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jueves, 13 de agosto de 2026

UNA PERSONA, UNA PIEZA DE PUZZLE

 Entrada en la que comparo a la vida con un puzzle.

   Hoy, haciendo un puzzle, se me ha ocurrido una idea. La vida es como uno gigantesco. Cada persona es una pieza y cada color una faceta de nuestra vida. Amor, amistad, trabajo, familia...Tenemos sobre la mesa un montón de cachitos. Vamos a unirlos. 

   Cada persona que vemos por la calle es una pieza única e irrepetible. Y aunque puedan parecer todas iguales, no lo son. Por eso tenemos que acercarnos pada conocerlas y ver si encajamos.

   Normalmente empezamos por las esquinas y los bordes. Aquí tenemos el doble sentido con la palabra "borde". Las personas que lo son encajan con menos piezas. Pero muchas veces es sólo una apariencia, porque son fundamentales para tener una base con la que construir nuestro puzzle/vida. 

   Una vez tenemos todo el contorno, nos toca empezar con lo de dentro. Me ha dicho que es lo más difícil. Pero a la vez es lo más entretenido. Porque es toda una aventura encontrar a nuestras piezas. Y prisa no hay ya que tenemos toda una vida por delante.

   Hay veces que nos empeñamos en encajar con alguien. Y lo intentamos de todas las maneras posibles. Hasta que nos rendimos y decidimos buscar otra pieza. Esto nos pasa con el amor, las amistades e incluso los trabajos.

   Haciendo un puzzle me he encontrado que dos piezas encajaban. Estaba convencida. Me ha pasado cuando pensaba que había encontrado al amor de mi vida y no era así. O incluso con amistades o familia. 

   Los rolletes también están reflejados en el puzzle. Son esas piezas que encajas con dudas pero enseguida te das cuenta que no van ahí. 

   Hay algunos puzzles, como el que estaba haciendo, que por detrás tiene unas letras. Eso facilita mucho la labor de hacerlo. Pero hay que darle la vuelta y corres el riesgo de desmontarlo. Es una pequeña trampa. Pero seamos sinceros ¿quién no ha hecho trampa alguna vez? Yo fingí mucho interés por las serpientes para conquistar a un chico siendo adolescente. Por favor, decidme que no soy la única que ha hecho una tontería así. 

   Hay veces que las piezas de diferentes colores se unen entre sí. Esto pasa cuando los compañeros de trabajo pasan a ser amigos o trabajas con un familiar. 

   En otras ocasiones nos damos cuenta que tenemos que desmontar parte del puzzle para quitar una pieza que creíamos que encajaba. Esto nos dificulta la labor porque tenemos que desmontar parcialmente lo que tanto trabajo nos ha costado unir. Eso pasa cuando nuestra pareja de toda la vida nos dice que se va a vivir fuera de nuestro país. Y nos vemos ante una complicada situación en la que tenemos que elegir. O esa es nuestra pieza y encaja con nosotros. O la quitamos. Desmontando a los amigos en común y las relaciones familiares que se han forjado al cabo de los años.

   Mientras estaba entretenida haciendo las uniones, se me ha caído el móvil encima. Me ha fastidiado tener que volver a hacerlo. La cantidad de veces que en la vida hemos tenido que volver a unir las piezas que pensábamos que nunca se iban a separar. Esto pasa mucho con la familia o los amigos cuando discutimos con ellos. 

   Y por último lo mejor. La satisfacción de encontrar a "nuestra pieza". Esa con la que encajamos a la perfección. La que permanece a nuestro lado a pesar de los movimientos bruscos e inesperados. Yo tengo varias amigas que son "mi pieza". En el amor también pasa eso. Hay veces que lo encuentras pronto y otras que te cuesta un montón. Sea como fuere, son las piezas que nos interesan porque forman la unión más fuerte. 

   ¿Y tú? ¿Cómo vas con la difícil misión de encontrar piezas que encajen? Gracias por tu tiempo y por formar parte de mi pequeño espacio.

 

martes, 11 de agosto de 2026

RECALCULANDO SUEÑOS

  Entrada en la que hago una reflexión sobre los sueños y que podemos hacer cuando no se cumplen.

   Hace unos días vi la peli de dibujos titulada "Ballerina". En ella, una niña huérfana, luchaba por su sueño, ser bailarina. Me dejó pensativa. Tener un sueño y luchar por él. Cometer errores, caerse, levantarse y seguir luchando. Visto así, no parece difícil. Siendo constante se puede lograr. Aunque ser una gran bailarina viviendo en un horfanato no suela accesible.

   Todo el mundo tiene un sueño. Cuando somos pequeños y pensamos en qué queremos ser de mayor, nos lo imaginamos. Bombero, médico, astronauta... Y en cuanto a la situación personal, tres hijos, casa, perro y un amor que haga a Disney querer comprar nuestra historia. Casarnos de blanco con 300 invitados o todo lo contrario. Cada persona sueña con una cosa. Y vive intentando conseguir ese sueño. 

   Pero hay veces que la vida te mira a los ojos, se ríe de ti, te da una colleja y te dice "anda, tira". Y es cuando nos damos cuenta que lo más cerca que vamos a estar de la luna, es cuando nos compremos un buen telescopio. Y nos vemos obligados a cambiar de sueño. Asumimos que la Nasa no va a pagar nuestro sueldo y buscamos una profesión que nos dé de comer. Aunque seamos siempre unos enamorados de todo lo que tenga que ver con el espacio exterior. 

   En otras ocasiones, la vida nos mete un puñetazo en el estómago. Y es cuando nuestro sueño es ser padres. Decidir dejar de intentarlo para asumir que nunca lo conseguiremos es muy complicado. Porque muchas veces invertimos tiempo y dinero. Años y miles de euros. Y todo eso para nada. Bueno sí, para tener una gran herida en el corazón que duele más que cualquier cosa. He incluso para tener bebés pero no en la tierra. 

   Pasa lo mismo con soñar con casarse o tener una profesión para que hace falta una ayuda de la que no disponemos. No todos los cantantes buenos están en Spotify ni los buenos actores han rodado películas. Ni podemos tener ese coche con el que siempre hemos soñado o aprobar la oposición para la que llevamos años estudiando. 

   Llegados a este punto ¿qué podemos hacer? Primero pasar el duelo. Con todas y cada una de sus fases. Avanzando por la negación, llegando a la ira, exprimiendo todo lo posible la negociación para llegar a la depresión y superarla consiguiendo con ello la aceptación. Una vez hecho este trabajo nos toca hacer lo mismo que el GPS cuando nos equivocamos de camino "recalculando ruta". Toca pensar en un sueño nuevo otro objetivo. Coger todas las ganas y la ilusión que nos quede para centrarnos en algo que sea más asequible. Un sueño que podamos cumplir. 

   Y vuelta a empezar. Miramos a la vida y le decimos que pasamos de una gran boda con 300 invitados. Nos conformamos con una de 30 con un gran vestido de novia. Si la vida se sigue riendo podemos optar por invitar a 3 personas que nos acompañen al juzgado con un vestido blanco comprado de rebajas. Que una cosa os digo, sólo la parte de encontrar a una persona que nos diga "sí, quiero" ya es un gran sueño cumplido. 

   Y así con todo. Debemos adaptarnos a las circunstancias que tenemos y en la medida de lo posible sacar la parte positiva de los sueños no cumplidos. Aprender a ver esas ventanas que se abren cuando la vida nos da con la puerta en las narices. Ver el vaso siempre lleno, de agua y de aire en diferentes proporciones. Y nunca rendirse, ni dejar de ilusionarse y mucho menos dejar de soñar. Cambiaremos de objetivo, pero hay que tener alguno que nos permita guiñarle un ojo a la vida. 

