lunes, 27 de julio de 2026

ME PIDO UN RASCACIELOS

 Nueva entrada en la que comparo la vida con un edificio. 

   Trabajo en una oficina de un edificio con varias plantas. La mía es una de las inferiores, pero hay veces que tengo que subir a una de las superiores. Cuando lo hago, suelo bajar por las escaleras. La última vez que sucedió eso fue hace unos meses. Y una idea me pasó por la cabeza. Vi parecidos entre el edificio y la vida de una persona.

   Hay veces que, por desgracia, no llegamos a nacer. Aprovecho para mandar un beso a mi "castillo". Y en otras hay bebés que nacen y al poco tiempo se van. El edificio de esas personitas es muy pequeño. 

   En la gran mayoría de los casos, después de nacer, tenemos una vida por delante. Y como nos trae la cigüeña, nos deja en lo alto de nuestro edificio. ¿Cuántas plantas tiene? No lo sabemos. Pero deseamos que sean las más posibles. 

   Cada piso es un año. Y durante un año pasan muchas cosas, conocemos gente y otras personas salen de nuestra vida para no volver nunca. Hay personas que las veremos unos pisos más abajo y otras que nos acompañan pero en ese momento no somos conscientes de su presencia. Las vistas que tenemos son espectaculares. Generalmente los primeros años de vida están marcados por la inocencia y la felicidad. 

   Pero no sólo conocemos gente, sino que también empezamos en un trabajo nuevo, ampliamos la familia, nos compramos una casa... y cada una de esas cosas tiene su propia puerta, de las que hablaré un poco más adelante.

   Conforme vamos cumpliendo años, vamos bajando pisos. Y hay una edad en la que las plantas de arriba empiezan a pesar sobre nuestros hombros. Seamos sinceros, en mayor o menor medida todos llevamos una mochila. Podemos elegir llenarla de buenos o malos momentos. Aunque siempre hay alguna lágrima que se nos cuela aunque no queramos. 

   Cada piso tiene muchas puertas que dan acceso a otras tantas habitaciones. Amor, trabajo, amistad, familia... incluso hay algunas veces que tenemos la de enfermedades. También están las de aficiones, virtudes, defectos. Y hay una muy grande donde pone "sueños". Pueden faltar todas las anteriores. Pero pero esta última debe estar presente en cada uno de los pisos. Porque es lo que nos anima a seguir bajando las escaleras, es decir, cumpliendo años. Y cuando no está presente la puerta, la gente coge el ascensor y decide que ya ha vivido lo suficiente. 

   El edificio es maravilloso. Nunca sabes qué hay detrás de cada puerta ni en cada piso. Os pongo un ejemplo. En mi piso número 8, porque los pisos se empiezan a contar desde arriba. Como decía, en ese piso, en la puerta de la amistad, coincidí con dos buenas amigas. Seguí bajando escaleras y ellas quedaron atrás. Lo que no sabía es que, unos pisos más abajo, me iba a reencontrar con ellas. Fue una sorpresa inesperada. Ahora, detrás de mi puerta de la amistad no están pero igual se esconden más abajo.

   En cada planta nos espera una gran caja llamada "recuerdos". Que aunque normalmente no la abrimos, la tenemos más presente de lo que pensamos. Una canción que escuchamos en la radio de camino al trabajo y nos devuelve por unos minutos a la infancia. El olor de esa colonia que nos gustaba tanto cuando la llevaba nuestro primer amor. Un hombre que llama a su perro y nos recuerda a nuestra mascota o al de nuestra mejor amiga. Hay veces que la abrimos. Y es para recordar sensaciones que vivimos en momentos que fuimos felices. Quizás con la esperanza de volver a tener esos sentimientos o tal vez añorando a la persona que nos hizo sentirlos. Son visitas que hacemos a plantas superiores. Aunque no nos demos cuenta hay veces en las que no nos hacen bien. Porque los recuerdos están difuminados por la niebla del recuerdo. Además, ya lo decía Karina. "Cualquier tiempo pasado nos parece mejor ".

   Lo que se ve por las ventas cambia conforme pasan los días. Hay veces que sólo se hay nubes, rayos o un sol cegador. También hay días en los que no sabes ni lo que ves. Son esos días en los que tu mejor amiga te pregunta "¿cómo estás?" Y no sabes qué responder. Pero no es un cielo estático, cambia conforme van pasando las horas. Incluso puede haber un cielo despejado con un gran sol y rayos. Porque sí, hay días en los que lo sentimos todo a la vez.

