Entrada que va sobre lo bueno y lo no tan bueno de ser luchadora.
Lo peor y lo mejor que me ha podido pasar, es tener una infancia dura. Eso me ha convertido en una persona luchadora. Pero luchadora de las buenas. De las que no se rinden y siguen andando a pesar de de que no haya camino. En alguna ocasión me he dejado caer en el pozo para darle una patada al fondo y subir para arriba. Suena bien ¿verdad? Pues no es tan bonlto como parece.
Porque he luchado incluso cuando no había que hacerlo. Yo solita me he buscado problemas donde no los había. Y eso me ha costado caro.En el tema del amor he metido la pata hasta el fondo. He hecho daño a alguna persona que no se lo merecía. Estoy pensando en una en concreto. Sé que no era mi persona porque hace años se bajó del tren. Pero me porté fatal. No tenía ninguna queja, pero buscaba pelos a una calavera. Fui muy dura con las palabras. Y eso es porque una servidora, que no sabía que hay que veces que no hay que luchar, se inventaba batallas. Afortunadamente esa lección ya la he aprendido.
En otras relaciones he visto el cartel luminoso de "vete y no mires atrás" ¿y yo que he hecho? Luchar. ¿Para qué vamos a optar por el camino fácil y leer el cartelito? Yo le hacía caso a esa persona que me quiere tanto y me decía "Estréllate. ¿No es lo que quieres? Pues adelante". Que su mensaje era justo el contrario, pero yo me lo tomaba de forma literal. Pero no me estrellaba una vez, no. Repetía una y otra y otra y otra vez. Hasta que no me podía levantar del suelo. Y cual boxeador tirado en el ring asumía mi derrota.
Porque sí, porque una es así. Soy una enamorada del amor. Ese sentimiento tan bonito y protagonista de la mayoría de mis entradas y relatos. Porque eso de aceptar a la primera que me he equivocado de persona no va conmigo. Yo tengo que luchar por la persona que en uno u otro momento he decidido que era el amor de mi vida.
Ahora miro atrás y me llevo las manos a la cabeza. Quién me mandaría a mí aguantar tanto. Quién me creía que soy para conseguir que esa o esas personas me quisieran igual que yo a ellas. ¿No era más fácil asumir mi derrota y seguir buscando? Que si, que el amor no se busca. Esa lección me costó pero también la aprendí.
Y hasta aquí mi entrada de hoy. ¿Cómo estoy ahora? Eso no es lo importante. Lo importante es que por fin he aprendido todas las lecciones que la vida me ha querido enseñar. Y la más valiosa es que no me lo tenga tan creído, que ella es la que manda y si dice que no es que no. Por mucho que yo luche. Y que si veo una cartel luminoso es para leerlo, no para pasar de él y seguir a lo mío.
¿Y tú? ¿Eres de leer carteles o de estrellarte contra muros? Gracias por tu tiempo.