martes, 11 de agosto de 2026

RECALCULANDO SUEÑOS

  Entrada en la que hago una reflexión sobre los sueños y que podemos hacer cuando no se cumplen.

   Hace unos días vi la peli de dibujos titulada "Ballerina". En ella, una niña huérfana, luchaba por su sueño, ser bailarina. Me dejó pensativa. Tener un sueño y luchar por él. Cometer errores, caerse, levantarse y seguir luchando. Visto así, no parece difícil. Siendo constante se puede lograr. Aunque ser una gran bailarina viviendo en un horfanato no suela accesible.

   Todo el mundo tiene un sueño. Cuando somos pequeños y pensamos en qué queremos ser de mayor, nos lo imaginamos. Bombero, médico, astronauta... Y en cuanto a la situación personal, tres hijos, casa, perro y un amor que haga a Disney querer comprar nuestra historia. Casarnos de blanco con 300 invitados o todo lo contrario. Cada persona sueña con una cosa. Y vive intentando conseguir ese sueño. 

   Pero hay veces que la vida te mira a los ojos, se ríe de ti, te da una colleja y te dice "anda, tira". Y es cuando nos damos cuenta que lo más cerca que vamos a estar de la luna, es cuando nos compremos un buen telescopio. Y nos vemos obligados a cambiar de sueño. Asumimos que la Nasa no va a pagar nuestro sueldo y buscamos una profesión que nos dé de comer. Aunque seamos siempre unos enamorados de todo lo que tenga que ver con el espacio exterior. 

   En otras ocasiones, la vida nos mete un puñetazo en el estómago. Y es cuando nuestro sueño es ser padres. Decidir dejar de intentarlo para asumir que nunca lo conseguiremos es muy complicado. Porque muchas veces invertimos tiempo y dinero. Años y miles de euros. Y todo eso para nada. Bueno sí, para tener una gran herida en el corazón que duele más que cualquier cosa. He incluso para tener bebés pero no en la tierra. 

   Pasa lo mismo con soñar con casarse o tener una profesión para que hace falta una ayuda de la que no disponemos. No todos los cantantes buenos están en Spotify ni los buenos actores han rodado películas. Ni podemos tener ese coche con el que siempre hemos soñado o aprobar la oposición para la que llevamos años estudiando. 

   Llegados a este punto ¿qué podemos hacer? Primero pasar el duelo. Con todas y cada una de sus fases. Avanzando por la negación, llegando a la ira, exprimiendo todo lo posible la negociación para llegar a la depresión y superarla consiguiendo con ello la aceptación. Una vez hecho este trabajo nos toca hacer lo mismo que el GPS cuando nos equivocamos de camino "recalculando ruta". Toca pensar en un sueño nuevo otro objetivo. Coger todas las ganas y la ilusión que nos quede para centrarnos en algo que sea más asequible. Un sueño que podamos cumplir. 

   Y vuelta a empezar. Miramos a la vida y le decimos que pasamos de una gran boda con 300 invitados. Nos conformamos con una de 30 con un gran vestido de novia. Si la vida se sigue riendo podemos optar por invitar a 3 personas que nos acompañen al juzgado con un vestido blanco comprado de rebajas. Que una cosa os digo, sólo la parte de encontrar a una persona que nos diga "sí, quiero" ya es un gran sueño cumplido. 

   Y así con todo. Debemos adaptarnos a las circunstancias que tenemos y en la medida de lo posible sacar la parte positiva de los sueños no cumplidos. Aprender a ver esas ventanas que se abren cuando la vida nos da con la puerta en las narices. Ver el vaso siempre lleno, de agua y de aire en diferentes proporciones. Y nunca rendirse, ni dejar de ilusionarse y mucho menos dejar de soñar. Cambiaremos de objetivo, pero hay que tener alguno que nos permita guiñarle un ojo a la vida. 

   Me habría gustado ser más concreta en esta entrada, hablar de mis sueños. Pero no es el momento. La gente que me conoce mucho sabe cuáles son. Sólo diré que la vida me ha golpeado y estoy en pleno proceso de duelo. Saltando de una fase a otra según el día. Me encantaría decir que estoy cerca de la última pero no sería verdad. A la vez, voy diseñando mi nuevo sueño pero me resulta difícil porque no he pasado el duelo.

   Bueno ¿y tú? ¿La vida te ha golpeado y estás diseñando tu nuevo sueño? ¿Has conseguido alguno de los que tenías cuando eras pequeño? ¿En cuál has pensado mientras leías la entrada? Te animo a compartirlo en comentarios.

viernes, 7 de agosto de 2026

FELIZ ANIVERSARIO... ¿O NO?

   María quería Laura con locura. Era la mujer de su vida. Cada día daba gracias por haberla encontrado en aquel bar de copas. Su amigo Luis les presentó y desde el primer momento se volvieron inseparables.

   El primer beso, esa misma noche, lo recuerda perfectamente. Estaban en la puerta del local. Hacía una hora que había cerrado y ninguna tenía la más mínima intención de irse a casa. A María le dio un escalofrío. En ese momento lo interpretó como algo normal ya que empezaba a refrescar. En realidad era un mal presentimiento que no supo identificar. Laura, al verla a temblar, la abrazó.

   - Mi niña, no quiero que te quedes fría.

   - No tengo frío, ha sido solo un esca... - no terminó la palabra.

   Después del breve pico la conversación continuó.

   - Perdona, ¿Qué decías?

    La respuesta no tardó en llegar en forma de largo beso. Esa noche durmieron en casa de Laura. Allí podían estar solas y dar rienda suelta a la pasión contenida durante toda la noche. En realidad no estaban solas. Toby, un pequeño perro mestizo, observaba a su dueña. No entendía por qué no había dicho nada al entrar. Al ver que le ignoraba, se fue a su cama. Suspiró y se quedó profundamente dormido a pesar del ruido de los muelles.

   Después de esa noche, vinieron muchas más. Tres meses después ya vivían juntas. Eran la envidia de todos sus amigos. Compartían aficiones y nunca discutían. Sólo había un pequeño detalle. María no soportaba a ese ser de cuarto patas que le seguía cuando su novia no estaba en casa. Pero nunca lo confesó. Simplemente le miraba con desprecio hasta que el animal se daba cuenta y dejaba de seguirla.

   El tiempo pasaba y se acercaba el día de su tercer aniversario. María le iba a dar una sorpresa a su novia que nunca olvidaría. Aunque el destino era caprichoso y la soprendida iba a ser ella. Pero como todo esto María no lo sabía, vivía feliz planeando su aniversario.

      Por fin llegó el día. María le da un beso a su novia y se va de casa como cada mañana. En esta ocasión no se dirige al trabajo sino al supermercado. Lleva la lista de la compra en el bolsillo. Le va a hacer una elaborada comida al amor de su vida. La ocasión lo merece. Hoy hacen tres años y va a ser un día inolvidable...aunque no de la manera que ella piensa.

   Las doce en punto. A esa hora Laura saldrá de casa para ir al gymnasio. María tiene una hora y media antes de que esté de vuelta. Abre la puerta y Toby la saluda. No le ve. Tiene la vista fija en el ramo de rosas. No entiende nada. Ella no ha encargado ningún... Unos gemidos interrumpen sus pensamientos. Reconoce una voz.

  -Hum.... Asiiiii

   Se le hiela la sangre cuando identifica la segunda voz. Son Laura y la mejor amiga de María las que están a sólo unos metros de ella. Dicen que del amor al odio hay un paso. Puede ser verdad, porque en ese instante, cegada por la rabia sólo piensa en hacer daño a la mujer que tanto ama.

   Mira a Toby y sonríe. El animal le devuelve la mirada entre sorprendido y desconfiado. Es la primera vez en tres años que se dirige a él en tono cariñoso estando solos. Coge la correa y se la pone. Moviendo la cola, sale de casa. Feliz por un paseo inesperado.

   Ella ha perdido a la mujer que quiere, pero esto no va a quedar así. Se va a encargar de que Laura sienta lo mismo que le ha hecho sentir. Con paso firme va al veterinario. Recuerda las clases de interpretación que dio en el colegio y entra en la consulta fingiendo estar alterada.

   - Hola Manuel. Llevo un disgusto. Toby acaba de morder a una niña. Necesito que le pongas una inyección. Cuando nos llegue la denuncia lo van a sacrificar y no quiero que mi amor pase por esto. Por favor, ponle la inyección rápido.

   El hombre la mira extrañado. Es el perro más dócil que conoce y le cuesta creer que haya podido morder a alguien. Y mucho menos a una niña. María insiste en que lo mate. Resignado, entra a Toby a una salita y lo pone encima de la mesa de operaciones.

   - Lo siento, pequeño. Tu hora ha llegado.

   Prepara una jeringilla y se la clava. Poco a poco la respiración se vuelve pausada hasta casi desaparecer del todo. Da instrucciones a su ayudante que acaba de entrar para que se quede con el perro.

   - Ahora te diré el procedimiento a seguir en estos casos. Quédate aquí.

   Sale a la salita de recepción con una mujer menos alterada y más feliz.

   - Tranquila, yo me encargo de todo. Llamaré a Laura y le contaré lo sucedido. Tu ahora vete a casa y descansa.

   - Gracias.

