Piensa. En alguien que desapareció de tu vida sin despedirse. Me da igual amigo, familiar o conocido. ¿Cuántas preguntas se quedaron sin respuesta? Seguro que algo quisiste saber de esa persona pero al irse sin avisar no pudiste preguntarle. Hablamos de una persona fallecida, de alguien que ha desparecido y nadie sabe donde está o de esa persona que veías a menudo en el puesto de trabajo o en la panadería y de la que ya no sabes nada. También nos podemos referir a una pareja que nos dejó sin explicaciones y con la que no ha sido posible volver a hablar. Da igual la circunstancia y la persona. En esta ocasión me interesan esas preguntas que nunca le hicimos. Tal vez, a lo largo de la vida, puedas volver a ver a esa persona y resolver tus dudas... o tal vez no.
Yo tengo muchas preguntas sin respuesta. Principalmente hacia mis dos progenitores. Hace unos días vi fotos de mi madre. En algunas me pareció feliz, en otras vi su mirada triste. Ahí tengo una pregunta sin respuesta. ¿Realmente estaba triste? ¿Fue feliz con mi padre? ¿A ella le hizo lo mismo que a mí? Y así podría seguir haciendo preguntas sabiendo que nunca voy a recibir la respuesta, aunque en el fondo las conozca todas.
Hoy también quiero hablar de las respuestas que recibimos sin formular pregunta alguna. Hace un mes, aproximadamente, respondí a una prima a preguntas que ni se había planteado. El recuerdo que tenía de cuando nos veíamos de niñas era de una pequeña con la mirada triste. En ningún momento me preguntó el porqué de esa mirada, pero yo le conté todo aquello que nadie de mi familia sabe y que considero deben saber. Ahí tenemos una respuesta sin pregunta previa.
Seguro que si tú, querido lector o lectora piensas, tienes muchas respuestas a preguntas que no te habías planteado. En otras ocasiones tenemos mil y una preguntas que hacerle a alguien y conforme pasa el tiempo las respuestas ya no nos interesa. Bien porque ya conocemos la contestación o bien porque el dolor que nos hacía tener esas dudas ya no existe.
Creo que hay una pregunta que siempre tiene difícil respuesta porque sea la que sea no nos va a convencer nunca."¿Por qué?" En un problema matemático dos y dos son cuatro porque si cogemos dos cosas y después otras dos, la suma nos da dicho número. Pero la vida no es un problema matemático, no es tan sencilla y a una misma pregunta hay tantas respuestas como personas la respondan.
Me gustaría saber que me depara el destino, conocer si los pasos que quiero dar son correctos y si voy a vivir el tiempo suficiente para conseguir lo que quiero. Por otro lado, prefiero no tener las respuestas, quiero que la vida me sorprenda, porque dudo que fuera mas feliz al tener toda esa información. Incluso las preguntas que le haría a mis padres... sé que lo mejor es que se queden donde están. El motivo principal es porque no tienen respuesta y si algún día las recibo el dolor va a ser peor que la incertidumbre. Intento avanzar con la información básica, sabiendo quien soy y haciendo lo que quiero hacer. Lo que no conozco es porque no debo conocerlo. La mayoría de preguntas son sobre el pasado, ese que nunca vuelve y al que no puedes acudir para corroborar si te han dicho la verdad. Llegados a este punto, si no quiero saber mas de mi pasado ni deseo conocer el futuro... dejaré de hacerme preguntas para vivir el presente.
Antes de finalizar una última pregunta... bueno dos. ¿Te ha gustado la entrada? ¿Te ha hecho reflexionar? Tanto si es así como sino, te animo a pulsar la opción correspondiente y a dejar tu comentario. No me digas quien eres si no quieres, contestaré a tu comentario dándote las gracias por leer una nueva rallada.
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domingo, 18 de noviembre de 2012
jueves, 15 de noviembre de 2012
Sin título.
