jueves, 15 de diciembre de 2011

NAVIDAD

Este año no. Este año no me apetece ser feliz. No voy a compartir con gente mas desfavorecida lo poco que tengo, no voy a ir con ilusión a comprar regalos navideños. Tan sólo pondré el árbol, y a regañadientes, y le daré el dinero correspondiente al encargado de comprar juguetes para los peques. Felicitaré las navidades por cortesía, eso sí, con un mensaje personalizado a todas y cada una de las personas que deseo sean felices hoy y el resto del año. Recuerdo unos años en los que viví la magia de la navidad, la ilusión de ver la cocinita nada mas levantarme con su pollo asándose. Años después compré un regalo a cada persona que sabía me había comprado algo. No eran mi familia, sino la de mi pareja, pero la ilusión al desenvolver era la misma. Este año no, no taca eso. No quiero ser feliz cuando mi familia está lejos y no puedo verles. No quiero ser feliz cuando mis hijos van a cenar con su abuela y no conmigo, no quiero ser feliz cuando voy a comer cochinillo acompañado de unos pequeños que no he traído al mundo y cullos apellidos no son de mi familia. Este año me toca pasar la noche buena en casa de una amiga que me escucha cada día y a la que agradezco enormemente que me acoja en su mesa. Ella forma parte de mi familia. Se me pone mala leche cada vez que veo un anuncio de juguetes, un catálogo lleno de trozos de plástico de colorines con un precio que hace temblar mi repartida paga extra. Yo no quiero regalarles ahora a los peques seis u ocho juguetes por cabeza. Yo quiero regalárselos durante todo el año. No quiero cantar villancicos el día de noche buena, quiero cantar la canción de moda el resto del año. No quiero comer manjares exquisitos que son malos para mi colesterol porque en el calendario pone "24 de diciembre", quiero comer nutritivas y sanas ensaladas tanto en verano como en invierno. Pero bueno, soy yo. Soy rara. Sé que hay gente que piensa igual, a la que tampoco le gusta la navidad. Otras personas la viven como una gran fiesta y de verdad que me alegro por ellas y comparto su alegría. Por eso compraré lotería y turrón, felicitaré las fiestas, adornaré el árbol y pondré bonitos juguetes debajo de él. Porque si hay algo en lo que coincidimos la gente que está a favor y en contra de la navidad es que estas fiestas son de los niños.

lunes, 14 de noviembre de 2011

BONITA POESÍA DE JORGE LUIS BORGES

La semana pasa hice un curso en trabajo y nos dieron una poesía. Con cada situación de la vida, siempre he encontrado una canción que la describía. En esta ocasión, ha sido esta poesía.

Y UNO APRENDE

Y uno aprende.
Después de un tiempo
uno apernde la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma.


Y uno aprende
que el amor no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad.
Y uno empieza a aprender
que los besos no son contratos
y que los regalos no son promesas.

Y uno empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos
y uno aprend a construir todos sus caminos en hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes,
y los futuros tienen una forma
de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo
uno aprende que si es demasiado
hasta el calorcito del sol quema.

Así que, uno planta su propio jardín
y decora su propia alma,
en lugar de esperar
que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente
puede aguantar,
que uno realmente es fuerte
que uno realmente vale
y uno aprende y aprende
y con cada día, uno aprende.

