domingo, 18 de junio de 2017

EL AMOR DE MI VIDA

Entrada en la que reflexiono sobre qué es eso del amor de una vida.

   Acabo de ver un vídeo donde varias mujeres se reencuentran con el amor de su vida. Últimamente estoy hipersensible y las imágenes me han dado qué pensar.

   ¿Qué es exactamente el "amor de tu vida"? Como pasa siempre, cada persona tiene una definición. En el tema del amor es complicadísimo ser objetivo. Para una persona puede ser aquel primer amor, para otra la persona con la que se casó, o con la que tuvo la relación más larga o tal vez esa chica o chico que amó en silencio.

   No tengo una opinión formada sobre el tema. He vivido varias relaciones, de diferente duración, e incluso he llegado a estar casada. Cada hombre, en su momento, dejó huella en mi. El primer chico al que besé, mi primer amor, aquéllos con los que compartí varios meses... No sé... sería injusto ponerle a uno esa etiqueta.

   ¿Etiqueta? ¿Cargo? ¿Qué es ser amor de la vida de una persona? ¿Para ser eso tiene que ser recíproco? Quiero decir, para mí Juan puede ser el amor de mi vida. Digo Juan porque es un nombre que uso mucho en mis relatos y porque ni me gusta ni me ha gustado un chico con ese nombre. A lo que iba. Le nombro a él como amor de mi vida. ¿Yo lo seré para él? Entiendo que esto del amor es cosa de dos. Entonces, si yo no lo soy para él, el puede serlo para mi ¿O no?

   No sé, estoy muy confundida con el tema. ¿Puede haber más de un amor de nuestra vida? Cuando me he enamorado lo he hecho de verdad, con el corazón y para siempre. Al final, ninguna de las relaciones se ha mantenido hasta la fecha. ¿Se puede decir que cada una de las veces que he suspirado es porque he tenido ese amor?

   Me gusta pensar que lo mejor está por llegar. Y que si ahora mi corazón está libre es porque aún no ha llegado esa persona con la que voy a compartir el resto de mis días. ¿Mi último novio será el amor de mi vida? ¿Si muero soltera significará que no he tenido ese amor inolvidable?

   Por otro lado... ¿Qué se siente al estar con una persona sabiendo que no es el amor de tu vida? Para él tu puedes serlo, pero si no es recíproco la balanza está descompensada ¿No? Entiendo que hay personas que marcan más que otras. En el terreno de la amistad es muy fácil de ver, no te llevas igual con una u otra amiga. Entonces... ¿La relación que más te marcó es ese amor?

   Tal vez lo mejor sea vivir cada historia como si fuera la última. Porque de esa manera será intenso. No sé, me produce tristeza darle el título de "amor de mi vida" a una persona a la que no puedo ver cada mañana. Además, los sentimientos evolucionan. Y justo cuando creemos que no podemos sentir tal o cual cosa, lo hacemos y con más fuerza.

   En el vídeo que he visto comentaban las chicas que nunca habían sentido lo mismo al conocer a otras personas. Me produce cierta tristeza escuchar eso. ¿Con todas las personas que somos y no han encontrado a alguien capaz de igualar o incluso superar eso?

   Conforme escribo me reafirmo. Yo no he conocido todavía a esa persona. Quien sabe, tal vez, quizás... llegue a conocerla algún día y lo entienda todo. Si así fuera, lo contaría aquí, en mi espacio personal.

   Gracias por leerme y si te apetece hacer algún comentario, no dudes en hacerlo. Estaré encantada de conocer tu opinión.

 

QUERIDA PERSONA ESPECIAL

Entrada dedicada a una persona futura en la que le cuento cómo me gustaría pasar un día.

   Hola Persona EspecIal Futura:

   Me vas a perdonar, aún no sé tu nombre, por eso no lo pongo.

   Después de un día en el parque de atracciones, quiero contarte todas las cosas que tengo pensadas para hacer cuando estemos juntos. Quiero que vengamos aquí. Podemos hacerlo solos o con más gente, eso me da igual. Pero hay unas cuantas atracciones en las que quiero montar contigo. Igual detestas los parque de atracciones, pero estoy segura que vendrás por mí, igual que yo haré otras cosas por ti.