   María sale feliz de la consulta. Le envía un mensaje a Laura. "Toby está muerto. Tú y la zorra a la que te tiras para mí también lo estáis"

   El veterinario llama a la dueña del animal que descansa sobre la mesa de operaciones. El buzón de voz le da la bienvenida. "Hola, soy Manuel. Tengo a Toby dormido. Por favor, llámame cuando escuches este mensaje. Es importante"  


martes, 4 de agosto de 2026

KANGÚ

Entrada en la que hablo de un vehículo que ha sido muy importante para mí durante unos cuantos años. 

   Te echo de menos. Mucho. Tu color, el sonido que hacías cuando estábamos juntas, nuestros viajes... Hemos vivido tanto que aún no me hago a la idea que ya haga más de año y medio que no estás conmigo. 

   Te diría que no me voy a emocionar escribiendo esta entrada, pero no te engañaría. Hemos vivido tantas cosas juntas que me conoces de sobra. Sabes cómo lloro, cómo río, cómo hablo por teléfono... Sabes de mí más que mucha gente. Disculpa, estoy hablando en presente cuando debería hacerlo en pasado. Y para que la persona que está leyendo esto sepa de qué estoy escribiendo, empezaré por el principio. 

   Era el año 2006 cuando, mi ahora ex marido, iba a buscarte al taller. Eras una bonita furgoneta renault kangú de color rojo. Te tintaron los cristales del mismo color. Hasta ese momento tu misión era llevar y traer material. Trabajabas en un taller. Estuviste los primeros 6 meses desempeñando esa labor. Nosotros estábamos sin coche y gracias a un compañero de trabajo dimos contigo. 

   Cuando nos conocimos yo no te podía conducir porque no tenía el carnet. Un par de años después me puse al volante. Y llegamos al momento en el que los recuerdos me vienen todos a la vez. 

   Los primeros días conduciendo y el miedo de mi copiloto. La vez que me perdí de camino al trabajo. Otras tantas veces que me he perdido. Nadie como tú conocía mi sentido de la orientación. El viaje más largo que hemos hecho juntas ha sido hasta casi Portugal. También nos hemos ido de vacaciones a la playa con los peques. Te he llevado a muchas de mis rutas de montaña.

   Has conocido a las personas más importantes de mi vida. Novios, amigas, conocidos, compañeros de trabajo. Has oído conversaciones de todo tipo. Desde "qué majico es este chico" hasta "no le soporto" pasando por el "no aguanto el dolor de pies" de cuando trabajaba por la tarde. 

   Hay una canción que dice en una de sus estrofas..."Y es que empiezo a pensar.
Que el amor verdadero es tan sólo el primero. Y es que empiezo a sospechar
Que los demás son sólo para olvidar." Y tiene razón, pero no en el amor romántico, sino en mi amor hacia a ti. Porque ahora llevo otro coche y no hago más que compararlo contigo. No es mío, el motor suena raro, es gasolina en vez de diésel. Vamos, que no me ayuda en absoluto a olvidarte sino todo lo contrario.

   Mira, te voy a contar algo que ya sabes. Soy una persona muy sensible que enseguida se encariña con objetos. De pequeña me pasaba mucho más que ahora. ¿Cómo no me voy a encariñar contigo? Si hemos estado juntas 18 años. Me tocaste en repartición cuando me separé. Y desde entonces te he llevado a todos los sitios. 

   Esto muy poca gente lo sabe, pero soy mucho de ver "señales". Hay veces que tomo una decisión que no sé si es la correcta y todo se pone a mi favor. Hace buen tiempo y las cosas fluyen con facilidad. Por otro lado, también me pasa lo contrario. Elijo el camino de la derecha y no hay manera de avanzar por él. Estando al volante he tenido varias de esas señales y cuando les he hecho caso, me ha ido mejor que cuando las he ignorado. Y esos momentos quedan para ti y para mi, son nuestros secretos.

   Juntas hemos vivido dos accidentes. En ambos me han dado a mí. Afortunadamente he salido ilesa y el seguro se ha encargado de tus daños. 

   Lloré cuando te dejé en el desguace. No tenía opción. Tenías una avería que costaba mucho repararla y para una furgoneta de tantos años no merecía la pena. 

   Siempre decía que eras un camión. Porque te matricularon como vehículo mixto adaptable. Y no podía cambiarlo. Tenías las ruedas específicas más caras que las normales, no podía pasar de 90 km/h en autovía y las últimas itvs eran cada 6 meses. Sí, eras un gasto. Una amante cara que le oí una vez no recuerdo a quién. Pero eras mía, mi amante cara.

   No siempre te he conducido yo. Te he dejado para un par de mudanzas, para llevar al trabajo a dos amigos, he incluso te han puesto a lo máximo de velocidad que podías dar. A día de hoy, sigo sin saber exactamente cuanto fue. Tú también tienes secretos para mí.

   En Francia también hemos estado, que no me acordaba. Pero en esa ocasión no era yo quien llevaba el volante, sino uno de los que dije "que majico es este chico". Tú ya me entiendes. 

   Me gustaría acabar la entrada como intento hacerlo siempre, con un mensaje positivo. Pero en este caso no encuentro lo positivo a tener que mirar hacia el futuro sin una furgoneta que me ha dado tanto en el pasado. Supongo que forma parte de la vida. Aprender a despedirse para seguir conociendo amores nuevos. 

   Gracias por tu tiempo. ¿Y tú? ¿Recuerdas tu primer coche? Si es así te animo a contarme su historia en los comentarios. 

lunes, 27 de julio de 2026

ME PIDO UN RASCACIELOS

 Nueva entrada en la que comparo la vida con un edificio. 

   Trabajo en una oficina de un edificio con varias plantas. La mía es una de las inferiores, pero hay veces que tengo que subir a una de las superiores. Cuando lo hago, suelo bajar por las escaleras. La última vez que sucedió eso fue hace unos meses. Y una idea me pasó por la cabeza. Vi parecidos entre el edificio y la vida de una persona.

   Hay veces que, por desgracia, no llegamos a nacer. Aprovecho para mandar un beso a mi "castillo". Y en otras hay bebés que nacen y al poco tiempo se van. El edificio de esas personitas es muy pequeño. 

   En la gran mayoría de los casos, después de nacer, tenemos una vida por delante. Y como nos trae la cigüeña, nos deja en lo alto de nuestro edificio. ¿Cuántas plantas tiene? No lo sabemos. Pero deseamos que sean las más posibles. 

   Cada piso es un año. Y durante un año pasan muchas cosas, conocemos gente y otras personas salen de nuestra vida para no volver nunca. Hay personas que las veremos unos pisos más abajo y otras que nos acompañan pero en ese momento no somos conscientes de su presencia. Las vistas que tenemos son espectaculares. Generalmente los primeros años de vida están marcados por la inocencia y la felicidad. 

   Pero no sólo conocemos gente, sino que también empezamos en un trabajo nuevo, ampliamos la familia, nos compramos una casa... y cada una de esas cosas tiene su propia puerta, de las que hablaré un poco más adelante.

   Conforme vamos cumpliendo años, vamos bajando pisos. Y hay una edad en la que las plantas de arriba empiezan a pesar sobre nuestros hombros. Seamos sinceros, en mayor o menor medida todos llevamos una mochila. Podemos elegir llenarla de buenos o malos momentos. Aunque siempre hay alguna lágrima que se nos cuela aunque no queramos. 

   Cada piso tiene muchas puertas que dan acceso a otras tantas habitaciones. Amor, trabajo, amistad, familia... incluso hay algunas veces que tenemos la de enfermedades. También están las de aficiones, virtudes, defectos. Y hay una muy grande donde pone "sueños". Pueden faltar todas las anteriores. Pero pero esta última debe estar presente en cada uno de los pisos. Porque es lo que nos anima a seguir bajando las escaleras, es decir, cumpliendo años. Y cuando no está presente la puerta, la gente coge el ascensor y decide que ya ha vivido lo suficiente. 

   El edificio es maravilloso. Nunca sabes qué hay detrás de cada puerta ni en cada piso. Os pongo un ejemplo. En mi piso número 8, porque los pisos se empiezan a contar desde arriba. Como decía, en ese piso, en la puerta de la amistad, coincidí con dos buenas amigas. Seguí bajando escaleras y ellas quedaron atrás. Lo que no sabía es que, unos pisos más abajo, me iba a reencontrar con ellas. Fue una sorpresa inesperada. Ahora, detrás de mi puerta de la amistad no están pero igual se esconden más abajo.

   En cada planta nos espera una gran caja llamada "recuerdos". Que aunque normalmente no la abrimos, la tenemos más presente de lo que pensamos. Una canción que escuchamos en la radio de camino al trabajo y nos devuelve por unos minutos a la infancia. El olor de esa colonia que nos gustaba tanto cuando la llevaba nuestro primer amor. Un hombre que llama a su perro y nos recuerda a nuestra mascota o al de nuestra mejor amiga. Hay veces que la abrimos. Y es para recordar sensaciones que vivimos en momentos que fuimos felices. Quizás con la esperanza de volver a tener esos sentimientos o tal vez añorando a la persona que nos hizo sentirlos. Son visitas que hacemos a plantas superiores. Aunque no nos demos cuenta hay veces en las que no nos hacen bien. Porque los recuerdos están difuminados por la niebla del recuerdo. Además, ya lo decía Karina. "Cualquier tiempo pasado nos parece mejor ".