   Me habría gustado ser más concreta en esta entrada, hablar de mis sueños. Pero no es el momento. La gente que me conoce mucho sabe cuáles son. Sólo diré que la vida me ha golpeado y estoy en pleno proceso de duelo. Saltando de una fase a otra según el día. Me encantaría decir que estoy cerca de la última pero no sería verdad. A la vez, voy diseñando mi nuevo sueño pero me resulta difícil porque no he pasado el duelo.

   Bueno ¿y tú? ¿La vida te ha golpeado y estás diseñando tu nuevo sueño? ¿Has conseguido alguno de los que tenías cuando eras pequeño? ¿En cuál has pensado mientras leías la entrada? Te animo a compartirlo en comentarios.

lunes, 27 de julio de 2026

ME PIDO UN RASCACIELOS

 Nueva entrada en la que comparo la vida con un edificio. 

   Trabajo en una oficina de un edificio con varias plantas. La mía es una de las inferiores, pero hay veces que tengo que subir a una de las superiores. Cuando lo hago, suelo bajar por las escaleras. La última vez que sucedió eso fue hace unos meses. Y una idea me pasó por la cabeza. Vi parecidos entre el edificio y la vida de una persona.

   Hay veces que, por desgracia, no llegamos a nacer. Aprovecho para mandar un beso a mi "castillo". Y en otras hay bebés que nacen y al poco tiempo se van. El edificio de esas personitas es muy pequeño. 

   En la gran mayoría de los casos, después de nacer, tenemos una vida por delante. Y como nos trae la cigüeña, nos deja en lo alto de nuestro edificio. ¿Cuántas plantas tiene? No lo sabemos. Pero deseamos que sean las más posibles. 

   Cada piso es un año. Y durante un año pasan muchas cosas, conocemos gente y otras personas salen de nuestra vida para no volver nunca. Hay personas que las veremos unos pisos más abajo y otras que nos acompañan pero en ese momento no somos conscientes de su presencia. Las vistas que tenemos son espectaculares. Generalmente los primeros años de vida están marcados por la inocencia y la felicidad. 

   Pero no sólo conocemos gente, sino que también empezamos en un trabajo nuevo, ampliamos la familia, nos compramos una casa... y cada una de esas cosas tiene su propia puerta, de las que hablaré un poco más adelante.

   Conforme vamos cumpliendo años, vamos bajando pisos. Y hay una edad en la que las plantas de arriba empiezan a pesar sobre nuestros hombros. Seamos sinceros, en mayor o menor medida todos llevamos una mochila. Podemos elegir llenarla de buenos o malos momentos. Aunque siempre hay alguna lágrima que se nos cuela aunque no queramos. 

   Cada piso tiene muchas puertas que dan acceso a otras tantas habitaciones. Amor, trabajo, amistad, familia... incluso hay algunas veces que tenemos la de enfermedades. También están las de aficiones, virtudes, defectos. Y hay una muy grande donde pone "sueños". Pueden faltar todas las anteriores. Pero pero esta última debe estar presente en cada uno de los pisos. Porque es lo que nos anima a seguir bajando las escaleras, es decir, cumpliendo años. Y cuando no está presente la puerta, la gente coge el ascensor y decide que ya ha vivido lo suficiente. 

   El edificio es maravilloso. Nunca sabes qué hay detrás de cada puerta ni en cada piso. Os pongo un ejemplo. En mi piso número 8, porque los pisos se empiezan a contar desde arriba. Como decía, en ese piso, en la puerta de la amistad, coincidí con dos buenas amigas. Seguí bajando escaleras y ellas quedaron atrás. Lo que no sabía es que, unos pisos más abajo, me iba a reencontrar con ellas. Fue una sorpresa inesperada. Ahora, detrás de mi puerta de la amistad no están pero igual se esconden más abajo.

   En cada planta nos espera una gran caja llamada "recuerdos". Que aunque normalmente no la abrimos, la tenemos más presente de lo que pensamos. Una canción que escuchamos en la radio de camino al trabajo y nos devuelve por unos minutos a la infancia. El olor de esa colonia que nos gustaba tanto cuando la llevaba nuestro primer amor. Un hombre que llama a su perro y nos recuerda a nuestra mascota o al de nuestra mejor amiga. Hay veces que la abrimos. Y es para recordar sensaciones que vivimos en momentos que fuimos felices. Quizás con la esperanza de volver a tener esos sentimientos o tal vez añorando a la persona que nos hizo sentirlos. Son visitas que hacemos a plantas superiores. Aunque no nos demos cuenta hay veces en las que no nos hacen bien. Porque los recuerdos están difuminados por la niebla del recuerdo. Además, ya lo decía Karina. "Cualquier tiempo pasado nos parece mejor ".

   Lo que se ve por las ventas cambia conforme pasan los días. Hay veces que sólo se hay nubes, rayos o un sol cegador. También hay días en los que no sabes ni lo que ves. Son esos días en los que tu mejor amiga te pregunta "¿cómo estás?" Y no sabes qué responder. Pero no es un cielo estático, cambia conforme van pasando las horas. Incluso puede haber un cielo despejado con un gran sol y rayos. Porque sí, hay días en los que lo sentimos todo a la vez.

   ¿Y qué hacemos cuando queremos saber lo que ocultan las plantas inferiores? ¿Tienes curiosidad por el futuro? Yo mucha. Me encantaría ver una foto de mí misma dentro de, por ejemplo, un año a esta misma hora. ¿Estaré escribiendo otra entrada en la misma habitación? ¿O mi vida será totalmente diferente? Si pudiera pedir, sólo una cosa, pediría que mi pequeño no tuviera fiebre. El resto no es que me de igual, pero como no voy a saber lo que pasará, tampoco le voy a dar vueltas. Pero hay gente que no se conforma y acude a videntes en busca de respuestas. ¿Esas personas serán capaces de ver lo que hay unas plantas más abajo? Yo sólo he ido de adolescente acompañando a alguna amiga. Y ni creo ni dejo de creer. Así que de momento seguiré con la duda. 

   Y poco a poco vamos llegando a las plantas inferiores. No me quiero extender mucho en esta parte porque el tema de la muerte me da bastante miedo. Sólo diré que me imagino el edificio como un gran viaje hacia la tumba. Aunque podemos darle la vuelta y empezar nuestros pisos desde abajo en un viaje al cielo. Sea como fuere, si puedo elegir, me pido un rascacielos.

   ¿Qué te ha parecido mi rayada de hoy? Te animo a compartir tu reflexión en comentarios. Gracias por tu tiempo.


lunes, 25 de mayo de 2026

APRENDIENDO A DECIR "NO"



Entrada en la que hablo de algo que parece fácil pero no siempre lo es.


   Nos pasamos la vida aprendiendo. Idiomas, manejo de teléfono móvil, cocina... En cada etapa aprendemos una cosa. No siempre son visibles, hay veces que aprendemos cosas invisibles. Como por ejemplo, decir "no". Si has hecho una mueca al leer la última frase, choca esos cinco, tenemos mucho en común.

   He tenido unos años en los que siempre decía que sí. Estaba necesitada de cariño y tenía el listón bajo... muy bajo. Si, estoy hablando otra vez de amor. Aunque no siempre había amor y la mayoría de veces había sexo. La de veces que me he tirado a la piscina sin mirar si había agua. La de películas que me montaba yo sola después del primer beso. La de cenas que le dejé a deber a un buen amigo que me daba consejos como "no le digas que sí al primero que te guste". O las veces que habré oído frases como "adelante, sigue, ambas sabemos que te vas a estrellar. ¿Es lo que quieres? Pues venga" cuando en su mirada decía "sabes que voy a estar aquí cuando te hagas daño". Pero no me arrepiento de nada. Cada uno de los castillos en el aire eran míos y gracias a ellos soy quien soy.

