martes, 15 de septiembre de 2026

JUEGA TÚ CON ELLA

 Entrada en la que escribo una carta desde el corazón. 


   Hola mamá:

   Hace mucho que no te escribo, pero pienso en ti casi todos los días. Cada vez que miro al cielo y guiño un ojo o cuando tu nieto nombra a la luna. Sé que estás ahí y me cuidas y proteges. Si no fuera así no podría seguir adelante.

   Hoy quiero contarte un momento del pasado y lo que sucedió ayer. Por último te haré una petición.

   Yo estaba en mi desordenada habitación mientras tú luchabas por tu vida en el hospital cercano. El bloqueo me impedía moverme. No era capaz de recoger ni una hoja de papel. Sabía que algo estaba pasando, pero no era consciente de la magnitud. El desenlace ya lo sabes. Pasaste de ayudarme en la tierra a hacerlo desde el cielo.

   Ayer volví a vivir ese bloqueo. Mientras tu nieto dormía, yo miraba al infinito. Deseando con todas mis fuerzas que sucediera un milagro. Estaba hablando con una amiga cuando recibí el mensaje. La estaban durmiendo. Colgué y sentí cómo las lágrimas rodaban por mis mejillas. Miré al cielo desde la ventana y te pedí fuerza. Y eso haré cada día hasta que la ausencia duela menos. Porque las ausencias nunca dejan de doler del todo.

   Por favor. Juega con ella. Es un poco tímida pero estoy segura que va a saber quién eres. Dile que la quiero con toda mi alma. Dale las gracias por los momentos bonitos que ahora duelen tanto recordar. Acaríciala todo lo que no puedo acariciarla yo. Y pídele que me mande fuerza para levantarme cada mañana, porque en estos momentos me faltan un poco.

   Eso es todo, mamá. Nos vemos cuando me toque. Hasta entonces solo decirte que te quiero.

   Firmado:

   Isabel. 

viernes, 4 de septiembre de 2026

Tic tac

Relato en el que hablo del paso del tiempo.

   Empieza la partida. La cojo con ganas. Voy a salir victorioso. Tic tac. Hago el primer movimiento. Consigo salir con la chica popular de la universidad. Tic tac. Me deja por otro más mayor diciendo que soy un crío. Qué sabrá ella... además, no era tan guapa. Tic tac.

   La vida sigue pasando. Tic tac. De nuevo parece que voy ganando. Voy a coger el coche una noche de sábado aunque mis amigos insisten en que no lo haga. Tic tac. Les digo que no pasa nada, que yo controlo. No veo la línea continua y me deslumbran los faros de un coche. Jaque. 

   Hace dos años que superé el coma. Tic tac. He aprendido la lección, nada de alcohol al volante. Afortunadamente no acabé con la partida de otra persona. Tic tac.

   La vida sigue. Hay veces que parece que voy ganando. Tic tac. Pero cuando me descuido, pierdo un nuevo peón. Cada vez me quedan menos. Tic tac. Aún puedo ganar la partida. 

   Me convierto en un hombre de negocios. Tic tac. Tengo una gran empresa. Soy un triunfador. Tic tac. He aprendido a pensar en frío y calcular el siguiente movimiento. Tic tac.

   Suenan campanas de boda. Tic tac. He sido listo y hemos firmado la separación de bienes con un notario amigo de la familia de mi ya mujer. Es una rubia despampanante. Tic tac. Voy ganando, lo sé. 

   El día de mi 50 cumpleaños recibo una carta. Tic tac. En ella la rubia me envía los papeles del divorcio y me pide la mitad de todo lo que tengo. Ha decidido empezar una nueva vida con el notario. El documento de la separación de bienes que firmé era falso. Jaque.

   El cardiólogo habla pero no le escucho. Tic tac. Sólo oigo frases sueltas. "Infarto grave. Vivo de milagro. Reducir estrés. Nada de disgustos." Yo sólo pienso en vengarme. Tic tac. 

   Los años pasan pero no me rindo. Tic tac. Voy a ganar la partida. Conseguí vengarme de mi ex. Tic tac. La jubilación la paso en un pueblo lejano. Sigo ganando la partida. Tic tac.

   Es de noche. Oigo ruidos. Salgo con un cuchillo en la mano. Jaque mate. 


martes, 1 de septiembre de 2026

BIMBA

   Es la primera noche que no estás en casa y te echo mucho de menos. Llevo tan sólo unas horas sin oír el ruido de tus uñas golpeando el sueño y ese silencio me hace daño en los oídos. 

   No has venido a saludar cuando la puerta de casa se ha abierto. Y eso duele. Y duele saber que no voy a oír la rutina nocturna. Puerta que se abre y se cierra. Unos minutos de silencio. Puerta que se abre y se cierra. Uñas contra el suelo. Pienso cayendo en tu bol. Oírte comer, beber agua y paseo por la casa buscando el postre. Mañana por la mañana no vas a beber agua en el bidet. Y la ausencia de todo eso, también duele.

   Sé que estás bien, que tu sitio ahora es en la jaula de la clínica donde te pueden dar calmantes.

   Estoy muy triste. ¿Y sabes lo peor? Que hoy es lo fácil. La incertidumbre de no saber lo que tienes es mejor que la certeza de saberlo. Las posibles enfermedades que ha dicho el veterinario suenan a cual peor. Pero voy a mantener el optimismo. Te lo debo. 

   Desde que te conocí decidí que no quería enamorarme de ti porque sé que tu esperanza de vida es menor que la mía. Pero hoy me he dado cuenta que me he enamorado hasta las trancas, como se suele decir.

 Voy a dejar la entrada aquí. Sólo pedirte que seas fuerte. Mañana te van a hacer una prueba para saber lo que tienes. Y va a salir lo mejor posible. Se curará con medicación, operación o lo que diga el profesional. Y ya está. No me quiero ni plantear ninguna otra opción. 

  Te quiero.



domingo, 30 de agosto de 2026

LUCHAR SÍ, PERO NO TANTO...

Entrada que va sobre lo bueno y lo no tan bueno de ser luchadora. 

   Lo peor y lo mejor que me ha podido pasar, es tener una infancia dura. Eso me ha convertido en una persona luchadora. Pero luchadora de las buenas. De las que no se rinden y siguen andando a pesar de que no haya camino. En alguna ocasión me he dejado caer en el pozo para darle una patada al fondo y subir para arriba. Suena bien ¿verdad? Pues no es tan bonlto como parece.

   Porque he luchado incluso cuando no había que hacerlo. Yo solita me he buscado problemas donde no los había. Y eso me ha costado caro.

    En el tema del amor he metido la pata hasta el fondo. He hecho daño a alguna persona que no se lo merecía. Estoy pensando en una en concreto. Sé que no era mi persona porque hace años se bajó del tren. Pero me porté fatal. No tenía ninguna queja, pero buscaba pelos a una calavera. Fui muy dura con las palabras. Y eso es porque una servidora, que no sabía que hay que veces que no hay que luchar, se inventaba batallas. Afortunadamente esa lección ya la he aprendido.

   En otras relaciones he visto el cartel luminoso de "vete y no mires atrás" ¿y yo que he hecho? Luchar. ¿Para qué vamos a optar por el camino fácil y leer el cartelito? Yo le hacía caso a esa persona que me quiere tanto y me decía "Estréllate. ¿No es lo que quieres? Pues adelante". Que su mensaje era justo el contrario, pero yo me lo tomaba de forma literal. Pero no me estrellaba una vez, no. Repetía una y otra y otra y otra vez. Hasta que no me podía levantar del suelo. Y cual boxeador tirado en el ring asumía mi derrota.

    Porque sí, porque una es así. Soy una enamorada del amor. Ese sentimiento tan bonito y protagonista de la mayoría de mis entradas y relatos. Porque eso de aceptar a la primera que me he equivocado de persona no va conmigo. Yo tengo que luchar por la persona que en uno u otro momento he decidido que era el amor de mi vida.

   Ahora miro atrás y me llevo las manos a la cabeza. Quién me mandaría a mí aguantar tanto. Quién me creía que soy para conseguir que esa o esas personas me quisieran igual que yo a ellas. ¿No era más fácil asumir mi derrota y seguir buscando? Que si, que el amor no se busca. Esa lección me costó pero también la aprendí.

   Y hasta aquí mi entrada de hoy. ¿Cómo estoy ahora? Eso no es lo importante. Lo importante es que por fin he aprendido todas las lecciones que la vida me ha querido enseñar. Y la más valiosa es que no me lo tenga tan creído, que ella es la que manda y si dice que no es que no. Por mucho que yo luche. Y que si veo una cartel luminoso es para leerlo, no para pasar de él y seguir a lo mío.

   ¿Y tú? ¿Eres de leer carteles o de estrellarte contra muros? Gracias por tu tiempo. 

martes, 25 de agosto de 2026

NO ESTOY PREPADADA

 Entrada en la que hablo del inicio del cole.