   Lo que se ve por las ventas cambia conforme pasan los días. Hay veces que sólo se hay nubes, rayos o un sol cegador. También hay días en los que no sabes ni lo que ves. Son esos días en los que tu mejor amiga te pregunta "¿cómo estás?" Y no sabes qué responder. Pero no es un cielo estático, cambia conforme van pasando las horas. Incluso puede haber un cielo despejado con un gran sol y rayos. Porque sí, hay días en los que lo sentimos todo a la vez.

   ¿Y qué hacemos cuando queremos saber lo que ocultan las plantas inferiores? ¿Tienes curiosidad por el futuro? Yo mucha. Me encantaría ver una foto de mí misma dentro de, por ejemplo, un año a esta misma hora. ¿Estaré escribiendo otra entrada en la misma habitación? ¿O mi vida será totalmente diferente? Si pudiera pedir, sólo una cosa, pediría que mi pequeño no tuviera fiebre. El resto no es que me de igual, pero como no voy a saber lo que pasará, tampoco le voy a dar vueltas. Pero hay gente que no se conforma y acude a videntes en busca de respuestas. ¿Esas personas serán capaces de ver lo que hay unas plantas más abajo? Yo sólo he ido de adolescente acompañando a alguna amiga. Y ni creo ni dejo de creer. Así que de momento seguiré con la duda. 

   Y poco a poco vamos llegando a las plantas inferiores. No me quiero extender mucho en esta parte porque el tema de la muerte me da bastante miedo. Sólo diré que me imagino el edificio como un gran viaje hacia la tumba. Aunque podemos darle la vuelta y empezar nuestros pisos desde abajo en un viaje al cielo. Sea como fuere, si puedo elegir, me pido un rascacielos.

   ¿Qué te ha parecido mi rayada de hoy? Te animo a compartir tu reflexión en comentarios. Gracias por tu tiempo.


sábado, 25 de julio de 2026

SILENCIO CON RUIDO

 

   Diana sale de trabajar. Esta semana le ha tocado turno de mañanas y es el que menos le gusta. Hasta hace dos meses el que menos le gustaba era el de tarde y el de noche pero ahora su vida ha dado un giro de 180 grados y le está costando adaptarse. Antes vivía con su novio y ahora con sus padres. Ha pasado de dormir en una cama de dos metros a no dormir en su cama de la infancia. Es una situación temporal y cuando llegue septiembre se alquilará un piso. 

   Sale del hospital donde trabaja y el calor de julio le da una bofetada. Son las tres de la tarde y el sol está en lo más alto iluminando y calentando todo a su paso. El ruido de los coches le hace daño en los oídos. Aunque el peor ruido es el que sólo ella oye. El de la soledad. Sus pensamientos van a toda velocidad y le recuerdan lo dura que es la vida. Intenta caminar con paso firme pero siente que las piernas no le responden y se sienta en un banco cercano que está a la sombra. 

   Recuerda los momentos vividos. La cara de su ex al decirle que ponía fin a la relación. Esa mirada fría que nunca había visto en él. "No quiero seguir contigo, vete de mi casa cuando puedas". Una frase. Una única frase con la que puso fin a dos años de la relación. Una relación en la que ella fue feliz, mucho más que en todas las anteriores. Por más que insistió en que le diera un motivo no lo consiguió. No había motivos. Lloró, chilló, suplicó. Nada de eso consiguió que Roberto cambiara de idea ni le dijera nada más. Finalmente, recogió la poca dignidad que le quedaba y caminó hasta la habitación para empezar a recoger sus cosas. Un minuto después escuchó la puerta. 

   La sirena de una ambulancia le devuelve al presente. La gente pasa delante de ella agena a su dolor. Se siente muy sola. La mayoría de sus amigos están fuera de la ciudad, así que no puede quedar con ellos. Sus padres se han ido al pueblo para disfrutar del frescor de las noches. No quiere volver a casa porque allí sólo hay silencio y cajas esperando la mudanza. Prefiere estar al aire libre porque sabe que no va a llorar habiendo gente que pueda verla. 

   Saca el móvil para mirar la hora y ve que tiene una llamada entrante.

  -¡Hola hermanita! ¿Qué tal estás?

   -Bien -contesta con un hilo de voz.

   -Ya. Claro. Estás en la calle, oigo ruido de fondo y por la hora debes estar en la puerta del trabajo. Vete a casa, nos vemos en un rato. 

   -¿Pero tú no tenias que estudiar?

   -En la vida hay prioridades y mi hermana pequeña siempre será una de ellas. Además, con la angustia que sientes no me puedo concentrar. Hasta ahora.

   Diana sonríe por primera vez desde hace dos meses. Su hermano gemelo siempre ha estado ahí en todo momento. Y desde que nacieron, ella 5 minutos después que él, han estado conectados. Han sabido que algo no iba bien antes de recibir la llamada con las malas noticias. 

   Está en la cama y no se puede dormir. Le duele la tripa de tanto reír. Daniel ha sido capaz de que, por unas horas, se olvide de su ex y de la soledad que se instaló en su corazón al salir del trabajo. Ha llegado a casa con comida mexicana, su favorita. Una lista de películas de humor a cual peor. Y han hablado durante horas de las trastadas que hacían de pequeños. Por último, antes de irse, le ha recordado lo mucho que la quiere y lo mucho que vale. 

   Cierra los ojos pensando en cómo quiere que sea su nueva casa. En la decoración, el color de las paredes y los trastos con los que va a llenar la cocina. Necesita iniciar una nueva etapa para dejar en el pasado el desamor. 

   Diana sale de trabajar. Esta semana le ha tocado turno de mañanas y es el que menos le gusta. Hoy no le va a dar opción a la tristeza a instalarse en su corazón. Camina decidida a un estudio de tatuajes en el que ha pedido cita en el descanso del trabajo. Quiere tatuarse la palabra "adelante". Es el título de una canción que le recordará que siempre su hermano le dará la mano. 

miércoles, 1 de julio de 2026

EL TIEMPO PASA...

 Entrada en la que hablo de un fin de semana en que se me cayeron un par de lágrimas. 

   Hay una cosa que no llevo bien del todo y es el paso del tiempo. Sobretodo, ver cómo mi pequeño se va haciendo más grande. Ayer era un bebé que no pesaba nada y hoy es un hombrecito que no puedo llevar en brazos. Y esas cosas las veo día a día, pero tuve un finde en el que se me juntaron dos detalles que me hicieron derramar un par de lágrimas. Si me conoces un poco sabes que no fueron dos, pero al escribirlo queda bonito.

   Todo empezó el viernes. Habían aceptado en el colegio al pequeño. Tocaba hacer la matrícula. Rellenar multitud de documentos. Para que dijera "adiós " a la guardería y "hola" al "cole de mayores". En el momento de darle a aceptar respiré hondo y fue cuando se cayó una lagrimilla. Mi pequeño se hace mayor por mucho que yo le diga que no crezca tan deprisa. Cambio de etapa. Empezamos una donde va a aprender mucho en compañía de sus compañeros y gracias a todos los adultos de los que va a estar rodeado. Veo tan grande el cole y tan pequeño a él que me da miedo. Pero es un miedo que me guardo para mí y para ti que estás leyendo esto. Porque a él lo que le voy a transmitir es justo lo contrario. Espero estar preparada para ayudarle a superar cada obstáculo de esta nueva etapa. 

   Por si no tuviera bastante con eso, ese mismo domingo tuve que decir "hasta luego" a sus clases de natación. Llevo desde que tenía 8 meses yendo con él a la piscina los domingos de invierno. Guardo recuerdos muy bonitos de cada una de sus profesoras y profesor. Con el último siento que es con el que más ha aprendido. Tal vez sea porque es más mayor. Pero pienso que también ha influido la forma de ser del adulto. Un hombre cariñoso y respetuoso, siempre con ejercicios nuevos adaptándose a cada peque. Con una sonrisa y amabilidad propia de una persona a la que le gusta su trabajo. Sé que no leerás esto, pero te deseo todo lo mejor. Y la reseña positiva, llegará. 

   Ese último día fue de juegos y no me habría salido del agua. Porque el año que viene, bueno, en el próximo curso, entrará solo a la piscina. No seré yo quien coja el churro sino su profesor o profesora. No seré yo quien se tenga que secar al salir, sino que le secaré a él mientras le pregunto qué tal se lo ha pasado. Y seguramente el primer día, recordaré la última vez que le secaba teniendo mi bañador empapado, en el que se me resbaló una lagrimilla. 

   Y hasta aquí, un fin de semana intenso. Bonito porque me gusta ver crecer a mi pequeño, pero a la vez triste porque se hace mayor demasiado pronto. 

   ¿Y tú? ¿Cómo llevas el paso del tiempo? Gracias por leerme.

lunes, 22 de junio de 2026

ES NORMAL, NO PASA NADA

 Entrada en la que comento situaciones normales en la más tierna infancia.


   Esto de la maternidad es duro. Y no me refiero a las noches sin dormir, los días sin dormir, el que una personita dependa 100% de ti y un largo etcétera... Me refiero a la frase del título. "Es normal". Y son normales situaciones que a mí personalmente, me cuesta entender. Pero todo esto empieza mucho antes. Cuando tomas la decisión de querer ser mamá.

