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domingo, 9 de enero de 2022

EL OLOR

 Entrada en la que hablo de un olor inolvidable. 


   No es un olor cualquiera.  Es ése olor. Un aroma agradable pero que me hace añorar los días en los que perdí el sentido del olfato.

Como he dicho, es un aroma agradable, no el típico de estos sitios. Pero tiene la capacidad de hacerme llorar. Me transmite ese doloroso sentimiento de quiero y no puedo. Me traslada a un mundo de palabras que habría deseado no conocer su significado. Me recuerda que debo tener paciencia y que da igual el grado de dolor que sienta, debo ocultarlo. Guardarlo para mí. Dejar fluir las lágrimas cuando la noche y la soledad física sean mis cómplices. Tengo que ser fuerte y no dejarme llevar por la rabia y la impotencia que siento cada vez que mis fosas nasales detectan ese olor.

   Soy consciente de la cicatriz que ese aroma está haciendo en mi alma. Sé que lo recordaré siempre y por muchos años que pasen, cada vez que lo note, me sentiré transportada a este lugar. Un lugar muy cercano al que fuera mi hogar durante unos años, que también fueron duros. Igual que son duros estos momentos.

   Ya han pasado unos días desde que dejé de visitar ese lugar. Y la felicidad lucha contra la resaca de la tristeza. La batalla no está acabada, pero ya se conoce el nombre del combatiente más fuerte. En cuanto al olor, lo noté una última vez. Pero en esa ocasión no fue el sabor salado el que inundó mis papilas gustativas. No hubo lucha contra las lágrimas, tan sólo una tímida sonrisa, una sensación de "por fin". La esperanza me susurraba al oído que a partir del día siguiente, podría dejar atrás el recuerdo del breve paseo en compañía de un aroma que habría preferido no conocer nunca.

   Supongo que mucha gente se ha sentido identificada con esta entrada. Y sin entrar en detalles, me refería al olor del hospital. A aislamiento, amor incondicional, preocupación por la salud de un ser querido y finalmente ver cómo la lucha de esta persona ha tenido sus frutos. He querido hablar de ese breve recorrido en compañía de ese olor a desinfectante que impregnaba cada pared, suelo y puerta por la que pasaba. Subía en el ascensor, dejaba la bolsa en recepción de la planta y hacía el camino a la inversa. Estaba tan cerca y la vez tan lejos de poder dar un abrazo a esa persona que lo necesitaba tanto como yo. Pero en ese momento no se podía. La enfermedad de moda tenía la culpa de que no me pudiera acercar más.

   Afortunadamente todo eso ya ha quedado atrás y el último día pude dar el ansiado abrazo. Por eso ese olor dejó de ser tan amargo para ser un poquito más dulce. Al día siguiente las visitas al hospital finalizaron y la recuperación sigue en casa. Lejos de ese olor que me ha enseñado tantas cosas. Ese olor que de manera indirecta me ha acercado y alejado de personas. Ese olor que me ha susurrado al oído lo que mis amigas me dicen, que soy fuerte.

   Gracias por leer esta entrada, por invertir unos minutos de tu tiempo en pasear tus ojos sobre las letras. Y muchas gracias a todas esas personas que me han tendido su mano y me han ayudado a superar unos días que poco tienen que envidiar a los peores días de mi vida. Y muchísimo ánimo si tienes la mala suerte de que la enfermedad te visite a ti o a un ser querido. En la gran mayoría de los casos se supera y esa esperanza hay que mantenerla con vida, siempre.





lunes, 17 de junio de 2019

FINDE COMPLETO



Entrada en la que hablo del bonito finde que he pasado. 

   Este fin de semana ha sido completo. A pesar de trabajar el sábado, he tenido la sensación de haber disfrutado mucho. Y al fin y al cabo, eso es lo que nos queda, los momentos vividos. Porque son situaciones que hacen sonreír y te ayudan a cargar las pilas de optimismo.

   Empezó el viernes por la tarde. Subí a hacer una visita y conocí a una persona que fue capaz de emocionarme en tan sólo dos minutos. En una entrada sobre la montaña, la de "La ruta de las emociones", hablaba de empatía. Bueno, pues en esta ocasión fue similar. La mujer expresó en voz alta mi mayor deseo. Dos personas, bueno, en realidad tres, que quieren lo mismo. Se podría cumplir ¿verdad?. Dejaremos en manos del tiempo la decisión de que se cumpla o no el deseo. Tiempo... palabra a la que tengo una especie de amor y odio a la vez. Pero eso da para otra entrada de blog. Después del breve encuentro, un paseo. Dejé volar mi imaginación, hice alguna foto y disfruté de la buena compañía.

   El sábado, me tocó trabajar. Después de hablar con muchos clientes, reencuentro con un chaval que hacía meses que no veía. Vino con su hija que no conocía. También se animaron otro chico de un grupo raro donde estoy y mi hijo mayor. Dimos un paseo por los puestos del mercado medieval y disfrutamos de una patata asada. También controlamos a unas personas que no iban con intención de disfrutar de los tenderetes, sino más bien, de intentar llevarse a casa algo que no era suyo. Después del paseo, compramos unas "medidas de Nuestra Señora del Pilar". Mi niño se las quiere regalar a familiares que seguramente no sabrán el significado. Me pareció muy bonito. A mí me regalaron una y yo regalé otra. Son detalles que te hacen sonreír y darte cuenta de que te relacionas con personas que merecen la pena.