En días como este es difícil encender el ordenador y abrir una página en blanco del blog. Pero es tan difícil como necesario. Hace justo 20 años intentaba asimilar la noticia recibida por la mañana. Mi madre se había ido. Para siempre. Para enseñarme a distancia lo que no me había podido enseñar en la cercanía. De nuevo, siento ese dolor físico. Ese bloqueo que me impedía hacer cualquier cosa que no fuera estar sentada en la cama mirando al infinito. Recuerdo que pensaba que tenía que recoger mi habitación, como siempre, y que no podía. En esta ocasión no era que no quisiera, sino que no era capaz de levantarme de la cama. Mi cuerpo estaba allí, en la desordenada habitación pero mi mente en el hospital cercano donde luchabas por mantenerte con vida. Tras un paro cardíaco los médicos consiguieron reanimarte. Con el segundo no pudieron.
Una vecina recibió la llamada del hospital y no fue capaz de darme la noticia. Simplemente me dijo que teníamos que ir. Nada mas. Y allí, la amable chica de recepción lo confirmo con una frase... "¿Pero... no os han dicho por teléfono que ha fallecido?. "
Hoy es uno de esos días en los que no puedo estar en silencio. Ahora el sonido del teclado y la lavadora hacen que la casa no parezca tan grande. La casa en la que teníamos que haber vivido felices juntas. Tengo una lucha interna que no se muy bien como resolver. Odio acia esa persona que te maltrató y bajo mi punto de vista, te dejó morir. Ganas de que todo el mundo sepa la clase de persona que es y a la vez miedo de que le pase algo el día que ponga las cartas sobre la mesa.
Sé que tengo que relatar lo sucedido, necesito ver escrito todo el dolor y el rencor acumulado. Solo así seré capaz de pasar página. Le dejaré las ojas mojadas de lágrimas a quien quiera saber de mí y llegado el momento contaré a viva voz lo que diga la letra temblorosa. No quiero olvidarte con ello, simplemente quiero cerrar la puerta al pasado, a mi pasado mas triste. Tu no eres mi pasado, eres mi presente ya que te siento viva en mi corazón. Lo siento, tengo pocos recuerdos tuyos. Supongo que todo el dolor me impide recordar los buenos momentos que vivimos tú y yo. Espero que al escribir lo que necesito contar mi mente deje via libre para los recuerdos mas bonitos. Pero eso no lo sabré hasta que no lo haga. Por hoy dejo aqui la entrada.
Una vecina recibió la llamada del hospital y no fue capaz de darme la noticia. Simplemente me dijo que teníamos que ir. Nada mas. Y allí, la amable chica de recepción lo confirmo con una frase... "¿Pero... no os han dicho por teléfono que ha fallecido?. "
Hoy es uno de esos días en los que no puedo estar en silencio. Ahora el sonido del teclado y la lavadora hacen que la casa no parezca tan grande. La casa en la que teníamos que haber vivido felices juntas. Tengo una lucha interna que no se muy bien como resolver. Odio acia esa persona que te maltrató y bajo mi punto de vista, te dejó morir. Ganas de que todo el mundo sepa la clase de persona que es y a la vez miedo de que le pase algo el día que ponga las cartas sobre la mesa.
Sé que tengo que relatar lo sucedido, necesito ver escrito todo el dolor y el rencor acumulado. Solo así seré capaz de pasar página. Le dejaré las ojas mojadas de lágrimas a quien quiera saber de mí y llegado el momento contaré a viva voz lo que diga la letra temblorosa. No quiero olvidarte con ello, simplemente quiero cerrar la puerta al pasado, a mi pasado mas triste. Tu no eres mi pasado, eres mi presente ya que te siento viva en mi corazón. Lo siento, tengo pocos recuerdos tuyos. Supongo que todo el dolor me impide recordar los buenos momentos que vivimos tú y yo. Espero que al escribir lo que necesito contar mi mente deje via libre para los recuerdos mas bonitos. Pero eso no lo sabré hasta que no lo haga. Por hoy dejo aqui la entrada.