   Es normal tardar meses en conseguirlo, es normal no tardar mucho. Como en todo en la vida... depende. De la edad, del estado de tu aparato reproductor y el de tu pareja, estrés, alimentación... todo influye. Y finalmente, lo consigues. Con o sin tratamiento, en un mes o en años, pero ya tienes tu positivo. ¿Y ahora? Todo es normal, no pasa nada. Te levantas y acuestas con náuseas. Tienes dolores de regla, molestias en los pechos, manía a la colonia de tu pareja, muchas ganas de comer un alimento u otro, ganas de llorar y de reír al mismo tiempo. Ningún síntoma. Todo es normal. Sientes acidez y le preguntas al médico si le puede hacer daño al bebé, tienes la tensión un poco más alta o más baja, te da ciatica. No pasa nada, todo es normal. Y te quedas aliviada y preocupada a partes iguales. ¿Seguro que no le pasará nada a mi bebé? No es que desconfiemos, simplemente es miedo a que le pase algo a esa personita que crece en nuestro interior.

   Y un buen día nace. Y nace después de una inducción y 4 días de parto, de una hora de contracciones o de cualquier situación intermedia. Todo es normal y puede pasar.

   Y ahora vamos con varias situaciones que me cuesta asumir, pero que son así. Una de ellas es que un bebé de lactancia materna exclusiva puede estar varios días sin hacer de vientre. Cuando digo días, me refiero a una semana o algo así. Tú vas con tu pequeño que lleva dos días sólo mojando el pañal de pis y te vuelves a casa con esa frase. "Es normal, no pasa nada". Pero no sientes alivio hasta que notas "ese olor" que macha pañal y todo lo que pilla a su paso.

   Es normal la fiebre durante 3 días. Si es "algún virus" se le irá por donde ha venido. Si necesita antibiótico es porque tiene alguna bacteria haciendo de las suyas. Recuerdo alguna de mis visitas a la pediatra en las que iba convencida que mi pequeño tenía algo. Pero tan feliz como sorprendida me iba a casa con el diagnóstico de "es normal" paracetamol, ibuprofeno y a ver la evolución.

   Y por último, esto lo descubrí el otro día. Se llama espasmos del sollozo. El pequeño, a consecuencia de un llanto intenso, susto o enfado importante, diferentes razones, deja de respirar. Puede estar varios segundos, concretamente de 30 a 60. Puede llegar a perder el conocimiento, ponerse pálido o morado. Le pasó a mi pequeño, lo cuento en la entrada anterior a esta. ¿Yo que pensé en ese momento? Se muere. Mi niño no respira. Pero ni se muere ni hace falta gritar asustada. Simplemente hay que ponerle en posición de seguridad y esperar a que se le pase. ¿Por qué? Porque es normal y no pasa nada. Si luego vuelve en sí y detectas que algo no va del todo bien, hay que acudir al médico. Pero si está tan normal, fin del drama. Y sí, lo sé, es normal. Pero el susto para mí se queda por muy normal que sea el dichoso espasmo.


   Y hasta aquí mi entrada de hoy. Gracias por tu tiempo. Seguro que se te ocurren muchas más situaciones que son normales, si te animas te invito a compartirlas en los comentarios. 

sábado, 20 de junio de 2026

DESPUÉS DEL SUSTO, LA REFLEXIÓN

 Entrada en la que relato un gran susto que me ha servido para aprender una valiosa lección. 


   Hoy la vida me ha puesto en mi sitio. De una manera dolorosa, apretando pero sin ahogar. Lo justo para sacar a la luz mis debilidades y obligarme con ello a hacerlas fortalezas. Lo que está en juego es algo muy grande, la vida.

   Hemos tenido una cena familiar. Buenas noticias médicas, notas con notables y sobresalientes y un terremoto que no para. Y ahí estaba yo, atenta a mi pequeño y a su pelota. Cada vez que se acercaba a una escalera, le vigilaba de cerca. Sé que las sube y las baja perfectamente, pero soy mamá y no lo puedo evitar. La vida me ha dicho que me olvide de las escaleras, que ahí no estaba el peligro. Pero en ese momento no he recibido el mensaje.

   El tío estaba jugando con sus sobrinos y dos pelotas. Un sobrino le ha agarrado la pierna, se ha tropezado y mi pequeño se ha dado un golpe contra el suelo. Corriendo el resto de adultos hemos ido a por él y a por el otro pequeño que también lloraba. Y entonces mi pequeño se ha quedado encanado. No arrancaba a llorar. Por un instante casi pierde el conocimiento. En ese momento me he puesto a chillar y me he sentado, dejando que los demás actuaran. Cuando ha empezado a respirar he vuelto a hacerlo yo también. Estaba un poco pálido pero con agua se le ha ido pasando y ha estado jugando un rato después del berrinche. Yo le miraraba sentada. Mis piernas no me permitían estar de pie. No ha vomitado ni perdido el conocimiento, todo ha quedado en un gran susto. Aprovechando las fiestas del barrio nos hemos montado en una atracción y hemos pescado patitos. Lo ha hecho muy bien, demostrando que estaba perfectamente y que tenía coordinación.

   Cuando hay algo que me hace llorar intento buscar la manera de evitarlo. Recapacito sobre la situación y busco la forma de no repetirla. En esta ocasión hay cosas que no puedo evitar. Hoy se ha tropezado una persona y mañana puedo ser yo o cualquiera que pase por la calle. Es un accidente. Es ese 10% que no podemos evitar.

   Decía antes que la vida me ha puesto en mi sitio, de una forma bastante dura. Y es porque me ha hecho darme cuenta que no estoy preparada para afrontar situaciones que se pueden dar cualquier día. Mi actitud es el 90% y tengo que cambiarla. A ver, sé que suena difícil que yo no chille cuando veo que mi hijo no respira. Mi hijo, una persona querida, un desconocido. Es una situación que asusta. Y puede que hacer algún curso de primeros auxilios no me ayude a mantener la calma. Pero me voy a poner con ello. Tengo la esperanza de que si me veo en esta situación de nuevo (deseo con todas mis fuerzas que no) saber reaccionar. Tenerlo tan interiorizado que sea capaz de conectar con ese conocimiento. Me da igual chillar, pero saber reaccionar. Aunque no sé si ambas cosas son compatibles.

   A toro pasado me ha llegado el recuerdo que en alguna clase de postparto nos comentaron que cuando se encanan hay que soplarles en la cara o darles una palmada fuerte delante de la nariz. En el momento de crisis no lo recordaba. Sólo chillaba, como si eso ayudara en algo. En fin. Hace ya años de esas clases que nos daba la matrona con nuestro bebé en brazos. Ya va siendo hora de recordar la teoría y tener presente cómo actuar ante una situación así. Que aunque puede que no lo vaya a poner en práctica con mi pequeño (es mi mayor deseo), tal vez pueda ayudar a una mamá asustada. Aunque ojalá que ese conocimiento nunca tenga que ponerlo en práctica.

   Escucho a mi pequeño dormir. Si ayer era feliz oyéndole, hoy lo soy aún más. Y mira que he llevado un día de esos en los que todo sale mal. Pero de nuevo la vida me ha dicho que lo más importante es la salud. Porque tener salud es tener vida.

   Para finalizar quiero dar las gracias. A mi pequeño por reaccionar, a las personas que han mantenido la calma que yo no he tenido. Ellas y ellos han sabido controlar la situación. Y no sé si al destino, a su ángel de la guarda o a la vida misma. Gracias por gritarme que necesito hacer un curso de primeros auxilios, por demostrarme que perder la calma no es lo que se debe hacer en situaciones así. Bueno ni en situaciones así ni en general en la vida. Gracias por demostrarme que yo no tengo la última palabra en lo que accidentes se refiere. Hoy he aprendido que si hubiera pasado algo grave no habría sido por culpa de nadie. Hay veces que pasan cosas y aunque veas cómo pasan no puedes hacer nada para evitar que pasen. Y de eso se trata. De quitarme esa pesada carga. Mi labor es seguir vigilando cuando sube o baja por una escalera, cuando se sube a un tobogán o cogiéndole la mano al cruzar una carretera. Pero aunque le digo muchas veces "mi vida". Yo tengo la mía y él tiene la suya.

   Gracias por leerme y si sabes de algún curso de primeros auxilios, estaré encantada de recibir la información. 

lunes, 25 de mayo de 2026

APRENDIENDO A DECIR "NO"



Entrada en la que hablo de algo que parece fácil pero no siempre lo es.


   Nos pasamos la vida aprendiendo. Idiomas, manejo de teléfono móvil, cocina... En cada etapa aprendemos una cosa. No siempre son visibles, hay veces que aprendemos cosas invisibles. Como por ejemplo, decir "no". Si has hecho una mueca al leer la última frase, choca esos cinco, tenemos mucho en común.

   He tenido unos años en los que siempre decía que sí. Estaba necesitada de cariño y tenía el listón bajo... muy bajo. Si, estoy hablando otra vez de amor. Aunque no siempre había amor y la mayoría de veces había sexo. La de veces que me he tirado a la piscina sin mirar si había agua. La de películas que me montaba yo sola después del primer beso. La de cenas que le dejé a deber a un buen amigo que me daba consejos como "no le digas que sí al primero que te guste". O las veces que habré oído frases como "adelante, sigue, ambas sabemos que te vas a estrellar. ¿Es lo que quieres? Pues venga" cuando en su mirada decía "sabes que voy a estar aquí cuando te hagas daño". Pero no me arrepiento de nada. Cada uno de los castillos en el aire eran míos y gracias a ellos soy quien soy.