   Tras el paseo, me puse guapa. Eso me dijeron, y fui a una cena. Era la celebración de dos cumpleaños. Éramos varios y no conocía a más de la mitad. Normalmente, soy tímida cuando estoy con gente que no conozco, pero en esta ocasión me sentí una más. Entre todos los comensales hicieron que me sintiera una más del grupo. Es de agradecer. Tanto por el detalle físico, como por el resto que tuvieron hacia mí. No es fácil sentirte una más con personas que acabas de conocer. Pero en este caso, nos unen varias cosas. El cariño hacia la persona que tenemos al lado y las ganas de pasarlo bien, son dos de ellas. Justo antes de coger el coche, un abrazo que se une a los detalles de los que hablaba antes.

   Coger un coche ajeno nunca me ha gustado. Conducir de noche, me gusta poco. Y meterne por la autovía, de noche, con un coche nuevo, ya es la pera. Pues ahí estaba yo. De pelea con las largas porque no sabía dejarlas fijas. Afortunadamente, una servidora, además de guapa iba de valiente y controlé en todo momento la situación. Ya en el destino, la necesidad de escribir me llevó a coger el block de notas del móvil para sacar fuera los sentimientos que no me dejaban dormir. Gracias a eso, después de escribir, conseguí dormir con una sonrisa.

   El domingo fue un día intenso a nivel emocional. Empecé la mañana con una despedida. ¿Sabéis esas situaciones en las que tienes que ser fuerte, pero por dentro estás triste? Pues ahí estaba yo. Con mi mejor sonrisa y un montón de palabras de ánimo. A la vez, me sentía triste. No obstante, sonreía porque todos los viajes son positivos y sé que este también lo será. Bueno, vale, en realidad no lo sé. Pero me gusta pensar que sí.

   El picnic de después, me ayudó a desconectar. Y es que hay gente, que sin saberlo, te ayuda. Patatas fritas, ensalada, olivas... No nos faltó de nada. Conocí a una mujer y a su hijo y también se vinieron otro componente del grupo y mis pequeños. Con la tripa llena, fuimos a ver la torre del agua. Nunca había estado dentro y me gustó el sitio. Después de eso, jugamos a las cartas. A la visita se había unido más gente y más personas se animaron a echar una partida de rabino a la sombra de una palmera. También hubo campeonato de bádminton. No quise jugar para no ganarles... Vale, lo reconozco, no tenía ninguna gana de moverme. Preferí devorar patatas fritas.

   El broche de oro fue la cena con una de mis mejores amigas. Una de esas personas que sabe que no estás bien con tan sólo un WhatsApp. Nos pusimos al día de nuestros respectivos findes y tras la cena, tocó llegar a mi hogar dulce hogar.


   Está genial eso de conocer gente con la que puedes hacer cosas. Lo mismo ir al monte, que a la piscina o a jugar a las cartas. Es algo así como la pandilla del pueblo pero con personas adultas. Me gusta esa sensación. Y aunque el grupo no lleva mucho tiempo, espero que dure muchos años. La gente que voy conociendo merece la pena. No todo el mundo me cae igual de bien, pero de cada persona siempre se puede sacar algo bueno. Me siento bien. Y aunque mi felicidad podría ser aún mayor, no tengo ningún motivo para quejarme del súper fin de semana que he tenido. Mil gracias a todas y cada una de las personas que han formado parte de él.
  
   ¿Y tu finde qué tal ha ido? Si nos lo quieres contar te animo a hacerlo en comentarios. ¡Gracias por leerme!

lunes, 1 de abril de 2019

DOMINGO COMPLETO


Entrada en la que hablo de un gran domingo  

   

   Salir de la zona de confort siempre es una buena idea. Y cuando sales para hacer cosas con las personas que más quieres y más gente, el éxito está casi asegurado. Y en mi caso ha sido así. Me lo he pasado genial, estoy súper contenta y por eso le estoy echando un pulso al sueño, para contarlo y dormir unas pocas horas con una sonrisa bien grande.

   El día amanecía nublado. Yo contaba con mucho sol pero Don Lorenzo tenía otros planes. Con el cambio de hora parecía que era más pronto de lo que el reloj decía. Tras salir de casa más tarde de lo que tenía previsto, recogemos a una amiga. Una vez en La Alfranca, damos una vuelta de reconocimiento por el lugar. Unos minutos mas tarde llega nuestro primer compañero de aventuras en compañía de una niña encantadora.

   Después de visitar la exposición, juegan a un partido de voley con una improvisada red a base de vallas de obra. La pequeña y yo nos pasamos una pelota. Justo a tiempo para ver una protección en 3 dimensiones y un vídeo de Ordesa, llega nuestro segundo compi. Su nombre es igual que el del otro chico, así que nosotras lo tenemos fácil.

   Salimos de ver los vídeos con hambre. Tras una comida variada, unos ensalada, otros hamburguesa, empanada y bocadillo, llega la hora de degustar el postre cuya foto he puesto al principio de la entrada. Gracias a nuestro compi por traerla. Estaba deliciosa.