   Quiero que entremos en el laberinto de espejos. Será divertido empezarlo contigo de la mano y luego perdernos hasta encontrarnos a la salida. Te pido por favor que si ves que tardo mucho en salir, entres a buscarme. Con mi sentido de la orientación puedo estar dentro hasta que cierren y vuelvan a abrir el parque.

    También quiero montarme en la casa del terror. Te sonará infantil, pero es un sitio que me da miedo. Sé que te reirás cuando veas que no abro los ojos en todo el rato. Espero que me abraces con ternura para que pueda olvidar donde estoy y así disfrutar de tu compañía.

   Luego podemos ir a la noria. Me da un poco de miedo, pero desde arriba se ve toda Zaragoza. Podemos comentar donde está tal o cual barrio. Te enseñaré donde trabajo. Se ve desde allí arriba.

   ¿Dónde podemos ir más? ¡Ah! Sí. Al tiovivo. Me parece muy romántico cabalgar a tu lado mientras nos miramos. ¡No te rías! Venga, vale, dejo que lo hagas.

   Te pediré que me compres un algodón de azúcar. Prometo darte las gracias con un beso dulce y pegajoso.

   Si vamos en verano, nos podemos montar en los rápidos. Saldremos riendo y empapados de agua.

   En el barco Misisipi estaré detrás tuyo, para que me guíes en la oscuridad y me avises de los peligros que hay bajo nuestros pies.

   Si te gusta la montaña rusa o el revolution, veré como te montas. Y desde abajo te sacaré la lengua. Me dan miedo esas atracciones, pero quiero que te lo pases bien.

    Será un día muy bonito. Lleno de risas y complicidad, en el que nuestra vena más infantil saldrá a la luz. Cuando llegue la noche estaremos agotados y recordaremos cada atracción con esa sonrisa que sale sola cuando piensas en tu persona especial.

   Te mando un abrazo. Cuando nos conozcamos te daré muchos más.

   Firmado. Isa.

jueves, 15 de junio de 2017

HUELLAS

Entrada que va sobre lo que despiertan en nosotros las personas a las que ya no vemos.

   ¿Eres consciente de la huella que dejas en las personas? ¿Te has parado alguna vez a pensar si una persona de tu pasado sonreirá o se pondrá triste al hablar de ti? ¿Hay alguien de tu pasado a quien quieras abrazar y no te atrevas a decírselo? Muchas preguntas y tantas respuestas como personas.

   La semana pasada estaba un poco melancólica. El motivo fue porque me iba de excursión a un lugar donde la última vez había estado con una persona que no está en mi presente. Casualidades de la vida, encontré a esa persona en un supermercado. Le dije "hola" y seguí comprando. No me esperaba verle ahí y sé que él tampoco.

   Una servidora, que es muy sensible y pensadora, se quedó impactada. Querido destino ¿Qué significa encontrarme con esa persona a la que hace casi un año que no veo? Por supuesto, no resolvió mi duda. Tenía guardada para mi una sorpresa aún mayor. Pero no quiero contarla ahora. Se merece una entrada de blog o incluso un extenso relato.

   Recordando, la vida me ha devuelto al presente a varias personas que hacía años no veía. Una amiga de la infancia, el chico que me gustó en los scouts, mi querida prima y resto de familia... Son preciosos los reencuentros después de tantos años.

   Perdón, me voy del tema. No quiero hablar de los reencuentros, sino de las huellas que esas personas dejan en nosotros y las que dejamos en ellas. No sólo hablo de amor, sino de amistad, compañeros de trabajo o vecinos. ¿Cómo me recuerdan? ¿Qué sienten, si es que sienten algo, cuando mi nombre se pasea por su memoria? ¿Por qué dejamos que las personas que son importantes se conviertan en recuerdos y no las llevamos con nosotros?