   En otros momentos de mi vida he dicho muchas veces "sí" cuando tenía que haber gritado "NO". Pero no lo he hecho porque no sabía pronunciar esas letras. Tal vez era el miedo a lo que pudiera pasar lo que me llevara a decir lo contrario a lo que pensaba. Otras veces simplemente me dejaba llevar. No me planteaba que podía dar una respuesta diferente a la que daba. Y sí, también el amor hacía de las suyas y me nublaba la razón de tal manera que no era consciente de mi error. Porque decir "si" cuando quieres decir "no" te lleva a una situación incómoda. Pero bueno, te justificas porque al fin y al cabo has aceptado. Y cuando esa situación se repite con la misma persona entras en un círculo vicioso del que cuesta mucho salir. Esa persona te trata como tú le permites. Y cambiar eso cuesta mucho. 

   Decir "no" es marcar un límite. Y no siempre es fácil hacerlo. Sobretodo cuando nunca ha estado dicho límite. Yo soy la primera que si hago lo que me da la gana, el primer día que no puedo hacerlo, me mosqueo. Aunque yo no sería capaz de tratar a la gente como me han tratado a mí en algunas ocasiones. Y eso que he metido la pata como la que más. 

   No sé si lo habrás podido intuir, pero hoy es uno de esos días que escribo para mí. De alguna manera necesito reafirmarme en mi propósito de marcar límites y no dejar que las personas a las que nunca se los he puesto, los crucen. Ya no tengo miedo al futuro. Mentira tengo miedo. Pero la idea de dejar que las cosas sigan igual me da aún más miedo. Porque una de las cosas que pasan cuando dices tantas veces lo contrario a lo que piensas, es que te pierdes. Cada "sí " te aleja de tu esencia. Y cuando menos te lo esperas, tú no eres tú. Y eso no me lo puedo permitir. Porque el volver a ser yo cuesta mucho. 

   Bueno, por hoy doy por finalizada la entrada. Espero que te haya gustado. Si tienes alguna herramienta que me pueda ayudar a seguir diciendo "no" te animo a compartirla en comentarios. Gracias por tu tiempo.



viernes, 15 de mayo de 2026

SNOOPY

 



Entrada en la que dedico unas palabras a Snoopy, el guaperas de la foto. 


   Hace ya algunas semanas que te fuiste y desde el día que me enteré de tu partida he querido dedicarte unas letras. Sé que no lo vas a leer pero quiero dejar por escrito lo grande que fuiste a pesar de tu tamaño. 

   Llegaste a este mundo para ser feliz y dar felicidad. Aunque, en tus primeros meses de vida, no fuera así. Pero sí en los siguientes. En cuanto tu mirada y la de ella se cruzaron, supisteis que estabais hechos el uno para el otro. Fue un flechazo, pero no uno de esos que hoy os queréis y mañana no. Sino uno de verdad, de los que duran toda a la vida a pesar de las dificultades. Y no me sorprende, porque ambos tenéis un corazón que a mucha gente le gustaría.

   Recuerdo que cuando te conocí me caíste genial. Eras juguetón pero un ratito, luego ya ibas a tu aire. Eso sí, como tuviera en la mano algo de comida, sabía que no te ibas a separar de mi lado. Ella me contaba tus trastadas, la mayoría robos. Y tu alegría al verla cuando volvía a casa.

   Quiero darte las gracias de corazón. Has estado en su vida en todos esos momentos en los que necesitaba un abrazo. Diciéndole sin palabras que tal o cual persona no era de fiar. Lamiendo su cara cuando lloraba, sacándola de casa cuando no tenía ganas, acompañándola si la soledad llamaba a su puerta. La vida no le ha tratado todo lo bien que se merece y aunque yo no le he podido dar el apoyo que ha necesitado en algunos momentos, nunca ha estado sola y todo es gracias a tí. 

   Te voy a pedir un favor, aunque ya sé que estás en ello. Susúrrale al oído a quien elegir. Ayúdale a decidirse por un nuevo compañero de vida. Ya sabes que el hueco que tú dejas está intacto en su corazón, pero se merece darle cariño a alguien más. Poner en práctica todo lo aprendido contigo y cuidar a un ser de cuatro patas que le va a cuidar y querer a ella tanto como lo hiciste tú. 

   Poco más que añadir. Sólo decirte que cuando llegue mi hora, espero que tú seas, junto con Reina, el que venga a darme la bienvenida. 

jueves, 14 de mayo de 2026

UN DÍA PERFECTO








Entrada en la que hablo de un día muy especial. De esos que esperas repetir pronto. 

   Hay días en los que te levantas normal y te acuestas con las pilas cargadas y una gran sonrisa dibujando tu cara. Días que te gustaría repetir minuto por minuto. Esos días en los que agradeces al universo la gran suerte que tienes por estar rodeada de personas con una gran calidad humana.

   Muchas veces acudo a mi espacio personal a contar que la vida me ha golpeado. En esta ocasión me ha dado un abrazo regalándome un gran día perfecto y también quiero contarlo. Así que, si has llorado con alguna de mis letras, ahora vamos a sonreír.

   Estaba de vacaciones y a pesar de ello, sonó la alarma. Mi pequeño tenía que ir a la guardería para acabar una cosilla que tenía para mi. Así que le llevé para que trabajara y disfrutara con sus amigos. 

   Me fui a ver a una amiga. Tenía que aprovechar el tiempo para tener una de esas conversaciones que nunca acaban. Tras el abrazo inicial, nos fuimos a desayunar. Intenté recordar el tiempo que hacía desde la última vez que estuvimos solas y no fui capaz. 

   Hablamos del presente. Poniéndonos al día de las pequeñas cosas. Del pasado, recordando años de amistad y del futuro. Ese maravilloso tiempo que vamos a compartir juntas. Somos dos personas que nos adaptamos fácilmente. Estábamos sentadas y decidimos dar un paseo, llovió, nos pusimos a cubierto, salió el sol y nosotras como los caracoles a tomar un par de rayos. Da igual el sitio, lo importante era la compañía y teníamos la mejor. Ambas disfrutamos de no estar pendientes de nadie mas que de nosotras mismas. 

   Llegada la hora de comer fui a un restaurante. Esa sensación de poder hablar sin tener a un pequeño que atender fue totalmente nueva. Disfruté un montón. 

   Recoger a mi pequeño fue un momento súper bonito. Siempre sale corriendo y en esta ocasión tenía un regalo para mí por el día de la madre. Era una medalla preciosa que puedes ver al principio de esta entrada. 

   Pero el día y los buenos momentos no acababan. Nos fuimos a un centro comercial donde nos esperaban dos buenas amigas y el hijo de una de ellas. Poco caso nos hicimos y yo pude disfrutar de una tranquila charla, mientras él jugaba con el otro niño. Conocimos al nuevo integrante del grupo, que tiene nuestra aprobación. 

   Ya en el coche, de camino a casa, iba sonriendo. Hacía tiempo que no tenía un día tan bonito. Me vino genial ese día para recordar varias cosas. Que no estoy sola, que hay personas que me apoyan incondicionalmente y que soy muy afortunada. 

   Y tú, que estás leyendo esto, formas parte de mi fortuna. ¿Has tenido algún día tan bonito como el mío? Seguro que sí. Te animo a contarlo en comentarios. Gracias por tu valioso tiempo.

sábado, 10 de enero de 2026

SENTIR EN SILENCIO

 Entrada en la que reflexiono sobre las veces en las que callamos lo que sentimos.


   Hay veces que la vida te obliga a sentir en silencio. Y no solo hablo de amor, mi tema favorito, sino otros muchos sentimientos. Dolor, enfado, tristeza... Otras veces te ves obligado a callar enfermedades o injusticias.


   El silencio, aunque en ocasiones necesario, puede ayudar o destruir con la misma intensidad. Incluso ambas cosas dependiendo del momento. En otras ocasiones el silencio grita lo que callan las palabras. Y los sentimientos se hacen más fuertes e intensos. Empiezan siendo pequeños hasta que llega el momento que son tan grandes que no caben en el corazón. Y en ese momento salen de dentro y no siempre de la mejor manera. Un grito, horas llorando e incluso una enfermedad pueden ser consecuencia de sentimientos callados durante mucho tiempo.


   ¿Por qué la vida hay veces que nos obliga a callar sentimientos? Por otros sentimientos como el miedo. Yo creo que es el más común. No te digo que te quiero por miedo a que me rechaces, no te digo que estoy triste por miedo a tu indiferencia, no denuncio una injusticia por miedo a que tenga consecuencias negativas hacia mi persona. Y así multitud de veces. El no querer molestar o dar pena son otros motivos por los que nos callamos cosas. No te quiero decir que estoy ingresado porque vas a volver de tu viaje, no te quiero contar mi situación actual porque te vas a compadecer de mí y no necesito eso.


   Los muros nos vienen bien para eso de no expresar las emociones. Mostramos la cara que queremos que vea la gente. Sonreímos a nuestros hijos al dejarles llorando en la guardería porque queremos transmitirles felicidad. Aunque al darnos la vuelta lágrimas de dolor y rabia resbalen por nuestras mejillas. Con los hijos fingimos mucho. Decimos en el trabajo "Buenos días" y "feliz lunes" a pesar de haber pasado un fin de semana peleando con la pareja. No queremos tener que contar que las ojeras que se esconden tras el maquillaje se deben a toda la noche sin dormir.