   Hoy he ido a recoger al pequeño a la guarde. La monitora me ha preguntado la si la primera semana de septiembre también le iba a llevar y le he dicho que sí. Pensando que aún faltaba mucho. De camino al coche he mirado el calendario y no me ha gustado lo que he visto. Queda semana y media para que el pequeño empiece el cole.

   Sí, ya lo sé, es maravilloso verle crecer sano. Me siento muy afortunada de tenerle y soy feliz al compartir con él cada etapa. Pero hoy mi en mi rallada no le voy a dar voz a la parte racional. Seamos realistas, le dé voz o no, se va a hacer lo que diga ella. Hoy quiero darle voz a mi corazón. Poner en sus manos el teclado del móvil y que se exprese libremente. Últimamente no le trato del todo bien y hoy quiero que sea él el encargado de escribir esta entrada.

   No, no estoy preparada. Hace dos días (en realidad 3 años pero el sentimiento no es ése) que estaba embarazada y deseando verle la cara. Ayer me repetí varias veces una eco 3d porque el señor se tapaba la cara. Hace tan sólo unas horas, giraba la cara para mirarle, después de un parto que da para otra entrada. Recuerdo como si lo acabara de vivir las lágrimas al tenerle que dejar ingresado. Soy capaz de describir esa sensación al salir del hospital una noche de sábado. 

   Pero todo eso ha quedado lejos. Los primeros días de guardería coincidiendo con mi nuevo trabajo. La nueva rutina. Los lloros cuando entraba en la guardería. Pero si aún ahora, después de dos años, le dejo y me voy corriendo. Cualquier día me confunden con un repartidor. 

   No estoy preparada para tener que explicarle que hoy ha sido el último día de guarde y mañana el primero de cole. No se lo puedo explicar a él porque me resulta difícil entenderlo a mí. 

   Sí, lo sé, no tengo que pensar en el futuro y todo eso. Pero como hoy la cosa va de sentimientos, me da mucho miedo que lo pase mal. Que le cueste adaptarse, salir de colegio llorando mientras le escucho llorar a él, coger el coche y luchar contra el impulso de llevármelo a trabajar. 

   No estoy preparada para que me digan que se ha peleado en clase. O que no come bien o cualquier otra cosa que le haga sentir mal. 

   Ya he pasado por esto, ya he vivido en dos ocasiones el primer día de clase. Y los recuerdos se empeñan en decirme que no fue tan malo.

   No estoy preparada para hacerle una foto el martes. Para compararla con la del último día de clase. Me cuesta imaginarme marcando cada prenda de ropa. Comprando la bata y la bolsa de almuerzo. 

   Pero si aún no he acabado la carta que le quiero dar a la monitora de la guardería. ¿Cómo voy a rellenar la solicitud de madrugadores? Todavía no he escrito la reseña positiva al monitor de natación y septiembre me dirá si entra a natación él sólo. 

   Agosto, no te vayas. Quédate. Me da igual el calor, las noches sin dormir o no disfrutar de los días de fiesta de septiembre. No estoy preparada para dejarte ir. Hay una canción que dice "reloj no marques las horas". Y ahora pienso en ella. "Reloj detén tu camino".

   A mi pequeño en la guarde le llevan en palmitas, igual que a sus compañeros y compañeras. Pero en el cole, como ya son más mayores, eso no va a ser así. Va a ser uno más. 

   No estoy preparada pero lo haré. Y le explicaré lo que va a pasar y le diré que es muy mayor y le acompañaré en cada uno de los días que tenga que ir a clase. Y seré su apoyo cuando necesite un hombro en el que llorar sea de felicidad, rabia o tristeza. Mi apoyo y mi sonrisa la va a tener siempre. Aunque tenga pendiente una carta, una reseña y amordazar a mi corazón. 

   Gracias por tu tiempo. 




jueves, 20 de agosto de 2026

DIFERENCIA ENTRE PRECIO Y VALOR

Entrada en la que hablo sobre el valor y precio de las cosas.

   La entrada de hoy va sobre algo que seguro que en algún momento has pensado. La diferencia entre el precio y el valor de las cosas. Precio es el importe por el cual las compramos y el valor, en algunas ocasiones y según con qué objetos, es lo que realmente valen para nosotros. 

   Por ejemplo, ahora ¿dónde estás? ¡Vaya! Te he pillado en el baño. No pasa nada, mientras haces tus cosas mira a tu alrededor y recuerda lo que tienes dentro del armario. Sí, ese armario que estás mirando. Una de las colonias que tienes dentro. ¿Cuánto cuesta? ¿Entre 10 y 100 euros? Ahora vamos a hablar de su valor. Tal vez fue un regalo de una persona especial, la elegiste porque era la que llevaba tu madre y te recuerda esos años tan bonitos o puede que la compraras al azar y alguien te dijera que hueles muy bien. Sea como fuere, su valor se ha multiplicado. 

   Las emociones son lo que hacen de un boli, algo especial y único. Por ejemplo, el de la foto que acompaña esta entrada. No recuerdo donde lo compré. Pero me acompaña desde que empecé en el nuevo trabajo. Y para mí es muy especial. Porque me transmite los nervios de los primeros días, el recuerdo de los compañeros que había entonces, incluso la tristeza por estar lejos de mi pequeño durante tantas horas. 

   Si tiro del hilo de los recuerdos llego hasta una camiseta y un peluche. La primera me la regalaron unos amigos de mi padre en mi tierra, Bilbao. Y era del Athletic Club Bilbao. Me encantaba, con esas letras que sólo he visto allí. La conservé durante años hasta que se perdió en alguna mudanza. 

   En cuanto al muñeco, imagínate a una pequeña de unos 9 años en la puerta de la casa de una vecina. Me lo dio y lo movió un poco de tal manera que sonó un cascabel. Recuerdo como si fuera ayer que lo estuve buscando haciéndolo sonar. Lo tenía en una pata. 

   ¿El precio de ambos objetos? Bajo. ¿El valor? Incalculable. No sé en qué mudanza se perderían pero me da pena no conservarlos.

   ¿Otros ejemplos? No sé...una pelota antiestrés, el papel de una galleta de la suerte, un par de calcetines o de pendientes. Cualquier cosa a la que tengas aprecio tiene más valor que precio. Porque el dinero lo tienes para pagarlo hoy, ahora, en este momento. Pero no puedes pagar un sentimiento del pasado.

   Una sonrisa, un beso, una mirada, un abrazo. Todo eso no cuesta nada. Pero tiene mucho valor. Aunque no lo sepamos valorar cuando lo tenemos. Cuando nos falta nos damos cuenta de la cantidad de cosas valiosas que no podemos pagar con dinero. 

   Con monedas se pueden "comprar" gestos de cariño. Si le compro un juguete a mi pequeño y le pido un beso me lo da. Pero si me da un abrazo sin haber obtenido nada antes, para mí vale mucho más. Porque el cariño sincero es el más valioso.

¿Y dónde están las cosas más valiosas? No en tiendas de lujo, sino en nuestro corazón. Porque necesitamos objetos para vivir pero también palabras de ánimo, palmadas en la espalda y felicitaciones de la gente que nos guarda en su corazón. 

Y hasta aquí la entrada de hoy. Al final me he desviado un poco del tema pero creo que he sabido transmitir la idea. ¿En qué piensas cuando hablo de objetos valiosos? Gracias por tu tiempo. Para tí es valioso porque no vuelve, y yo valoro mucho que lo uses para leerme.





lunes, 17 de agosto de 2026

MI TRÍO DE LA MINA

 Entrada dedicada a tres personas con las que he compartido momentos. 

   No te voy a echar de menos. Vamos, lo tengo clarísimo. Ni a ti, ni a las chicas con las que también compartí momentos. Sí, lo sé, yo tampoco me lo creo. Pero hay días en los que me gusta hacerme la fuerte y prefiero engañarme un poquito. Tal vez de esta manera me duela menos tu partida. 

   Por otro lado, me alegro un montón. Por ti y por ellas. Porque sois tres personas que os merecéis cada regalo que os haga la vida. Aunque en este caso ha sido el fruto de vuestro esfuerzo. 

   Los tres me habéis ayudado mucho. Primero mi compañera. Enseñándome todo lo que sé. Hemos compartido horas de charla, abrazos e incluso alguna lágrima. Luego fue tu compi con la que empecé a salir en los descansos. Confidencias, buenos consejos y charlas que básicamente decían "no puedo ayudarte, pero puedes contar conmigo". Y ahora tú. Hemos compartido chuches y paseos al Día y a la tienda de móviles. Ahora ya nadie me preguntará "¿Estás contenta?". Valoro tu esfuerzo y el que no te hayas rendido. Ahora toca recoger los frutos.