   Con la tripa llena, jugamos a la Oca. Tres equipos, mis peques por un lado, mi amiga y el chico de la ensaimada por el otro y yo con el padre y la hija. Digan lo que digan, hemos ganado nosotros, el equipo rojo. Disfrutamos de las vistas en la última casilla del juego y caminamos hacia un observatorio de aves. Tomo buena nota del sitio. Me parece un buen lugar para perderse cuando el agobio hace acto de presencia.

   La lluvia quiso estar presente en este día tan bonito y nos obliga a meternos en el bar de La Alfranca. Jugamos un rato a las cartas y nos despedimos de nuestra pequeña aventurera y de su padre. Gracias a los dos por venir. Volveré a proponer esta salida y espero contar con vuestra presencia. Sólo espero que hayáis disfrutado tanto como yo del lugar y la compañía.

   La partida de cartas sigue hasta que nos echan del bar. Si, lo reconozco, soy una cierra bares, pero diré en mi defensa que eran las ocho de la tarde. Les propongo ir a cenar en plan barato y una vez en el centro comercial, la cena se convierte en cena y cine. Mi pequeño y yo a una peli de humor con un toque romántico y los otros tres a una de suspense que me habría dado miedo.

   Acabadas ambas películas y con la tripa llena, nos despedimos. Hasta luego, chico de la ensaimada. Gracias por el postre y por tu presencia. Les has caído genial a los peques y a una servidora. También contaremos contigo para la próxima vez que proponga la quedada.

   Con mi amiga ya en casa, toca aparcar. Gracias por venir, un placer coincidir de nuevo contigo. Seguro que en la próxima nos vemos, o mañana mismo jeje. La aventura de aparcar finaliza cuando dejo el coche en un lugar del que lo voy a tener que quitar antes de las siete de la mañana. Haré el esfuerzo de madrugar para moverlo. Ya teníamos todos ganas de llegar a casa. Gracias a mis grandes aventureros por acompañarme en otra de mis propuestas. Cada día os quiero más.

   Ha sido un día muy completo. Desde aquí mando una caricia a esa perrilla que está pachuca y a la que le habría gustado venir. También quiero agradecer a las personas que han tenido intención de venir pero no han podido. Y de nuevo, mil gracias a los que habéis acudido hoy a La Alfranca. Sois culpables de la sonrisa que asoma a mis labios.

   Me voy a dormir, que ya va siendo hora. Tú, que estás leyendo esto, si me admites un consejo, sal siempre que puedas de tu zona de confort. No siempre encontrarás cosas agradables, pero cuando sean buenas, serán muy buenas. Gracias por tu tiempo.

sábado, 21 de julio de 2018

PIRINEOS SUR, FESTIVAL DE COLORES


Entrada en la que hablo sobre las sensaciones al vivir durante unos días en tienda de campaña . 
  

    
   Hace muchos años que no iba de acampada. Algo así como unos 20. Fue con los scouts. El sitio era precioso, un pueblo llamado Plan. De aquella experiencia recuerdo muchas cosas. Las canciones, el monitor y su mujer, un baile con el chico guapo del campamento cuya sonrisa no he olvidado... Y cómo no, la despedida. Fueron dos semanas compartiendo experiencias con personas de diferentes edades. En esos días aprendí una lección que aún hoy recuerdo y es que en gran medida, depende de nosotros reír o llorar.


      Los años han pasado y hace unos días he vuelto a dormir dentro de un saco. Muchas sensaciones me invaden al recordar el cielo estrellado por la noche o el frío que me asaltaba en mitad de un sueño profundo. El paisaje, el calor, el frio, el aire puro... Difícil describir con simples palabras algo tan grande.


      En esta ocasión, Sallent de Gallego fue el escenario de mi aventura. ¿La excusa? Un festival de música, Pirineos Sur. ¿La compañía? mis pequeños, un buen anfitrión y una chica que no conocía. ¿Sensaciones? A cual más positiva.


      Me resulta difícil dejar de lado la parte emocional, quien me conoce o si ha leído el blog, estará de acuerdo con ello. Pero voy a hacer un esfuerzo para relatar la experiencia.


      Eso de levantarte por la mañana, con la vejiga a punto de estallar y ver los baños en la otra punta del camping... Cómodo no es. Las cosas como son. Aprovechas para cogerte el gel y el champú y darte una ducha con agua caliente si tienes suerte. Ese esfuerzo de abandonar la tienda con tus mejores galas, osea, en pijama, es sobrehumano. De camino vas mirando cada tienda deseando no encontrarte con nadie porque tienes miedo de asustarle.


      Cuando la vejiga está vacía y no hay rastro de legañas te sientes mejor. Si has tenido la suerte de disfrutar del agua caliente sales de las duchas con una sonrisa de oreja a oreja. Y entonces lo ves. Bueno, lo vi. Vi el paisaje en el que me encontraba. Allá donde mirara había montañas. Una gran mancha verde cubría todo lo que mi vista podía alcanzar. Diferentes tonalidades para un color que nunca dejará de sorprenderme. Sin ser consciente de ello, una sonrisa acude a mis labios sin ser llamada. Esto es vida. Con ese paisaje de color naturaleza es imposible que el más mínimo problema pueda hacerse hueco. La rutina y todos los retos diarios están lejos, muy lejos. Siento como cargo las pilas. Noto que soy parte de esa belleza. No se me ocurre recompensa mejor para el gran esfuerzo de salir de la tienda.


