lunes, 27 de julio de 2026

ME PIDO UN RASCACIELOS

 Nueva entrada en la que comparo la vida con un edificio. 

   Trabajo en una oficina de un edificio con varias plantas. La mía es una de las inferiores, pero hay veces que tengo que subir a una de las superiores. Cuando lo hago, suelo bajar por las escaleras. La última vez que sucedió eso fue hace unos meses. Y una idea me pasó por la cabeza. Vi parecidos entre el edificio y la vida de una persona.

   Hay veces que, por desgracia, no llegamos a nacer. Aprovecho para mandar un beso a mi "castillo". Y en otras hay bebés que nacen y al poco tiempo se van. El edificio de esas personitas es muy pequeño. 

   En la gran mayoría de los casos, después de nacer, tenemos una vida por delante. Y como nos trae la cigüeña, nos deja en lo alto de nuestro edificio. ¿Cuántas plantas tiene? No lo sabemos. Pero deseamos que sean las más posibles. 

   Cada piso es un año. Y durante un año pasan muchas cosas, conocemos gente y otras personas salen de nuestra vida para no volver nunca. Hay personas que las veremos unos pisos más abajo y otras que nos acompañan pero en ese momento no somos conscientes de su presencia. Las vistas que tenemos son espectaculares. Generalmente los primeros años de vida están marcados por la inocencia y la felicidad. 

   Pero no sólo conocemos gente, sino que también empezamos en un trabajo nuevo, ampliamos la familia, nos compramos una casa... y cada una de esas cosas tiene su propia puerta, de las que hablaré un poco más adelante.

   Conforme vamos cumpliendo años, vamos bajando pisos. Y hay una edad en la que las plantas de arriba empiezan a pesar sobre nuestros hombros. Seamos sinceros, en mayor o menor medida todos llevamos una mochila. Podemos elegir llenarla de buenos o malos momentos. Aunque siempre hay alguna lágrima que se nos cuela aunque no queramos. 

   Cada piso tiene muchas puertas que dan acceso a otras tantas habitaciones. Amor, trabajo, amistad, familia... incluso hay algunas veces que tenemos la de enfermedades. También están las de aficiones, virtudes, defectos. Y hay una muy grande donde pone "sueños". Pueden faltar todas las anteriores. Pero pero esta última debe estar presente en cada uno de los pisos. Porque es lo que nos anima a seguir bajando las escaleras, es decir, cumpliendo años. Y cuando no está presente la puerta, la gente coge el ascensor y decide que ya ha vivido lo suficiente. 

   El edificio es maravilloso. Nunca sabes qué hay detrás de cada puerta ni en cada piso. Os pongo un ejemplo. En mi piso número 8, porque los pisos se empiezan a contar desde arriba. Como decía, en ese piso, en la puerta de la amistad, coincidí con dos buenas amigas. Seguí bajando escaleras y ellas quedaron atrás. Lo que no sabía es que, unos pisos más abajo, me iba a reencontrar con ellas. Fue una sorpresa inesperada. Ahora, detrás de mi puerta de la amistad no están pero igual se esconden más abajo.

   En cada planta nos espera una gran caja llamada "recuerdos". Que aunque normalmente no la abrimos, la tenemos más presente de lo que pensamos. Una canción que escuchamos en la radio de camino al trabajo y nos devuelve por unos minutos a la infancia. El olor de esa colonia que nos gustaba tanto cuando la llevaba nuestro primer amor. Un hombre que llama a su perro y nos recuerda a nuestra mascota o al de nuestra mejor amiga. Hay veces que la abrimos. Y es para recordar sensaciones que vivimos en momentos que fuimos felices. Quizás con la esperanza de volver a tener esos sentimientos o tal vez añorando a la persona que nos hizo sentirlos. Son visitas que hacemos a plantas superiores. Aunque no nos demos cuenta hay veces en las que no nos hacen bien. Porque los recuerdos están difuminados por la niebla del recuerdo. Además, ya lo decía Karina. "Cualquier tiempo pasado nos parece mejor ".

   Lo que se ve por las ventas cambia conforme pasan los días. Hay veces que sólo se hay nubes, rayos o un sol cegador. También hay días en los que no sabes ni lo que ves. Son esos días en los que tu mejor amiga te pregunta "¿cómo estás?" Y no sabes qué responder. Pero no es un cielo estático, cambia conforme van pasando las horas. Incluso puede haber un cielo despejado con un gran sol y rayos. Porque sí, hay días en los que lo sentimos todo a la vez.

   ¿Y qué hacemos cuando queremos saber lo que ocultan las plantas inferiores? ¿Tienes curiosidad por el futuro? Yo mucha. Me encantaría ver una foto de mí misma dentro de, por ejemplo, un año a esta misma hora. ¿Estaré escribiendo otra entrada en la misma habitación? ¿O mi vida será totalmente diferente? Si pudiera pedir, sólo una cosa, pediría que mi pequeño no tuviera fiebre. El resto no es que me de igual, pero como no voy a saber lo que pasará, tampoco le voy a dar vueltas. Pero hay gente que no se conforma y acude a videntes en busca de respuestas. ¿Esas personas serán capaces de ver lo que hay unas plantas más abajo? Yo sólo he ido de adolescente acompañando a alguna amiga. Y ni creo ni dejo de creer. Así que de momento seguiré con la duda. 

   Y poco a poco vamos llegando a las plantas inferiores. No me quiero extender mucho en esta parte porque el tema de la muerte me da bastante miedo. Sólo diré que me imagino el edificio como un gran viaje hacia la tumba. Aunque podemos darle la vuelta y empezar nuestros pisos desde abajo en un viaje al cielo. Sea como fuere, si puedo elegir, me pido un rascacielos.

   ¿Qué te ha parecido mi rayada de hoy? Te animo a compartir tu reflexión en comentarios. Gracias por tu tiempo.


sábado, 25 de julio de 2026

SILENCIO CON RUIDO

 

   Diana sale de trabajar. Esta semana le ha tocado turno de mañanas y es el que menos le gusta. Hasta hace dos meses el que menos le gustaba era el de tarde y el de noche pero ahora su vida ha dado un giro de 180 grados y le está costando adaptarse. Antes vivía con su novio y ahora con sus padres. Ha pasado de dormir en una cama de dos metros a no dormir en su cama de la infancia. Es una situación temporal y cuando llegue septiembre se alquilará un piso. 

   Sale del hospital donde trabaja y el calor de julio le da una bofetada. Son las tres de la tarde y el sol está en lo más alto iluminando y calentando todo a su paso. El ruido de los coches le hace daño en los oídos. Aunque el peor ruido es el que sólo ella oye. El de la soledad. Sus pensamientos van a toda velocidad y le recuerdan lo dura que es la vida. Intenta caminar con paso firme pero siente que las piernas no le responden y se sienta en un banco cercano que está a la sombra. 

   Recuerda los momentos vividos. La cara de su ex al decirle que ponía fin a la relación. Esa mirada fría que nunca había visto en él. "No quiero seguir contigo, vete de mi casa cuando puedas". Una frase. Una única frase con la que puso fin a dos años de la relación. Una relación en la que ella fue feliz, mucho más que en todas las anteriores. Por más que insistió en que le diera un motivo no lo consiguió. No había motivos. Lloró, chilló, suplicó. Nada de eso consiguió que Roberto cambiara de idea ni le dijera nada más. Finalmente, recogió la poca dignidad que le quedaba y caminó hasta la habitación para empezar a recoger sus cosas. Un minuto después escuchó la puerta. 

   La sirena de una ambulancia le devuelve al presente. La gente pasa delante de ella agena a su dolor. Se siente muy sola. La mayoría de sus amigos están fuera de la ciudad, así que no puede quedar con ellos. Sus padres se han ido al pueblo para disfrutar del frescor de las noches. No quiere volver a casa porque allí sólo hay silencio y cajas esperando la mudanza. Prefiere estar al aire libre porque sabe que no va a llorar habiendo gente que pueda verla. 