jueves, 3 de noviembre de 2011

UN BAR CUALQUIERA

María camina hacia su puesto de trabajo. Ha dejado a los chicos en el cole y lucha contra el cierzo metiendo la cara en el abrigo. Se subiría la bufanda, pero la sola idea de sacar las manos no le motiva lo más mínimo. El frío le hace recordar que estamos en invierno. Lejos queda el anormalmente caluroso otoño. Es un día normal, bueno, normal no. Un lunes. Uno de esos días en los que no te apetece madrugar, especialmente cuando has llegado a las 9 de la mañana del día anterior. Se empieza a plantear que ya está muy mayor para esos trotes. Nota que el bolso vibra. Mensaje. Luego lo leerá, hace demasiado frío para sacar las manos de los bolsillos, abrir el bolso, buscar el móvil, cogerlo, cerrar el bolso y helarse mientras lee el mensaje. Durante un rato intenta pensar en otra cosa. No puede. Quiere saber el remitente del texto. Intuye que será su compañía de teléfono ofreciéndole una oferta. Faltan pocos minutos para llegar a su puesto de trabajo. La curiosidad se apodera y lo lee. Siente como si el mundo se detiene. Ya no hace frío, no nota el aire que amenaza con helarle las manos. El remitente es el que menos se esperaba. El texto, corto conciso y claro. Nota una punzada en el estómago. "No, ahora no. " Piensa mientras intenta caminar. Es su ex. Le quiere dar las explicaciones que no le dio en su momento. Justo ahora que ya lo tiene superado, que ha encontrado un grupo de gente con el que salir, que se ha habituado a todos los cambios a los que le obligó él al dejarla... Llega a su trabajo con el móvil todavía en la mano. Lo deja, cuelga el abrigo y se sienta para abrir el ordenador que también está de lunes. Mas tarde contestará el mensaje del chico que le pide unos minutos de su tiempo para aclarar las cosas que no se aclararon en su día. Por un lado le apetece, porque así puede quitarse la espinita que se le quedó clavada. Por el otro, volver a revivir todo el dolor pasado... Respira hondo y decide contestar al mensaje. "Ok. Nos vemos el sábado a las cinco en el bar donde nos conocimos" Breve, conciso y claro. Intenta apartar de su mente los recuerdos que le invaden, pero no puede, ellos son mas fuertes. Se centra en las personas que conoció en un bar hace algunas semanas. Había un chico que no estaba nada mal, pero no pertenecía al grupo de la gente con la que iba, así que no pudo saludarle. Tal vez este sábado por la noche, después de las explicaciones... Los clientes le obligan a centrarse. Los problemas con la factura le llevan a concentrar toda su atención en los números.

Luis observa a cada persona que entra por la puerta. Ha llegado una hora antes y ahora se arrepiente de ello. No sabe si será puntual, o le dejará colgado. Lo cierto es que siente que se lo merecería. Ha pasado unos meses duros. Tomó una decisión difícil justo en un momento en el que no hay que tomarlas, cuando estaba agobiado con el mundo. Hoy dará las explicaciones que no ha tenido valor de darlas antes. Se espera todas las reacciones posibles y piensa que esta preparado para ello. Faltan cinco minutos para la hora acordada y allí está ella, entrando por la puerta con aire decidido. Mira a la mesa donde está él. En ella fue donde hablaron por primera vez. Hoy volverán a hablar, tal vez, por última vez.

jueves, 13 de octubre de 2011

YO NO TUVE ESO

Yo no tuve eso, lo que tú tuviste. Yo nunca fui una adolescente normal que se compraba las muñequeras de moda, ni tenía su espacio personal en la casa del pueblo. Cuando escucho a la gente hablar de la infancia, de los compañeros del cole, cuando veo a mis niños, siento envidia. De la sana, pero envidia. Mi infancia fue un desastre. Malos tratos, huérfana de madre, tres colegios para no acabar la EGB... La adolescencia no fue mucho mejor, una paga ridícula, salir los sábados a partir de las cinco de la tarde y un noviete que huyó al ver mi situación. Luego llegó la residencia y con veinte añitos el mundo. Compartí piso, fui madre joven y aquí estoy con novio, sin pasta poder separarme y con dos pequeños a los que no cambio por nada. Bueno, hecho un resumen rápido de mi vida, voy al objetivo de esta entrada, que es comparar tu vida con la mía. A cada paso que das en tu habitación, cada puerta de armario que abres, cada cajón que cierra mal está lleno de recuerdos. Mi habitación, que hoy es la tuya, no tiene nada de eso. Tan sólo un motón de cajas guardan bonitos recuerdos de años de cartas, bonitos peluches y ropa que nunca me pondré. Es como si yo fuera un alma errante, una vagabunda de la vida que lleva sus trastos en una vieja maleta sin poder ubicarlos en ningún sitio. ¿Dónde pongo aquél viejo poster de un lobo aullando a la luna? ¿En qué cajón guardo el diario de tapas de flores? ¿Dónde meto los peluches que me acompañaron en la infancia? Tú dices que eres un chico raro, y yo te digo que no. Que eres de lo mas normal, o al menos la vida que has tenido lo es. El destino, la casualidad, o siendo realista una página web quiso que nos conociéramos. Visto así, tal vez no soy tan rara. Es como si hubiera cogido mis cosas y hubiera ido de casa en casa, hasta encontrar el lugar donde quiero estar, donde quiero vivir, donde quiero guardar los folletos de los lugares que visitemos. Todo lo anterior tiene un denominador común. TU.