      Buscar un enchufe en un bar, localizar un baño minimamente limpio, comer algo que sea más económico que caro, encontrar un sitio donde echar la siesta... Son pequeños retos del día a día cuando tu casa es un trozo de tela con una cremallera. De alguna manera empiezas a valorar lo que realmente es importante. Para mí lo más importante son las personas. Sentir que tengo mi sitio, que ese lugar tan bonito me abraza igual que lo hacen mis hijos o compañeros de aventura.


      Llegados a este punto y por si no se ha notado, tengo que reconocer que estoy enamorada. Enamorada del paisaje, de las sensaciones de líbertad al escuchar el silencio o el canto de los pájaros, de un cielo lleno de estrellas acompañado de una luna en cuarto creciente, de un lago que me enseña desde otro punto de vista la montaña, de un bonito pueblo del pirineo. En definitiva, enamorada de esa sensación de conexión conmigo y con los míos y desconexión con el resto del mundo. En esta semana he aprendido que lo importante no es un enchufe o un baño limpio, sino la paz interior. Esa sensación de no necesitar nada más, de plenitud.


      Quiero repetir la experiencia. Sola o acompañada. En Sallent o en cualquier otro sitio donde pueda disfrutar de las montañas. En verano o en invierno. Hasta ahora sólo había salido de excursión por el monte, madrugando mucho el domingo y vuelta a la realidad por la noche con las pilas cargadas y el cuerpo agotado. Pero el camping es dar un paso más, es sentirme parte de la belleza que captan mis pupilas. Tengo pendiente observar el cielo plagado de estrellas. En esta ocasión estaba demasiado cansada para poder apreciarlo. Quiero tumbarme y dejarme llevar por la belleza de un cielo oscuro cubierto por puntitos de luz. Esa será la mejor manera de caer dormida hasta que el sol se alíe con los pajaritos y me despierten.


      Doy por finalizada esta entrada. Gracias por estar ahí y espero haber sido capaz de transmitirte un poco de belleza.
  

domingo, 23 de abril de 2017

GRACIAS POR UN SAN JORGE ESPECIAL

   Hoy quiero contaros cómo he pasado el día. Ha sido una jornada estupenda, maravillosa, genial. Tengo dos grandes amigas, que ellas ya saben quiénes son, y hoy querían celebrar mi cumpleaños. Me conocen bien y me han llevado a un sitio precioso... y lleno de gente. Gracias a la festividad de San Jorge, estaba allí todo el pueblo. Bueno, en realidad estaban porque han convocado a todos los ciudadanos para la celebración, pero nos hemos quedado sin mesa. Un improvisado plan b nos ha llevado a un parque precioso y cerca de la ciudad.

   Son geniales mis chicas y nos han preparado la comida a los pequeños y a una servidora. Macarrones con jamón serrano, ensalada, carne, tortillas de patata, patatas fritas... el menú no podía ser más completo. Después de comer, con refrescos y pan incluídos, me han tapado los ojos. Ya os podéis imaginar todo lo que he oído. Desde "oyeeee que esa es mi chaqueta" una bonita chaqueta de rallas de colores, hasta notar agua en la cabeza, cortesía de mi hijo mayor. Me han bajado de la mesa de ping-pong donde estaba sentada y me han hecho rodearla. Cuando se han decido a quitarme la bonita chaqueta he visto una tarta preciosa. Tras cantar el cumpleaños feliz y soplar las velas dos veces porque se me ha olvidado pedir un deseo, la he cortado en un montón de trozos que he repartido.

   Un mini paseo por el desconocido y bonito parque y hemos cogido los coches para tomar un café en un sitio donde pudiéramos sentarnos en una mesa y en unas sillas. En el parque al que hemos ido a tomar algo las sillas eran dos palets y la mesa un trozo de tabla sobre dos neumáticos de alegres colores.

    Después del café, me he quedado con una de mis chicas disfrutando del sol hasta que ha llegado la hora de ir para casa.

   Gracias a los cuatro, y a los todos los pequeños y pequeñas por una gran fiesta de cumpleaños. Gracias por el regalo. Gracias por vuestra compañía y por animarme a superar mi miedo con la autovía. Sois personas maravillosas y yo soy muy afortunada por teneros en mi vida.