   ¿Y qué hacemos cuando queremos saber lo que ocultan las plantas inferiores? ¿Tienes curiosidad por el futuro? Yo mucha. Me encantaría ver una foto de mí misma dentro de, por ejemplo, un año a esta misma hora. ¿Estaré escribiendo otra entrada en la misma habitación? ¿O mi vida será totalmente diferente? Si pudiera pedir, sólo una cosa, pediría que mi pequeño no tuviera fiebre. El resto no es que me de igual, pero como no voy a saber lo que pasará, tampoco le voy a dar vueltas. Pero hay gente que no se conforma y acude a videntes en busca de respuestas. ¿Esas personas serán capaces de ver lo que hay unas plantas más abajo? Yo sólo he ido de adolescente acompañando a alguna amiga. Y ni creo ni dejo de creer. Así que de momento seguiré con la duda. 

   Y poco a poco vamos llegando a las plantas inferiores. No me quiero extender mucho en esta parte porque el tema de la muerte me da bastante miedo. Sólo diré que me imagino el edificio como un gran viaje hacia la tumba. Aunque podemos darle la vuelta y empezar nuestros pisos desde abajo en un viaje al cielo. Sea como fuere, si puedo elegir, me pido un rascacielos.

   ¿Qué te ha parecido mi rayada de hoy? Te animo a compartir tu reflexión en comentarios. Gracias por tu tiempo.


sábado, 25 de julio de 2026

SILENCIO CON RUIDO

 

   Diana sale de trabajar. Esta semana le ha tocado turno de mañanas y es el que menos le gusta. Hasta hace dos meses el que menos le gustaba era el de tarde y el de noche pero ahora su vida ha dado un giro de 180 grados y le está costando adaptarse. Antes vivía con su novio y ahora con sus padres. Ha pasado de dormir en una cama de dos metros a no dormir en su cama de la infancia. Es una situación temporal y cuando llegue septiembre se alquilará un piso. 

   Sale del hospital donde trabaja y el calor de julio le da una bofetada. Son las tres de la tarde y el sol está en lo más alto iluminando y calentando todo a su paso. El ruido de los coches le hace daño en los oídos. Aunque el peor ruido es el que sólo ella oye. El de la soledad. Sus pensamientos van a toda velocidad y le recuerdan lo dura que es la vida. Intenta caminar con paso firme pero siente que las piernas no le responden y se sienta en un banco cercano que está a la sombra. 

   Recuerda los momentos vividos. La cara de su ex al decirle que ponía fin a la relación. Esa mirada fría que nunca había visto en él. "No quiero seguir contigo, vete de mi casa cuando puedas". Una frase. Una única frase con la que puso fin a dos años de la relación. Una relación en la que ella fue feliz, mucho más que en todas las anteriores. Por más que insistió en que le diera un motivo no lo consiguió. No había motivos. Lloró, chilló, suplicó. Nada de eso consiguió que Roberto cambiara de idea ni le dijera nada más. Finalmente, recogió la poca dignidad que le quedaba y caminó hasta la habitación para empezar a recoger sus cosas. Un minuto después escuchó la puerta. 

   La sirena de una ambulancia le devuelve al presente. La gente pasa delante de ella agena a su dolor. Se siente muy sola. La mayoría de sus amigos están fuera de la ciudad, así que no puede quedar con ellos. Sus padres se han ido al pueblo para disfrutar del frescor de las noches. No quiere volver a casa porque allí sólo hay silencio y cajas esperando la mudanza. Prefiere estar al aire libre porque sabe que no va a llorar habiendo gente que pueda verla. 

   Saca el móvil para mirar la hora y ve que tiene una llamada entrante.

  -¡Hola hermanita! ¿Qué tal estás?

   -Bien -contesta con un hilo de voz.

   -Ya. Claro. Estás en la calle, oigo ruido de fondo y por la hora debes estar en la puerta del trabajo. Vete a casa, nos vemos en un rato. 

   -¿Pero tú no tenias que estudiar?

   -En la vida hay prioridades y mi hermana pequeña siempre será una de ellas. Además, con la angustia que sientes no me puedo concentrar. Hasta ahora.