   De nuevo, más preguntas. Sea como fuere, es maravilloso saber que una persona a la que quisiste te recuerda. Y más aún cuando te enteras que lo hace con cariño.

   Por hoy doy por finalizada esta entrada. De nuevo, gracias por tu tiempo y te animo a comentar e incluso a escribir a esa persona que te gustaría volver a ver. Porque si tú la recuerdas con cariño. Es muy posible que ella a ti lo haga con una sonrisa en los labios.

lunes, 12 de junio de 2017

ALQUÉZAR






Entrada donde cuento lo bien que me lo he pasado un sábado. 

   
   El día empezó demasiado pronto para mi gusto. Sólo había dormido unas pocas horas cuando el despertador amenazaba con taladrar mis oídos si no le hacía caso. En 20 minutos ya tenía la mochila preparada con ganas de pasarlo bien, agua y mucha ilusión.

   A la hora señalada estábamos en el parking esperando a una de nuestras conductoras. El recuento final era 1 chico y 6 chicas. No se lo monta mal el amigo no, porque éramos todas diferentes, altas, bajas, rubias, morenas... tenía para elegir. Bromas a parte, era una situación un poco rara porque no nos conocíamos todos. Eso sí, nos unía una cosa, la mochila cargada de ganas de pasarlo bien.

   Fui en el coche con una buena amiga, una compi del colegio y ahora de trabajo y el hombre valiente. La otra conductora iba con dos chicas que no conocía de nada, pero yo sabía que se lo iba a pasar bien las tres.

   Al poco de salir hicimos una parada en la gasolinera y nos dejamos el limpia trasero levantado. Cuando mi compi se dio cuenta empezamos con la broma del palo que estaba levantado. Envié un WhatsApp al grupo para avisar al coche delantero que llevábamos el palo tieso. Tras varios mensajes, paramos y lo bajamos. Porque ya sabemos que todo lo que sube... baja.

   El viaje se me hizo corto y cuando nos quisimos dar cuenta estábamos tomando cafés y refrescos. La idea de quedarnos y tomar unas bravas era muy tentadora. Pero nos podía las ganas de disfrutar del paisaje. No era una ruta difícil, pero había que empezarla.

   Cuando iniciamos la bajada me empecé a encontrar mal. Es lo que tiene el no desayunar y hacer esfuerzo bajo el sol. Está claro que una chocolatina no me dio la energía que necesitaba. Pasado ese momento de bajón, continuamos hasta una cueva donde nos mojamos los pies para aliviar un poco el calor veraniego.

   Parecía que nos conociéramos de toda la vida. Había risas, bromas y todo se decidía de buen rollo. Nos pusimos de acuerdo en echarle la culpa de todo a una de nuestras conductoras. Ella lo asumía con una sonrisa.

   Pasamos por las pasarelas de Alquézar, que están en un precioso pueblo oscense. Te recomiendo visitarlo si no lo has hecho ya. Están a unos metros sobre un bonito río. No tiene dificultad ninguna, aunque a la aquí presente, le impresiona verse tan alta. Es lo que tiene ser bajita. Eso sí, en las fotos salgo con mi mejor sonrisa.

   Comimos muy cerquita de ese río que desde arriba se veía tan bonito. Os cuento un secreto. Desde abajo, aún lo es más. Relax, bocata casero, licor de chocolate con cereza cortesía de una compañera, sandía que llevaron dos compis más... allí lo tenía todo.

   Mientras miraba el río pensaba en lo lejos que estaban mis problemas. Allí no tenía ninguno. Era inmensamente feliz. Estaba relajada y no quería moverme. A la vez que yo estaba sumergida en mis pensamientos, un par se fueron a investigar lo que había río arriba. Otras chicas cubrían su cuerpo con el agua helada. Estábamos muy bien, muy a gusto.

   Después de pasear por las piedras y que una de nuestras chicas se cayera de culo, iniciamos el camino de vuelta. Una compi le devolvió a la chica que se había caído su chancleta. Debe ser que tenía más ganas que la dueña de emprender el camino.