   Parece una tontería, pero el obligarme a salir de casa un domingo y llevarme a un bonito parque, me carga las pilas un montón. Hoy me he venido a casa con la sensación de que tengo que vivir a tope el presente. Quiero disfrutar al máximo de cada minuto que la vida quiera regalarme.  Y es lo que voy a hacer, miraré al presente a los ojos y le diré que desde ya, voy a ser todo lo feliz que sea capaz de ser.

martes, 11 de septiembre de 2012

MI VERANO

Tras varios meses de silencio ya va siendo hora de saludar a la gente que lee estas letras y publicar una nueva entrada. En el tintero tengo muchas ideas que espero ir desarrollando conforme la rutina llegue a hacerse dueña de mi vida. El motivo por el cual he estado tanto tiempo sin escribir ha sido la falta del mismo. Entre vacaciones y trabajo no he podido sentarme para dar rienda suelta a la imaginación. He pensado mucho en ti, querido blog, y he hechado de menos contarte todo aquello que pasa y ha pasado por mente y corazón. Hoy es el día elegido y lo primero que haré será un resumen de una parte de lo que he vivido y sentido.
Al pensar en el verano el primer sentimiento es la añoranza. Sé que entre nosotros hay algún papá y/o mamá separado. Seréis los que mejor entendáis ese sentimiento de tristeza que se apodera del corazón cuando la casa permanece en silencio demasiados días seguidos. He llorado al tener a los reyes de la casa fuera de ella. Sabía que estaban bien, pero me faltaba un beso, un abrazo y hasta una mirada pícara cuando el mayor me va a tocar con las manos heladas o la mirada de enfado del pequeño cuando le digo que espere su turno para hablar. Sabía que estaban bien y que es positivo para todos que estemos ese tiempo separados, pero la tristeza es un sentimiento que está ahí aunque quieras que se vaya. Para combatirla hice un viaje relámpago y pude darle nada mas y nada menos que seis tirones de orejas al pequeño de la casa. Gracias a eso el mes no ha sido tan largo.
Otro sentimiento que me he viene al recuerdo es la incertidumbre en el trabajo. La cosa está delicada y hasta que llegue octubre no encontraré la estabilidad y la rutina que anhelo.
Hay otros sentamientos como impotencia y resignación que también ha hecho mella, pero prefiero no entrar ahí, no es algo positivo.
Lo muy positivo ha sido la paz, el silencio y el compañerismo que he sentido al salir de excursión. Allí, rodeada de árboles y agua, solo era yo y  nadie mas. Las voces de los compañeros de fatigas sonaban lejanas y el ruido ensordecedor del agua me impedía no pensar en algo que no fuera lo que estaba viendo en ese momento. Andar por el agua, tocarla con las manos, notar la humedad donde la espalda pierde su casto nombre... Son sensaciones que me cargan las pilas, son momentos que necesito vivir para continuar por el camino de la vida. El camino con sus subidas y bajadas, con sus piedras y sus tramos lisos, con unas palabras de "no puedo" aquí y otras de "si puedes" allá. Y al llegar al destino la sensación de que ha merecido la pena el no rendirse cuando las fuerzas empezaban a irse. No estoy acostumbrada a hacer senderismo y al principio, hasta que el cuerpo se habitúa  me cuesta un poco dar paso tras paso. El camino de vuelta es mas llevadero, la mochila pesa menos... y el corazón también. A la orilla del río dejo las tristezas, las añoranzas y demás sentimientos y pensamientos negativos. La corriente se los lleva y entonces hay hueco para llenarlo con la belleza del paisaje y el rumor del agua aquí y el silencio mas absoluto allá. Tengo ganas de volver a andar, de verme rodeada del verde de los árboles, el marrón de la tierra y el azul del cielo. Me apetece mucho hablar con la gente de ese entorno, siento que tengo mucho que aprender y las personas con las que hablo me lo pueden enseñar. Si a todo esto le añadimos la presencia de las personitas mas importantes de mi vida, ya no necesito nada mas. Tendré que probar esa experiencia y hacer una excursión con ellos, despertarles el gusanillo por el senderismo y el amor a la naturaleza.
Volviendo a los sentimientos de este verano, mi corazón también ha tenido su ración de quiero y no puedo. He vuelto a vivir el principio del fin de una historia que pudo ser y no fue. En esta ocasión estoy muy contenta porque siento que no he perdido el tiempo sino que lo he invertido en lo que, espero, sea una sincera y duradera amistad.
He empezado la entrada diciendo "hola" a cada persona que lee esto. Ahora toca la despedida. Pero antes de ello... ¿qué tal vuestro verano? ¿Qué habéis sentido? Gracias por estar ahí y hasta la próxima.