   En otros momentos de mi vida he dicho muchas veces "sí" cuando tenía que haber gritado "NO". Pero no lo he hecho porque no sabía pronunciar esas letras. Tal vez era el miedo a lo que pudiera pasar lo que me llevara a decir lo contrario a lo que pensaba. Otras veces simplemente me dejaba llevar. No me planteaba que podía dar una respuesta diferente a la que daba. Y sí, también el amor hacía de las suyas y me nublaba la razón de tal manera que no era consciente de mi error. Porque decir "si" cuando quieres decir "no" te lleva a una situación incómoda. Pero bueno, te justificas porque al fin y al cabo has aceptado. Y cuando esa situación se repite con la misma persona entras en un círculo vicioso del que cuesta mucho salir. Esa persona te trata como tú le permites. Y cambiar eso cuesta mucho. 

   Decir "no" es marcar un límite. Y no siempre es fácil hacerlo. Sobretodo cuando nunca ha estado dicho límite. Yo soy la primera que si hago lo que me da la gana, el primer día que no puedo hacerlo, me mosqueo. Aunque yo no sería capaz de tratar a la gente como me han tratado a mí en algunas ocasiones. Y eso que he metido la pata como la que más. 

   No sé si lo habrás podido intuir, pero hoy es uno de esos días que escribo para mí. De alguna manera necesito reafirmarme en mi propósito de marcar límites y no dejar que las personas a las que nunca se los he puesto, los crucen. Ya no tengo miedo al futuro. Mentira tengo miedo. Pero la idea de dejar que las cosas sigan igual me da aún más miedo. Porque una de las cosas que pasan cuando dices tantas veces lo contrario a lo que piensas, es que te pierdes. Cada "sí " te aleja de tu esencia. Y cuando menos te lo esperas, tú no eres tú. Y eso no me lo puedo permitir. Porque el volver a ser yo cuesta mucho. 

   Bueno, por hoy doy por finalizada la entrada. Espero que te haya gustado. Si tienes alguna herramienta que me pueda ayudar a seguir diciendo "no" te animo a compartirla en comentarios. Gracias por tu tiempo.



viernes, 21 de abril de 2023

NO ME JUZGUES, RESPÉTAME

   Entrada en la que hablo sobre las decisiones de las madres.


   Hoy voy a hablar de las madres. Quiero comentar que, en demasiadas ocasiones, no se les trata como se merecen. Romperé una lanza a favor de todas esas decisiones que toman y que son juzgadas y criticadas por ellas. Por favor, respeto. No voy a pedir empatía porque no está al alcance de todo el mundo. Pero respetar sin juzgar sí lo sabemos hacer. Sólo hace falta querer hacerlo.

   Una mamá no quiere visitas en el hospital. ¡Genial! No hay problema. ¿Por qué nos molesta? Pero antes de llegar al hospital, vamos al embarazo.

   No siempre se consigue a la primera. Y cuando se consigue no siempre llega a término. Hay veces que hay que acudir a la ciencia para conseguir las dos rallitas. Desde que dos personas,  o una, decide tener un bebé hasta que le tiene en brazos, puede pasar de 10 meses (1 de búsqueda) hasta 10 ó 15 años e incluso más. ¿Te haces a la idea del sufrimiento que lleva esa mujer a sus espaldas?

   ¡Conseguido! Tenemos dos rallitas y/o un análisis de sangre que nos dice que vamos a ser mamás. Ahora empieza lo bueno. Hay algunos que son una bonita experiencia (mi más sincera enhorabuena) y otros que son una pesadilla. No a todo el mundo le pasa todo, pero en muchas ocasiones parece que nos ha mirado un tuerto mientras pasábamos debajo de una escalera después de romper un espejo al cruzarnos con un gato negro. Traducido al embarazo. Náuseas, vómitos, mareos, dolores de cabeza, tensión alta, ciática. También podemos tener problemas de salud previos como migrañas o dolor dental que nos impiden tomar nuestra medicación habitual. Y no me olvido de lo que nos puede pasar durante el embarazo como riesgo de preclamsia, sangrados, hematomas, placenta previa, diabetes gestacional. En definitiva, nos pasamos 9 meses con el alma en vilo y preocupadas porque nuestro bebé esté sano. Contenemos la respiración con cada ecografía hasta que el médico nos dice que todo está bien. Y cuando tuerce el gesto, se nos para el corazón y la preocupación nos acompaña el resto del embarazo.

   Si una embarazada te está contando que lo está pasando mal, no le digas que disfrute de su embarazo. De verdad, no lo hagas. Porque esa mujer no le va contando a todo el mundo que tiene insomnio o que lleva fatal no poder comer un alimento o que el médico le ha dicho que la va a volver a ver en 15 días por un sangrado. Si te dice que vomita 2 veces al día o que la acidez no le deja dormir, escúchala. Y como te hable del miedo a perder a su bebé porque hace una semana tuvo un sangrado o tiene un hematoma, no minimices su miedo. Es muy dura esa batalla interna de la esperanza contra el miedo.

   ¡Llegamos al final del embarazo! Nos hemos convertido en una pelota incapaz de atarnos los zapatos y que es incapaz de estar más de 3 horas sin ir al baño. Por no hablar que la labor de respirar se complica, la postura cómoda para dormir no existe e incluso la acidez y/o los vómitos son diarios. Ahora viene algo divertido. Nos hemos enamorado de nuestro bebé. Ese ser que va a ser futbolista y que le tiene manía a nuestra vejiga, por los golpes que le da. Tenemos ganas de conocerle y de achucharle. Pero esto no es lo divertido, es el parto. Aquí se nos abre un abanico. Nos ponemos de parto o nos lo inducen, vía vaginal o cesárea, cesárea de urgencia o programada. Hay mujeres que tienen un parto bonito y rápido (enhorabuena, chicas) y otras que sufren todo tipo de contratiempos y ese momento se convierte en algo traumático.

   Volvemos a lo que decía al principio. ¿En serio os vais a molestar porque una madre no quiera visitas en el hospital? Yo creo que esa mujer que lleva sufriendo 9 meses de embarazo y varias horas de parto, se merece decidir si quiere tener la habitación llena de gente o no. Igual que si decide dar biberón, pecho o lactancia mixta. No somos nadie para meternos en su decisión.

  Por favor, preguntemos. ¿Necesitas algo? ¿Quieres un tupper de comida casera? ¿Te parece que el próximo día te traiga (inserte aquí cualquier cosa)? No vamos a imponer nuestro criterio. "Qué mala cara tienes" "Trae que te cojo al bebé" "Mañana me quedo a dormir en el hospital" "Deberías darle el pecho/biberón". Venga, que la mamá ya tiene bastante con todo lo que ha pasado y no necesita ese tipo de comentarios. Vamos a respetarla como si acabara de dar vida a un ser humano, que es justo lo que acaba de hacer.

   Del postparto, las molestias y dolores y las noches sin dormir o la casa sin recoger, hablamos otro día. 

   ¡Gracias por tu tiempo!

lunes, 31 de enero de 2022

EL TIEMPO Y UNA SONRISA FALSA

 Entrada en la que reflejo un sentimiento...



   Siento que me ahogo en un mar de lágrimas no derramadas. Gotas de agua salada que se deslizan por mi garganta de una en una, hasta llegar al estómago. Una vez ahí, van ascendiendo hasta llegar a mi corazón. Un corazón cansado y mal herido. Tiene muchas cicatrices. Unas están curadas y apenas queda una marca. Otras están abiertas y sangran casi a diario. No encuentro el remedio para cerrarlas. Me dicen que es cuestión de tiempo. Pero siento que solo con eso no es suficiente.


   La sal de las lágrimas hace que las heridas duelan más. Tal vez debería dejar que las gotas de agua salada fluyeran por los conductos destinados para tal fin. Pero no puedo. No tengo tiempo para llorar. No me puedo permitir mostrar debilidad. Aunque llorar no es de débiles sino de fuertes. Debo sonreír. Levantarme cada día con la pesada carca que llevo sobre los hombros y afrontarlo de la mejor manera posible. Eso es lo que se espera de mí. Y da igual que sea una sonrisa falsa. Lo importante es mostrarle al mundo que estoy bien. Aunque sea una gran mentira.