jueves, 25 de octubre de 2012
FIN DE LA BÚSQUEDA
Hola:
¿Dónde estás? ¿Dónde te escondes? ¿Por qué no logro encontrarte? Tal vez sea porque realmente no te necesito. Ayer hablaba de esto con alguien. Él me hablaba de la necesidad, por ejemplo de un abrazo. Y yo le decía que si cuando lo necesitas no lo tienes es porque igual realmente no lo necesitas. Pido disculpas por lo repetitivo de la frase, pero creo que me habéis entendido.
Hay veces que nos empeñamos en algo. Lo queremos y punto. ¿Por qué? Porque si. Al tiempo nos damos cuenta de que realmente eso no era lo que necesitábamos. En su momento no lo tuvimos y ello nos hizo actuar de una manera que mas tarde nos hizo darnos cuenta del error en el que estábamos al empeñarnos en algo.
Volviendo al ejemplo del abrazo. Si me dan un abrazo cuando lo necesito, me hundo. Lloro porque estoy triste y entro en una espiral de autocompasión que me lleva a sentirme mas infeliz. Pero si no lo tengo, decido seguir adelante, asumir que estoy sola y buscar alguna solución a aquello que me ha llevado a necesitar dicho abrazo. Puede que el ejemplo no sea el mejor, pero es el que me puso mi compañero de tertulia.
Volviendo al principio... Si no te encuentro, será porque no debo encontrarte ahora, aunque te necesite o piense que te necesito. Tengo varios argumentos para reclamar tu presencia, pero sé que no va a servir de nada exponértelos porque harás lo que quieras. Te diría que me das estabilidad, seguridad porque sé cuando van a pasar las cosas, contigo puedo organizar mi vida mejor y si me canso de ti, puedo romperte para recuperarte de nuevo cuando quiera. Todo esto te da igual ¿verdad? Vas a venir cuando quieras... y eso si decides aparecer. Sé que lo harás, se que vendrás cuando menos lo espere, despacito y sin darme cuenta. Y entonces seré feliz... o tal vez no. Porque hoy te quiero, pero igual mañana ya no. La cosas pasan así, vienen cuando llegan, no cuando las llamamos. Y si la semana que viene vinieras... ¿Sería feliz? Bueno, la semana que viene no porque tengo mucho lío, pero igual la siguiente... Dentro de nada estaremos en navidades y como esperes un poco ya no podré recuperarte hasta el año que viene.
¡Uuuuf! El año que viene. Recuerdo como empecé este año, lo que pensaba del 2012 y acerté de lleno, pero eso es otra entrada de blog.
Volviendo a ti... me rindo. Ya lo hice con el amor. Me cansé de buscar lo que no se busca y asumí que llegaría cuando quisiera. Y creo que contigo, querida rutina, haré lo mismo. Seré feliz ahora que no estás, disfrutaré porque cada semana es diferente a la anterior, porque tengo proyectos que deseo llevar a cabo y contigo no podría. Me he dado cuenta que cuanto mas te busco, mas te alejas. Aunque puede que realmente no te busque. Tengo ganas de hacer cosas diferentes, de cerrar viejas heridas, de ser feliz rodeada de silencio y un bonito paisaje. Tengo ganas de ser quien quiero ser. Hay cosas que deseo cambiar de mi vida y sé que voy por el buen camino. Aquí no cabes tu, no eres compatible con los nuevos proyectos. Así que optaré por asumir que no vas a acudir a mi llamada y que si te alejas... igual es porque no te busco... o porque no te necesito realmente.
Gracias por leer mis letras.