jueves, 15 de marzo de 2012

ME OLVIDÉ

En los últimos meses he hecho dos excursiones. Muy diferentes entre sí, pero con un denominador común... bueno dos. Gente desconocida y hermoso paisaje. La primera fue a los Mallos de Riglos. Iba sin mis chicos y con tres mujeres y un hombre que conocí ese mismo día. El camino hasta el pueblo donde iniciamos la caminata fue ameno. Algunos se con conocían entre sí y una de las chicas y yo no conocíamos a nadie. Cuando vi la montaña que tenía que subir no sabía si iba a ser capaz de hacerlo. Nunca había andando montaña arriba excepto una vez... y de eso hace más de 12 años. Cada uno llevaba su ritmo a la hora de subir y se iban turnando para no dejarme sola al final de la fila. Me costó pero llegué... y mereció la pena. El paisaje era precioso, un río cruzaba entre las dos grandes rocas y me sentía como uno de esos grandes buitres que volaban libres. En aquél momento, y escuchando el silencio, me olvidé de todo. Yo era una persona muy pequeña frente a la grandeza que mis ojos veían. Yo no tenía trabajo, ni casa, ni preocupaciones. Me olvidé de todo ello. En ese momento tan sólo existía el paisaje. Cerré los ojos y noté el frescor en las mejillas los abrí y me sentí libre. Respiraba aire puro sin contaminación ni acústica ni olorífica. Tras unos minutos de relax, comenzó la bajada. Después de una animada comida cogimos almendras y volvimos a casa. En el coche la conversación fue animada y cuando bajé del coche volví a recordar todo. Recordé mi trabajo, que tenía que ir a buscar a los pequeños al día siguiente era lunes... y recordé cuando olvidé todo ello.
La otra excursión fue muy diferente. A la nieve y con niños. En esta ocasión iba con dos chicas y un chico junto con dos niñas y un niño. Risas, disfrutar de la nieve, notar el calor del sol en la cara... y de nuevo... el olvido. Subimos una pequeña ladera y en la cima me sentí todo poderosa. Estaba rodeada de un bonito paisaje nevado. En ese momento, que olvidé todo. De nuevo no tenía trabajo ni problemas, tan sólo existían el paisaje y las personas con las que había ido hasta allí. Respiré hondo, llenando mis pulmones de aire limpio, igual que la nieve que pisaba. Y fue en ese momento cuando lo oí, escuché con total claridad el silencio. El día abanzaba y los coches se fueron. Los pequeños descubrieron un iglú y los mayores estábamos en el aparcamiento. Cuando iba acia el coche, después de sorprenderme con el iglú, volví a escucharlo. Se lo dije a mi acompañante. Le comenté que lo que mas me gustaba era que no se oía nada. Su repuesta fue que no se había dado cuenta y me dio la razón. Es lo que mas me gusta de las excursiones, lo que se escucha si sabes escucharlo, ya que el silencio es un ruido que no todo el mundo sabe percibir.
Tengo ganas de volver a no tener trabajo, ni casa, ni problemas. Tengo ganas de volver a olvidar. Quiero volver a hacer alguna excursión para admirar el paisaje, sentirme libre, respirar aire puro, cerrar los ojos y notar el aire limpio en las mejillas. Supongo que esa es la mejor manera de encontrarme conmigo misma, porque después de una caminata no busco el móvil, ni el mando de la tele, ni enciendo el ordenador. Tan sólo busco naturaleza, colores verdes, azules, ocres, para luego cerrar los ojos y almacenarlos en mi mente. Tal vez de esta manera, cuando el extress del día a día me invada pueda cerrar los ojos y volver a recordar qué fue lo que me hizo olvidar.