   Aunque nunca os lo he dicho, quiero daros las gracias. Por haberme acompañado y haberme permitido conoceros. Gracias por cada café con leche descafeinado, por cada paseo. Y sobretodo gracias por formar parte de mi vida. Porque aunque nos veamos mucho menos que antes, en mi corazoncito tenéis vuestro hueco. Os deseo lo mejor.


jueves, 13 de agosto de 2026

UNA PERSONA, UNA PIEZA DE PUZZLE

 Entrada en la que comparo a la vida con un puzzle.

   Hoy, haciendo un puzzle, se me ha ocurrido una idea. La vida es como uno gigantesco. Cada persona es una pieza y cada color una faceta de nuestra vida. Amor, amistad, trabajo, familia...Tenemos sobre la mesa un montón de cachitos. Vamos a unirlos. 

   Cada persona que vemos por la calle es una pieza única e irrepetible. Y aunque puedan parecer todas iguales, no lo son. Por eso tenemos que acercarnos pada conocerlas y ver si encajamos.

   Normalmente empezamos por las esquinas y los bordes. Aquí tenemos el doble sentido con la palabra "borde". Las personas que lo son encajan con menos piezas. Pero muchas veces es sólo una apariencia, porque son fundamentales para tener una base con la que construir nuestro puzzle/vida. 

   Una vez tenemos todo el contorno, nos toca empezar con lo de dentro. Me ha dicho que es lo más difícil. Pero a la vez es lo más entretenido. Porque es toda una aventura encontrar a nuestras piezas. Y prisa no hay ya que tenemos toda una vida por delante.

   Hay veces que nos empeñamos en encajar con alguien. Y lo intentamos de todas las maneras posibles. Hasta que nos rendimos y decidimos buscar otra pieza. Esto nos pasa con el amor, las amistades e incluso los trabajos.

   Haciendo un puzzle me he encontrado que dos piezas encajaban. Estaba convencida. Me ha pasado cuando pensaba que había encontrado al amor de mi vida y no era así. O incluso con amistades o familia. 

   Los rolletes también están reflejados en el puzzle. Son esas piezas que encajas con dudas pero enseguida te das cuenta que no van ahí. 

   Hay algunos puzzles, como el que estaba haciendo, que por detrás tiene unas letras. Eso facilita mucho la labor de hacerlo. Pero hay que darle la vuelta y corres el riesgo de desmontarlo. Es una pequeña trampa. Pero seamos sinceros ¿quién no ha hecho trampa alguna vez? Yo fingí mucho interés por las serpientes para conquistar a un chico siendo adolescente. Por favor, decidme que no soy la única que ha hecho una tontería así. 

   Hay veces que las piezas de diferentes colores se unen entre sí. Esto pasa cuando los compañeros de trabajo pasan a ser amigos o trabajas con un familiar. 

   En otras ocasiones nos damos cuenta que tenemos que desmontar parte del puzzle para quitar una pieza que creíamos que encajaba. Esto nos dificulta la labor porque tenemos que desmontar parcialmente lo que tanto trabajo nos ha costado unir. Eso pasa cuando nuestra pareja de toda la vida nos dice que se va a vivir fuera de nuestro país. Y nos vemos ante una complicada situación en la que tenemos que elegir. O esa es nuestra pieza y encaja con nosotros. O la quitamos. Desmontando a los amigos en común y las relaciones familiares que se han forjado al cabo de los años.

   Mientras estaba entretenida haciendo las uniones, se me ha caído el móvil encima. Me ha fastidiado tener que volver a hacerlo. La cantidad de veces que en la vida hemos tenido que volver a unir las piezas que pensábamos que nunca se iban a separar. Esto pasa mucho con la familia o los amigos cuando discutimos con ellos. 

   Y por último lo mejor. La satisfacción de encontrar a "nuestra pieza". Esa con la que encajamos a la perfección. La que permanece a nuestro lado a pesar de los movimientos bruscos e inesperados. Yo tengo varias amigas que son "mi pieza". En el amor también pasa eso. Hay veces que lo encuentras pronto y otras que te cuesta un montón. Sea como fuere, son las piezas que nos interesan porque forman la unión más fuerte. 

   ¿Y tú? ¿Cómo vas con la difícil misión de encontrar piezas que encajen? Gracias por tu tiempo y por formar parte de mi pequeño espacio.

 

martes, 11 de agosto de 2026

RECALCULANDO SUEÑOS

  Entrada en la que hago una reflexión sobre los sueños y que podemos hacer cuando no se cumplen.

   Hace unos días vi la peli de dibujos titulada "Ballerina". En ella, una niña huérfana, luchaba por su sueño, ser bailarina. Me dejó pensativa. Tener un sueño y luchar por él. Cometer errores, caerse, levantarse y seguir luchando. Visto así, no parece difícil. Siendo constante se puede lograr. Aunque ser una gran bailarina viviendo en un horfanato no suela accesible.

   Todo el mundo tiene un sueño. Cuando somos pequeños y pensamos en qué queremos ser de mayor, nos lo imaginamos. Bombero, médico, astronauta... Y en cuanto a la situación personal, tres hijos, casa, perro y un amor que haga a Disney querer comprar nuestra historia. Casarnos de blanco con 300 invitados o todo lo contrario. Cada persona sueña con una cosa. Y vive intentando conseguir ese sueño. 

   Pero hay veces que la vida te mira a los ojos, se ríe de ti, te da una colleja y te dice "anda, tira". Y es cuando nos damos cuenta que lo más cerca que vamos a estar de la luna, es cuando nos compremos un buen telescopio. Y nos vemos obligados a cambiar de sueño. Asumimos que la Nasa no va a pagar nuestro sueldo y buscamos una profesión que nos dé de comer. Aunque seamos siempre unos enamorados de todo lo que tenga que ver con el espacio exterior. 

   En otras ocasiones, la vida nos mete un puñetazo en el estómago. Y es cuando nuestro sueño es ser padres. Decidir dejar de intentarlo para asumir que nunca lo conseguiremos es muy complicado. Porque muchas veces invertimos tiempo y dinero. Años y miles de euros. Y todo eso para nada. Bueno sí, para tener una gran herida en el corazón que duele más que cualquier cosa. He incluso para tener bebés pero no en la tierra. 

   Pasa lo mismo con soñar con casarse o tener una profesión para que hace falta una ayuda de la que no disponemos. No todos los cantantes buenos están en Spotify ni los buenos actores han rodado películas. Ni podemos tener ese coche con el que siempre hemos soñado o aprobar la oposición para la que llevamos años estudiando. 

   Llegados a este punto ¿qué podemos hacer? Primero pasar el duelo. Con todas y cada una de sus fases. Avanzando por la negación, llegando a la ira, exprimiendo todo lo posible la negociación para llegar a la depresión y superarla consiguiendo con ello la aceptación. Una vez hecho este trabajo nos toca hacer lo mismo que el GPS cuando nos equivocamos de camino "recalculando ruta". Toca pensar en un sueño nuevo otro objetivo. Coger todas las ganas y la ilusión que nos quede para centrarnos en algo que sea más asequible. Un sueño que podamos cumplir. 

   Y vuelta a empezar. Miramos a la vida y le decimos que pasamos de una gran boda con 300 invitados. Nos conformamos con una de 30 con un gran vestido de novia. Si la vida se sigue riendo podemos optar por invitar a 3 personas que nos acompañen al juzgado con un vestido blanco comprado de rebajas. Que una cosa os digo, sólo la parte de encontrar a una persona que nos diga "sí, quiero" ya es un gran sueño cumplido. 

   Y así con todo. Debemos adaptarnos a las circunstancias que tenemos y en la medida de lo posible sacar la parte positiva de los sueños no cumplidos. Aprender a ver esas ventanas que se abren cuando la vida nos da con la puerta en las narices. Ver el vaso siempre lleno, de agua y de aire en diferentes proporciones. Y nunca rendirse, ni dejar de ilusionarse y mucho menos dejar de soñar. Cambiaremos de objetivo, pero hay que tener alguno que nos permita guiñarle un ojo a la vida. 

   Me habría gustado ser más concreta en esta entrada, hablar de mis sueños. Pero no es el momento. La gente que me conoce mucho sabe cuáles son. Sólo diré que la vida me ha golpeado y estoy en pleno proceso de duelo. Saltando de una fase a otra según el día. Me encantaría decir que estoy cerca de la última pero no sería verdad. A la vez, voy diseñando mi nuevo sueño pero me resulta difícil porque no he pasado el duelo.

   Bueno ¿y tú? ¿La vida te ha golpeado y estás diseñando tu nuevo sueño? ¿Has conseguido alguno de los que tenías cuando eras pequeño? ¿En cuál has pensado mientras leías la entrada? Te animo a compartirlo en comentarios.

viernes, 7 de agosto de 2026

FELIZ ANIVERSARIO... ¿O NO?

   María quería a Laura con locura. Era la mujer de su vida. Cada día daba gracias por haberla encontrado en aquel bar de copas. Su amigo Luis les presentó y desde el primer momento se volvieron inseparables.