   La solución para las heridas sanen, las lágrimas dejen de formarse y la sonrisa sea sincera, no sé cuál es. Tal vez una conversación a pecho descubierto con mis fantasmas. O empezar a decirle a la gente de mi entorno que no. Que no estoy bien. Que necesito ayuda. Que mis hombros no pueden soportar ni un día más la pesada carga que llevan. Tal vez la solución pase por pedir que me traten de la misma manera que les trato yo. Por hacerles ver que sólo soy humana y que de la misma manera que estoy ahí para todos, necesito que estén para mí.

   Es difícil esta situación. Es dura la soledad rodeada de gente. Y eso que en el pasado he superado muchas cosas pero he llegado al punto en el que me cuesta seguir caminando. Los pies me pesan, el corazón me duele y no encuentro la manera de evitarlo. Hasta ahora he podido con todo. Con mis problemas y los de los demás. Pero cada día me cuesta más respirar. Cada día ese mar de lágrimas no derramadas es mayor.

   El tiempo apremia. El día ya ha empezado. Debo ir al baño, lavarme la cara y preparar la garganta para seguir tragando lágrimas. Tal vez pueda derramar alguna cuando al caer la noche nadie me necesite y me pueda permitir el lujo de un baño relajante. Tal vez en ese momento no me queden fuerzas para hacer algo que no sea cerrar los ojos con fuerza mientras deseo que mañana, cuando el sol salga por el horizonte, sea un día mejor. Sea como fuere, dejo de escribir por hoy. Ya llevo puesta mi sonrisa falsa.

sábado, 17 de julio de 2021

SECRETOS

 Entrada en la que hablo sobre una conversación que tengo pendiente. 


   Un día de estos hablaré contigo. Te contaré todos mis problemas, sin dejarme ni uno. Te hablaré de mis fantasmas y de todo eso que oprime mi corazón. Lo haré en silencio. Sin articular palabra. 


   Sentada, esperaré tus respuestas, ideas, soluciones... Tienes la gran capacidad de convertir algo sucio en algo limpio. De transformar los problemas en retos. De comprender y reconfortar. De iluminar donde sólo hay oscuridad.

   Te necesito. Necesito esa paz que me das. Necesito cargar las pilas o mejor aún,  descargar su carga negativa para cargarlas de carga positiva. Está siendo un año de retos, palabra optimista que uso para hablar de los problemas. De incertidumbre, esperanza. Un año de quiero y no puedo, de no sé, de no llega. De envidia sana a la vez que una punzada me atraviesa el corazón. De sonrisas para ocultar las lágrimas. De saltar piedras, charcos y escalar montañas.

   No estoy mal. Soy feliz. Pero tú y yo tenemos una conversación pendiente. Porque como leí una vez por ahí..."todo vuelve a funcionar si lo reinicias, incluso tú" y otra frase que me gusta mucho es que si quieres obtener resultados diferentes haz algo diferente. Por eso quiero hablar contigo. Porque que es mi forma de reiniciar y hacer algo diferente.

Como te decía, será una conversación en silencio. Sólo articularé una palabra mientras me aleje, pisando con los pies descalzos tu arena "gracias". 

martes, 11 de mayo de 2021

UNA ILUSIÓN CON FORMA DE CASTILLO

 Entrada en la que hablo de un sueño que se pudo hacer realidad. 



   Y allí estaba yo. Diseñando con todo lujo de detalles mi castillo. Los torreones, la puerta, cada una de las habitaciones era de un color diferente. Tenía la ubicación perfecta para la gran construcción. Era feliz. Un sueño tomaba forma para dejar de serlo y convertirse en una realidad.

   Pero la vida tenía otros planes. Me mandaba señales. Me susurraba al oído "mira a ver, que igual tu castillo no es tan sólido como piensas". Pero yo no le hacía caso. Pensaba que era miedo. Miedo a que mi sueño no se hiciera realidad. El destino me enseñaba carteles luminosos para advertirme que tuviera cuidado. Pero yo no quise verlos y finalmente, continué decorando cada una de las habitaciones.

   Un día, sucedió. Mi castillo se desmoronó. No quedaba ni rastro de él. El terreno donde lo había construido estaba vacío. Me puse triste. Mi plan no era ése. El sueño tenía que ser una realidad y no una fantasía. Me enfadé. Intenté buscar una explicación. Todo fue en vano. No la iba a encontrar por mucho que buscara.

   Y aquí estoy yo. Aceptando que hay veces que elijo los colores de las paredes sin tener la habitación construida. Pero no me rindo. Voy a seguir luchando por mi sueño. Preparando el terreno para que el castillo tenga una buena base. Y donde ahora no hay nada, mañana haya una gran fortaleza.

   Quiero dar las gracias a las personas que me han ofrecido su hombro cuando mi castillo se desmoronó. Y a ti, querido lector, que me has dedicado unos minutos de tu tiempo, te animo a seguir luchando por tus sueños. Porque al final todo saldrá bien y si no sale bien es porque no es el final. Aunque me costó entender la frase, hoy la hago mía. ¡Nos vemos en la siguiente entrada!

lunes, 23 de septiembre de 2019

MARCHANDO UNA DE SUEÑOS Y LUCHAS


Entrada en la que hablo sobre los sueños... 


  ¿Cuál es el precio a pagar por nuestros sueños? Es un secreto a voces que todo en esta vida tiene valor y precio. Muchas veces pagamos más por cosas que no cuestan tanto. En otras ocasiones, la etiqueta está en blanco. Es ahí cuando nos asaltan todas las dudas. Si tenemos claro lo que lo queremos, entregamos la cartera sin mirar lo que llevamos dentro. Y no hablo de dinero. Pero si no lo tenemos claro nos asaltan las dudas. Hay veces que vamos a entregando monedas de una en una para ver si el sueño salta a nuestra mano. No siempre sucede. Entregamos un billete. Tampoco. No queremos desprendernos de nuestra cartera, pero tampoco salir de la tienda. ¿Entonces? Unas veces salimos y volvemos a entrar tiempo después, otras solo nos vamos. También podemos cambiar de sueño. No porque pensemos que es muy caro, sino porque no estamos dispuestos a pagar su valor.


   La vida, últimamente, me está enseñando una cosa. Es tan importante como difícil, saber lo que uno quiere. El tenerlo claro no significa que lo vayamos a encontrar, pero si nos ayuda a no conformarnos con menos. O tal vez sí. Porque preferimos tener algo similar a no tener nada. Y eso no es malo pero es frustrante. De alguna manera es como engañarnos. Porque sabemos que no es lo que queremos pero nos intentamos autoconvencer de que es lo máximo a lo que podemos aspirar. Aunque en el fondo, muy en el fondo, sepamos que no es así.

   Una cosa es saber lo que uno quiere y otra muy diferente conseguirlo. Porque hay cosas que no dependen al 100% de nosotros sino que entran en juego muchos factores que se escapan de nuestra mano. Hasta ahí todo claro. Sabemos lo que queremos y asumimos que no depende de uno tenerlo. ¿Y ahora qué? ¿Nos sentamos a esperar que nos llegue? Podemos caminar y poner todo de nuestra parte pero tal vez esté en nuestro destino justo lo contrario a lo que anhelamos. ¿Merece la pena seguir renunciando a cosas que tenemos por algo que no sabemos si llegará? Dicen que más vale pájaro en mano que ciento volando. ¿Es eso lo que queremos ¿Desear cien pájaros o tener solo uno?