lunes, 12 de marzo de 2012

DOMINGO, UN DÍA INOLVIDABLE

Con un beso de buenas noches doy por finalizado este bonito domingo. El sonido rítmico de la lavadora me recuerda las aventuras vividas. El madrugón, el paseo por la ciudad buscando como llegar a los números pares de una calle... Todo empezó el día en el que decidí apuntarme a una excursión. Era en domingo y los peques iban a pasar el día conmigo. Consulté con los reyes de la casa la posibilidad de ir a la nieve y su respuesta no pudo ser mas efusiva. No había duda, todos queríamos ir a la nieve. La idea de conocer mas mamás y otros peques me atraía mucho, a pesar de que mi lado tímido insistía en que no iba a hablar mucho. Decidí no hacerle caso y confirmé mi asistencia. Tan sólo conocía a una de las personas apuntadas. El día en el que me la presentaron tuve una impresión muy positiva. Persona alegre, extrovertida... Si iba ella no me lo podía pasar mal. Los días avanzaban con gran lentitud y parecía que el domingo no quería hacer acto de presencia. Finalmente, y a las siete de la mañana, una alarma en el móvil me dice que ya es hora de hacer un viaje para pasar frío, echar unas risas y dejar atrás algún que otro miedo... La ilusión con la que se han despertado los peques era contagiosa y he salido de casa con una sonrisa y muchas ganas de conocer a la gente que había apuntada. Era la encargada de ir a buscar a una de las chicas y a su peque. Con el gps del móvil supuse que no tendría problema por encontrar la calle, lo que no contaba era con el mensaje de "Conexión perdida", que venía a decir "¿Sabes llegar a tu destino desde esta calle que no conoces? Pues te las apañas porque el satélite de turno se ha perdido y no tiene ni idea de donde te has metido" Confié en mi intuición, porque sentido de la orientación no tengo, y llegué a la calle señalada. Tan sólo había un pequeño detalle, estaba en los números impares y tenía que ir a los pares. Lo que parecía una tarea sencilla acabó con una llamada pidiendo a mi compañera de viaje que se cambiara de acera porque no sabía como llegar a los números pares de su calle. Ya con dos ocupantes mas en el vehículo ibamos de camino al punto de encuentro. Afortunadamente había pasado en varias ocasiones por esa carretera y no tuve problema para llegar a la gasolinera. Una vez allí, saludé a la chica que me presentaron meses antes en un bar de copas y al otro integrante de la excursión, un papá que se había atrevido a venir con tres mamás. Ya en el coche, y de camino a Francia, me enfrenté a unos de mis miedos. La carretera. Eso de poner el coche a 120 km/h me da un poco de respeto, no estoy acostumbrada a ello pero sabía que podía hacerlo, como así ha sido. Rato después una parada técnica para el pis de rigor, unas galletas, un café y las primeras fotos. Tras comprar el pan, volvemos a la carretera. Las frases de "¿falta mucho?" y "no se ve nieve" llegan al poco de reanudar la marcha. Casi sin darnos cuenta mi hijo mayor me mira con ojos suplicantes. ¿Puedo tocar la nieve?. Hace tan sólo un minuto que hemos aparcado el coche y se muere de ganas por tocarla. Ya con las manos frías accede de buena gana a ponerse los pantalones prestados. Vestidos todos con nuestras mejores galas caminamos hacia una cuesta donde nos lanzamos con el trineo que trae el conductor del coche al que he seguido durante el trayecto. Yo sólo me he tirado tres veces. Una sóla y otra con cada uno de mis dos pequeños. Como experiencia, bien, pero si tengo que elegir entre ir a 120 km/h con el vehículo o a 5 km/h con el plástico rojo... Me quedo con la seguridad del volante. Risas, culetazos, árboles que miran a los intrépidos "trineteros" con miedo... La diversión está asegurada.Entre todos hacemos un original muñeco de nieve con nariz de zanahoria y bufanda. Mas fotos y guerra de bolas de nieve. Mi hijo mayor se alía con el papá y entre los dos consiguen que la nieve me entre hasta... Bueno, ya me entendeis. A una de las pequeñas se le ocurre la idea de subir hasta una casa situada en lo alto de una pendiente blanca. Con mas o menos entusiasmo por parte del resto del grupo accedemos a subir hasta allí. Mas culetazos, bolas de nieve volando y mi hijo pequeño, que es de Zaragoza capital, llevando el pesado trineo montaña arriba. Aprovecho el ascenso para recordar los integrantes de la aventura. Una mamá que conozco, que va con su pequeña. La mamá a la que le pedí que se cambiara de acera y su pequeño. El papá atrevido con su niña y una servidora con dos chicos. Dos niñas y tres niños frente a tres adultos... nos ganan por mayoría. Tras subir con mayor o menor dificultad la cuesta, llegamos a la parte de arriba. Aquí el grupo se divide. Yo me quedo con una mamá disfrutando del sol mientras vemos la frontera con España, a tiempo que el resto se va a seguir escalando otra montaña mas alta. Minutos después dos abrigos rojos nos saludan desde lo alto de la citada montaña. Han llegado hasta allí una mamá y mi hijo pequeño. Les admiro, yo no habría podido. Nunca me ha había planteado la dificultad que supone andar por la nieve, sobretodo cuando te hundes sin previo aviso. Reunido ya el grupo el hambre hace acto de presencia. Acercamos los coches y las risas continúan. He de confensar que soy torpe y en varias ocasiones estoy a punto de acabar bajo el coche. Estaba aparcado de culo justo después de una pequeña cuesta nevada. Yo intentaba sentarme en la nieve para disfrutar del bocata de pavo y chorizo. Sentarme era mas o menos fácil pero cuando me despistaba la nieve se convertía en hielo y yo resbalaba acia los bajos del coche. Está mal que yo lo diga, pero siempre he dicho que mi hijo mayor es como yo, y lo ha demostrado metíendose debajo del coche. Literalmente. Afortunadamente no había ningún cable suelto y el papá se ha quedado mas tranquilo tras la involuntaria comprobación del pequeño. No nos hemos privado de nada. Toda clase de embutido, pan de pueblo, chucherías, huesitos, hasta resfresco bien fresquito. Con la tripa llena, nueva guerra de bolas. Un rato de sobre mesa, bueno, sobre nieve mientras los pequeños disfrutan y se ponen o no deacuerdo en el uso del trineo. Mas fotos y una de las pequeñas viene a por comida. Estábamos las mamás hablando y viene a por cuatro sugus y botellas de agua. Nos pide ayuda y cuando me acerco medio patinando, dice que hay un iglú. Efectivamente, han construído un iglú en el que cabe una persona adulta de pie. Rato después el reloj nos indica que es hora de volver a casa. Ya no queda ningún coche en el parking y las caras de cansancio de grandes y pequeños son evidentes. Nos ponemos ropa "normal" y tras una parada técnica llegamos a casa. Este ha sido mi día de hoy.

REENCUENTRO

Hoy la foto del perro que cada día saluda es de uno con nieve en el morro y bajo sus patas. La verdad es que no puede ser mas acertada en este bonito día. Me he ido de excursión a la nieve con los chicos y me he divertido y reído como hace mucho que no lo hacía. Pero no quiero hablar de ello, quiero escribir sobre un reencuentro. Hace unos meses, por casualidad, descubrí un blog. Las letras me engancharon y leí varias entradas. Recuerdo que sentí. El autor conseguía transmitir su idea, emocionar. Pasó el tiempo y me olvidé del blog, no lo seguí. De hecho si alguien me hubiera preguntado de quien era no habría sabido que responder. Recordaba la imagen de portada pero no el autor. Es curioso como puedes recordar un sentimiento pero no a la persona que te hace sentirlo. Hoy, de nuevo por casualidad, me he reencontrado con esas letras. Había publicada una nueva entrada y me ha dejado impresionada. Si tengo ocasión daré la enhorabuena en persona al autor de esas letras que me han conseguido emocionar. He sentido que yo iba en ese coche, escenario de la entrada, escuchando esa música y llegando a la gasolinera... Quiero escribir así, quiero llegar al punto de emocionar con tan sólo unas frases, quiero ser capaz de transmitir esa sinceridad, quiero que el lector sea el que viva la historia que cuento. Hoy estoy feliz. El viaje a la nieve de la entrada que va después de esta, me ha sentado mejor de lo que esperaba. He cargado las pilas, he oído el silencio, he visto un bonito paisaje blanco y al llegar a casa me reencuentro con unas letras cuaya existencia había olvidado. No se puede pedir más para este bonito domingo.

