Entrada en la que hablo de un fin de semana en que se me cayeron un par de lágrimas.
Hay una cosa que no llevo bien del todo y es el paso del tiempo. Sobretodo, ver cómo mi pequeño se va haciendo más grande. Ayer era un bebé que no pesaba nada y hoy es un hombrecito que no puedo llevar en brazos. Y esas cosas las veo día a día, pero tuve un finde en el que se me juntaron dos detalles que me hicieron derramar un par de lágrimas. Si me conoces un poco sabes que no fueron dos, pero al escribirlo queda bonito.
Todo empezó el viernes. Habían aceptado en el colegio al pequeño. Tocaba hacer la matrícula. Rellenar multitud de documentos. Para que dijera "adiós " a la guardería y "hola" al "cole de mayores". En el momento de darle a aceptar respiré hondo y fue cuando se cayó una lagrimilla. Mi pequeño se hace mayor por mucho que yo le diga que no crezca tan deprisa. Cambio de etapa. Empezamos una donde va a aprender mucho en compañía de sus compañeros y gracias a todos los adultos de los que va a estar rodeado. Veo tan grande el cole y tan pequeño a él que me da miedo. Pero es un miedo que me guardo para mí y para ti que estás leyendo esto. Porque a él lo que le voy a transmitir es justo lo contrario. Espero estar preparada para ayudarle a superar cada obstáculo de esta nueva etapa.
Por si no tuviera bastante con eso, ese mismo domingo tuve que decir "hasta luego" a sus clases de natación. Llevo desde que tenía 8 meses yendo con él a la piscina los domingos de invierno. Guardo recuerdos muy bonitos de cada una de sus profesoras y profesor. Con el último siento que es con el que más ha aprendido. Tal vez sea porque es más mayor. Pero pienso que también ha influido la forma de ser del adulto. Un hombre cariñoso y respetuoso, siempre con ejercicios nuevos adaptándose a cada peque. Con una sonrisa y amabilidad propia de una persona a la que le gusta su trabajo. Sé que no leerás esto, pero te deseo todo lo mejor. Y la reseña positiva, llegará.
Ese último día fue de juegos y no me habría salido del agua. Porque el año que viene, bueno, en el próximo curso, entrará solo a la piscina. No seré yo quien coja el churro sino su profesor o profesora. No seré yo quien se tenga que secar al salir, sino que le secaré a él mientras le pregunto qué tal se lo ha pasado. Y seguramente el primer día, recordaré la última vez que le secaba teniendo mi bañador empapado, en el que se me resbaló una lagrimilla.
Y hasta aquí, un fin de semana intenso. Bonito porque me gusta ver crecer a mi pequeño, pero a la vez triste porque se hace mayor demasiado pronto.
¿Y tú? ¿Cómo llevas el paso del tiempo? Grleérmelo or leerme.