   Acumular siempre es malo. Acumular sonrisas sin tener con quien compartirlas hace que tengamos sentimientos de soledad y abandono. Acumular tristezas nos puede llevar a una depresión. Acumular besos puede hacer que cuando queramos darlos ya sea tarde para la otra persona. Acumular palabras y pensamientos no expresados nos puede llevar a redactar entradas de blog como esta. Aunque esto último no lo considero algo negativo. 


   ¿Es bueno mantener las emociones en silencio o no? Yo creo que en esto, como en la mayoría de las cosas, lo mejor es el equilibrio. Ni gritarle a la señora que te ha dado sin querer con el paraguas en el tranvía ni decirle a tu mejor amiga que estás bien cuando llevas una semana llorando todas las noches. Pero es tan difícil encontrar el equilibrio, que hay veces que optamos por lo fácil. Guardar silencio y tal vez expresar sin palabras la emoción que invade nuestro corazón. Porque de esa manera sólo las personas que nos quieren bien, pueden intuir que algo pasa.


   ¿Y yo? ¿En qué punto estoy? En modo "propósitos de año nuevo". Uno de ellos es participar en concursos literarios. Pero eso es el tejado de la casa. Así que he decidido empezar por los cimientos, por mi blog. Por este espacio íntimo y personal en el que me puedo expresar con total libertad, escribiendo entre líneas, dejando que los pensamientos me lleven al destino. Todo eso es práctica a la hora de meterme en harina con los personajes, porque yo les digo cómo empieza la historia y ellos me cuentan el resto.


   Y en cuanto a lo de la vida que hay veces que nos obliga a sentir en silencio... Estoy buscando el equilibrio. Lidiando con las emociones, intentando expresarlas cuando considero que va a servir para algo. Guardando en un cajón esas lágrimas que salen solas al dejar a mi bebé llorando en la guardería, conteniendo el impulso de llevármelo al trabajo. Siendo aries, lo de controlar el impulso no es nada fácil. Y el lunes sonreiré al llegar al trabajo y diré "Buenos días" mientras en mi mente sonará "de buenos nada, que mañana tengo dentista y estoy muerta de miedo". 


   Me pasaría horas escribiendo sobre el tema, pero quiero dejar la entrada de blog terminada. Te doy las gracias por los minutos que has dedicado al leer mis letras y te animo a dejar un comentario si te apetece. No obstante, antes de despedirme, una pregunta ¿cuál es la última emoción que te has callado?.

sábado, 25 de enero de 2025

DEJÉ DE LUCHAR, TOCA ACEPTAR

 Entrada en la que hablo de situaciones que tienes que aceptar en vez de buscar soluciones que no existen.


Hay veces en las que piensas mucho buscando la solución a un problema. Tienes la esperanza de encontrar una solución que no existe. En el fondo sabes que es así, pero en la superficie te niegas a admitirlo. No es que no exista, es que no has dado con ella. ¿Aceptar las cosas tal y como vienen? No. Eso no. Mejor poner las neuronas a trabajar hasta que den con la fórmula mágica que te permita no tener que aceptar lo que no quieres. 


Se me ocurren varios ejemplos. Cuando tienes un problema de salud. Antes de la visita con el médico esa enfermedad no existía. Seguro que existe la forma de volver atrás en el tiempo para que siga siendo así. 


El fallecimiento de un familiar, un bache económico, querer cuidar de tu bebé cuando no puedes dejar de trabajar. También se me ocurre la mala relación con un familiar o amigo que por más que lo intentas no consigues que sea buena. Encontrar un piso de alquiler o de compra que cueste la mitad de lo que cuestan actualmente. Ese trabajo donde te pagan el doble por la mitad de horas. 


Seguro que tú estás pensando en otra lista de problemas. Esas situaciones que en tu cabeza tienen una solución tan fácil como irreal. Y ahí estás, pensando y pensando para dar con esa solución que no existe. En el fondo sabes que te tocará aceptar la situación, pero haces todo lo posible porque ese momento tarde en llegar. 


Hay ocasiones en las que hay que luchar y hacer todo lo posible por cambiar la situación. Pero tenemos que darnos cuenta que hay momentos en los que debemos rendirnos. Que en realidad no es rendirse, sino aceptar las cosas. Por ejemplo, queremos ser astronautas y vivimos en un pueblo con pocos habitantes. La solución mágica (lo que yo llamo mi mundo de luz y color) sería que nos llamaran de la Nasa para ofrecernos el puesto. Pero eso no va a pasar. Así que lo suyo es intentar vivir en una gran ciudad donde es más fácil acceder a la formación necesaria. Luchar por vestirnos con un traje espacial, poner todo nuestro empeño. Darle vueltas a cómo podemos hacerlo. Pero llega un momento en el que tenemos que aceptar que sólo podremos pilotar un cochete de juguete. Porque con 65 años, miopía, hipertensión y problemas de espalda lo de viajar al espacio es algo irreal (no me gusta la palabra imposible).


En resumen. Hay situaciones en las que debemos pensar y otras en las que debemos aceptar. Y en la gran mayoría necesitamos hacer ambas cosas. Lo que pasa es que el momento en el que debemos dejar de pensar, no lo tenemos claro. Porque no es fácil. Siempre tenemos esa idea de que hay algo que se nos escapa, que todavía no hemos dado con la solución mágica.


Gracias por estar ahí. Por leerme y si te animas a compartir tu reflexión, gracias por hacerlo.



lunes, 25 de noviembre de 2024

URGENCIAS PEDIÁTRICAS

 Entrada en la que comento algunas de las cosas que pasan cuando llevas a tu peque a urgencias. 


   Hoy quiero hablar de las relaciones invisibles qe se establecen cuando te pasas horas en urgencias. Todo empieza un rato antes, cuando te das cuenta que el amor de tu vida está malo. Tiene mucha fiebre, se ha hecho una brecha, se ha dado un golpe en la cabeza, lleva vomitando días... En cuestión de minutos os vais para el hospital con un deseo. Bueno, en realidad dos. Que no sea nada y que no haya mucha gente en la sala de espera. 


   Llegas a tu destino y mientras vas a dar los datos, miras de reojo la sala de espera. Te entran ganas de llorar. Ves caritas con los ojos de tener fiebre, otros dormidos encima de papá o mamá, alguno en silla de ruedas con la pierna estirada. Oyes toses, alguna mamá hablando con su peque. 


   Cuando te has sentado en la sala, después de pasar por triaje, ya sabes la gente que ha entrado antes que tú. Sin conocerles de nada, has empatizado con cada persona con la que compartes sala. De vez en cuando van llamando a los peques para que pasen a boxes. Ves en la mirada de los padres escrita las palabras "por fin". Y deseas en silencio que no sea nada. Gente nueva entra. Sus ojos reflejan lo que tú pensabas hace unos minutos. 


   Si tu peque está medio bueno, te toca pasear por los pasillos. Coincides con papás y mamás en la misma situación. "No toques la basura", "no entres ahí", "no des golpes a la máquina de café". Y si tiene edad de entenderlo "nos vamos pronto, cariño". 


   Te alegras cada vez que dicen por megafonía el nombre de un peque y el número de un box. Ya queda uno menos para que te toque a ti. 


   Puede pasar que un peque empeore y tenga que entrar corriendo. En una ocasión, un bebé se empezó a poner morado y la mamá entró gritando a boxes. Los pediatras corrían, los padres chillaban, los de seguridad también acudieron. Y un minuto después, el llanto del bebé. Todo el mundo respiró aliviado. A tiempo que el susto hacía que las pulsaciones aumentaran. Te pones en el lugar de esa madre, de ese padre y te imaginas a tu pequeño siendo ese bebé. Eliminas ese pensamiento al instante porque la imagen te resulta demasiado dolorosa. La vida es frágil, pero preferimos no pensarlo.


   Puede ocurrir que unos padres protesten por las largas esperas. Que entre de la calle alguien pidiendo una silla de ruedas o que se vayan cansados de esperar. 


   Por fin los altavoces dicen el nombre de tu hijo. Entras con un único pensamiento "que no sea nada". Le cuentas lo que le pasa al pediatra, le examina y en el mejor de los casos te dice lo que quieres oír y unas recomendaciones por si empeora. 


   Sales de boxes. Mientras te pones el abrigo tal vez veas a una amiga con la que dejaste de tener contacto hace 9 años. Sonríes sin mover los labios. Pero no le dices nada, estás centrada en salir de allí cuanto antes. Además tu peque hace que sólo puedas desear que su hijo esté bien, mientras evitas que salga a la calle sin abrigo. 


   Una vez fuera has olvidado cada cara, cada conversación, cada mirada cómplice. Has dejado dentro tus mejores deseos para que todos se recuperen lo antes posible. Deseas de corazón que los pediatras tengan poco trabajo, porque eso significa que nuestros pequeños están sanos. 


   Camino al coche miras la puerta de urgencias "hasta nunca" piensas. Aunque en el fondo sabes que te tocará volver tarde o temprano. 