   La subida no era tan pronunciada como la bajada. Se hizo corto. Con cada paso que daba, dejaba un nuevo recuerdo sobre las piedras. He estado en Alquézar varias veces y cada una de ellas ha sido especial y diferente. Bonito lugar, bonitos recuerdos, inmejorable compañía... no se puede pedir más. Bueno sí, una cervecita bien fresquita.

    Hicimos una parada en un pueblo llamado Adahuesca. Allí trabaja un amigo de una de las chicas. Cuando llegamos sólo éramos 5, ya que mi compi de clase y el chico se habían ido porque él trabajaba por la tarde. En el bar aprendimos sobre barranquismo y planeamos una salida con traje de neopreno. Teníamos guía y ellas tenían ganas de aventura así que sólo falta poner fecha.


   Con las últimas fotos nos despedíamos del amigo de nuestra compi y volvíamos a Zaragoza. El camino de vuelta fue entretenido. Hablando todo el rato de lo bien que nos lo habíamos pasado. Con ganas de repetir la experiencia.

   En media hora puse una lavadora con la ropa que llevaba porque la necesitaba para el día siguiente. Me duché y me arreglé un poco para salir a cenar con una gran amiga. Fue el broche de oro a un día en el que la belleza interior de las personas con las que iba superaba a la del paisaje.
 

sábado, 10 de junio de 2017

VIVIR EL PRESENTE NO ES TAN FÁCIL

Una nueva entrada que habla sobre cómo vivir el presente desde el lado racional y emocional.

   Hoy me ha venido una idea a la mente. Bueno, más bien una pregunta. ¿Cómo se hace para vivir el presente? Sí, la teoría me la sé, nos la sabemos todos. Pero... ¿Soy la única que lo ve complicadísimo? Vivir el presente. ¿Y el pasado? ¿Y los recuerdos? Eso ya no importa, porque no va a volver. ¿Y el futuro? Tampoco existe. Existirá... o no. Tenemos que centrarnos en el hoy. ¿Y cuando ves a una persona de tu pasado? Es inevitable que por un momento vuelvas a la época en la que tenías contacto. Pero eso son recuerdos. Y hay que dejarlos donde están, en ese gran cajón de recuerdos que todos tenemos.

   Vale, la parte racional ahí está. El pasado no pinta nada en un presente que no sabemos si tendrá futuro. Pero... ¿Y la parte emocional? Esa no entiende de tiempos verbales, entiende de latidos. Una sonrisa que te hace sentir algo especial, un olor que te recuerda a una persona que echas de menos y por la que derramas una lágrima, un sabor que te hace sonreír al recordar la comida de mamá. ¿Qué? ¿Y ahora cómo se hace para no sentir ese cosquilleo, derramar esa lágrima o disimular la sonrisa? Con el futuro pasa igual. La ilusión porque llegue ese día señalado en el calendario, la esperanza por aprobar un examen, el nerviosismo porque tienes una cita el fin de semana. También hay otros sentimientos como el miedo porque te operan o la tristeza porque vas a estar un mes sin ver a las personitas que quieres. Yo esto no sé hacerlo. No sé no sentir.

   Dentro de la gran dificultad que veo, me parece mucho más sencillo vivir el presente desde la razón. Eso de mantener a ralla las emociones y decirle al corazón que no se altere tanto porque algo positivo va a pasar, no lo veo factible. Sé que se puede llegar a controlar, que hay técnicas para vivir intensamente el presente. Pero yo creo que seguiré conjugando a la vez los tres tiempos verbales. Presente, pasado y futuro.

   Gracias por leerme y si te apetece comentar la entrada estaré encantada de responderte.

lunes, 29 de mayo de 2017

VIVA YO


Entrada en la que cuento cómo he pasado un domingo de excursión...

   Sí, lo sé. El título suena presuntoso. Si es la primera vez que lees mi blog, pensarás que soy una creída y si ya sabes que no lo soy, te sorprenderá. Pero en estos momentos, después de un día tan intenso, no se me ocurre un título mejor. Como ya has leído en la introducción, voy a contar cómo he pasado un bonito domingo.