    Somos inconformistas por naturaleza. Y cuando tenemos una cosa queremos otra y otra y otra más. Y cuando tenemos las 4 vamos a por una quinta y entonces vemos que la primera no es tan buena. Y que la segunda empieza a fallar. Y ahí empiezan los problemas y esa sensación de "¿Por qué por una vez no puede salir todo bien?" Todo eso lo sabemos por experiencia. Tal vez por ello nos quedamos atascados y decidimos no seguir el camino. Nos paramos cuando conseguimos una cosa y nos negamos a luchar por conseguir otra. Se llama miedo, el "virgencita que me quede como estoy " de toda la vida. Los frentes que tenemos abiertos están controlados, no queremos añadir ninguno nuevo porque corremos el riesgo de descuidar los demás. Haciendo esto nos cerramos las puertas a algo mucho mejor de lo que tenemos. Porque muchas veces si nos ilusiona y nos hace felices, es bueno.

   "Si luchas puedes ganar o aprender, si no luchas ya has perdido", pensé el otro día. Creo en ello, porque una batalla perdida no es un fracaso sido un aprendizaje, un empujón hacia ese lugar donde queremos llegar. Pero no siempre estamos dispuestos a ponernos el traje de guerreros. La vida, a veces, nos deja sin munición y necesitamos un poco de paz y tranquilidad para reunir fuerzas para la siguiente batalla. En otras ocasiones nos vemos en mitad de un fuego cruzado sin posibilidad de escapar.

   Bueno, y hasta aquí mi reflexión. Ojalá todos tengamos lo que soñamos y si no es así, al menos la fuerza necesaria para ir a por ello. Gracias por tu tiempo.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

¡EMPIEZA LA RUTINA!


 Reflexión sobre una situación que viven muchas familias. 


   ¡Atención atención! Esto no es un simulacro. Repito. No es un simulacro. Cojan todos sus despertadores y da igual a la hora que se los pongan, nunca se levantarán lo suficientemente temprano. Antes de salir de casa recuerden llevarlo todo. Llaves, cartera, móvil, niños, paciencia. Es importante que no olviden ese papel donde garabatearon la hora de la reunión con la profesora. No valen excusas como "lo escribí en la lista de la compra y la tiré" ni "mi hijo no me dio el papel". Es de vital importancia ir a dicha reunión a la vez que deja al hermano en la actividad extraescolar de turno y fríe las croquetas de la cena. No ser capaz de estar en tres sitios a la vez será penalizado con comentarios como "mamá me muero de hambre", "eres la única madre que no ha ido a la reunión y no se ha enterado de las excursiones" y "por tu culpa he llegado tarde". Todos esos reproches serán en el momento más inoportuno. En mitad de un atasco, en pleno dilema "comida sana o rápida" o bajo el agua de la ducha.

   ¡Atención, padres, madres, abuelos, abuelas y demás canguros! Llegó la hora de los horarios imposibles de cumplir, de tomar el café contra reloj, de pasarse horas en la cocina para oír un "esto está soso". Es vuestro momento, toca decir "es la primera vez que me siento en todo el día". Hay que hacer filas interminables en la librería y salir a comprar lápices de colores con la calculadora. Lejos, muy lejos quedan las tardes al sol en un parque cercano. Lo que se nos viene encima son horas de recordar viejos tiempos. Canciones que decían "dos por una doooos, dos por dos cuaaaaatro". Y a la vez buscar en Internet un tutorial de cómo hacer una raíz cuadrada o que es eso de las integrales.

   Adultos responsables, uniros todos y compartir experiencias en los grupos de padres. Seréis los primeros en enteraros de los exámenes y del cumpleaños de turno. Siempre y cuando tengáis tiempo y ganas de leer tropecientos mensajes. Vamos a poner nuestra mejor cara cuando nuestro vástago vuelva del cole sin la cazadora nueva. Cojamos su agenda y la nuestra y cuadremos los fines de semana, tenemos que ir a comer con los abuelos a la vez que llevamos al pequeño a un partido. Casa yayos y campo de fútbol cada uno en una punta. Saltaremos de alegría porque justo al día siguiente de irnos de cena, tendremos estar a las nueve de la mañana viendo la carrera de ese ser que se parece tanto a nosotros.

   Toca memorizar nombres. El de la profesora, porque nos llamará como ella. El de su mejor amigo, mejor amiga y perro de esta última. ¡Ojo! No confundir con el del rebelde de clase. De ser así, nos castigará con comentarios estilo "nunca me escuchas", "estás todo el día con el móvil" y "no tengo hambre". No valdrán de nada nuestras excusas. "sí que te escucho, pero es que me has nombrado a media clase en 5 minutos", "estaba mirando cómo se hace el disfraz de calamar que necesitas la semana que viene" y "contaba con ello, hay espinacas".

   Tener pequeños en edad escolar es maravilloso. Organizar un viaje y anularlo dos días después porque uno ha cogido la varicela, desear que llegue el domingo para poder dormir y escuchar unos pasitos por el pasillo a las 7 de la mañana, habernos peleado porque no se quiere despertar ni vestir ni desayunar ni lavarse los dientes ni bajar las escaleras. Llegar justos al trabajo porque hemos pillado el atasco de las obras unido al de la vuelta al cole con lluvia. Es emocionante cuando se duermen a las diez de la noche porque tenemos tiempo de dormirnos dos minutos después de poner nuestra serie favorita.

   Hablar con nuestras amigas sin hijos y que no se crean que nos hemos dejado mas dinero en la vuelta al cole que en las vacaciones de los tres últimos años juntos. Sonreir con desesperación porque todos los pantalones del año pasado le sirven para ir a pescar y las deportivas sólo se pueden usar para los muñecos.

   Las cosas como son. Adoramos a esos locos bajitos que roban nuestro sueño y corazón, que se levantan un día con fiebre malos malísimos y al día siguiente están como una rosa porque era un estirón. Nos dan la vida con sus ocurrencias y preguntas incómodas. Ponen a prueba la capacidad de cada uno para resolver problemas en cuestión de segundos y nos dan el don de los reflejos. Yo no les cambio por nada, porque me han enseñado el significado de las palabras "amor incondicional".

martes, 25 de junio de 2019

EN PROCESO DE ACEPTACIÓN

Entrada en la que reflexiono sobre uno de mis problemas, aceptar que cada uno es como es. 

   Tengo un problema. Bueno, en realidad son varios, pero hay uno al que le estoy dando vueltas ahora. Aceptar que la gente no es como yo. Sí, lo sé, es una cosa muy tonta. Pero hoy eso me hace sentir mal. He de reconocer que conozco personas como yo, bueno en realidad, mucho mejores. Pero me sobran dedos de una mano para enumerarlas.

   Cuando digo "como yo" me refiero a una virtud en concreto. Entre mis muchos defectos se esconde una virtud, y es que estoy ahí cuando se me necesita. Tu me cuentas un problema y ahí estoy el tiempo que haga falta hasta que consigo que te encuentres mejor. Lo mismo te cuento un chiste malo que te invito a un café. La gran mayoría de las veces no podré solucionar lo que te preocupa, pero sí seré capaz de conseguir que dejes atrás un poco esa tristeza.

   ¿Y yo? ¿A quien acudo cuando las lágrimas brotan de mis ojos? En muchas ocasiones a nadie, porque la noche suele ser testigo de esos momentos. Pero cuando es de día, llamo a una puerta u otra. Y normalmente no recibo la respuesta deseada. "Ea, ea" con una palmadita en la espalda. "Tú eres tonta, preocuparte por esa tontada" es otra respuesta que recibo. O simplemente un "tranquila, ya pasará".

   Y aquí es donde está mi problema. Que no acepto que la gente sea así. Porque yo no hago eso, sino que estoy pendiente. Una persona se ha abierto a mí, me ha contado su problema. Qué menos que invertir mi tiempo en ella. Darle todo mi apoyo, escucharla durante horas si hace falta, ofrecerle mi compañía y si lo necesita un punto de vista diferente.