   Saca el móvil para mirar la hora y ve que tiene una llamada entrante.

  -¡Hola hermanita! ¿Qué tal estás?

   -Bien -contesta con un hilo de voz.

   -Ya. Claro. Estás en la calle, oigo ruido de fondo y por la hora debes estar en la puerta del trabajo. Vete a casa, nos vemos en un rato. 

   -¿Pero tú no tenias que estudiar?

   -En la vida hay prioridades y mi hermana pequeña siempre será una de ellas. Además, con la angustia que sientes no me puedo concentrar. Hasta ahora.

   Diana sonríe por primera vez desde hace dos meses. Su hermano gemelo siempre ha estado ahí en todo momento. Y desde que nacieron, ella 5 minutos después que él, han estado conectados. Han sabido que algo no iba bien antes de recibir la llamada con las malas noticias. 

   Está en la cama y no se puede dormir. Le duele la tripa de tanto reír. Daniel ha sido capaz de que, por unas horas, se olvide de su ex y de la soledad que se instaló en su corazón al salir del trabajo. Ha llegado a casa con comida mexicana, su favorita. Una lista de películas de humor a cual peor. Y han hablado durante horas de las trastadas que hacían de pequeños. Por último, antes de irse, le ha recordado lo mucho que la quiere y lo mucho que vale. 

   Cierra los ojos pensando en cómo quiere que sea su nueva casa. En la decoración, el color de las paredes y los trastos con los que va a llenar la cocina. Necesita iniciar una nueva etapa para dejar en el pasado el desamor. 

   Diana sale de trabajar. Esta semana le ha tocado turno de mañanas y es el que menos le gusta. Hoy no le va a dar opción a la tristeza a instalarse en su corazón. Camina decidida a un estudio de tatuajes en el que ha pedido cita en el descanso del trabajo. Quiere tatuarse la palabra "adelante". Es el título de una canción que le recordará que siempre su hermano le dará la mano. 

miércoles, 1 de julio de 2026

EL TIEMPO PASA...

 Entrada en la que hablo de un fin de semana en que se me cayeron un par de lágrimas. 

   Hay una cosa que no llevo bien del todo y es el paso del tiempo. Sobretodo, ver cómo mi pequeño se va haciendo más grande. Ayer era un bebé que no pesaba nada y hoy es un hombrecito que no puedo llevar en brazos. Y esas cosas las veo día a día, pero tuve un finde en el que se me juntaron dos detalles que me hicieron derramar un par de lágrimas. Si me conoces un poco sabes que no fueron dos, pero al escribirlo queda bonito.

   Todo empezó el viernes. Habían aceptado en el colegio al pequeño. Tocaba hacer la matrícula. Rellenar multitud de documentos. Para que dijera "adiós " a la guardería y "hola" al "cole de mayores". En el momento de darle a aceptar respiré hondo y fue cuando se cayó una lagrimilla. Mi pequeño se hace mayor por mucho que yo le diga que no crezca tan deprisa. Cambio de etapa. Empezamos una donde va a aprender mucho en compañía de sus compañeros y gracias a todos los adultos de los que va a estar rodeado. Veo tan grande el cole y tan pequeño a él que me da miedo. Pero es un miedo que me guardo para mí y para ti que estás leyendo esto. Porque a él lo que le voy a transmitir es justo lo contrario. Espero estar preparada para ayudarle a superar cada obstáculo de esta nueva etapa. 