¿Dónde estás? ¿Dónde te escondes? ¿Por qué no logro encontrarte? Tal vez sea porque realmente no te necesito. Ayer hablaba de esto con alguien. Él me hablaba de la necesidad, por ejemplo de un abrazo. Y yo le decía que si cuando lo necesitas no lo tienes es porque igual realmente no lo necesitas. Pido disculpas por lo repetitivo de la frase, pero creo que me habéis entendido.
Hay veces que nos empeñamos en algo. Lo queremos y punto. ¿Por qué? Porque si. Al tiempo nos damos cuenta de que realmente eso no era lo que necesitábamos. En su momento no lo tuvimos y ello nos hizo actuar de una manera que mas tarde nos hizo darnos cuenta del error en el que estábamos al empeñarnos en algo.
Volviendo al ejemplo del abrazo. Si me dan un abrazo cuando lo necesito, me hundo. Lloro porque estoy triste y entro en una espiral de autocompasión que me lleva a sentirme mas infeliz. Pero si no lo tengo, decido seguir adelante, asumir que estoy sola y buscar alguna solución a aquello que me ha llevado a necesitar dicho abrazo. Puede que el ejemplo no sea el mejor, pero es el que me puso mi compañero de tertulia.
Volviendo al principio... Si no te encuentro, será porque no debo encontrarte ahora, aunque te necesite o piense que te necesito. Tengo varios argumentos para reclamar tu presencia, pero sé que no va a servir de nada exponértelos porque harás lo que quieras. Te diría que me das estabilidad, seguridad porque sé cuando van a pasar las cosas, contigo puedo organizar mi vida mejor y si me canso de ti, puedo romperte para recuperarte de nuevo cuando quiera. Todo esto te da igual ¿verdad? Vas a venir cuando quieras... y eso si decides aparecer. Sé que lo harás, se que vendrás cuando menos lo espere, despacito y sin darme cuenta. Y entonces seré feliz... o tal vez no. Porque hoy te quiero, pero igual mañana ya no. La cosas pasan así, vienen cuando llegan, no cuando las llamamos. Y si la semana que viene vinieras... ¿Sería feliz? Bueno, la semana que viene no porque tengo mucho lío, pero igual la siguiente... Dentro de nada estaremos en navidades y como esperes un poco ya no podré recuperarte hasta el año que viene.
¡Uuuuf! El año que viene. Recuerdo como empecé este año, lo que pensaba del 2012 y acerté de lleno, pero eso es otra entrada de blog.
Volviendo a ti... me rindo. Ya lo hice con el amor. Me cansé de buscar lo que no se busca y asumí que llegaría cuando quisiera. Y creo que contigo, querida rutina, haré lo mismo. Seré feliz ahora que no estás, disfrutaré porque cada semana es diferente a la anterior, porque tengo proyectos que deseo llevar a cabo y contigo no podría. Me he dado cuenta que cuanto mas te busco, mas te alejas. Aunque puede que realmente no te busque. Tengo ganas de hacer cosas diferentes, de cerrar viejas heridas, de ser feliz rodeada de silencio y un bonito paisaje. Tengo ganas de ser quien quiero ser. Hay cosas que deseo cambiar de mi vida y sé que voy por el buen camino. Aquí no cabes tu, no eres compatible con los nuevos proyectos. Así que optaré por asumir que no vas a acudir a mi llamada y que si te alejas... igual es porque no te busco... o porque no te necesito realmente.
Gracias por leer mis letras.
domingo, 14 de octubre de 2012
FRASES
A continuación voy a escribir frases. Muchas son mías, otras no. Iré actualizando esta entrada conforme escuche nuevas frases que pueda añadir.
Siento sin querer sentir lo que siento sin querer.
El corazón habla a través de la mirada.
La vida es maravillosa, lo único que tiene de malo es que se acaba.
No diré que te quiero, lo hará mi mirada.
Los ojos de un niño no mienten.
La felicidad no debe ser una meta, sino un camino.
La felicidad es no tener miedo.
No se como voy a luchar, lo que tengo claro es que no me rendiré.