   Estoy enfadada. Pero no con la gente que no tiene la culpa de que hoy la tristeza haya venido a visitarme. Sino conmigo misma. Enfadada porque no acepto que la gente no coja mi mano igual que yo cojo la suya. Soy rara, lo sé. Lo normal es hacer lo que todo el mundo hace cuando le cuentan un problema. Evita implicarse con la tristeza o los problemas ajenos. Porque para eso ya tlene los suyos propios. Y está genial, así debería ser siempre. Porque si te implicas mucho, de una manera o de otra, sales perdiendo. Porque algo de esa tristeza te llega. Supongo que ese es el pensamiento general. Aunque yo no lo veo así. Porque hacer sonreír a una persona que antes lloraba, darle mi tiempo a alguien que lo necesita, escuchar durante horas situaciones que no puedo solucionar, me llena. Porque sé que gracias a ello, consigo que una persona se sienta mejor.

   El otro día leí por ahí que ayudando nos ayudamos. Y es así. Soy teleoperadora y en el trabajo lo vivo cada día. Cuando resuelvo el problema de un cliente me siento mucho mejor. En mi vida personal, sentir que he podido hacer algo por alguien, es lo más. Aunque sólo sea escuchando o con un abrazo.

   Bueno, ya va siendo hora de acabar la entrada. Tengo una tristeza a la que debo hacer frente. El motivo es el de todos los años por estas fechas, la ausencia de las dos personas que me dan la vida cada día. Por eso cuando no están, siento que me falta algo. Y Doña Soledad, que lo sabe bien, aprovecha la ocasión y ataca. Es entonces cuando lo digo en voz alta y espero que mi voz sea escuchada. Pero no sólo eso, sino que además espero que la gente reaccione como yo lo haría. Y al comprobar que no es así, me siento mal.

   Bueno y ahora sí, doy por finalizada esta entrada. Las que escribo que son tristes me gusta acabarlas con un mensaje positivo. Y en esta ocasión lo haré para dar las gracias a esa gran mujer que es como yo. Gracias por ofrecerte a hacerme compañía y comer juntas. Aunque debo aceptar que la gente no es como tú, me alegra comprobar que aún quedan personas que van más allá de dar una palmadita en la espalda. ¿Y tú? ¿Cómo llevas la entrada del verano? Seguro que mejor que yo. Gracias por tu tiempo.

jueves, 23 de mayo de 2019

ESTOY ENAMORADA


Texto donde hablo de mi gran amor. 


   Hace años que vivo enamorada. Bueno aunque... no sé si es una relación de amor o de dependencia. Me inclino por lo segundo, de mí hacia ella... o él, según como lo quieras llamar. Pero sé que no le importa que dependa, porque sabe que la necesito y siempre me acoge. Muy poquitas veces se ha mostrado hostil. En esas ocasiones me avisó pero no quise escucharla.

  Nos vemos menos de lo que me gustaría. Pero siempre que la visito, me recibe con los brazos abiertos. Me enseña su mejor cara y en ocasiones, hasta me deja indicaciones para que no me pierda. La quiero mucho. Le puedo contar todo. Me responde a preguntas que ni siquiera me he planteado.

   Cada vez que voy, porque ella nunca viene, le hago mil y una fotos. Para luego verlas cuando la echo de menos. Hay veces que le hago vídeos, para escuchar su voz húmeda y susurrante cuando estamos separadas.

   En su regazo, siento que el tiempo se detiene. Escucho sus sonidos, saboreo mi almuerzo, observo su belleza, noto cada textura y huelo cada uno de sus aromas. Mis cinco sentidos están con ella.

   ¿Os he dicho que es bella? Muchísimo. Y da igual por donde la mires. Cada rincón tiene su encanto. En verano, primavera, otoño o invierno . Acepta visitas todo el año. En cada estación tiene una cara a cual más bonita.

   Yo le soy fiel. No hay nadie a quien ame más que a ella. Me da la vida, pone a prueba mi fortaleza física y emocional. Pero a pesar del dolor físico, siempre acabo con una gran sonrisa. El mayor madrugón merece la pena por ir a verla. Ella no me es fiel, pero no me importa. Acoge a todo el mundo. Y las personas que son capaces de apreciar su belleza e incluso la cuidan, están hechas de otra pasta ya que su corazón es enorme. Seguro que tú, que estás leyendo esto, eres una de esas personas. Porque es imposible no amar a quien da tanto sin pedir nada a cambio. Es otra de sus virtudes, que no pide nada. Solo que la cuide, la respete y no la ensucie.

   Es inevitable no quererla, porque lo que me da, no me lo da nadie más. Lo que me hace sentir es indescriptible. Y esas son las sensaciones más bonitas, las que se expresan con la mirada y no con palabras. Mirada, sonrisa, da igual la forma en la que lo haga. Yo siempre le agradezco que esté ahí para mi aunque pasemos mucho tiempo separadas.

   Bueno, y hasta aquí mi declaración de amor. Montaña, monte, naturaleza, puedes ponerle el nombre que quieras. Porque lo más importante no es cómo la llames, sino lo que transmite ese conjunto de ríos, árboles y paisajes infinitos.

viernes, 3 de mayo de 2019

UN VIERNES CUALQUIERA


Nueva entrada en la que hablo de las emociones vividas un viernes por la tarde 


   Hoy ha sido un día lleno de emociones. He ido a una visita teatralizada. Os reto a decirlo en voz alta deprisa, yo no soy capaz. La visita consiste en un paseo por un barrio de la ciudad donde un guía y dos actores nos cuentan un cachito de su historia. He aprendido un montón, incluso he empatizado con alguno de los personajes. Ha sido muy interesante. He conocido a gente nueva y he podido asistir gracias a que me hay gente tan detallista como una servidora.

   En un momento de la visita, el pasado me ha dado una bofetada. Entrando en una iglesia donde el suelo me ha recordado a cuando viví interna. Era tan sólo una niña y fue con creces la etapa más dura de mi vida. En el internado era tan feliz como infeliz en casa. No me he dejado llevar por los recuerdos y he levantado la mirada del suelo para caminar hasta un banco. Allí sentada me he dado cuenta de lo mal que veo de lejos. En ese momento entraban dos personas del grupo y las veía borrosas. El pasado y el presente le decían al futuro que necesito gafas.

   Después de levantarnos del banco, hemos pasado por un sepulcro hasta un claustro. Silencio, plantas, arquitectura de hace unos cuantos años, el cielo azul sin nubes. Me he dado cuenta de lo bien que estaba paseando sola. He sentido esa soledad rodeada de gente de la que hablaba el otro día con una amiga. Recuerdo que entonces decíamos que era muy duro, pero en ese momento yo estaba bien. Mientras observo una flor cruzo unas palabras con un chico del grupo y vuelvo a los bancos. Pasar por el sepulcro no me ha gustado. Saber que hay ahí gente enterrada me ha dado escalofríos y no he podido disfrutar ni fijarme en los detalles que nos ha dicho el guía.

   Ya en la calle hacía frío. Un aire que se ha llevado todas las emociones vividas un rato antes. Ni pasado ni futuro, ni infancia ni gafas. Sólo presente, la visita seguía. Caminando hemos llegado hasta una plaza desde la que se veía la pared del edificio donde hice la catequesis. Bueno, eso pensaba en ese momento. Ahora dudo. Sea como fuere, he centrado toda mi atención en las explicaciones del guía.

   Una representación teatral más, acompañada por las lágrimas de una de las mejores mujeres que conozco, y casi acabamos la visita. De nuevo un poco más de historia en otra ubicación y las sorpresas finales que no quiero desvelar por si alguien se anima a hacer la visita. Muy agradecida tanto al organizador como a los compañeros y el guía. Una tarde diferente para recordar.