martes, 4 de octubre de 2011

Y PARA CENAR... SALCHICHAS

A menudo cometo un fallo y es pretender que la gente sea como yo. Cuando siento afecto por una persona soy capaz de darlo todo. Convencer a alguien para que se quede con los peques un rato, aunque al final no sea un rato y se enfade conmigo con toda razón del mundo. Llevarme a los nenes a una terracita después de estar todo el día fuera. Irme en coche hasta un barrio que apenas conozco y de noche... Supongo que cualquier cosa que haría una amiga por otra... ¿o no? No quiero hablar de la amistad, sería demasiado evidente y no es mi estilo. Prefiero irme por las ramas, aunque en esta ocasión da igual porque sé que ninguna de las protagonistas va a leer mis letras. Desde siempre he pensado que es muy difícil encontrar a una persona que te quiera tanto como tú a ella. Lo que no me había planteado era que sucedía lo mismo con la amistad. "Si tú me dices ven, lo dejo todo" Podría cantarle ahora a varias personas, pero... ¿Cuántas harían lo mismo por mí? Si, vale, no hay que hacer las cosas por interés o porque alguien haga algo por tí. Pero en estos momentos, y si hago examen de conciencia he de reconocer que lo mismo que tengo de generosa lo tengo de egoísta. Vale, tal vez no te voy a pedir que vengas corriendo pero igual si que te pido que reconozcas lo que hago por tí, que me valores. Hace tan sólo unos días escribí unas líneas en una red social. Sólo quería desahogarme, y por que no decirlo, unas palabras de ánimo. Ahora lloro. Algo inútil por otro lado ya que "quien se merece tus lágrimas no te hará derramarlas". Lo leí en algún sitio y me gustó. ¿Cerrar la puerta? No. No tengo valor, y en el fondo sé que nunca se la podré cerrar a cierta persona. ¿Hablar con ella directamente? Tal vez me lo planteo... Mentirosa, tampoco tengo valor para ello. Así que me dedicaré a hacer lo que hago siempre, esperar a que pase el tiempo. Antes de ello, les daré la cena a mis príncipes y publicaré la entrada sin releerla, que para eso, sí tengo valor.