Necesitamos las lágrimas mas tristes para esbozar la sonrisa mas alegre.
Siento sin querer sentir lo que siento sin querer.
El corazón habla a través de la mirada.
La vida es maravillosa, lo único que tiene de malo es que se acaba.
No diré que te quiero, lo hará mi mirada.
Los ojos de un niño no mienten.
La felicidad no debe ser una meta, sino un camino.
La felicidad es no tener miedo.
No se como voy a luchar, lo que tengo claro es que no me rendiré.
Necesitamos las lágrimas mas tristes para esbozar la sonrisa mas alegre.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
LA FELICIDAD
Hoy, dando un paseo por la ciudad, iba pensando en la felicidad. Ahora intentaré poner de forma escrita todo lo que he pensado. Antes de ello, quiero escribir una frase que me han dicho. "La felicidad es no tener miedo". Me ha gustado la frase y quiero compartirla con vosotros. Al oírla he sonreído, no venía a cuento y he sentido que me leían el pensamiento, ya que era el tema que llevaba en mente hacía tan solo unos minutos. Os dejo otra frase que me dijeron hace varios meses. "La felicidad no debe ser una meta, sino un camino". Me gustó mucho en su día y reflexionando tanto esta como la anterior... tienen su gran punto de verdad. Tal vez, al acabar la entrada, hable sobre ambas frases... o puede que no. Me gusta que si algo te llama la atención como lector pienses sobre ello. Bueno, que me voy del tema. La entrada que tenía en mente empezaba mas o menos así....
La felicidad existe. ¿Cómo me imagino un momento de inmensa felicidad?. Un día cualquiera, domingo por ejemplo. Una excursión, con o sin gente. Cualquier lugar bonito. Un poco de cuesta y a un ritmo que pueda seguir pero sin acabar con la lengua fuera. Un poco de subida aquí, una ligera bajada allá y para hacer un descanso, un paisaje. Estoy recordando cuando fui a los Mallos de Riglos. En la parte de arriba se veía todo el río y era impresionante. Ese paisaje mismo. Cansada, cierro los ojos y respiro aire puro mientras escucho la naturaleza. Pájaros, agua... o lo que haya en ese momento por ahí. Saco de la mochila un libro. Estoy pensando en Nicholas Evans. Cualquiera de sus libros que hablan sobre la naturaleza. Leo unas palabras y se me va la vista hacia una mariposa que vuela de flor en flor. Eso es para mi la felicidad. No lo he hecho todavía pero sé que algún día lo haré. Se puede completar la escena con dos pequeños correteando o tumbados sobre la hierba descansando. Un grupo de gente hablando sobre el camino que nos queda por hacer, quien sabe si tal vez una persona especial leyendo a mi lado. Durante esas horas yo sería feliz. Pero claro, eso no lo puedo hacer todos los días, así que ahora voy a jugar contigo, lector y lectora...¿que te hace feliz a ti?. Una película de humor, por ejemplo, vamos a completarla con una gran fuente de palomitas, tu bebida favorita y unas gominolas. Eso es la felicidad. Ahora vamos a llevarla a las tareas domésticas. Seguro que cada uno de nosotros tenemos una tarea preferida... o que nos desagrada menos. Fregar los platos, barrer o planchar. Por ejemplo. Vamos a cantar una canción que nos traiga buenos recuerdos mientras fregamos. ¿Qué tal si bailamos con la escoba mientras barremos? Y tener cerca un plato con gominolas mientras planchamos... puede hacer que la tarea que menos nos desagrada se convierta en algo placentero. Si odiamos fregar los platos... cantar una canción puede ayudar a que nos