   El primer beso, esa misma noche, lo recuerda perfectamente. Estaban en la puerta del local. Hacía una hora que había cerrado y ninguna tenía la más mínima intención de irse a casa. A María le dio un escalofrío. En ese momento lo interpretó como algo normal ya que empezaba a refrescar. En realidad era un mal presentimiento que no supo identificar. Laura, al verla a temblar, la abrazó.

   - Mi niña, no quiero que te quedes fría.

   - No tengo frío, ha sido solo un esca... - no terminó la palabra.

   Después del breve pico la conversación continuó.

   - Perdona, ¿Qué decías?

    La respuesta no tardó en llegar en forma de largo beso. Esa noche durmieron en casa de Laura. Allí podían estar solas y dar rienda suelta a la pasión contenida durante toda la noche. En realidad no estaban solas. Toby, un pequeño perro mestizo, observaba a su dueña. No entendía por qué no había dicho nada al entrar. Al ver que le ignoraba, se fue a su cama. Suspiró y se quedó profundamente dormido a pesar del ruido de los muelles.

   Después de esa noche, vinieron muchas más. Tres meses después ya vivían juntas. Eran la envidia de todos sus amigos. Compartían aficiones y nunca discutían. Sólo había un pequeño detalle. María no soportaba a ese ser de cuarto patas que le seguía cuando su novia no estaba en casa. Pero nunca lo confesó. Simplemente le miraba con desprecio hasta que el animal se daba cuenta y dejaba de seguirla.

   El tiempo pasaba y se acercaba el día de su tercer aniversario. María le iba a dar una sorpresa a su novia que nunca olvidaría. Aunque el destino era caprichoso y la soprendida iba a ser ella. Pero como todo esto María no lo sabía, vivía feliz planeando su aniversario.

      Por fin llegó el día. María le da un beso a su novia y se va de casa como cada mañana. En esta ocasión no se dirige al trabajo sino al supermercado. Lleva la lista de la compra en el bolsillo. Le va a hacer una elaborada comida al amor de su vida. La ocasión lo merece. Hoy hacen tres años y va a ser un día inolvidable...aunque no de la manera que ella piensa.

   Las doce en punto. A esa hora Laura saldrá de casa para ir al gymnasio. María tiene una hora y media antes de que esté de vuelta. Abre la puerta y Toby la saluda. No le ve. Tiene la vista fija en el ramo de rosas. No entiende nada. Ella no ha encargado ningún... Unos gemidos interrumpen sus pensamientos. Reconoce una voz.

  -Hum.... Asiiiii

   Se le hiela la sangre cuando identifica la segunda voz. Son Laura y la mejor amiga de María las que están a sólo unos metros de ella. Dicen que del amor al odio hay un paso. Puede ser verdad, porque en ese instante, cegada por la rabia sólo piensa en hacer daño a la mujer que tanto ama.

   Mira a Toby y sonríe. El animal le devuelve la mirada entre sorprendido y desconfiado. Es la primera vez en tres años que se dirige a él en tono cariñoso estando solos. Coge la correa y se la pone. Moviendo la cola, sale de casa. Feliz por un paseo inesperado.

   Ella ha perdido a la mujer que quiere, pero esto no va a quedar así. Se va a encargar de que Laura sienta lo mismo que le ha hecho sentir. Con paso firme va al veterinario. Recuerda las clases de interpretación que dio en el colegio y entra en la consulta fingiendo estar alterada.

   - Hola Manuel. Llevo un disgusto. Toby acaba de morder a una niña. Necesito que le pongas una inyección. Cuando nos llegue la denuncia lo van a sacrificar y no quiero que mi amor pase por esto. Por favor, ponle la inyección rápido.

   El hombre la mira extrañado. Es el perro más dócil que conoce y le cuesta creer que haya podido morder a alguien. Y mucho menos a una niña. María insiste en que lo mate. Resignado, entra a Toby a una salita y lo pone encima de la mesa de operaciones.

   - Lo siento, pequeño. Tu hora ha llegado.

   Prepara una jeringilla y se la clava. Poco a poco la respiración se vuelve pausada hasta casi desaparecer del todo. Da instrucciones a su ayudante que acaba de entrar para que se quede con el perro.

   - Ahora te diré el procedimiento a seguir en estos casos. Quédate aquí.

   Sale a la salita de recepción con una mujer menos alterada y más feliz.

   - Tranquila, yo me encargo de todo. Llamaré a Laura y le contaré lo sucedido. Tu ahora vete a casa y descansa.

   - Gracias.

   María sale feliz de la consulta. Le envía un mensaje a Laura. "Toby está muerto. Tú y la zorra a la que te tiras para mí también lo estáis"

   El veterinario llama a la dueña del animal que descansa sobre la mesa de operaciones. El buzón de voz le da la bienvenida. "Hola, soy Manuel. Tengo a Toby dormido. Por favor, llámame cuando escuches este mensaje. Es importante"  


martes, 4 de agosto de 2026

KANGÚ

Entrada en la que hablo de un vehículo que ha sido muy importante para mí durante unos cuantos años. 

   Te echo de menos. Mucho. Tu color, el sonido que hacías cuando estábamos juntas, nuestros viajes... Hemos vivido tanto que aún no me hago a la idea que ya haga más de año y medio que no estás conmigo. 

   Te diría que no me voy a emocionar escribiendo esta entrada, pero no te engañaría. Hemos vivido tantas cosas juntas que me conoces de sobra. Sabes cómo lloro, cómo río, cómo hablo por teléfono... Sabes de mí más que mucha gente. Disculpa, estoy hablando en presente cuando debería hacerlo en pasado. Y para que la persona que está leyendo esto sepa de qué estoy escribiendo, empezaré por el principio. 

   Era el año 2006 cuando, mi ahora ex marido, iba a buscarte al taller. Eras una bonita furgoneta renault kangú de color rojo. Te tintaron los cristales del mismo color. Hasta ese momento tu misión era llevar y traer material. Trabajabas en un taller. Estuviste los primeros 6 meses desempeñando esa labor. Nosotros estábamos sin coche y gracias a un compañero de trabajo dimos contigo. 

   Cuando nos conocimos yo no te podía conducir porque no tenía el carnet. Un par de años después me puse al volante. Y llegamos al momento en el que los recuerdos me vienen todos a la vez. 

   Los primeros días conduciendo y el miedo de mi copiloto. La vez que me perdí de camino al trabajo. Otras tantas veces que me he perdido. Nadie como tú conocía mi sentido de la orientación. El viaje más largo que hemos hecho juntas ha sido hasta casi Portugal. También nos hemos ido de vacaciones a la playa con los peques. Te he llevado a muchas de mis rutas de montaña.

   Has conocido a las personas más importantes de mi vida. Novios, amigas, conocidos, compañeros de trabajo. Has oído conversaciones de todo tipo. Desde "qué majico es este chico" hasta "no le soporto" pasando por el "no aguanto el dolor de pies" de cuando trabajaba por la tarde. 

   Hay una canción que dice en una de sus estrofas..."Y es que empiezo a pensar.
Que el amor verdadero es tan sólo el primero. Y es que empiezo a sospechar
Que los demás son sólo para olvidar." Y tiene razón, pero no en el amor romántico, sino en mi amor hacia a ti. Porque ahora llevo otro coche y no hago más que compararlo contigo. No es mío, el motor suena raro, es gasolina en vez de diésel. Vamos, que no me ayuda en absoluto a olvidarte sino todo lo contrario.

   Mira, te voy a contar algo que ya sabes. Soy una persona muy sensible que enseguida se encariña con objetos. De pequeña me pasaba mucho más que ahora. ¿Cómo no me voy a encariñar contigo? Si hemos estado juntas 18 años. Me tocaste en repartición cuando me separé. Y desde entonces te he llevado a todos los sitios. 

   Esto muy poca gente lo sabe, pero soy mucho de ver "señales". Hay veces que tomo una decisión que no sé si es la correcta y todo se pone a mi favor. Hace buen tiempo y las cosas fluyen con facilidad. Por otro lado, también me pasa lo contrario. Elijo el camino de la derecha y no hay manera de avanzar por él. Estando al volante he tenido varias de esas señales y cuando les he hecho caso, me ha ido mejor que cuando las he ignorado. Y esos momentos quedan para ti y para mi, son nuestros secretos.

   Juntas hemos vivido dos accidentes. En ambos me han dado a mí. Afortunadamente he salido ilesa y el seguro se ha encargado de tus daños. 

   Lloré cuando te dejé en el desguace. No tenía opción. Tenías una avería que costaba mucho repararla y para una furgoneta de tantos años no merecía la pena. 

   Siempre decía que eras un camión. Porque te matricularon como vehículo mixto adaptable. Y no podía cambiarlo. Tenías las ruedas específicas más caras que las normales, no podía pasar de 90 km/h en autovía y las últimas itvs eran cada 6 meses. Sí, eras un gasto. Una amante cara que le oí una vez no recuerdo a quién. Pero eras mía, mi amante cara.