   Y hasta aquí mi entrada de hoy. Espero que te haya gustado. Y si te animas a dejar un comentario lo leeré con atención. 



lunes, 6 de noviembre de 2023

FELIZ CUMPLEAÑOS

   Entrada dedicada a un amigo LUCHADOR, así con mayúsculas, al que admiro.



   Un año. 365 días de lucha. De tropezar, caer y volver a levantarse con gran esfuerzo. Un año de autoexigencia, de rabia y de esfuerzo. Cada paso que das, mas cerca estás de tu objetivo. "Poco a poco" es tu frase. "Ole tú" es la mía. Lo haces mejor de lo que piensas. No eres consciente de donde estás ahora ni de la admiración que provocas. Porque yo te admiro. 


   Hace un año la vida te dio un golpe. Cuando menos lo esperabas te puso en la cuerda floja. Y tu primer pensamiento fue "voy a descansar un rato" pero las circunstancias te llevaron a bajar al portal de tu casa. Gracias por tomar esa decisión, ya que fue la que te salvó la vida. Un vecino y el portero se dieron cuenta que algo no iba bien y la rápida actuación de los sanitarios hicieron que todo quedara en un susto.


   Unos días de ingreso y una nueva vida por delante. Un montón de retos y obstáculos que superar y una idea en la cabeza, llevarle la contraria al médico que te dijo "no vas a poder". Siempre te ha gustado llevar la contraria y si a eso le unimos la rabia que sentías y tu fortaleza física y mental, nos da el resultado que tenemos hoy. 


   No, amigo, "poco a poco" no. Eres un campeón. Lo haces genial y esto solo puede mejorar. Ya sé que eres muy exigente contigo mismo, pero date una palmada en la espalda y creéme cuando te digo que lo estás haciendo muy bien y que te admiro.


   Me habría gustado estar más presente en tu proceso de recuperación. Hacer todo lo que hicieron las personas que te ayudaron. Pero mis circunstancias lo impidieron. Nuestra amistad siempre ha sido así. Saber que estamos aunque no estemos físicamente. Y eso es lo bonito de la amistad, por eso te dedico esta entrada solo a ti. Para que sepas que aunque no estuve físicamente a tu lado, sí estabas en mis pensamientos. Y para ti eran mis mejores deseos.


   Por último sólo me queda darte las gracias. A ti por haber tomado la sabia decisión de bajar al portal, a tus ángeles de la guarda disfrazados de vecino y portero y por supuesto a todo el personal de hospital que hizo posible que ahora estés donde estás. Y no me olvido de tu grupo de amigos y amigas, que estoy segura que están de acuerdo con mis palabras. 


Bueno, por hoy dejo aquí mi nueva entrada. Y si quieres, dentro de 5 años, volvemos a hablar de todos los avances que has tenido. Sé que no, pero si en algún momento las fuerzas te faltan, ya sabes donde estoy. ¡Ah! Y vete pensando donde quieres celebrar tu otro cumpleaños, que el día 21 está al caer. 


Un fuerte abrazo, amigo.


viernes, 21 de abril de 2023

NO ME JUZGUES, RESPÉTAME

   Entrada en la que hablo sobre las decisiones de las madres.


   Hoy voy a hablar de las madres. Quiero comentar que, en demasiadas ocasiones, no se les trata como se merecen. Romperé una lanza a favor de todas esas decisiones que toman y que son juzgadas y criticadas por ellas. Por favor, respeto. No voy a pedir empatía porque no está al alcance de todo el mundo. Pero respetar sin juzgar sí lo sabemos hacer. Sólo hace falta querer hacerlo.

   Una mamá no quiere visitas en el hospital. ¡Genial! No hay problema. ¿Por qué nos molesta? Pero antes de llegar al hospital, vamos al embarazo.

   No siempre se consigue a la primera. Y cuando se consigue no siempre llega a término. Hay veces que hay que acudir a la ciencia para conseguir las dos rallitas. Desde que dos personas,  o una, decide tener un bebé hasta que le tiene en brazos, puede pasar de 10 meses (1 de búsqueda) hasta 10 ó 15 años e incluso más. ¿Te haces a la idea del sufrimiento que lleva esa mujer a sus espaldas?

   ¡Conseguido! Tenemos dos rallitas y/o un análisis de sangre que nos dice que vamos a ser mamás. Ahora empieza lo bueno. Hay algunos que son una bonita experiencia (mi más sincera enhorabuena) y otros que son una pesadilla. No a todo el mundo le pasa todo, pero en muchas ocasiones parece que nos ha mirado un tuerto mientras pasábamos debajo de una escalera después de romper un espejo al cruzarnos con un gato negro. Traducido al embarazo. Náuseas, vómitos, mareos, dolores de cabeza, tensión alta, ciática. También podemos tener problemas de salud previos como migrañas o dolor dental que nos impiden tomar nuestra medicación habitual. Y no me olvido de lo que nos puede pasar durante el embarazo como riesgo de preclamsia, sangrados, hematomas, placenta previa, diabetes gestacional. En definitiva, nos pasamos 9 meses con el alma en vilo y preocupadas porque nuestro bebé esté sano. Contenemos la respiración con cada ecografía hasta que el médico nos dice que todo está bien. Y cuando tuerce el gesto, se nos para el corazón y la preocupación nos acompaña el resto del embarazo.

   Si una embarazada te está contando que lo está pasando mal, no le digas que disfrute de su embarazo. De verdad, no lo hagas. Porque esa mujer no le va contando a todo el mundo que tiene insomnio o que lleva fatal no poder comer un alimento o que el médico le ha dicho que la va a volver a ver en 15 días por un sangrado. Si te dice que vomita 2 veces al día o que la acidez no le deja dormir, escúchala. Y como te hable del miedo a perder a su bebé porque hace una semana tuvo un sangrado o tiene un hematoma, no minimices su miedo. Es muy dura esa batalla interna de la esperanza contra el miedo.

   ¡Llegamos al final del embarazo! Nos hemos convertido en una pelota incapaz de atarnos los zapatos y que es incapaz de estar más de 3 horas sin ir al baño. Por no hablar que la labor de respirar se complica, la postura cómoda para dormir no existe e incluso la acidez y/o los vómitos son diarios. Ahora viene algo divertido. Nos hemos enamorado de nuestro bebé. Ese ser que va a ser futbolista y que le tiene manía a nuestra vejiga, por los golpes que le da. Tenemos ganas de conocerle y de achucharle. Pero esto no es lo divertido, es el parto. Aquí se nos abre un abanico. Nos ponemos de parto o nos lo inducen, vía vaginal o cesárea, cesárea de urgencia o programada. Hay mujeres que tienen un parto bonito y rápido (enhorabuena, chicas) y otras que sufren todo tipo de contratiempos y ese momento se convierte en algo traumático.

   Volvemos a lo que decía al principio. ¿En serio os vais a molestar porque una madre no quiera visitas en el hospital? Yo creo que esa mujer que lleva sufriendo 9 meses de embarazo y varias horas de parto, se merece decidir si quiere tener la habitación llena de gente o no. Igual que si decide dar biberón, pecho o lactancia mixta. No somos nadie para meternos en su decisión.

  Por favor, preguntemos. ¿Necesitas algo? ¿Quieres un tupper de comida casera? ¿Te parece que el próximo día te traiga (inserte aquí cualquier cosa)? No vamos a imponer nuestro criterio. "Qué mala cara tienes" "Trae que te cojo al bebé" "Mañana me quedo a dormir en el hospital" "Deberías darle el pecho/biberón". Venga, que la mamá ya tiene bastante con todo lo que ha pasado y no necesita ese tipo de comentarios. Vamos a respetarla como si acabara de dar vida a un ser humano, que es justo lo que acaba de hacer.

   Del postparto, las molestias y dolores y las noches sin dormir o la casa sin recoger, hablamos otro día. 

   ¡Gracias por tu tiempo!

martes, 18 de octubre de 2022

EL 2023 SERÁ NUESTRO AÑO

 

   Entrada dedicada a una gran amiga en la que hablo de un presentimiento. 



   Llevamos unos años duros. De lágrimas derramadas y sin derramar. De buscar y encontrar. De abrazos con y sin mascarilla. De retos, sueños, alguna pesadilla y muchas esperanzas. Pero hemos sobrevivido a todo ello. Somos fuertes. Y nos merecemos un año de sí. De quiero, puedo y lo consigo. 


   Nunca me han gustado los años impares. Me gustan más los números pares. Pero hoy he tenido un presentimiento. Primero ha sido una imagen mía haciendo algo que deseo. Y horas después, he sentido que tu sueño se iba a cumplir. 


   Las cosas pueden cambiar mucho o nada en 365 días. Y para nosotras, van a cambiar. Nuestro vínculo se va a hacer más fuerte. Y nos vamos a dar cuenta que el símbolo de nuestra amistad que empezó hace unos años, es el infinito. 


   Tal vez, las circunstancias no sean las más adecuadas para disfrutar de nuestras charlas en soledad. Pero la felicidad y la complicidad nos hará disfrutar de cada momento. 


   Felicidad. Eres una persona con la que quiero compartir esos momentos en los que mis ojos lloran de alegría. Me has dejado tantas veces tu hombro, tu chocolate, tus oídos y tu infinita paciencia; que por eso siento que te mereces mis sonrisas. 


