Entrada en la que hablo sobre el valor y precio de las cosas.
Por ejemplo, ahora ¿dónde estás? ¡Vaya! Te he pillado en el baño. No pasa nada, mientras haces tus cosas mira a tu alrededor y recuerda lo que tienes dentro del armario. Sí, ese armario que estás mirando. Una de las colonias que tienes dentro. ¿Cuánto cuesta? ¿Entre 10 y 100 euros? Ahora vamos a hablar de su valor. Tal vez fue un regalo de una persona especial, la elegiste porque era la que llevaba tu madre y te recuerda esos años tan bonitos o puede que la compraras al azar y alguien te dijera que hueles muy bien. Sea como fuere, su valor se ha multiplicado.
Las emociones son lo que hacen de un boli, algo especial y único. Por ejemplo, el de la foto que acompaña esta entrada. No recuerdo donde lo compré. Pero me acompaña desde que empecé en el nuevo trabajo. Y para mí es muy especial. Porque me transmite los nervios de los primeros días, el recuerdo de los compañeros que había entonces, incluso la tristeza por estar lejos de mi pequeño durante tantas horas.
Si tiro del hilo de los recuerdos llego hasta una camiseta y un peluche. La primera me la regalaron unos amigos de mi padre en mi tierra, Bilbao. Y era del Athletic Club Bilbao. Me encantaba, con esas letras que sólo he visto allí. La conservé durante años hasta que se perdió en alguna mudanza.
En cuanto al muñeco, imagínate a una pequeña de unos 9 años en la puerta de la casa de una vecina. Me lo dio y lo movió un poco de tal manera que sonó un cascabel. Recuerdo como si fuera ayer que lo estuve buscando haciéndolo sonar. Lo tenía en una pata.
¿El precio de ambos objetos? Bajo. ¿El valor? Incalculable. No sé en qué mudanza se perderían pero me da pena no conservarlos.
¿Otros ejemplos? No sé...una pelota antiestrés, el papel de una galleta de la suerte, un par de calcetines o de pendientes. Cualquier cosa a la que tengas aprecio tiene más valor que precio. Porque el dinero lo tienes para pagarlo hoy, ahora, en este momento. Pero no puedes pagar un sentimiento del pasado.
Una sonrisa, un beso, una mirada, un abrazo. Todo eso no cuesta nada. Pero tiene mucho valor. Aunque no lo sepamos valorar cuando lo tenemos. Cuando nos falta nos damos cuenta de la cantidad de cosas valiosas que no podemos pagar con dinero.
Con monedas se pueden "comprar" gestos de cariño. Si le compro un juguete a mi pequeño y le pido un beso me lo da. Pero si me da un abrazo sin haber obtenido nada antes, para mí vale mucho más. Porque el cariño sincero es el más valioso.
¿Y dónde están las cosas más valiosas? No en tiendas de lujo, sino en nuestro corazón. Porque necesitamos objetos para vivir pero también palabras de ánimo, palmadas en la espalda y felicitaciones de la gente que nos guarda en su corazón.
Y hasta aquí la entrada de hoy. Al final me he desviado un poco del tema pero creo que he sabido transmitir la idea. ¿En qué piensas cuando hablo de objetos valiosos? Gracias por tu tiempo. Para tí es valioso porque no vuelve, y yo valoro mucho que lo uses para leerme.
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