   No siempre te he conducido yo. Te he dejado para un par de mudanzas, para llevar al trabajo a dos amigos, he incluso te han puesto a lo máximo de velocidad que podías dar. A día de hoy, sigo sin saber exactamente cuanto fue. Tú también tienes secretos para mí.

   En Francia también hemos estado, que no me acordaba. Pero en esa ocasión no era yo quien llevaba el volante, sino uno de los que dije "que majico es este chico". Tú ya me entiendes. 

   Me gustaría acabar la entrada como intento hacerlo siempre, con un mensaje positivo. Pero en este caso no encuentro lo positivo a tener que mirar hacia el futuro sin una furgoneta que me ha dado tanto en el pasado. Supongo que forma parte de la vida. Aprender a despedirse para seguir conociendo amores nuevos. 

   Gracias por tu tiempo. ¿Y tú? ¿Recuerdas tu primer coche? Si es así te animo a contarme su historia en los comentarios. 

lunes, 27 de julio de 2026

ME PIDO UN RASCACIELOS

 Nueva entrada en la que comparo la vida con un edificio. 

   Trabajo en una oficina de un edificio con varias plantas. La mía es una de las inferiores, pero hay veces que tengo que subir a una de las superiores. Cuando lo hago, suelo bajar por las escaleras. La última vez que sucedió eso fue hace unos meses. Y una idea me pasó por la cabeza. Vi parecidos entre el edificio y la vida de una persona.

   Hay veces que, por desgracia, no llegamos a nacer. Aprovecho para mandar un beso a mi "castillo". Y en otras hay bebés que nacen y al poco tiempo se van. El edificio de esas personitas es muy pequeño. 

   En la gran mayoría de los casos, después de nacer, tenemos una vida por delante. Y como nos trae la cigüeña, nos deja en lo alto de nuestro edificio. ¿Cuántas plantas tiene? No lo sabemos. Pero deseamos que sean las más posibles. 

   Cada piso es un año. Y durante un año pasan muchas cosas, conocemos gente y otras personas salen de nuestra vida para no volver nunca. Hay personas que las veremos unos pisos más abajo y otras que nos acompañan pero en ese momento no somos conscientes de su presencia. Las vistas que tenemos son espectaculares. Generalmente los primeros años de vida están marcados por la inocencia y la felicidad. 

   Pero no sólo conocemos gente, sino que también empezamos en un trabajo nuevo, ampliamos la familia, nos compramos una casa... y cada una de esas cosas tiene su propia puerta, de las que hablaré un poco más adelante.

   Conforme vamos cumpliendo años, vamos bajando pisos. Y hay una edad en la que las plantas de arriba empiezan a pesar sobre nuestros hombros. Seamos sinceros, en mayor o menor medida todos llevamos una mochila. Podemos elegir llenarla de buenos o malos momentos. Aunque siempre hay alguna lágrima que se nos cuela aunque no queramos. 

   Cada piso tiene muchas puertas que dan acceso a otras tantas habitaciones. Amor, trabajo, amistad, familia... incluso hay algunas veces que tenemos la de enfermedades. También están las de aficiones, virtudes, defectos. Y hay una muy grande donde pone "sueños". Pueden faltar todas las anteriores. Pero pero esta última debe estar presente en cada uno de los pisos. Porque es lo que nos anima a seguir bajando las escaleras, es decir, cumpliendo años. Y cuando no está presente la puerta, la gente coge el ascensor y decide que ya ha vivido lo suficiente. 

   El edificio es maravilloso. Nunca sabes qué hay detrás de cada puerta ni en cada piso. Os pongo un ejemplo. En mi piso número 8, porque los pisos se empiezan a contar desde arriba. Como decía, en ese piso, en la puerta de la amistad, coincidí con dos buenas amigas. Seguí bajando escaleras y ellas quedaron atrás. Lo que no sabía es que, unos pisos más abajo, me iba a reencontrar con ellas. Fue una sorpresa inesperada. Ahora, detrás de mi puerta de la amistad no están pero igual se esconden más abajo.

   En cada planta nos espera una gran caja llamada "recuerdos". Que aunque normalmente no la abrimos, la tenemos más presente de lo que pensamos. Una canción que escuchamos en la radio de camino al trabajo y nos devuelve por unos minutos a la infancia. El olor de esa colonia que nos gustaba tanto cuando la llevaba nuestro primer amor. Un hombre que llama a su perro y nos recuerda a nuestra mascota o al de nuestra mejor amiga. Hay veces que la abrimos. Y es para recordar sensaciones que vivimos en momentos que fuimos felices. Quizás con la esperanza de volver a tener esos sentimientos o tal vez añorando a la persona que nos hizo sentirlos. Son visitas que hacemos a plantas superiores. Aunque no nos demos cuenta hay veces en las que no nos hacen bien. Porque los recuerdos están difuminados por la niebla del recuerdo. Además, ya lo decía Karina. "Cualquier tiempo pasado nos parece mejor ".

   Lo que se ve por las ventas cambia conforme pasan los días. Hay veces que sólo se hay nubes, rayos o un sol cegador. También hay días en los que no sabes ni lo que ves. Son esos días en los que tu mejor amiga te pregunta "¿cómo estás?" Y no sabes qué responder. Pero no es un cielo estático, cambia conforme van pasando las horas. Incluso puede haber un cielo despejado con un gran sol y rayos. Porque sí, hay días en los que lo sentimos todo a la vez.

   ¿Y qué hacemos cuando queremos saber lo que ocultan las plantas inferiores? ¿Tienes curiosidad por el futuro? Yo mucha. Me encantaría ver una foto de mí misma dentro de, por ejemplo, un año a esta misma hora. ¿Estaré escribiendo otra entrada en la misma habitación? ¿O mi vida será totalmente diferente? Si pudiera pedir, sólo una cosa, pediría que mi pequeño no tuviera fiebre. El resto no es que me de igual, pero como no voy a saber lo que pasará, tampoco le voy a dar vueltas. Pero hay gente que no se conforma y acude a videntes en busca de respuestas. ¿Esas personas serán capaces de ver lo que hay unas plantas más abajo? Yo sólo he ido de adolescente acompañando a alguna amiga. Y ni creo ni dejo de creer. Así que de momento seguiré con la duda. 

   Y poco a poco vamos llegando a las plantas inferiores. No me quiero extender mucho en esta parte porque el tema de la muerte me da bastante miedo. Sólo diré que me imagino el edificio como un gran viaje hacia la tumba. Aunque podemos darle la vuelta y empezar nuestros pisos desde abajo en un viaje al cielo. Sea como fuere, si puedo elegir, me pido un rascacielos.

   ¿Qué te ha parecido mi rayada de hoy? Te animo a compartir tu reflexión en comentarios. Gracias por tu tiempo.


sábado, 25 de julio de 2026

SILENCIO CON RUIDO

 

   Diana sale de trabajar. Esta semana le ha tocado turno de mañanas y es el que menos le gusta. Hasta hace dos meses el que menos le gustaba era el de tarde y el de noche pero ahora su vida ha dado un giro de 180 grados y le está costando adaptarse. Antes vivía con su novio y ahora con sus padres. Ha pasado de dormir en una cama de dos metros a no dormir en su cama de la infancia. Es una situación temporal y cuando llegue septiembre se alquilará un piso. 

   Sale del hospital donde trabaja y el calor de julio le da una bofetada. Son las tres de la tarde y el sol está en lo más alto iluminando y calentando todo a su paso. El ruido de los coches le hace daño en los oídos. Aunque el peor ruido es el que sólo ella oye. El de la soledad. Sus pensamientos van a toda velocidad y le recuerdan lo dura que es la vida. Intenta caminar con paso firme pero siente que las piernas no le responden y se sienta en un banco cercano que está a la sombra. 

   Recuerda los momentos vividos. La cara de su ex al decirle que ponía fin a la relación. Esa mirada fría que nunca había visto en él. "No quiero seguir contigo, vete de mi casa cuando puedas". Una frase. Una única frase con la que puso fin a dos años de relación. Una relación en la que ella fue feliz, mucho más que en todas las anteriores. Por más que insistió en que le diera un motivo no lo consiguió. No había motivos. Lloró, chilló, suplicó. Nada de eso consiguió que Roberto cambiara de idea ni le dijera nada más. Finalmente, recogió la poca dignidad que le quedaba y caminó hasta la habitación para empezar a recoger sus cosas. Un minuto después escuchó la puerta. 

   La sirena de una ambulancia le devuelve al presente. La gente pasa delante de ella ajena a su dolor. Se siente muy sola. La mayoría de sus amigos están fuera de la ciudad, así que no puede quedar con ellos. Sus padres se han ido al pueblo para disfrutar del frescor de las noches. No quiere volver a casa porque allí sólo hay silencio y cajas esperando la mudanza. Prefiere estar al aire libre porque sabe que no va a llorar habiendo gente que pueda verla. 