jueves, 28 de octubre de 2010

RETO

Hay ocasiones en la vida en las cuales debemos decidir. Sí o no. En el momento que respondes afirmativamente, adquieres un compromiso del que sabes no puedes escapar. Yo he adquirido uno hace tan sólo unos minutos. La idea nació de una amiga y hoy, gracias a tí, he tomado la decisión de llevarla a cabo. Tengo miedo... y mucho. Sé que no va a ser fácil, pero no estoy sola en esto y ello es de agradecer. El proyecto es algo positivo y realmente creo en él. No estoy del todo convencida de poder hacerlo bien. Doña Inseguridad me acompaña en el viaje. Pero no pasa nada. Cuando menos se lo espere le indicaré que ya ha finalizado su trayecto, agradeceré su compañía y abandonará el tren. Sólo tengo clara la meta. No sé por donde empezar y mucho menos como continuar. Debo ser paciente. Todo llegará. El día que inicie el viaje, será todo mas sencillo. Cuando haya finalizado el proyecto hablaré de él. De momento sólo somos dos personas las que conocemos de que se trata y quiero que siga siendo así. Bueno, por hoy me despido. Igual que hace unos meses, me voy a dar un baño relajante. Confío en tener mas suerte esta vez y que mis señores vecinos tenga piedad de una pobre chica como yo.

lunes, 4 de octubre de 2010

NO TIENE TITULO

Esta mañana he conseguido que mis pequeños se despierten con una sonrisa. Es duro madrugar un lunes lluvioso. Pero los besitos y las palabras bonitas han hecho efecto. Me siento feliz por ello. Hacer sonreir a un ser que mide poco mas de un metro... es maravilloso, hacer sonreir a dos... aún mejor. Retengo en mi mente esas caritas, y volveré al archivo cada vez que los nubarrones de un día lluvioso me impidan ver el sol.

sábado, 28 de agosto de 2010

EUROS, PESETAS, REALES...

- Mamá, ¿por qué no me compras un helado?
- Porque no tengo un duro.
- ¿Qué es un duro?

Conversación real mantenida esta misma tarde. Me ha hecho sentirme mayor el hablar de las pesetas. He recordado cuando mi padre contaba que con una peseta compraba no se cuantas cosas y con un real otras tantas. El tiempo pasa y todos nos hacemos mayores, y mis chicos son del euro. En una hucha guardé una moneda de cada para que cuando tuviera hijos poder enseñárselas. El día que la encuentre, la romperé, ya que es de las que no tiene agujero, y les enseñaré con las monedas con las que compraba chicles, caramelos y hasta paga el autobús. Qué tiempos aquéllos, en los que mi padre me enseñaba el billete de una peseta...

lunes, 31 de mayo de 2010

UNA PREGUNTA


Esto sucedió hace unos años, cuando mi peque mayor y yo íbamos en el bus, de camino al colegio. Era por la mañana y me miró muy serio. "¿Mamá, dónde duerme el sol?". No preguntéis por qué pero me encantó. No supe que contestarle, a las 8 de la mañana explicarle a un pequeño de 3 años el universo me pareció algo bastante difícil.

domingo, 11 de abril de 2010

UNA ANÉCDOTA

Breve anécdota que me hace volver a la niñez gracias al carbón.



  Amanece un nuevo día. Los pequeños madrugadores se cansan de ver dibujos y aprovechando que hace calor decidimos dar un paseo. 

   Caminamos una hora hacia una pastelería que está cerrada. Contrariados y ya con hambre decidimos coger un pollo asado para comer.

   La pollería es pequeña y la cola llega hasta la calle, así que mientras Kike compra el pollo, los chicos y yo esperamos pacientemente en un portal cercano. A nuestros pies hay una trampilla. De esas que se usaban hace años para meter el carbón. Intento explicarle a mi chico mayor qué es el carbón. Por su cara deduzco que mis explicaciones no han tenido mucho éxito. 

   La imagen del carbón me hace recordar el día en el que fui al colegio con tres carboneros. Mi padre era portero de una comunidad y una de sus labores era encender la calefacción del ya citado mineral. Aquélla fría mañana pidió a los trabajadores que me llevaran al colegio. Yo les miré, analizando quién estaba más sucio de los tres. Decidí mentalmente no sentarme a su lado. El que iba más limpio se sentó frente al volante y yo en medio de los otros dos.

   He querido compartir con vosotros esta anécdota que espero os haya gustado.