   Eres mi ejemplo a seguir. No hay persona más luchadora que tú. Te admiro. Cada día me enseñas algo nuevo. Siempre desde el cariño incluso cuando me dices "venga, vamos, acelera y estréllate, es lo que quieres ¿no?". En esos momentos lo que no me dices es "aquí estaré para ayudarte a curar las heridas".


   Bueno, que me voy del tema. Que he empezado escribiendo que el 2023 será nuestro año y al final me ha salido una declaración de amistad. Lo dicho, sé que el 2023 nos va a traer aquello que buscamos desde hace tiempo. Y si por alguna remota casualidad no nos lo trae, no pasa nada. Porque cogeremos al 2024 y le diremos que se ponga las pilas. No sé lo que nos depara el destino. Lo que tengo claro es que son cosas buenas y que las vamos a poder compartir. 


   Gracias por el ratito de hoy. Y perdón por esta temporada tan rara que llevo. Ya queda menos para que las 12 campanadas den paso a nuestro año.






miércoles, 12 de octubre de 2022

ES TAN IMPORTANTE EL CAMINO, COMO EL DESTINO

   Entrada que va sobre algo que deberíamos tener todos, sueños.



   Hay veces en las que conseguir nuestro sueño se convierte en una carrera de fondo. Empezamos con un objetivo. Una idea clara. Nos ponemos las zapatillas a la vez que decimos en voz alta el nombre de nuestro destino. Al oírlo, parece más real. Accesible, alcanzable. Incluso posible.

   La mayoría de sueños empiezan siendo una locura. "¿Yo? ¿Astronauta? ¡Qué va!" Y empezamos la carrera imaginaria. Buscamos información, nos damos cuenta de que alguna posibilidad tenemos, se nos da genial el inglés. Y poco a poco vamos cambiando de idea. Es una locura... pero no tanto.

   Ya estamos en marcha. Y los obstáculos se multiplican. La opinión de la gente, la experiencia de otros astronautas, la familia... incluso hay veces que la sociedad nos dice "¿Ande vas, con lo que contamina un cohete?"

   Recibimos nuestro primer "no". El mundo se paraliza. En realidad sigue girando pero nuestros pies no lo notan. Nos ha salido  el hierro bajo y para viajar por el espacio necesitamos tener los niveles normales. Tras el susto, nos ponemos a comer lentejas y a buscar por internet. En dos días sabemos cada alimento que tiene hierro, el que no lo tiene y el que tenía fama de tenerlo pero es mentira. Seguimos en carrera para alcanzar nuestra meta.

   Lo anterior se repite una y otra vez. Ayer fue el hierro, hoy un papel que no hemos enviado a tiempo, mañana un ligero mareo causado por los nervios... y así una y otra vez. Pensamos en abandonar,  en dejar la carrera. Nos cuesta superar las dificultades. Nos duele cada caída. Cada "no". Entonces miramos al cielo. Una estrella parpadea para que la veamos sólo nosotros. Y recordamos por qué quisimos empezar a correr.

   Hay sueños que no se alcanzan. Que tenemos que dejar ir. Y nos vemos obligados a coger todas nuestras esperanzas, lágrimas y horas invertidas, para guardarlo en un cajón. Nos quedamos con el camino recorrido, la gente que hemos conocido, los lugares visitados. Y nos damos un aplauso. Porque sí, porque nos lo merecemos. Esta carrera nos ha servido para conocernos un poco más y para saber hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conseguir lo que queremos.

  Una amplia sonrisa refleja la alegría del sueño cumplido. Sí, de verdad, hay veces que se cumplen. Y que todo nuestro esfuerzo adquiere la forma del sueño cumplido. Y sentimos que merece la pena cada lágrima, cada enfado, cada noche sin dormir, cada discusión con la gente que no nos entendía. A pesar y gracias a todo lo anterior, hemos llegado a la meta. Y ahora nos toca disfrutar al máximo y a la vez pensar en cuál será la próxima locura que se convertirá en sueño.

  Llegados a este punto he de confesar que no, mi sueño no es ser astronauta. Pero tengo otros que tal vez sean tan inalcanzables. Lo importante, es luchar por ellos y disfrutar al máximo del camino. Y cuando las fuerzas flaqueen, buscar una mano amiga que nos ayude en la lucha. Porque se cumpla o no, lo más importante es no dejar de soñar nunca.

   ¿Y tú con qué sueñas? ¿Te animas a contármelo? Gracias por leerme.

lunes, 19 de septiembre de 2022

DESPUÉS DE LA VISITA



Relato basado en hechos reales.


  Hay malas rachas que duran un poco más de la cuenta. Diana estaba acostumbrada a lidiar con ellas. Había aprendido a no luchar contra los elementos, era amiga de ellos. Surfeaba las grandes olas y hacía barbacoa cuando el fuego aparecía en escena. A pesar de ello, ahora estaba sumergida en un mar de situaciones que le venían grandes. Estaba al límite de sus fuerzas... o eso pensaba ella.


   El fin de semana se presentaba interesante. Después de trabajar, el sábado iría con sus amigas que estarían haciendo una barbacoa. Llevaría una gran tarta. Le apetecía mucho el plan. El domingo irían a la piscina con los amigos de su pareja. Aunque no era mucho de agua sabía que se lo iba a pasar bien. 


   El mayor se despertó con mocos y dolor de garganta. Palito por la nariz y Doña Vida mostró parte del plan que tenía pensado para nuestra protagonista y para el resto de la familia. Intentó organizar, sin éxito, la entrega de la tarta. Propuso que alguna fuera a por un trozo pero no fue posible. Así que allí estaba ella. Con una gran tarta en la nevera y sin poder ver a sus amigas ni ir a la piscina. 


   Comentó con su hijo mayor la frase de "Querida vida, cuando te pregunto si mi vida no puede ponerse peor, es una pregunta retórica, no un desafío". Ambos comentaron la racha que llevaban. Para intentar endulzar un poco el sábado, decidieron salir a picar algo por la noche. Doña Vida les dejó disfrutar de un rato en familia. Tenía una sorpresa preparada. Tras el picoteo y un rato de juegos con la perrilla en la calle, tocaba volver a casa.


  Al abrir la puerta algo pasó que no se abría. Estaban a punto de descubrir la sorpresa que la vida tenía preparada. Su pareja preguntó por qué habían puesto la cadena en la puerta. Diana palideció. Alguien había entrado en casa y había puesto la cadena. Su hijo mayor accedió al domicilio por donde habían accedido minutos antes persona o personas ajenas a su hogar. Con la cadena ya quitada, vieron el desastre. Las dos mesillas de la habitación de matrimonio vaciadas en el suelo. Una hucha estrujada y tirada sobre la cama. El armario abierto y ni rastro de una pesada caja de metal donde Diana guardaba monedas de poco valor. 


   Llamada a la policía, al seguro, y a lidiar con la sensación de miedo más real que ha vivido nuestra protagonista. 


   Finalmente, a las cinco de la mañana era capaz de cerrar los ojos, para seguir soñando con robos. 


   Doña Vida tenía preparadas más sorpresas. Al día siguiente ansiedad por dejar a su hijo pequeño en casa, con la verja cerrada y con una alarma de cuatro patas. Unas décimas de fiebre esa misma noche, que serían una pista de la próxima sorpresa. Bueno, muy sorprendente no fue ver en el test las dos rallitas, pero si lo fue el dolor de garganta que le impidió trabajar.


   Diana respira hondo. Sigue empeñada en no rendirse. Se aferra a la idea de que cuando todo lo malo pase, llegará todo lo bueno. Va a aprovechar el tiempo de aislamiento obligado para poner a punto la tabla de surfear y comprar mucha carne para la próxima barbacoa. Mientras tanto, la gran tarta cada vez es más pequeña.

martes, 10 de mayo de 2022

¿COCODRILOS? NO, MEJOR PATOS.

Entrada en la que hablo de una amistad.


   Querida amiga:


   Espero que no tengas razón. El otro día me dijiste una cosa que sólo tú y yo sabemos. Y me dejaste pensativa. No te di la razón ni pude quitártela. Simplemente contesté "puede ser". Aunque en mi fueros interno, externo y del medio deseaba y deseo, que te equivoques.


   Nuestra amistad ha sido intermitente. Hablamos todos los días una temporada y luego viene otra de silencio. No porque estemos enfadadas sino porque la vida, a veces, nos obliga a centrarnos en otras cosas


   Cada vez que volvemos a hablar es como si el tiempo no hubiera pasado. Recordamos batallitas vividas y nos ponemos al día de las últimas novedades. 


   Consejos que no seguimos, palabras de apoyo y de ánimo y un "estoy aquí" que se lee entre líneas. Esta es la amistad verdadera, la que dura toda la vida.


   Me ayudas a ver las cosas que veo con claridad en cada enfado. Y cuando estoy de buen humor me las recuerdas. Y no me tienes en cuenta lo ¿soñadora? ¿ingenua? Que soy a veces. Recoges por mi cada uno pedacitos en los que me convierto en cada leche que me meto. Los juntas y me los devuelves con una sonrisa haciéndome prometer que me graduaré las gafas la próxima vez. Aun sabiendo que esa promesa es digna de Pinocho. 


   Querida amiga, gracias por existir, por estar ahí y no rendirte. Y ojalá que el tiempo me dé a mí la razón y no a ti y algún día nos comamos un plato de lentejas en un castillo rodeado de patos.