   Saca el móvil para mirar la hora y ve que tiene una llamada entrante.

  -¡Hola hermanita! ¿Qué tal estás?

   -Bien -contesta con un hilo de voz.

   -Ya. Claro. Estás en la calle, oigo ruido de fondo y por la hora debes estar en la puerta del trabajo. Vete a casa, nos vemos en un rato. 

   -¿Pero tú no tenias que estudiar?

   -En la vida hay prioridades y mi hermana pequeña siempre será una de ellas. Además, con la angustia que sientes no me puedo concentrar. Hasta ahora.

   Diana sonríe por primera vez desde hace dos meses. Su hermano gemelo siempre ha estado ahí en todo momento. Y desde que nacieron, ella 5 minutos después que él, han estado conectados. Han sabido que algo no iba bien antes de recibir la llamada con las malas noticias. 

   Está en la cama y no se puede dormir. Le duele la tripa de tanto reír. Daniel ha sido capaz de que, por unas horas, se olvide de su ex y de la soledad que se instaló en su corazón al salir del trabajo. Ha llegado a casa con comida mexicana, su favorita. Una lista de películas de humor a cual peor. Y han hablado durante horas de las trastadas que hacían de pequeños. Por último, antes de irse, le ha recordado lo mucho que la quiere y lo mucho que vale. 

   Cierra los ojos pensando en cómo quiere que sea su nueva casa. En la decoración, el color de las paredes y los trastos con los que va a llenar la cocina. Necesita iniciar una nueva etapa para dejar en el pasado el desamor. 

   Diana sale de trabajar. Esta semana le ha tocado turno de mañanas y es el que menos le gusta. Hoy no le va a dar opción a la tristeza a instalarse en su corazón. Camina decidida a un estudio de tatuajes en el que ha pedido cita en el descanso del trabajo. Quiere tatuarse la palabra "adelante". Es el título de una canción que le recordará que siempre su hermano le dará la mano. 

miércoles, 1 de julio de 2026

EL TIEMPO PASA...

 Entrada en la que hablo de un fin de semana en que se me cayeron un par de lágrimas. 

   Hay una cosa que no llevo bien del todo y es el paso del tiempo. Sobretodo, ver cómo mi pequeño se va haciendo más grande. Ayer era un bebé que no pesaba nada y hoy es un hombrecito que no puedo llevar en brazos. Y esas cosas las veo día a día, pero tuve un finde en el que se me juntaron dos detalles que me hicieron derramar un par de lágrimas. Si me conoces un poco sabes que no fueron dos, pero al escribirlo queda bonito.

   Todo empezó el viernes. Habían aceptado en el colegio al pequeño. Tocaba hacer la matrícula. Rellenar multitud de documentos. Para que dijera "adiós " a la guardería y "hola" al "cole de mayores". En el momento de darle a aceptar respiré hondo y fue cuando se cayó una lagrimilla. Mi pequeño se hace mayor por mucho que yo le diga que no crezca tan deprisa. Cambio de etapa. Empezamos una donde va a aprender mucho en compañía de sus compañeros y gracias a todos los adultos de los que va a estar rodeado. Veo tan grande el cole y tan pequeño a él que me da miedo. Pero es un miedo que me guardo para mí y para ti que estás leyendo esto. Porque a él lo que le voy a transmitir es justo lo contrario. Espero estar preparada para ayudarle a superar cada obstáculo de esta nueva etapa. 

   Por si no tuviera bastante con eso, ese mismo domingo tuve que decir "hasta luego" a sus clases de natación. Llevo desde que tenía 8 meses yendo con él a la piscina los domingos de invierno. Guardo recuerdos muy bonitos de cada una de sus profesoras y profesor. Con el último siento que es con el que más ha aprendido. Tal vez sea porque es más mayor. Pero pienso que también ha influido la forma de ser del adulto. Un hombre cariñoso y respetuoso, siempre con ejercicios nuevos adaptándose a cada peque. Con una sonrisa y amabilidad propia de una persona a la que le gusta su trabajo. Sé que no leerás esto, pero te deseo todo lo mejor. Y la reseña positiva, llegará. 

   Ese último día fue de juegos y no me habría salido del agua. Porque el año que viene, bueno, en el próximo curso, entrará solo a la piscina. No seré yo quien coja el churro sino su profesor o profesora. No seré yo quien se tenga que secar al salir, sino que le secaré a él mientras le pregunto qué tal se lo ha pasado. Y seguramente el primer día, recordaré la última vez que le secaba teniendo mi bañador empapado, en el que se me resbaló una lagrimilla. 

   Y hasta aquí, un fin de semana intenso. Bonito porque me gusta ver crecer a mi pequeño, pero a la vez triste porque se hace mayor demasiado pronto. 

   ¿Y tú? ¿Cómo llevas el paso del tiempo? Gracias por leerme.

lunes, 22 de junio de 2026

ES NORMAL, NO PASA NADA

 Entrada en la que comento situaciones normales en la más tierna infancia.


   Esto de la maternidad es duro. Y no me refiero a las noches sin dormir, los días sin dormir, el que una personita dependa 100% de ti y un largo etcétera... Me refiero a la frase del título. "Es normal". Y son normales situaciones que a mí personalmente, me cuesta entender. Pero todo esto empieza mucho antes. Cuando tomas la decisión de querer ser mamá.

   Es normal tardar meses en conseguirlo, es normal no tardar mucho. Como en todo en la vida... depende. De la edad, del estado de tu aparato reproductor y el de tu pareja, estrés, alimentación... todo influye. Y finalmente, lo consigues. Con o sin tratamiento, en un mes o en años, pero ya tienes tu positivo. ¿Y ahora? Todo es normal, no pasa nada. Te levantas y acuestas con náuseas. Tienes dolores de regla, molestias en los pechos, manía a la colonia de tu pareja, muchas ganas de comer un alimento u otro, ganas de llorar y de reír al mismo tiempo. Ningún síntoma. Todo es normal. Sientes acidez y le preguntas al médico si le puede hacer daño al bebé, tienes la tensión un poco más alta o más baja, te da ciatica. No pasa nada, todo es normal. Y te quedas aliviada y preocupada a partes iguales. ¿Seguro que no le pasará nada a mi bebé? No es que desconfiemos, simplemente es miedo a que le pase algo a esa personita que crece en nuestro interior.

   Y un buen día nace. Y nace después de una inducción y 4 días de parto, de una hora de contracciones o de cualquier situación intermedia. Todo es normal y puede pasar.

   Y ahora vamos con varias situaciones que me cuesta asumir, pero que son así. Una de ellas es que un bebé de lactancia materna exclusiva puede estar varios días sin hacer de vientre. Cuando digo días, me refiero a una semana o algo así. Tú vas con tu pequeño que lleva dos días sólo mojando el pañal de pis y te vuelves a casa con esa frase. "Es normal, no pasa nada". Pero no sientes alivio hasta que notas "ese olor" que macha pañal y todo lo que pilla a su paso.

   Es normal la fiebre durante 3 días. Si es "algún virus" se le irá por donde ha venido. Si necesita antibiótico es porque tiene alguna bacteria haciendo de las suyas. Recuerdo alguna de mis visitas a la pediatra en las que iba convencida que mi pequeño tenía algo. Pero tan feliz como sorprendida me iba a casa con el diagnóstico de "es normal" paracetamol, ibuprofeno y a ver la evolución.

   Y por último, esto lo descubrí el otro día. Se llama espasmos del sollozo. El pequeño, a consecuencia de un llanto intenso, susto o enfado importante, diferentes razones, deja de respirar. Puede estar varios segundos, concretamente de 30 a 60. Puede llegar a perder el conocimiento, ponerse pálido o morado. Le pasó a mi pequeño, lo cuento en la entrada anterior a esta. ¿Yo que pensé en ese momento? Se muere. Mi niño no respira. Pero ni se muere ni hace falta gritar asustada. Simplemente hay que ponerle en posición de seguridad y esperar a que se le pase. ¿Por qué? Porque es normal y no pasa nada. Si luego vuelve en sí y detectas que algo no va del todo bien, hay que acudir al médico. Pero si está tan normal, fin del drama. Y sí, lo sé, es normal. Pero el susto para mí se queda por muy normal que sea el dichoso espasmo.


   Y hasta aquí mi entrada de hoy. Gracias por tu tiempo. Seguro que se te ocurren muchas más situaciones que son normales, si te animas te invito a compartirlas en los comentarios. 

sábado, 20 de junio de 2026

DESPUÉS DEL SUSTO, LA REFLEXIÓN

 Entrada en la que relato un gran susto que me ha servido para aprender una valiosa lección. 


   Hoy la vida me ha puesto en mi sitio. De una manera dolorosa, apretando pero sin ahogar. Lo justo para sacar a la luz mis debilidades y obligarme con ello a hacerlas fortalezas. Lo que está en juego es algo muy grande, la vida.