   Por si no tuviera bastante con eso, ese mismo domingo tuve que decir "hasta luego" a sus clases de natación. Llevo desde que tenía 8 meses yendo con él a la piscina los domingos de invierno. Guardo recuerdos muy bonitos de cada una de sus profesoras y profesor. Con el último siento que es con el que más ha aprendido. Tal vez sea porque es más mayor. Pero pienso que también ha influido la forma de ser del adulto. Un hombre cariñoso y respetuoso, siempre con ejercicios nuevos adaptándose a cada peque. Con una sonrisa y amabilidad propia de una persona a la que le gusta su trabajo. Sé que no leerás esto, pero te deseo todo lo mejor. Y la reseña positiva, llegará. 

   Ese último día fue de juegos y no me habría salido del agua. Porque el año que viene, bueno, en el próximo curso, entrará solo a la piscina. No seré yo quien coja el churro sino su profesor o profesora. No seré yo quien se tenga que secar al salir, sino que le secaré a él mientras le pregunto qué tal se lo ha pasado. Y seguramente el primer día, recordaré la última vez que le secaba teniendo mi bañador empapado, en el que se me resbaló una lagrimilla. 

   Y hasta aquí, un fin de semana intenso. Bonito porque me gusta ver crecer a mi pequeño, pero a la vez triste porque se hace mayor demasiado pronto. 

   ¿Y tú? ¿Cómo llevas el paso del tiempo? Gracias por leerme.

lunes, 22 de junio de 2026

ES NORMAL, NO PASA NADA

 Entrada en la que comento situaciones normales en la más tierna infancia.


   Esto de la maternidad es duro. Y no me refiero a las noches sin dormir, los días sin dormir, el que una personita dependa 100% de ti y un largo etcétera... Me refiero a la frase del título. "Es normal". Y son normales situaciones que a mí personalmente, me cuesta entender. Pero todo esto empieza mucho antes. Cuando tomas la decisión de querer ser mamá.

   Es normal tardar meses en conseguirlo, es normal no tardar mucho. Como en todo en la vida... depende. De la edad, del estado de tu aparato reproductor y el de tu pareja, estrés, alimentación... todo influye. Y finalmente, lo consigues. Con o sin tratamiento, en un mes o en años, pero ya tienes tu positivo. ¿Y ahora? Todo es normal, no pasa nada. Te levantas y acuestas con náuseas. Tienes dolores de regla, molestias en los pechos, manía a la colonia de tu pareja, muchas ganas de comer un alimento u otro, ganas de llorar y de reír al mismo tiempo. Ningún síntoma. Todo es normal. Sientes acidez y le preguntas al médico si le puede hacer daño al bebé, tienes la tensión un poco más alta o más baja, te da ciatica. No pasa nada, todo es normal. Y te quedas aliviada y preocupada a partes iguales. ¿Seguro que no le pasará nada a mi bebé? No es que desconfiemos, simplemente es miedo a que le pase algo a esa personita que crece en nuestro interior.

   Y un buen día nace. Y nace después de una inducción y 4 días de parto, de una hora de contracciones o de cualquier situación intermedia. Todo es normal y puede pasar.

   Y ahora vamos con varias situaciones que me cuesta asumir, pero que son así. Una de ellas es que un bebé de lactancia materna exclusiva puede estar varios días sin hacer de vientre. Cuando digo días, me refiero a una semana o algo así. Tú vas con tu pequeño que lleva dos días sólo mojando el pañal de pis y te vuelves a casa con esa frase. "Es normal, no pasa nada". Pero no sientes alivio hasta que notas "ese olor" que macha pañal y todo lo que pilla a su paso.

   Es normal la fiebre durante 3 días. Si es "algún virus" se le irá por donde ha venido. Si necesita antibiótico es porque tiene alguna bacteria haciendo de las suyas. Recuerdo alguna de mis visitas a la pediatra en las que iba convencida que mi pequeño tenía algo. Pero tan feliz como sorprendida me iba a casa con el diagnóstico de "es normal" paracetamol, ibuprofeno y a ver la evolución.