   Después de un paseo, (par de dos el próximo día os acompaño al bus) he llegado a casa. Muchas emociones y un solo corazón para gestionarlas todas. "El ser humano asume que ha perdido lo que más quiere y sigue viviendo", me quedo con esa frase dicha por la actriz. Somos fuertes y gracias a eso no hay nada que nos detenga. Y aunque en alguna ocasión las lágrimas mojen nuestras mejillas, siempre tendremos un pañuelo para secarlas. Hay veces que ese trozo de papel lo tenemos en el bolsillo, en otras ocasiones nos lo da una mano amiga.

   Gracias por leerme. Hacía tiempo que no escribía entre líneas y lo echaba de menos. Yo ya te he contado mi tarde ¿y tú? ¿Qué has hecho un viernes cualquiera por la tarde?

domingo, 21 de abril de 2019

LA CULPA ES TUYA, NO MÍA


Entrada en la que hablo de nuestras amigas las piedras  entre otras cosas.

   Una vez leí que pretender que la vida te trate bien por ser buena persona es como esperar que un león no te coma porque eres vegetariano. Y es una gran frase. Hoy me viene a la mente porque estoy pasando por una temporada rara. Llena de cambios, de alejarme de mi zona de confort, de empezar proyectos y no encontrar el camino para llevarlos a cabo. Estoy enfadada con la vida. Y eso que me da mucho. Pero hay veces que me pone a prueba.

   Soy consciente de que la única culpable de este batiburrillo de sentimientos y emociones soy yo. Pero hay momentos en los que le tengo que echar la culpa a alguien y en esta ocasión le ha tocado a la vida. Con lo bonica que es ella y con la cantidad de cosas bonitas que me aporta. Y la de veces que me intenta enseñar una lección que no quiero aprender. Bueno una no, unas cuantas.
 
   Quererme a mí misma, no renunciar a mi esencia, salir de mi zona de confort y no volver a ella, seguir a mi intuición, tener paciencia... Y esas son sólo algunas de las lecciones que me cuesta aprender. Pero que no hay manera. Me cuesta muchísimo hacer las cosas bien. Pefiero hacerlas como me da la gana. Ir por libre y luego darme cuenta de que otra vez he metido la pata en el mismo sitio. ¿Y quién es la culpable de todo esto? La vida, yo no.

   En fin. Supongo que llegará el momento en el reaccionaré y en vez de acumular piedras con las que tropezar, las iré quitando del camino. Acabaré con dolor de espalda de tanto agacharme y seguro que alguna la dejaré porque no me he tropezado suficientes veces con ella. Pero sé que al final conseguiré caminar sin caerme tanto.

   Sé que es una entrada algo confusa porque no hablo de nada en concreto, tan sólo intento expresar emociones. Pero estoy segura que con alguna de las cosas que he dicho, has asentido. Si es así y sino también, te animo a dejar un comentario. Gracias por tu tiempo.

lunes, 1 de abril de 2019

DOMINGO COMPLETO


Entrada en la que hablo de un gran domingo  

   

   Salir de la zona de confort siempre es una buena idea. Y cuando sales para hacer cosas con las personas que más quieres y más gente, el éxito está casi asegurado. Y en mi caso ha sido así. Me lo he pasado genial, estoy súper contenta y por eso le estoy echando un pulso al sueño, para contarlo y dormir unas pocas horas con una sonrisa bien grande.

   El día amanecía nublado. Yo contaba con mucho sol pero Don Lorenzo tenía otros planes. Con el cambio de hora parecía que era más pronto de lo que el reloj decía. Tras salir de casa más tarde de lo que tenía previsto, recogemos a una amiga. Una vez en La Alfranca, damos una vuelta de reconocimiento por el lugar. Unos minutos mas tarde llega nuestro primer compañero de aventuras en compañía de una niña encantadora.

   Después de visitar la exposición, juegan a un partido de voley con una improvisada red a base de vallas de obra. La pequeña y yo nos pasamos una pelota. Justo a tiempo para ver una protección en 3 dimensiones y un vídeo de Ordesa, llega nuestro segundo compi. Su nombre es igual que el del otro chico, así que nosotras lo tenemos fácil.

   Salimos de ver los vídeos con hambre. Tras una comida variada, unos ensalada, otros hamburguesa, empanada y bocadillo, llega la hora de degustar el postre cuya foto he puesto al principio de la entrada. Gracias a nuestro compi por traerla. Estaba deliciosa.

   Con la tripa llena, jugamos a la Oca. Tres equipos, mis peques por un lado, mi amiga y el chico de la ensaimada por el otro y yo con el padre y la hija. Digan lo que digan, hemos ganado nosotros, el equipo rojo. Disfrutamos de las vistas en la última casilla del juego y caminamos hacia un observatorio de aves. Tomo buena nota del sitio. Me parece un buen lugar para perderse cuando el agobio hace acto de presencia.

   La lluvia quiso estar presente en este día tan bonito y nos obliga a meternos en el bar de La Alfranca. Jugamos un rato a las cartas y nos despedimos de nuestra pequeña aventurera y de su padre. Gracias a los dos por venir. Volveré a proponer esta salida y espero contar con vuestra presencia. Sólo espero que hayáis disfrutado tanto como yo del lugar y la compañía.

   La partida de cartas sigue hasta que nos echan del bar. Si, lo reconozco, soy una cierra bares, pero diré en mi defensa que eran las ocho de la tarde. Les propongo ir a cenar en plan barato y una vez en el centro comercial, la cena se convierte en cena y cine. Mi pequeño y yo a una peli de humor con un toque romántico y los otros tres a una de suspense que me habría dado miedo.

   Acabadas ambas películas y con la tripa llena, nos despedimos. Hasta luego, chico de la ensaimada. Gracias por el postre y por tu presencia. Les has caído genial a los peques y a una servidora. También contaremos contigo para la próxima vez que proponga la quedada.

   Con mi amiga ya en casa, toca aparcar. Gracias por venir, un placer coincidir de nuevo contigo. Seguro que en la próxima nos vemos, o mañana mismo jeje. La aventura de aparcar finaliza cuando dejo el coche en un lugar del que lo voy a tener que quitar antes de las siete de la mañana. Haré el esfuerzo de madrugar para moverlo. Ya teníamos todos ganas de llegar a casa. Gracias a mis grandes aventureros por acompañarme en otra de mis propuestas. Cada día os quiero más.

   Ha sido un día muy completo. Desde aquí mando una caricia a esa perrilla que está pachuca y a la que le habría gustado venir. También quiero agradecer a las personas que han tenido intención de venir pero no han podido. Y de nuevo, mil gracias a los que habéis acudido hoy a La Alfranca. Sois culpables de la sonrisa que asoma a mis labios.

   Me voy a dormir, que ya va siendo hora. Tú, que estás leyendo esto, si me admites un consejo, sal siempre que puedas de tu zona de confort. No siempre encontrarás cosas agradables, pero cuando sean buenas, serán muy buenas. Gracias por tu tiempo.

domingo, 10 de marzo de 2019

SILENCIOS


Entrada en la que reflexiono sobre esa sensación que se te queda cuando alguien te deja de hablar.


  De un tiempo a esta parte, me estoy haciendo experta en silencios. Los recibo y los entrego. Los hay de varios tipos. Los de después de una noche de pasión, después de un beso o porque sí.

   Si me molesta recibirlos aún me molesta más darlos. La callada por respuesta. Centrarme en el lado práctico de "si tú no me hablas, para que lo voy a hacer yo" o "llevo escribiéndote varios días yo primero, considero que te toca a ti".

   Cansa, de verdad que cansa esta situación y mucho. Me duele la garganta de callarme lo que pienso. Porque total, ¿para qué me voy a molestar en hablar con alguien que no quiere oírme?. Además, ¿qué voy a sacar en claro al decirle a una persona que me ha hecho daño? Si ya lo sabe. Todos sabemos cuando hacemos daño con nuestros actos.

   Supongo que ahora es cuando reflexiono y le encuentro el lado positivo y la solución a esos dolorosos silencios. Porque los silencios duelen. Duelen las preguntas sin respuesta. Los ¿por qué?. Los ¿otra vez igual?. Los ¿qué he hecho mal?.