   Hemos tenido una cena familiar. Buenas noticias médicas, notas con notables y sobresalientes y un terremoto que no para. Y ahí estaba yo, atenta a mi pequeño y a su pelota. Cada vez que se acercaba a una escalera, le vigilaba de cerca. Sé que las sube y las baja perfectamente, pero soy mamá y no lo puedo evitar. La vida me ha dicho que me olvide de las escaleras, que ahí no estaba el peligro. Pero en ese momento no he recibido el mensaje.

   El tío estaba jugando con sus sobrinos y dos pelotas. Un sobrino le ha agarrado la pierna, se ha tropezado y mi pequeño se ha dado un golpe contra el suelo. Corriendo el resto de adultos hemos ido a por él y a por el otro pequeño que también lloraba. Y entonces mi pequeño se ha quedado encanado. No arrancaba a llorar. Por un instante casi pierde el conocimiento. En ese momento me he puesto a chillar y me he sentado, dejando que los demás actuaran. Cuando ha empezado a respirar he vuelto a hacerlo yo también. Estaba un poco pálido pero con agua se le ha ido pasando y ha estado jugando un rato después del berrinche. Yo le miraraba sentada. Mis piernas no me permitían estar de pie. No ha vomitado ni perdido el conocimiento, todo ha quedado en un gran susto. Aprovechando las fiestas del barrio nos hemos montado en una atracción y hemos pescado patitos. Lo ha hecho muy bien, demostrando que estaba perfectamente y que tenía coordinación.

   Cuando hay algo que me hace llorar intento buscar la manera de evitarlo. Recapacito sobre la situación y busco la forma de no repetirla. En esta ocasión hay cosas que no puedo evitar. Hoy se ha tropezado una persona y mañana puedo ser yo o cualquiera que pase por la calle. Es un accidente. Es ese 10% que no podemos evitar.

   Decía antes que la vida me ha puesto en mi sitio, de una forma bastante dura. Y es porque me ha hecho darme cuenta que no estoy preparada para afrontar situaciones que se pueden dar cualquier día. Mi actitud es el 90% y tengo que cambiarla. A ver, sé que suena difícil que yo no chille cuando veo que mi hijo no respira. Mi hijo, una persona querida, un desconocido. Es una situación que asusta. Y puede que hacer algún curso de primeros auxilios no me ayude a mantener la calma. Pero me voy a poner con ello. Tengo la esperanza de que si me veo en esta situación de nuevo (deseo con todas mis fuerzas que no) saber reaccionar. Tenerlo tan interiorizado que sea capaz de conectar con ese conocimiento. Me da igual chillar, pero saber reaccionar. Aunque no sé si ambas cosas son compatibles.

   A toro pasado me ha llegado el recuerdo que en alguna clase de postparto nos comentaron que cuando se encanan hay que soplarles en la cara o darles una palmada fuerte delante de la nariz. En el momento de crisis no lo recordaba. Sólo chillaba, como si eso ayudara en algo. En fin. Hace ya años de esas clases que nos daba la matrona con nuestro bebé en brazos. Ya va siendo hora de recordar la teoría y tener presente cómo actuar ante una situación así. Que aunque puede que no lo vaya a poner en práctica con mi pequeño (es mi mayor deseo), tal vez pueda ayudar a una mamá asustada. Aunque ojalá que ese conocimiento nunca tenga que ponerlo en práctica.

   Escucho a mi pequeño dormir. Si ayer era feliz oyéndole, hoy lo soy aún más. Y mira que he llevado un día de esos en los que todo sale mal. Pero de nuevo la vida me ha dicho que lo más importante es la salud. Porque tener salud es tener vida.

   Para finalizar quiero dar las gracias. A mi pequeño por reaccionar, a las personas que han mantenido la calma que yo no he tenido. Ellas y ellos han sabido controlar la situación. Y no sé si al destino, a su ángel de la guarda o a la vida misma. Gracias por gritarme que necesito hacer un curso de primeros auxilios, por demostrarme que perder la calma no es lo que se debe hacer en situaciones así. Bueno ni en situaciones así ni en general en la vida. Gracias por demostrarme que yo no tengo la última palabra en lo que accidentes se refiere. Hoy he aprendido que si hubiera pasado algo grave no habría sido por culpa de nadie. Hay veces que pasan cosas y aunque veas cómo pasan no puedes hacer nada para evitar que pasen. Y de eso se trata. De quitarme esa pesada carga. Mi labor es seguir vigilando cuando sube o baja por una escalera, cuando se sube a un tobogán o cogiéndole la mano al cruzar una carretera. Pero aunque le digo muchas veces "mi vida". Yo tengo la mía y él tiene la suya.

   Gracias por leerme y si sabes de algún curso de primeros auxilios, estaré encantada de recibir la información. 

lunes, 25 de mayo de 2026

APRENDIENDO A DECIR "NO"



Entrada en la que hablo de algo que parece fácil pero no siempre lo es.


   Nos pasamos la vida aprendiendo. Idiomas, manejo de teléfono móvil, cocina... En cada etapa aprendemos una cosa. No siempre son visibles, hay veces que aprendemos cosas invisibles. Como por ejemplo, decir "no". Si has hecho una mueca al leer la última frase, choca esos cinco, tenemos mucho en común.

   He tenido unos años en los que siempre decía que sí. Estaba necesitada de cariño y tenía el listón bajo... muy bajo. Si, estoy hablando otra vez de amor. Aunque no siempre había amor y la mayoría de veces había sexo. La de veces que me he tirado a la piscina sin mirar si había agua. La de películas que me montaba yo sola después del primer beso. La de cenas que le dejé a deber a un buen amigo que me daba consejos como "no le digas que sí al primero que te guste". O las veces que habré oído frases como "adelante, sigue, ambas sabemos que te vas a estrellar. ¿Es lo que quieres? Pues venga" cuando en su mirada decía "sabes que voy a estar aquí cuando te hagas daño". Pero no me arrepiento de nada. Cada uno de los castillos en el aire eran míos y gracias a ellos soy quien soy.

   En otros momentos de mi vida he dicho muchas veces "sí" cuando tenía que haber gritado "NO". Pero no lo he hecho porque no sabía pronunciar esas letras. Tal vez era el miedo a lo que pudiera pasar lo que me llevara a decir lo contrario a lo que pensaba. Otras veces simplemente me dejaba llevar. No me planteaba que podía dar una respuesta diferente a la que daba. Y sí, también el amor hacía de las suyas y me nublaba la razón de tal manera que no era consciente de mi error. Porque decir "si" cuando quieres decir "no" te lleva a una situación incómoda. Pero bueno, te justificas porque al fin y al cabo has aceptado. Y cuando esa situación se repite con la misma persona entras en un círculo vicioso del que cuesta mucho salir. Esa persona te trata como tú le permites. Y cambiar eso cuesta mucho. 

   Decir "no" es marcar un límite. Y no siempre es fácil hacerlo. Sobretodo cuando nunca ha estado dicho límite. Yo soy la primera que si hago lo que me da la gana, el primer día que no puedo hacerlo, me mosqueo. Aunque yo no sería capaz de tratar a la gente como me han tratado a mí en algunas ocasiones. Y eso que he metido la pata como la que más. 

   No sé si lo habrás podido intuir, pero hoy es uno de esos días que escribo para mí. De alguna manera necesito reafirmarme en mi propósito de marcar límites y no dejar que las personas a las que nunca se los he puesto, los crucen. Ya no tengo miedo al futuro. Mentira tengo miedo. Pero la idea de dejar que las cosas sigan igual me da aún más miedo. Porque una de las cosas que pasan cuando dices tantas veces lo contrario a lo que piensas, es que te pierdes. Cada "sí " te aleja de tu esencia. Y cuando menos te lo esperas, tú no eres tú. Y eso no me lo puedo permitir. Porque el volver a ser yo cuesta mucho. 

   Bueno, por hoy doy por finalizada la entrada. Espero que te haya gustado. Si tienes alguna herramienta que me pueda ayudar a seguir diciendo "no" te animo a compartirla en comentarios. Gracias por tu tiempo.



viernes, 15 de mayo de 2026

SNOOPY

 



Entrada en la que dedico unas palabras a Snoopy, el guaperas de la foto. 


   Hace ya algunas semanas que te fuiste y desde el día que me enteré de tu partida he querido dedicarte unas letras. Sé que no lo vas a leer pero quiero dejar por escrito lo grande que fuiste a pesar de tu tamaño. 

   Llegaste a este mundo para ser feliz y dar felicidad. Aunque, en tus primeros meses de vida, no fuera así. Pero sí en los siguientes. En cuanto tu mirada y la de ella se cruzaron, supisteis que estabais hechos el uno para el otro. Fue un flechazo, pero no uno de esos que hoy os queréis y mañana no. Sino uno de verdad, de los que duran toda a la vida a pesar de las dificultades. Y no me sorprende, porque ambos tenéis un corazón que a mucha gente le gustaría.