   Y por último, esto lo descubrí el otro día. Se llama espasmos del sollozo. El pequeño, a consecuencia de un llanto intenso, susto o enfado importante, diferentes razones, deja de respirar. Puede estar varios segundos, concretamente de 30 a 60. Puede llegar a perder el conocimiento, ponerse pálido o morado. Le pasó a mi pequeño, lo cuento en la entrada anterior a esta. ¿Yo que pensé en ese momento? Se muere. Mi niño no respira. Pero ni se muere ni hace falta gritar asustada. Simplemente hay que ponerle en posición de seguridad y esperar a que se le pase. ¿Por qué? Porque es normal y no pasa nada. Si luego vuelve en sí y detectas que algo no va del todo bien, hay que acudir al médico. Pero si está tan normal, fin del drama. Y sí, lo sé, es normal. Pero el susto para mí se queda por muy normal que sea el dichoso espasmo.


   Y hasta aquí mi entrada de hoy. Gracias por tu tiempo. Seguro que se te ocurren muchas más situaciones que son normales, si te animas te invito a compartirlas en los comentarios. 

sábado, 20 de junio de 2026

DESPUÉS DEL SUSTO, LA REFLEXIÓN

 Entrada en la que relato un gran susto que me ha servido para aprender una valiosa lección. 


   Hoy la vida me ha puesto en mi sitio. De una manera dolorosa, apretando pero sin ahogar. Lo justo para sacar a la luz mis debilidades y obligarme con ello a hacerlas fortalezas. Lo que está en juego es algo muy grande, la vida.

   Hemos tenido una cena familiar. Buenas noticias médicas, notas con notables y sobresalientes y un terremoto que no para. Y ahí estaba yo, atenta a mi pequeño y a su pelota. Cada vez que se acercaba a una escalera, le vigilaba de cerca. Sé que las sube y las baja perfectamente, pero soy mamá y no lo puedo evitar. La vida me ha dicho que me olvide de las escaleras, que ahí no estaba el peligro. Pero en ese momento no he recibido el mensaje.

   El tío estaba jugando con sus sobrinos y dos pelotas. Un sobrino le ha agarrado la pierna, se ha tropezado y mi pequeño se ha dado un golpe contra el suelo. Corriendo el resto de adultos hemos ido a por él y a por el otro pequeño que también lloraba. Y entonces mi pequeño se ha quedado encanado. No arrancaba a llorar. Por un instante casi pierde el conocimiento. En ese momento me he puesto a chillar y me he sentado, dejando que los demás actuaran. Cuando ha empezado a respirar he vuelto a hacerlo yo también. Estaba un poco pálido pero con agua se le ha ido pasando y ha estado jugando un rato después del berrinche. Yo le miraraba sentada. Mis piernas no me permitían estar de pie. No ha vomitado ni perdido el conocimiento, todo ha quedado en un gran susto. Aprovechando las fiestas del barrio nos hemos montado en una atracción y hemos pescado patitos. Lo ha hecho muy bien, demostrando que estaba perfectamente y que tenía coordinación.

   Cuando hay algo que me hace llorar intento buscar la manera de evitarlo. Recapacito sobre la situación y busco la forma de no repetirla. En esta ocasión hay cosas que no puedo evitar. Hoy se ha tropezado una persona y mañana puedo ser yo o cualquiera que pase por la calle. Es un accidente. Es ese 10% que no podemos evitar.

   Decía antes que la vida me ha puesto en mi sitio, de una forma bastante dura. Y es porque me ha hecho darme cuenta que no estoy preparada para afrontar situaciones que se pueden dar cualquier día. Mi actitud es el 90% y tengo que cambiarla. A ver, sé que suena difícil que yo no chille cuando veo que mi hijo no respira. Mi hijo, una persona querida, un desconocido. Es una situación que asusta. Y puede que hacer algún curso de primeros auxilios no me ayude a mantener la calma. Pero me voy a poner con ello. Tengo la esperanza de que si me veo en esta situación de nuevo (deseo con todas mis fuerzas que no) saber reaccionar. Tenerlo tan interiorizado que sea capaz de conectar con ese conocimiento. Me da igual chillar, pero saber reaccionar. Aunque no sé si ambas cosas son compatibles.