   Soy un sentimiento con patas. Demasiado sensible tal vez, pero forma parte de mí. Y guardar silencio y hacer como si nada pasara es ir en contra de mí. ¿Por qué no lo hago de otra manera? Porque así es como son las cosas. Y me guste o no, debo adaptarme.

   Decía al principio que soy experta y la verdad es que esa experiencia ayuda. Poco, pero algo ayuda. Porque cada vez, el dolor se supera antes. Porque cada vez conozco mejor las reglas de un juego al que cada día estoy más cansada de jugar. Pero que no puedo dejar de hacerlo porque es la única manera de llegar al final de la partida. Y será en ese final donde todos los silencios anteriores me darán igual. Porque sabré que a partir de ese momento no volverá a haber ninguno más.

lunes, 18 de febrero de 2019

SABOR A TRISTEZA


Entrada en la que hablo de un sabor. 


   Hoy quiero hablar de un sabor, el de la tristeza. Y no me refiero al de las lágrimas, que es salado, sino a uno que es ligeramente amargo. Cuando digo tristeza, me refiero a esa que nos invade después de una excursión o un finde increíble.

   En el camino de vuelta, en el coche, autobús o tren, es cuando sentimos ese sabor. Miramos por la ventanilla o dejamos la vista fija en la carretera. Las ganas que teníamos de ida, las expectativas de unas horas solos o en buena compañía, el sitio a visitar. Da igual si el plan era una excursión por el monte o una visita a una ciudad. La conversación con nosotros mismos o con nuestros compañeros de viaje. Todo eso ya queda lejos. Ahora, lo que tenemos por delante es aparcar el coche, bajar del autobús o dar las gracias a la persona que nos ha traído. Y con nuestra mochila al hombro, entrar en casa.

   Y mientras nos damos una ducha o vaciamos la mochila, el sabor a tristeza poco a poco se va. Para dar paso al sabor de la rutina. Poner el despertador, pensar en la comida para el día siguiente, intentar recordar si teníamos algo que hacer después de trabajar...

   El sabor a tristeza es el precio que debemos pagar por haber pasado unas buenas horas o un buen fin de semana. No podemos retroceder en el tiempo para volver a esa hora en la que el día comenzaba. Nos quedaremos con las fotos, que siempre nos recordarán los buenos momentos. A la vez, pensaremos en cuál será la nueva aventura que nos deje ese sabor a tristeza.

jueves, 24 de enero de 2019

EL VALOR DE LAS PALABRAS


Hoy hablo de las palabras, de su valor e importancia.
  

   Hoy quiero hablar de las palabras. Podría estar horas y horas escribiendo sobre ello, es un tema que me apasiona. Pero me voy a limitar a desarrollar solo dos ideas. El valor que tienen y las palabras que llegan... o no. ¿Te he hecho pensar? Espero que sí, sigue leyendo, a ver qué te parece lo que opino.

   Dicen que boca muere el pez, y es una gran verdad. Porque todo lo que decimos ahí queda. Sea verdad o no. Cuando pienso en el valor pienso en las personas. Es decir, yo me valoro y por lo tanto mis palabras tienen valor. Hay personas que no les dan tanta importancia a las cosas que dicen. Normalmente son mentirosas y carecen de empatía. Porque no saben, o no quieren saber, el daño que hacen las palabras.

   Te quiero. Para mí esas palabras tienen mucho valor. Porque expresa un sentimiento real. Procuro no decir cosas que no siento. Porque sé lo que duele que lo hagan conmigo. Cuando estoy enfadada también hago todo lo posible por  medir mis palabras. Una frase dicha sin pensar e incluso sin sentirla, puede herir mucho. Y si me enfado con alguien es porque le tengo aprecio. No quiero herir a nadie y mucho menos a una persona importante para mí.

   Palabras que llegan, las que no... cuando hablo de llegar me refiero al corazón. Voy a poner dos ejemplos. Imagina que conoces a una persona por internet. Y sin conoceros te suelta el primer día "eres el amor de mi vida". A ver yo creo en el amor para toda la vida, en el amor a primera vista, pero eso del amor a primera hora... me cuesta un poco más. Por supuesto que todo es posible. Y esto es como las meigas haberlas haylas.

   Otro momento en el que es posible que las palabras no lleguen, es cuando tu amor pasa a ser tu ex-amor. Y te dice todas esas cosas que has esperado oír y no han llegado hasta que te ha perdido.

   ¿Y qué me decís de las palabras que llegan? Un "es el mejor día de mi vida" de tu pequeño. "Abrígate" de tu madre que te adora. O "te echo de menos". Cuando solo hace una hora que te has separado de "esa" persona.

   Normalmente las palabras que llegan van acompañadas de actos. Una sonrisa, un abrazo, una visita inesperada, un detalle en forma de gominola o postre... Estamos ya todos un poco de vuelta de todo. Y de alguna manera necesitamos algo más que palabras bonitas. Cada persona es única y especial. Y todos tenemos recursos para hacer que nuestras palabras no sean solo palabras bonitas, si no palabras que llegan y tienen valor.
  

miércoles, 16 de enero de 2019

MIS MEJORES AMIGAS


Entrada en la que hablo de algo que es imprescindible en mi vida.

    Cuando siento que algo va mal, me refugio en vosotras. Siempre estáis ahí, dispuestas a acogerme entre vuestros brazos. Con cada palabra, me reconfortáis. Hacéis magia. Conseguís que deje de doler. Y después de ese encuentro vuelvo a sonreír.

   Cuando estoy feliz, compartimos mi alegría. Vuestras expresiones hacen que la sonrisa sea aún más amplia. Encuentro más motivos para ser feliz y me entran ganas de decirle al mundo entero lo bonita que es la vida.

   Cuando estoy aburrida, acudís sin ser llamadas. Juntas encontramos nuevas aventuras. Y el rato pasa volando hasta que la rutina me vuelve a entretener.

   Sólo tengo palabras de agradecimiento para todas y cada una de vosotras. Mis queridas letras, no me abandonéis nunca, yo no lo haré.

martes, 15 de enero de 2019

AMOR INCONDICIONAL


Relato en el que hablo de dos amores diferentes  pero igual de bonitos.


   - María, ¿te acuerdas cuando nos conocimos?

   La mujer le mira adormilada.

   - Lo siento, no sabía que estabas dormida.

   - No, tranquilo, ya no lo estoy. Sí lo recuerdo, cariño. Nuestras miradas se cruzaron desde que entraste en el bar.

   - Estaba viendo una foto de aquella noche. - la mirada de Luis le dice a la pantalla del teléfono móvil que está profundamente enamorado.

   Suspira con los ojos cerrados para recordar mejor aquellas miradas que se cruzaron nada más verse. No se conocían pero sabía que ella era la mujer de su vida. No era la más guapa del local, ni la mas alta, pero tenía una mirada que le hacía perder la noción del tiempo. Gracias a su amigo Juan, entablaron conversación con las amigas de María. Luis la miraba sin atreverse a decirle nada. Ella se puso a bailar con un amigo de él. Pero sus miradas en ningún momento dejaron de cruzarse.

  Una hora después, estaban en la puerta del bar, sentados en las escaleras. Cupido había hecho de las suyas y ambos tenían la sensación de conocerse desde siempre. La conversación era fluida y sabían que desde ese momento no se iban a separar nunca.

   El llanto de un bebé saca a Luis de sus pensamientos. María, que se había quedado dormida, mira a su amado abriendo un ojo.

   - Descansa, cariño. Ya me encargo yo.

   Desde que nació el pequeño llegaron al acuerdo de darle el biberón por las noches y así repartirse el trabajo. Le coge en brazos y le mira. Gracias a él y a su mujer ha conocido el significado de la palabra amor.