desagrade un poquito menos y nos haga un poco mas felices. Al fin y al cabo, se trata de eso, de buscar la felicidad, esos momentos, por pequeños que sean. Son muy valiosos y cualquier excusa vale para sonreír. No me voy a poner en plan técnico hablando de las endorfinas porque es algo que se me escapa... y no quiero meter la pata al hablar de ello. Ahora vamos con los momentos de tristeza. Esos minutos en los que nos sentimos la persona mas infeliz del planeta. Los hay. Mas o menos a menudo, pero todo el mundo hemos pasado por ellos. ¿Qué hacer para convertirlos en alegría? Llorar. Eso lo primero. Pero no unas lágrimas de cocodrilo, no. Unas lágrimas de verdad, de esas que saben a sal y mojan todo a su paso. Eso si, vamos a llorar mucho, pero solo un rato. ¿Diez minutos? ¿Un cuarto de hora? El tiempo que creamos conveniente. Eso sí, una vez transcurrido, nos vamos al baño. Prohibido volver a llorar por la imagen deprimente que nos devuelve el espejo. Vamos a lavarnos la cara y a buscar una actividad que nos haga felices. Tal vez sea un buen momento para llamar a esa amiga o ese familiar con el que llevamos meses intentando quedar. ¿Qué tal si concertamos una cita? Eso sí, no para hablar de cosas tristes, sino para echarnos unas risas. También podemos bajar a la calle para comprarnos nuestro helado favorito. O buscar en YouTube vídeos graciosos. Cada uno lo que le haga sonreír. Da igual lo que sea. Claro, dicho así suena muy fácil y habría que verme a mí en plena crisis de "que se pare el mundo que yo me bajo" pero todos podemos controlar mas de lo que pensamos lo que sentimos. Otra cosa es que queramos hacerlo. Eso sí, estoy hablando de la tristeza, porque cuando se habla de amor... el auto control se vuelve mas complicado. Aunque seguro que tiene alguna explicación científica relacionada con las endorfinas... Bueno, a lo que iba. La felicidad está ahí, donde queramos verla. En un posit con una sonrisa pegado en el espejo del baño, por ejemplo. En un chiste malo contado en el momento menos esperado a nuestro compañero de trabajo. O simplemente en una llamada a esa persona con la que hace tiempo que no hablamos para preguntarle que tal lleva el día. Volviendo a las frases del principio podríamos decir que la felicidad está en el camino que nos lleva a hacer cualquier cosa que nos da miedo, dejándonos a este en el principio del mismo. Gracias a los dos por darme vuestra frase. Por cierto, a ti ¿qué te hace feliz?
La felicidad existe. ¿Cómo me imagino un momento de inmensa felicidad?. Un día cualquiera, domingo por ejemplo. Una excursión, con o sin gente. Cualquier lugar bonito. Un poco de cuesta y a un ritmo que pueda seguir pero sin acabar con la lengua fuera. Un poco de subida aquí, una ligera bajada allá y para hacer un descanso, un paisaje. Estoy recordando cuando fui a los Mallos de Riglos. En la parte de arriba se veía todo el río y era impresionante. Ese paisaje mismo. Cansada, cierro los ojos y respiro aire puro mientras escucho la naturaleza. Pájaros, agua... o lo que haya en ese momento por ahí. Saco de la mochila un libro. Estoy pensando en Nicholas Evans. Cualquiera de sus libros que hablan sobre la naturaleza. Leo unas palabras y se me va la vista hacia una mariposa que vuela de flor en flor. Eso es para mi la felicidad. No lo he hecho todavía pero sé que algún día lo haré. Se puede completar la escena con dos pequeños correteando o tumbados sobre la hierba descansando. Un grupo de gente hablando sobre el camino que nos queda por hacer, quien sabe si tal vez una persona especial leyendo a mi lado. Durante esas horas yo sería feliz. Pero claro, eso no lo puedo hacer todos los días, así que ahora voy a jugar contigo, lector y lectora...