jueves, 8 de septiembre de 2011

NO, SI CUANDO YO DECÍA QUE NO QUERÍA QUE LLEGARA SEPTIEMBRE... ERA POR ALGO

Empieza el curso escolar, y con él los abusones vuelven a su sitio, el gran patio del recreo.Todos hemos tenido uno o dos niñatos que se creen Rambo en clase. Mi infancia queda atrás, ahora estoy viviendo la de mis pequeños. Y si hay algo peor que el miedo a ir a clase porque sabes que a la hora del almuerzo te van a dar patadas, peor aún es la incertidumbre de si eso le va a pasar o no a uno de tus hijos. Afortunadamente no he vivido el acoso escolar, pero se me pone la piel de gallina al oir hablar a mi nene grande de las formas en las que se defiende. Él no lo comenta en casa, vive con ello, asume que es normal que un día cualquiera estés almorzando y un hijo de su madre le empuje, así porque si. ¿En qué mundo vivimos si asumimos que la violencia es algo normal? Yo no sé si aguantaría ir al trabajo sabiendo que de 11 a 11:30 me pueden dar patadas... o no. Ayer, hablando del tema con Javi, me puse mala. Saqué demasiadas conclusiones que me habría gustado que se quedaran donde estaban, en el fondo de mis pensamientos. Como él dijo, abrí muchos frentes. Tal vez con esto le pueda quedar algún trauma a alguno de los dos. Sí, ya sé que es sacar un poco las cosas de quicio... ¿o no? ¿Dónde está el límite de asumir eso como algo normal y deprimirse por ello o romperle la cara al niño toca cojo... de turno y acabar en el despacho del director? Hoy he llegado a la conclusión que el peor maltratador es el que lo ha vivido. Por ejemplo, yo misma he sido una niña maltratada. Y conozco las dos partes, la de mi maltratador, esas miradas, esa rabia, y a la vez sé el dolor que se siente. Afortunadamente, estoy en contra de la violencia, pero sé que si en vez de eso, tuviera algún trastorno que me llevara a repetir con mis hijos lo que hicieron conmigo, sería mucho peor y haría mas daño del que me hicieron. Y todo eso, por la rabia contenida durante años. Una persona que no ha sido maltratada y le da por hacerlo no es tan... agresiva no... consciente del daño que hace porque no lo ha vivido. Tengo miedo. Miedo de que algún día alguno de los míos se rebote y pague con quien no lo merece el daño que le han hecho. Tengo que dar gracias porque mis hijos no tengan nigún rasgo que llame la atención, porque de ser así ahora estaría escribiendo una carta al director del colegio y no en mi blog reflexionando sobre la violencia en las aulas. Tengo miedo de que el día de mañana ese abusón de colegio se convierta en algo peor, que evolucione hacia un maltratador. Ese niño sabe lo que está bien y lo que está mal. Pero tal vez necesite una autoridad que se lo recuerde, o puede ser que tenga demasiada autoridad y por eso descargue con su rabia con los que considera más débiles. Por otro lado está el tema de la educación. Seamos claros, para triunfar en la vida tienes que ser un hijo de puta, así, como suena. Cuanto más pises, cuanto peores sean tus artimañas, cuanto peor persona seas... mas rápido asciendes. No quiero decir que todo el mundo que ha triunfado en la vida lo sea, pero todo el mundo conoce mas de un caso de personas que están donde no se merecen. ¿Y qué hago yo? ¿Qué valores les enseño a mis hijos? A ser malas personas no, porque no me sale. Vale, vamos a enseñarles que con respeto y buen hacer se llega a todos los sitios. Yo se lo puedo enseñar, igual que les puedo enseñar que 2 y 2 son 5. Sería mentira tanto una cosa como otra. Si todo el mundo pusiera un poquito mas de su parte para que el mundo fuera mejor... si todos los padres les dedicáramos un poquito más a nuestros hijos... si discrimináramos a los "matones" de nuestro entorno... yo no estaría escribiendo esta entrada en el blog. De momento, y ya para finalizar, tan sólo decir que voy a educar a mis hijos de la mejor manera posible, y haré todo lo posible para que esos niños que se divierten pegando a otros se dediquen a otra cosa... ¿A quién pretendo engañar? Hay mucho miedo en el entorno escolar. Un niño pega a otro, el agredido va a la enfermería, y el agresor sigue agrediendo. Desgraciadamente es así y lo más duro es que hoy lo viven en el colegio en forma de patadas, y mañana lo vivirán en la vida y desearán volver a la infancia. Al fin y al cabo, el dolor de una patada pasa, pero la decepción de una persona a la que quieres... es mas difícil de curar. Lo dicho, que me voy a cenar.

domingo, 4 de septiembre de 2011

JUGANDO A PAPÁS Y A MAMÁS

Laura, cansada, mira desde la cama del hospital la cuna donde su bebé descansa. Hace tan sólo tres horas que ha venido al mundo y por su carita de cansado ella intuye que le han hecho muchas cosas las dos horas que ha estado abajo, con los médicos. Ahora están sólos. Bueno, no del todo. La señora de la limpieza se encarga de dar a la habitación ese olor a limpio tan característico de los hospitales. Sabe que cuando se vaya ella entrarán su marido, su suegra, su madre... y alguien mas que haya podido llegar cuando la señora entró con el gran cubo blanco lleno de agua. Ahora disfruta de unos minutos de intimidad con su pequeño, que duerme ajeno al mundo en el que ha nacido. En un par de días su vida será un caos. Papás primerizos, que si dale el pecho cada tres horas, dicen unos, que si cuando él te lo pida, dicen otros. No le cojas que se acostumbra, cógele ahora que es pequeño y se deja. Tápale la cara que hace frío, deja que le de el sol en las mejillas... Laura sabe que no sabe nada de bebés, pero desde el primer momento en el que vio dos rallitas en el precidtor algo se le despertó. Intuye que es el instinto maternal. Ese instinto que le va a ayudar a decidir en cada momento lo que es mejor para el pequeño. Un último vistazo a la habitación y la señora de la limpieza se despide dándole la enhorabuena. Se acabó su momentito de relax.
- Pero chica, no le dejes dormir que luego por la noche no te dormirá.
El primer consejo viene de una tía de su esposo. Hace dos minutos que se ha ido la mujer del cubo blanco y ya desea que vuelva.