   Todo empezó esta mañana a las siete de la mañana. Había quedado en un cuarto de hora e iba loca por la casa preparando las cosas. Me hice dos sándwiches, metí el agua (metí tres botellas de medio litro y saqué una), un batido de fresa, una ensalada... Lo siguiente era vestirme. El día anterior, aprovechando la tarjeta regalo de unas amigas, me compré un pantalón de senderismo. Decidí volver a la montaña y lo iba a hacer con la ropa adecuada. Adiós a mis cómodos vaqueros. Quito las etiquetas y me pongo un pantalón... una talla más pequeña. Me metí dentro del probador con dos tallas, decidida a cogerme la mía y sin querer cogí la equivocada. Contengo la respiración y abrocho el botón. Ya estaba lista para una ruta que me habían avisado que iba a ser dura. Pero ¿Quién dijo miedo? Yo no... aún.

   Llego cinco minutos tarde al lugar donde había quedado con una de mis compañeras de fatigas. Tengo que aprender a levantarme antes. Estar sentada al volante no era muy cómodo, pero yo no iba a renunciar mi recién estrenado pantalón de senderista.

   Ya en el lugar de la quedada, dos besos a los componentes de la excursión y cada uno a su coche. Un par de guantes hacen compañía al resto de cosas. Minutos después de arrancar, una parada para recoger al último compañero. En total, 9 personas, 6 chicas y 3 chicos. En común ganas e ilusión por llegar al punto de destino.

   Muy cerca del parking empieza la ruta. Antes de empezar, guardo mi batido de fresa en la nevera de un compañero, nos echamos crema y algunos se ponen las botas de montaña. El inicio, cuesta arriba, como tiene que ser. Mis pulmones luchan por acostumbrarse al esfuerzo extra. Subimos por un camino de piedras con arena. No es difícil el ascenso, pero sí requiere que ponga mi cara seria de concentrada. De vez en cuando alguien me pregunta como voy. Sonrió tímidamente y miento "bien".

   Cuando llevamos un rato, nos toca subir por cuerdas. En el primer sitio está enrollada y una de las chicas tiene que subir "a pelo". Amablemente, nos la lanza desde arriba. Consigo subir. Ole por mi. Unos metros mas allá, otra cuerda y tras subir durante unos minutos, la última cuerda. Elegimos entre agarrarnos a ella y ascender o trepar por unas rocas. Voy toda decidida, vale... es mentira. Me pongo delante de unas grandes rocas con más miedo que otra cosa y empiezo a subir. Una mano amiga me invita a cogerla. Mis pies no encuentran punto de apoyo. Me bloqueo. No puedo subir, tendré que quedarme abajo. Venga, que yo puedo, ya están arriba 7. Miro la mano, no me atrevo. Respiro hondo y alguien me coge y tira. Sin saber cómo llego hasta arriba, al cambiar de persona se ha ido el bloqueo y he sido capaz de superar el tramo más difícil.

   Esta ruta está siendo dura y no sólo por el esfuerzo físico que requiere, sino por el esfuerzo mental. Lucho contra los "no puedo", "estoy agotada, yo me quedo aquí" y los combato con "sí puedo", "a pesar del cansancio llegaré hasta la cima". También ayudan mucho los ánimos que me llegan de fuera "vamos bien" "tú puedes" "después de esta curva se acaba la subida". Frases motivadoras que animan más de lo que parece.

   Las manos me huelen a bicicleta, porque uno de los compis que me ayudó llevaba guantes de bici. Recuerdo la ruta más larga que hice cuando le daba a los pedales, 60 kms. Y los hice todos. A pesar de que estuve tentada varias veces de tirar las dos ruedas al canal. Si superé eso, podré con todo.

   El último tramo es el más duro. Piedras sueltas. Recibo mucha ayuda que tanto yo, como mis rodillas agradecen. Me piden que pise con seguridad, pero las rodillas tiemblan y no es posible. Poco a poco, vamos avanzando hasta la cima. Merece la pena el gran esfuerzo.