   A toro pasado me ha llegado el recuerdo que en alguna clase de postparto nos comentaron que cuando se encanan hay que soplarles en la cara o darles una palmada fuerte delante de la nariz. En el momento de crisis no lo recordaba. Sólo chillaba, como si eso ayudara en algo. En fin. Hace ya años de esas clases que nos daba la matrona con nuestro bebé en brazos. Ya va siendo hora de recordar la teoría y tener presente cómo actuar ante una situación así. Que aunque puede que no lo vaya a poner en práctica con mi pequeño (es mi mayor deseo), tal vez pueda ayudar a una mamá asustada. Aunque ojalá que ese conocimiento nunca tenga que ponerlo en práctica.

   Escucho a mi pequeño dormir. Si ayer era feliz oyéndole, hoy lo soy aún más. Y mira que he llevado un día de esos en los que todo sale mal. Pero de nuevo la vida me ha dicho que lo más importante es la salud. Porque tener salud es tener vida.

   Para finalizar quiero dar las gracias. A mi pequeño por reaccionar, a las personas que han mantenido la calma que yo no he tenido. Ellas y ellos han sabido controlar la situación. Y no sé si al destino, a su ángel de la guarda o a la vida misma. Gracias por gritarme que necesito hacer un curso de primeros auxilios, por demostrarme que perder la calma no es lo que se debe hacer en situaciones así. Bueno ni en situaciones así ni en general en la vida. Gracias por demostrarme que yo no tengo la última palabra en lo que accidentes se refiere. Hoy he aprendido que si hubiera pasado algo grave no habría sido por culpa de nadie. Hay veces que pasan cosas y aunque veas cómo pasan no puedes hacer nada para evitar que pasen. Y de eso se trata. De quitarme esa pesada carga. Mi labor es seguir vigilando cuando sube o baja por una escalera, cuando se sube a un tobogán o cogiéndole la mano al cruzar una carretera. Pero aunque le digo muchas veces "mi vida". Yo tengo la mía y él tiene la suya.

   Gracias por leerme y si sabes de algún curso de primeros auxilios, estaré encantada de recibir la información. 

lunes, 25 de mayo de 2026

APRENDIENDO A DECIR "NO"



Entrada en la que hablo de algo que parece fácil pero no siempre lo es.


   Nos pasamos la vida aprendiendo. Idiomas, manejo de teléfono móvil, cocina... En cada etapa aprendemos una cosa. No siempre son visibles, hay veces que aprendemos cosas invisibles. Como por ejemplo, decir "no". Si has hecho una mueca al leer la última frase, choca esos cinco, tenemos mucho en común.

   He tenido unos años en los que siempre decía que sí. Estaba necesitada de cariño y tenía el listón bajo... muy bajo. Si, estoy hablando otra vez de amor. Aunque no siempre había amor y la mayoría de veces había sexo. La de veces que me he tirado a la piscina sin mirar si había agua. La de películas que me montaba yo sola después del primer beso. La de cenas que le dejé a deber a un buen amigo que me daba consejos como "no le digas que sí al primero que te guste". O las veces que habré oído frases como "adelante, sigue, ambas sabemos que te vas a estrellar. ¿Es lo que quieres? Pues venga" cuando en su mirada decía "sabes que voy a estar aquí cuando te hagas daño". Pero no me arrepiento de nada. Cada uno de los castillos en el aire eran míos y gracias a ellos soy quien soy.

   En otros momentos de mi vida he dicho muchas veces "sí" cuando tenía que haber gritado "NO". Pero no lo he hecho porque no sabía pronunciar esas letras. Tal vez era el miedo a lo que pudiera pasar lo que me llevara a decir lo contrario a lo que pensaba. Otras veces simplemente me dejaba llevar. No me planteaba que podía dar una respuesta diferente a la que daba. Y sí, también el amor hacía de las suyas y me nublaba la razón de tal manera que no era consciente de mi error. Porque decir "si" cuando quieres decir "no" te lleva a una situación incómoda. Pero bueno, te justificas porque al fin y al cabo has aceptado. Y cuando esa situación se repite con la misma persona entras en un círculo vicioso del que cuesta mucho salir. Esa persona te trata como tú le permites. Y cambiar eso cuesta mucho. 