¿que te hace feliz a ti?. Una película de humor, por ejemplo, vamos a completarla con una gran fuente de palomitas, tu bebida favorita y unas gominolas. Eso es la felicidad. Ahora vamos a llevarla a las tareas domésticas. Seguro que cada uno de nosotros tenemos una tarea preferida... o que nos desagrada menos. Fregar los platos, barrer o planchar. Por ejemplo. Vamos a cantar una canción que nos traiga buenos recuerdos mientras fregamos. ¿Qué tal si bailamos con la escoba mientras barremos? Y tener cerca un plato con gominolas mientras planchamos... puede hacer que la tarea que menos nos desagrada se convierta en algo placentero. Si odiamos fregar los platos... cantar una canción puede ayudar a que nos desagrade un poquito menos y nos haga un poco mas felices. Al fin y al cabo, se trata de eso, de buscar la felicidad, esos momentos, por pequeños que sean. Son muy valiosos y cualquier excusa vale para sonreír. No me voy a poner en plan técnico hablando de las endorfinas porque es algo que se me escapa... y no quiero meter la pata al hablar de ello. Ahora vamos con los momentos de tristeza. Esos minutos en los que nos sentimos la persona mas infeliz del planeta. Los hay. Mas o menos a menudo, pero todo el mundo hemos pasado por ellos. ¿Qué hacer para convertirlos en alegría? Llorar. Eso lo primero. Pero no unas lágrimas de cocodrilo, no. Unas lágrimas de verdad, de esas que saben a sal y mojan todo a su paso. Eso si, vamos a llorar mucho, pero solo un rato. ¿Diez minutos? ¿Un cuarto de hora? El tiempo que creamos conveniente. Eso sí, una vez transcurrido, nos vamos al baño. Prohibido volver a llorar por la imagen deprimente que nos devuelve el espejo. Vamos a lavarnos la cara y a buscar una actividad que nos haga felices. Tal vez sea un buen momento para llamar a esa amiga o ese familiar con el que llevamos meses intentando quedar. ¿Qué tal si concertamos una cita? Eso sí, no para hablar de cosas tristes, sino para echarnos unas risas. También podemos bajar a la calle para comprarnos nuestro helado favorito. O buscar en YouTube vídeos graciosos. Cada uno lo que le haga sonreír. Da igual lo que sea. Claro, dicho así suena muy fácil y habría que verme a mí en plena crisis de "que se pare el mundo que yo me bajo" pero todos podemos controlar mas de lo que pensamos lo que sentimos. Otra cosa es que queramos hacerlo. Eso sí, estoy hablando de la tristeza, porque cuando se habla de amor... el auto control se vuelve mas complicado. Aunque seguro que tiene alguna explicación científica relacionada con las endorfinas... Bueno, a lo que iba. La felicidad está ahí, donde queramos verla. En un posit con una sonrisa pegado en el espejo del baño, por ejemplo. En un chiste malo contado en el momento menos esperado a nuestro compañero de trabajo. O simplemente en una llamada a esa persona con la que hace tiempo que no hablamos para preguntarle que tal lleva el día. Volviendo a las frases del principio podríamos decir que la felicidad está en el camino que nos lleva a hacer cualquier cosa que nos da miedo, dejándonos a este en el principio del mismo. Gracias a los dos por darme vuestra frase. Por cierto, a ti ¿qué te hace feliz?