   Comemos algo, nos hacemos unas fotos, descansamos y para abajo. Cuando acabemos las piedras sueltas unos suculentos sándwiches me esperan. No hay manera de parar el temblor. El cansancio y el miedo se han apoderado de las rodillas. A pesar de ello, consigo llegar abajo. Tres mordiscos al primer sándwich y lo guardo en la mochila. No soy capaz de comer nada, ni la ensalada. Siento frustración. Hacía tiempo que no me pasaba. En las primeras excursiones a las que salí, hace ya varios años, no era capaz de comerme la comida que llevaba. Una chocolatina, frutos secos, algo de fruta... pero imposible algo con más consistencia. Decido que el próximo día, llevaré algo que me apetezca mucho y lo comeré.

   Tras un descenso que se me antoja interminable, llegamos a los coches. Mi nivel de cansancio es nuevo. Nunca había estado tan agotada. Agradezco el agua fresca que me ofrecen y bebo el batido de fresa fresquito. Me sabe a gloria, delicioso, el mejor de la historia. Sé que el culpable de todas esas sensaciones es gran esfuerzo físico.

   He sido capaz de subir y de bajar sin abrirme la cabeza. El pantalón se me ha roto, al igual que las bragas debido a que lo he paseado por media montaña, la sensación de subir el peso de comida que no me he comido tampoco es agradable. Pero a pesar de todo, estoy muy contenta y orgullosa de mi.


   Ya en casa y tras una merecida ducha, veo que me he llevado los guantes de una compañera. No pasa nada, seguro que la volveré a ver delante de un café o de otra montaña.

   Se me olvidaba recordar las cervezas de después de la ruta. Risas, bromas, buen ambiente y las últimas fotos para recordar siempre un domingo inolvidable.


jueves, 18 de mayo de 2017

HAY QUE VIVIR

Entrada escrita después de un paseo mañanero con dos personas que sin saberlo, me han enseñado mucho.


   Vive, joder, vive. Pero... ¿De dónde se sacan las fuerzas para levantarse cada día? ¿Como se hace para mostrarle al mundo tu amplia sonrisa? ¿De qué manera silencias las palabras que tu corazón te grita y tú no quieres oír? Cuando miras a tu alrededor y ves a tu gente pasarlo mal... ¿Qué haces con toda esa impotencia que sientes al no poder ayudarles como te gustaría?

   La teoría me la sé, de verdad que sí. Vivir el momento, dar gracias por todo lo que tenemos, valorar como se merece el poder levantarnos cada día de la cama. La actitud. Pero cuando los sentimientos hablan, no hay quien los calle. Ellos no entienden de problemas económicos, entienden de agobio. Ellos no ven que la vida es efímera, ellos lloran la ausencia.

   Ayer pensaba que la vida es maravillosa, que la vida es lo mejor que nos puede pasar y que tiene que ser dura para que la podamos valorar tal y como se merece. Porque lo que más nos cuesta es lo que más apreciamos. Aunque haya momentos en los que sacamos de paseo la bandera blanca para rendirnos o no tengamos claro el camino a seguir.

   Una vez me preguntaron qué quiero ser de mayor. Feliz fue mi respuesta. Es lo único que quiero, felicidad. Ser capaz de sonreír y tener la fuerza necesaria para hacer sonreír a la gente que me rodea. De día todo se ve mejor, con la luz del sol las cosas tienen color. Pero por la noche las sombras acechan, igual que las lágrimas. De noche las cosas no tienen vida ni color.

   Sí, voy a ir por ese camino. Por el de la sonrisa y la felicidad. Voy a dar gracias por cada minuto que tengo la capacidad de respirar. Voy a llorar, pero de felicidad y lo haré siempre que tenga ocasión. Porque sólo así podré valorar de verdad, todo lo que tengo. Y no hablo de cosas materiales. Se acabó el ser infeliz con lo que no tengo. Adiós a la frustración porque me gustaría estar de vacaciones o porque la lotería no toca. Voy a darle a cada cosa, el valor que tiene.


   Adiós tristeza e impotencia. Hola alegría y aceptación.