sábado, 25 de julio de 2026

SILENCIO CON RUIDO

 

   Diana sale de trabajar. Esta semana le ha tocado turno de mañanas y es el que menos le gusta. Hasta hace dos meses el que menos le gustaba era el de tarde y el de noche pero ahora su vida ha dado un giro de 180 grados y le está costando adaptarse. Antes vivía con su novio y ahora con sus padres. Ha pasado de dormir en una cama de dos metros a no dormir en su cama de la infancia. Es una situación temporal y cuando llegue septiembre se alquilará un piso. 

   Sale del hospital donde trabaja y el calor de julio le da una bofetada. Son las tres de la tarde y el sol está en lo más alto iluminando y calentando todo a su paso. El ruido de los coches le hace daño en los oídos. Aunque el peor ruido es el que sólo ella oye. El de la soledad. Sus pensamientos van a toda velocidad y le recuerdan lo dura que es la vida. Intenta caminar con paso firme pero siente que las piernas no le responden y se sienta en un banco cercano que está a la sombra. 

   Recuerda los momentos vividos. La cara de su ex al decirle que ponía fin a la relación. Esa mirada fría que nunca había visto en él. "No quiero seguir contigo, vete de mi casa cuando puedas". Una frase. Una única frase con la que puso fin a dos años de la relación. Una relación en la que ella fue feliz, mucho más que en todas las anteriores. Por más que insistió en que le diera un motivo no lo consiguió. No había motivos. Lloró, chilló, suplicó. Nada de eso consiguió que Roberto cambiara de idea ni le dijera nada más. Finalmente, recogió la poca dignidad que le quedaba y caminó hasta la habitación para empezar a recoger sus cosas. Un minuto después escuchó la puerta. 

   La sirena de una ambulancia le devuelve al presente. La gente pasa delante de ella agena a su dolor. Se siente muy sola. La mayoría de sus amigos están fuera de la ciudad, así que no puede quedar con ellos. Sus padres se han ido al pueblo para disfrutar del frescor de las noches. No quiere volver a casa porque allí sólo hay silencio y cajas esperando la mudanza. Prefiere estar al aire libre porque sabe que no va a llorar habiendo gente que pueda verla. 

   Saca el móvil para mirar la hora y ve que tiene una llamada entrante.

  -¡Hola hermanita! ¿Qué tal estás?

   -Bien -contesta con un hilo de voz.

   -Ya. Claro. Estás en la calle, oigo ruido de fondo y por la hora debes estar en la puerta del trabajo. Vete a casa, nos vemos en un rato. 

   -¿Pero tú no tenias que estudiar?

   -En la vida hay prioridades y mi hermana pequeña siempre será una de ellas. Además, con la angustia que sientes no me puedo concentrar. Hasta ahora.

   Diana sonríe por primera vez desde hace dos meses. Su hermano gemelo siempre ha estado ahí en todo momento. Y desde que nacieron, ella 5 minutos después que él, han estado conectados. Han sabido que algo no iba bien antes de recibir la llamada con las malas noticias. 

   Está en la cama y no se puede dormir. Le duele la tripa de tanto reír. Daniel ha sido capaz de que, por unas horas, se olvide de su ex y de la soledad que se instaló en su corazón al salir del trabajo. Ha llegado a casa con comida mexicana, su favorita. Una lista de películas de humor a cual peor. Y han hablado durante horas de las trastadas que hacían de pequeños. Por último, antes de irse, le ha recordado lo mucho que la quiere y lo mucho que vale. 

   Cierra los ojos pensando en cómo quiere que sea su nueva casa. En la decoración, el color de las paredes y los trastos con los que va a llenar la cocina. Necesita iniciar una nueva etapa para dejar en el pasado el desamor. 

   Diana sale de trabajar. Esta semana le ha tocado turno de mañanas y es el que menos le gusta. Hoy no le va a dar opción a la tristeza a instalarse en su corazón. Camina decidida a un estudio de tatuajes en el que ha pedido cita en el descanso del trabajo. Quiere tatuarse la palabra "adelante". Es el título de una canción que le recordará que siempre su hermano le dará la mano. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario