María quería Laura con locura. Era la mujer de su vida. Cada día daba gracias por haberla encontrado en aquel bar de copas. Su amigo Luis les presentó y desde el primer momento se volvieron inseparables.
El primer beso, esa misma noche, lo recuerda perfectamente. Estaban en la puerta del local. Hacía una hora que había cerrado y ninguna tenía la más mínima intención de irse a casa. A María le dio un escalofrío. En ese momento lo interpretó como algo normal ya que empezaba a refrescar. En realidad era un mal presentimiento que no supo identificar. Laura, al verla a temblar, la abrazó.
- Mi niña, no quiero que te quedes fría.
- No tengo frío, ha sido solo un esca... - no terminó la palabra.
Después del breve pico la conversación continuó.
- Perdona, ¿Qué decías?
La respuesta no tardó en llegar en forma de largo beso. Esa noche durmieron en casa de Laura. Allí podían estar solas y dar rienda suelta a la pasión contenida durante toda la noche. En realidad no estaban solas. Toby, un pequeño perro mestizo, observaba a su dueña. No entendía por qué no había dicho nada al entrar. Al ver que le ignoraba, se fue a su cama. Suspiró y se quedó profundamente dormido a pesar del ruido de los muelles.
Después de esa noche, vinieron muchas más. Tres meses después ya vivían juntas. Eran la envidia de todos sus amigos. Compartían aficiones y nunca discutían. Sólo había un pequeño detalle. María no soportaba a ese ser de cuarto patas que le seguía cuando su novia no estaba en casa. Pero nunca lo confesó. Simplemente le miraba con desprecio hasta que el animal se daba cuenta y dejaba de seguirla.
El tiempo pasaba y se acercaba el día de su tercer aniversario. María le iba a dar una sorpresa a su novia que nunca olvidaría. Aunque el destino era caprichoso y la soprendida iba a ser ella. Pero como todo esto María no lo sabía, vivía feliz planeando su aniversario.
Por fin llegó el día. María le da un beso a su novia y se va de casa como cada mañana. En esta ocasión no se dirige al trabajo sino al supermercado. Lleva la lista de la compra en el bolsillo. Le va a hacer una elaborada comida al amor de su vida. La ocasión lo merece. Hoy hacen tres años y va a ser un día inolvidable...aunque no de la manera que ella piensa.
Las doce en punto. A esa hora Laura saldrá de casa para ir al gymnasio. María tiene una hora y media antes de que esté de vuelta. Abre la puerta y Toby la saluda. No le ve. Tiene la vista fija en el ramo de rosas. No entiende nada. Ella no ha encargado ningún... Unos gemidos interrumpen sus pensamientos. Reconoce una voz.
-Hum.... Asiiiii
Se le hiela la sangre cuando identifica la segunda voz. Son Laura y la mejor amiga de María las que están a sólo unos metros de ella. Dicen que del amor al odio hay un paso. Puede ser verdad, porque en ese instante, cegada por la rabia sólo piensa en hacer daño a la mujer que tanto ama.
Mira a Toby y sonríe. El animal le devuelve la mirada entre sorprendido y desconfiado. Es la primera vez en tres años que se dirige a él en tono cariñoso estando solos. Coge la correa y se la pone. Moviendo la cola, sale de casa. Feliz por un paseo inesperado.
Ella ha perdido a la mujer que quiere, pero esto no va a quedar así. Se va a encargar de que Laura sienta lo mismo que le ha hecho sentir. Con paso firme va al veterinario. Recuerda las clases de interpretación que dio en el colegio y entra en la consulta fingiendo estar alterada.
- Hola Manuel. Llevo un disgusto. Toby acaba de morder a una niña. Necesito que le pongas una inyección. Cuando nos llegue la denuncia lo van a sacrificar y no quiero que mi amor pase por esto. Por favor, ponle la inyección rápido.
El hombre la mira extrañado. Es el perro más dócil que conoce y le cuesta creer que haya podido morder a alguien. Y mucho menos a una niña. María insiste en que lo mate. Resignado, entra a Toby a una salita y lo pone encima de la mesa de operaciones.
- Lo siento, pequeño. Tu hora ha llegado.
Prepara una jeringilla y se la clava. Poco a poco la respiración se vuelve pausada hasta casi desaparecer del todo. Da instrucciones a su ayudante que acaba de entrar para que se quede con el perro.
- Ahora te diré el procedimiento a seguir en estos casos. Quédate aquí.
Sale a la salita de recepción con una mujer menos alterada y más feliz.
- Tranquila, yo me encargo de todo. Llamaré a Laura y le contaré lo sucedido. Tu ahora vete a casa y descansa.
- Gracias.
María sale feliz de la consulta. Le envía un mensaje a Laura. "Toby está muerto. Tú y la zorra a la que te tiras para mí también lo estáis"
El veterinario llama a la dueña del animal que descansa sobre la mesa de operaciones. El buzón de voz le da la bienvenida. "Hola, soy Manuel. Tengo a Toby dormido. Por favor, llámame cuando escuches este mensaje. Es importante"
No hay comentarios:
Publicar un comentario