   Decir "no" es marcar un límite. Y no siempre es fácil hacerlo. Sobretodo cuando nunca ha estado dicho límite. Yo soy la primera que si hago lo que me da la gana, el primer día que no puedo hacerlo, me mosqueo. Aunque yo no sería capaz de tratar a la gente como me han tratado a mí en algunas ocasiones. Y eso que he metido la pata como la que más. 

   No sé si lo habrás podido intuir, pero hoy es uno de esos días que escribo para mí. De alguna manera necesito reafirmarme en mi propósito de marcar límites y no dejar que las personas a las que nunca se los he puesto, los crucen. Ya no tengo miedo al futuro. Mentira tengo miedo. Pero la idea de dejar que las cosas sigan igual me da aún más miedo. Porque una de las cosas que pasan cuando dices tantas veces lo contrario a lo que piensas, es que te pierdes. Cada "sí " te aleja de tu esencia. Y cuando menos te lo esperas, tú no eres tú. Y eso no me lo puedo permitir. Porque el volver a ser yo cuesta mucho. 

   Bueno, por hoy doy por finalizada la entrada. Espero que te haya gustado. Si tienes alguna herramienta que me pueda ayudar a seguir diciendo "no" te animo a compartirla en comentarios. Gracias por tu tiempo.



viernes, 15 de mayo de 2026

SNOOPY

 



Entrada en la que dedico unas palabras a Snoopy, el guaperas de la foto. 


   Hace ya algunas semanas que te fuiste y desde el día que me enteré de tu partida he querido dedicarte unas letras. Sé que no lo vas a leer pero quiero dejar por escrito lo grande que fuiste a pesar de tu tamaño. 

   Llegaste a este mundo para ser feliz y dar felicidad. Aunque, en tus primeros meses de vida, no fuera así. Pero sí en los siguientes. En cuanto tu mirada y la de ella se cruzaron, supisteis que estabais hechos el uno para el otro. Fue un flechazo, pero no uno de esos que hoy os queréis y mañana no. Sino uno de verdad, de los que duran toda a la vida a pesar de las dificultades. Y no me sorprende, porque ambos tenéis un corazón que a mucha gente le gustaría.

   Recuerdo que cuando te conocí me caíste genial. Eras juguetón pero un ratito, luego ya ibas a tu aire. Eso sí, como tuviera en la mano algo de comida, sabía que no te ibas a separar de mi lado. Ella me contaba tus trastadas, la mayoría robos. Y tu alegría al verla cuando volvía a casa.

   Quiero darte las gracias de corazón. Has estado en su vida en todos esos momentos en los que necesitaba un abrazo. Diciéndole sin palabras que tal o cual persona no era de fiar. Lamiendo su cara cuando lloraba, sacándola de casa cuando no tenía ganas, acompañándola si la soledad llamaba a su puerta. La vida no le ha tratado todo lo bien que se merece y aunque yo no le he podido dar el apoyo que ha necesitado en algunos momentos, nunca ha estado sola y todo es gracias a tí. 

   Te voy a pedir un favor, aunque ya sé que estás en ello. Susúrrale al oído a quien elegir. Ayúdale a decidirse por un nuevo compañero de vida. Ya sabes que el hueco que tú dejas está intacto en su corazón, pero se merece darle cariño a alguien más. Poner en práctica todo lo aprendido contigo y cuidar a un ser de cuatro patas que le va a cuidar y querer a ella tanto como lo hiciste tú. 

   Poco más que añadir. Sólo decirte que cuando llegue mi hora, espero que tú seas, junto con Reina, el que venga a darme la bienvenida.