Entrada en la que escribo una carta desde el corazón.
Hola mamá:
Hace mucho que no te escribo, pero pienso en ti casi todos los días. Cada vez que miro al cielo y guiño un ojo o cuando tú nieto nombra a la luna. Sé que estás ahí y me cuidas y proteges. Si no fuera así no podría seguir adelante.
Hoy quiero contarte un momento del pasado y lo que sucedió ayer. Por último te haré una petición.
Yo estaba en mi desordenada habitación mientras tú luchabas por tu vida en el hospital cercano. El bloqueo me impedía moverme. No era capaz de recoger ni una hoja de papel. Sabía que algo estaba pasando, pero no era consciente de la magnitud. El desenlace ya lo sabes. Pasaste de ayudarme en la tierra a hacerlo desde el cielo.
Ayer volví a vivir ese bloqueo. Mientras tu nieto dormía, yo miraba al infinito. Deseando con todas mis fuerzas que sucediera un milagro. Estaba hablando con una amiga cuando recibí el mensaje. La estaban durmiendo. Colgué y sentí cómo las lágrimas rodaban por mis mejillas. Miré al cielo desde la ventana y te pedí fuerza. Y eso haré cada día hasta que la ausencia duela menos. Porque las ausencias nunca dejan de doler del todo.
Por favor. Juega con ella. Es un poco tímida pero estoy segura que va a saber quién eres. Dile que la quiero con toda mi alma. Dale las gracias por los momentos bonitos que ahora duelen tanto recordar. Acaríciala todo lo que no puedo acariciarla yo. Y pídele que me mande fuerza para levantarme cada mañana, porque en estos momentos me faltan un poco.
Eso es todo, mamá. Nos vemos cuando me toque. Hasta entonces solo decirte que te quiero.
Firmado:
Isabel.
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