   Recuerdo que cuando te conocí me caíste genial. Eras juguetón pero un ratito, luego ya ibas a tu aire. Eso sí, como tuviera en la mano algo de comida, sabía que no te ibas a separar de mi lado. Ella me contaba tus trastadas, la mayoría robos. Y tu alegría al verla cuando volvía a casa.

   Quiero darte las gracias de corazón. Has estado en su vida en todos esos momentos en los que necesitaba un abrazo. Diciéndole sin palabras que tal o cual persona no era de fiar. Lamiendo su cara cuando lloraba, sacándola de casa cuando no tenía ganas, acompañándola si la soledad llamaba a su puerta. La vida no le ha tratado todo lo bien que se merece y aunque yo no le he podido dar el apoyo que ha necesitado en algunos momentos, nunca ha estado sola y todo es gracias a tí. 

   Te voy a pedir un favor, aunque ya sé que estás en ello. Susúrrale al oído a quien elegir. Ayúdale a decidirse por un nuevo compañero de vida. Ya sabes que el hueco que tú dejas está intacto en su corazón, pero se merece darle cariño a alguien más. Poner en práctica todo lo aprendido contigo y cuidar a un ser de cuatro patas que le va a cuidar y querer a ella tanto como lo hiciste tú. 

   Poco más que añadir. Sólo decirte que cuando llegue mi hora, espero que tú seas, junto con Reina, el que venga a darme la bienvenida. 

jueves, 14 de mayo de 2026

UN DÍA PERFECTO








Entrada en la que hablo de un día muy especial. De esos que esperas repetir pronto. 

   Hay días en los que te levantas normal y te acuestas con las pilas cargadas y una gran sonrisa dibujando tu cara. Días que te gustaría repetir minuto por minuto. Esos días en los que agradeces al universo la gran suerte que tienes por estar rodeada de personas con una gran calidad humana.

   Muchas veces acudo a mi espacio personal a contar que la vida me ha golpeado. En esta ocasión me ha dado un abrazo regalándome un gran día perfecto y también quiero contarlo. Así que, si has llorado con alguna de mis letras, ahora vamos a sonreír.

   Estaba de vacaciones y a pesar de ello, sonó la alarma. Mi pequeño tenía que ir a la guardería para acabar una cosilla que tenía para mi. Así que le llevé para que trabajara y disfrutara con sus amigos. 

   Me fui a ver a una amiga. Tenía que aprovechar el tiempo para tener una de esas conversaciones que nunca acaban. Tras el abrazo inicial, nos fuimos a desayunar. Intenté recordar el tiempo que hacía desde la última vez que estuvimos solas y no fui capaz. 

   Hablamos del presente. Poniéndonos al día de las pequeñas cosas. Del pasado, recordando años de amistad y del futuro. Ese maravilloso tiempo que vamos a compartir juntas. Somos dos personas que nos adaptamos fácilmente. Estábamos sentadas y decidimos dar un paseo, llovió, nos pusimos a cubierto, salió el sol y nosotras como los caracoles a tomar un par de rayos. Da igual el sitio, lo importante era la compañía y teníamos la mejor. Ambas disfrutamos de no estar pendientes de nadie mas que de nosotras mismas. 

   Llegada la hora de comer fui a un restaurante. Esa sensación de poder hablar sin tener a un pequeño que atender fue totalmente nueva. Disfruté un montón. 

   Recoger a mi pequeño fue un momento súper bonito. Siempre sale corriendo y en esta ocasión tenía un regalo para mí por el día de la madre. Era una medalla preciosa que puedes ver al principio de esta entrada. 

   Pero el día y los buenos momentos no acababan. Nos fuimos a un centro comercial donde nos esperaban dos buenas amigas y el hijo de una de ellas. Poco caso nos hicimos y yo pude disfrutar de una tranquila charla, mientras él jugaba con el otro niño. Conocimos al nuevo integrante del grupo, que tiene nuestra aprobación. 

   Ya en el coche, de camino a casa, iba sonriendo. Hacía tiempo que no tenía un día tan bonito. Me vino genial ese día para recordar varias cosas. Que no estoy sola, que hay personas que me apoyan incondicionalmente y que soy muy afortunada. 

   Y tú, que estás leyendo esto, formas parte de mi fortuna. ¿Has tenido algún día tan bonito como el mío? Seguro que sí. Te animo a contarlo en comentarios. Gracias por tu valioso tiempo.

sábado, 10 de enero de 2026

SENTIR EN SILENCIO

 Entrada en la que reflexiono sobre las veces en las que callamos lo que sentimos.


   Hay veces que la vida te obliga a sentir en silencio. Y no solo hablo de amor, mi tema favorito, sino otros muchos sentimientos. Dolor, enfado, tristeza... Otras veces te ves obligado a callar enfermedades o injusticias.


   El silencio, aunque en ocasiones necesario, puede ayudar o destruir con la misma intensidad. Incluso ambas cosas dependiendo del momento. En otras ocasiones el silencio grita lo que callan las palabras. Y los sentimientos se hacen más fuertes e intensos. Empiezan siendo pequeños hasta que llega el momento que son tan grandes que no caben en el corazón. Y en ese momento salen de dentro y no siempre de la mejor manera. Un grito, horas llorando e incluso una enfermedad pueden ser consecuencia de sentimientos callados durante mucho tiempo.


   ¿Por qué la vida hay veces que nos obliga a callar sentimientos? Por otros sentimientos como el miedo. Yo creo que es el más común. No te digo que te quiero por miedo a que me rechaces, no te digo que estoy triste por miedo a tu indiferencia, no denuncio una injusticia por miedo a que tenga consecuencias negativas hacia mi persona. Y así multitud de veces. El no querer molestar o dar pena son otros motivos por los que nos callamos cosas. No te quiero decir que estoy ingresado porque vas a volver de tu viaje, no te quiero contar mi situación actual porque te vas a compadecer de mí y no necesito eso.


   Los muros nos vienen bien para eso de no expresar las emociones. Mostramos la cara que queremos que vea la gente. Sonreímos a nuestros hijos al dejarles llorando en la guardería porque queremos transmitirles felicidad. Aunque al darnos la vuelta lágrimas de dolor y rabia resbalen por nuestras mejillas. Con los hijos fingimos mucho. Decimos en el trabajo "Buenos días" y "feliz lunes" a pesar de haber pasado un fin de semana peleando con la pareja. No queremos tener que contar que las ojeras que se esconden tras el maquillaje se deben a toda la noche sin dormir.


   Acumular siempre es malo. Acumular sonrisas sin tener con quien compartirlas hace que tengamos sentimientos de soledad y abandono. Acumular tristezas nos puede llevar a una depresión. Acumular besos puede hacer que cuando queramos darlos ya sea tarde para la otra persona. Acumular palabras y pensamientos no expresados nos puede llevar a redactar entradas de blog como esta. Aunque esto último no lo considero algo negativo. 


   ¿Es bueno mantener las emociones en silencio o no? Yo creo que en esto, como en la mayoría de las cosas, lo mejor es el equilibrio. Ni gritarle a la señora que te ha dado sin querer con el paraguas en el tranvía ni decirle a tu mejor amiga que estás bien cuando llevas una semana llorando todas las noches. Pero es tan difícil encontrar el equilibrio, que hay veces que optamos por lo fácil. Guardar silencio y tal vez expresar sin palabras la emoción que invade nuestro corazón. Porque de esa manera sólo las personas que nos quieren bien, pueden intuir que algo pasa.


   ¿Y yo? ¿En qué punto estoy? En modo "propósitos de año nuevo". Uno de ellos es participar en concursos literarios. Pero eso es el tejado de la casa. Así que he decidido empezar por los cimientos, por mi blog. Por este espacio íntimo y personal en el que me puedo expresar con total libertad, escribiendo entre líneas, dejando que los pensamientos me lleven al destino. Todo eso es práctica a la hora de meterme en harina con los personajes, porque yo les digo cómo empieza la historia y ellos me cuentan el resto.


   Y en cuanto a lo de la vida que hay veces que nos obliga a sentir en silencio... Estoy buscando el equilibrio. Lidiando con las emociones, intentando expresarlas cuando considero que va a servir para algo. Guardando en un cajón esas lágrimas que salen solas al dejar a mi bebé llorando en la guardería, conteniendo el impulso de llevármelo al trabajo. Siendo aries, lo de controlar el impulso no es nada fácil. Y el lunes sonreiré al llegar al trabajo y diré "Buenos días" mientras en mi mente sonará "de buenos nada, que mañana tengo dentista y estoy muerta de miedo". 


   Me pasaría horas escribiendo sobre el tema, pero quiero dejar la entrada de blog terminada. Te doy las gracias por los minutos que has dedicado al leer mis letras y te animo a dejar un comentario si te apetece. No obstante, antes de despedirme, una pregunta ¿cuál es la última emoción que te has callado?.