   Diana sonríe por primera vez desde hace dos meses. Su hermano gemelo siempre ha estado ahí en todo momento. Y desde que nacieron, ella 5 minutos después que él, han estado conectados. Han sabido que algo no iba bien antes de recibir la llamada con las malas noticias. 

   Está en la cama y no se puede dormir. Le duele la tripa de tanto reír. Daniel ha sido capaz de que, por unas horas, se olvide de su ex y de la soledad que se instaló en su corazón al salir del trabajo. Ha llegado a casa con comida mexicana, su favorita. Una lista de películas de humor a cual peor. Y han hablado durante horas de las trastadas que hacían de pequeños. Por último, antes de irse, le ha recordado lo mucho que la quiere y lo mucho que vale. 

   Cierra los ojos pensando en cómo quiere que sea su nueva casa. En la decoración, el color de las paredes y los trastos con los que va a llenar la cocina. Necesita iniciar una nueva etapa para dejar en el pasado el desamor. 

   Diana sale de trabajar. Esta semana le ha tocado turno de mañanas y es el que menos le gusta. Hoy no le va a dar opción a la tristeza a instalarse en su corazón. Camina decidida a un estudio de tatuajes en el que ha pedido cita en el descanso del trabajo. Quiere tatuarse la palabra "adelante". Es el título de una canción que le recordará que siempre su hermano le dará la mano. 

miércoles, 1 de julio de 2026

EL TIEMPO PASA...

 Entrada en la que hablo de un fin de semana en que se me cayeron un par de lágrimas. 

   Hay una cosa que no llevo bien del todo y es el paso del tiempo. Sobretodo, ver cómo mi pequeño se va haciendo más grande. Ayer era un bebé que no pesaba nada y hoy es un hombrecito que no puedo llevar en brazos. Y esas cosas las veo día a día, pero tuve un finde en el que se me juntaron dos detalles que me hicieron derramar un par de lágrimas. Si me conoces un poco sabes que no fueron dos, pero al escribirlo queda bonito.

   Todo empezó el viernes. Habían aceptado en el colegio al pequeño. Tocaba hacer la matrícula. Rellenar multitud de documentos. Para que dijera "adiós " a la guardería y "hola" al "cole de mayores". En el momento de darle a aceptar respiré hondo y fue cuando se cayó una lagrimilla. Mi pequeño se hace mayor por mucho que yo le diga que no crezca tan deprisa. Cambio de etapa. Empezamos una donde va a aprender mucho en compañía de sus compañeros y gracias a todos los adultos de los que va a estar rodeado. Veo tan grande el cole y tan pequeño a él que me da miedo. Pero es un miedo que me guardo para mí y para ti que estás leyendo esto. Porque a él lo que le voy a transmitir es justo lo contrario. Espero estar preparada para ayudarle a superar cada obstáculo de esta nueva etapa. 

   Por si no tuviera bastante con eso, ese mismo domingo tuve que decir "hasta luego" a sus clases de natación. Llevo desde que tenía 8 meses yendo con él a la piscina los domingos de invierno. Guardo recuerdos muy bonitos de cada una de sus profesoras y profesor. Con el último siento que es con el que más ha aprendido. Tal vez sea porque es más mayor. Pero pienso que también ha influido la forma de ser del adulto. Un hombre cariñoso y respetuoso, siempre con ejercicios nuevos adaptándose a cada peque. Con una sonrisa y amabilidad propia de una persona a la que le gusta su trabajo. Sé que no leerás esto, pero te deseo todo lo mejor. Y la reseña positiva, llegará. 

   Ese último día fue de juegos y no me habría salido del agua. Porque el año que viene, bueno, en el próximo curso, entrará solo a la piscina. No seré yo quien coja el churro sino su profesor o profesora. No seré yo quien se tenga que secar al salir, sino que le secaré a él mientras le pregunto qué tal se lo ha pasado. Y seguramente el primer día, recordaré la última vez que le secaba teniendo mi bañador empapado, en el que se me resbaló una lagrimilla. 

   Y hasta aquí, un fin de semana intenso. Bonito porque me gusta ver crecer a mi pequeño, pero a la vez triste porque se hace mayor demasiado pronto. 

   ¿Y tú? ¿Cómo llevas el paso del tiempo? Gracias por leerme.