clarísimo. Ni a ti, ni a las chicas con las que también compartí momentos. Sí, lo sé, yo tampoco me lo creo. Pero hay días en los que me gusta hacerme la fuerte y prefiero engañarme un poquito. Tal vez de esta manera me duela menos tu partida. 

   Por otro lado, me alegro un montón. Por ti y por ellas. Porque sois tres personas que os merecéis cada regalo que os haga la vida. Aunque en este caso ha sido el fruto de vuestro esfuerzo. 

   Los tres me habéis ayudado mucho. Primero mi compañera. Enseñándome todo lo que sé. Hemos compartido horas de charla, abrazos e incluso alguna lágrima. Luego fue tu compi con la que empecé a salir en los descansos. Confidencias, buenos consejos y charlas que básicamente decían "no puedo ayudarte, pero puedes contar conmigo". Y ahora tú. Hemos compartido chuches y paseos al Día y a la tienda de móviles. Ahora ya nadie me preguntará "¿Estás contenta?". Valoro tu esfuerzo y el que no te hayas rendido. Ahora toca recoger los frutos.

   Aunque nunca os lo he dicho, quiero daros las gracias. Por haberme acompañado y haberme permitido conoceros. Gracias por cada café con leche descafeinado, por cada paseo. Y sobretodo gracias por formar parte de mi vida. Porque aunque nos veamos mucho menos que antes, en mi corazoncito tenéis vuestro hueco. Os deseo lo mejor.