martes, 18 de septiembre de 2012
HOY ESCRIBO PARA MI
Hay momentos en la vida en los que sientes que necesitas un respiro. Meterte en una burbuja y ver las cosas desde la protección que ofrece dicha circunferencia. Justo en ese momento, cuando te imaginas ahí dentro, te das cuenta que ya lo estás. Todo gira a tu alrededor, demasiado deprisa y sin que puedas hacer nada por controlarlo. Intentas salir, tomar las riendas de tu vida, pero entonces cabeza y corazón no se ponen de acuerdo y la tarea se vuelve dura. Antes de controlar lo que te rodea, debes controlar lo que sientes, piensas y haces. Pero no sabes por donde empezar, ni como hacerlo. El pensamiento "no puedo" acude raudo y veloz para complicar un poco mas las cosas. Y es justo en ese momento cuando un nuevo acontecimiento te recuerda lo vulnerable que eres. Ahí es donde estoy yo. Queriendo rutina pero comprobando como cada día está mas lejos. Intentando unir cabeza y corazón pero viendo como discuten día tras día. Es lo que menos me preocupa, tengo las ideas claras, pero duele decir "no" cuando siento "si" aun sabiendo que lo mejor es "no". Luego están las cosas que desconozco, o peor aún, las que creo conocer. Sé que el tiempo va a aclarar todas y cada una de mis dudas, pero hasta que llegue ese momento estarán ahí, dando vueltas por una cabeza que no da mas de sí. Por otro lado, se que lo mejor es que los interrogantes sigan donde están, porque no estoy preparada para conocer las respuestas. No, todavía no. Tengo que asumir lo que me está tocando ahora vivir para enfrentarme a esa nueva situación con la cabeza mas despejada. Bueno, por hoy es suficiente. He conseguido desahogarme de tal manera que solo yo se a que me refiero. Te pido perdón, si al leer esto no has entendido nada, pero necesitaba expresar con palabras lo que sentía. Sé que no voy a arreglar nada y que lo que tengo que solucionar sigue ahí, pero al menos me siento un poco mas libre de la pesada carga. Aunque no lo parezca, estoy bien. Simplemente es una temporada en la que tengo varias cosas que asumir y se me hace un poco cuesta arriba porque son varias y en campos muy diferentes entre sí. La próxima entrada llegará pronto, me comprometo a ello.
martes, 11 de septiembre de 2012
MI VERANO
Tras varios meses de silencio ya va siendo hora de saludar a la gente que lee estas letras y publicar una nueva entrada. En el tintero tengo muchas ideas que espero ir desarrollando conforme la rutina llegue a hacerse dueña de mi vida. El motivo por el cual he estado tanto tiempo sin escribir ha sido la falta del mismo. Entre vacaciones y trabajo no he podido sentarme para dar rienda suelta a la imaginación. He pensado mucho en ti, querido blog, y he hechado de menos contarte todo aquello que pasa y ha pasado por mente y corazón. Hoy es el día elegido y lo primero que haré será un resumen de una parte de lo que he vivido y sentido.
Al pensar en el verano el primer sentimiento es la añoranza. Sé que entre nosotros hay algún papá y/o mamá separado. Seréis los que mejor entendáis ese sentimiento de tristeza que se apodera del corazón cuando la casa permanece en silencio demasiados días seguidos. He llorado al tener a los reyes de la casa fuera de ella. Sabía que estaban bien, pero me faltaba un beso, un abrazo y hasta una mirada pícara cuando el mayor me va a tocar con las manos heladas o la mirada de enfado del pequeño cuando le digo que espere su turno para hablar. Sabía que estaban bien y que es positivo para todos que estemos ese tiempo separados, pero la tristeza es un sentimiento que está ahí aunque quieras que se vaya. Para combatirla hice un viaje relámpago y pude darle nada mas y nada menos que seis tirones de orejas al pequeño de la casa. Gracias a eso el mes no ha sido tan largo.
Otro sentimiento que me he viene al recuerdo es la incertidumbre en el trabajo. La cosa está delicada y hasta que llegue octubre no encontraré la estabilidad y la rutina que anhelo.
Hay otros sentamientos como impotencia y resignación que también ha hecho mella, pero prefiero no entrar ahí, no es algo positivo.
Lo muy positivo ha sido la paz, el silencio y el compañerismo que he sentido al salir de excursión. Allí, rodeada de árboles y agua, solo era yo y nadie mas. Las voces de los compañeros de fatigas sonaban lejanas y el ruido ensordecedor del agua me impedía no pensar en algo que no fuera lo que estaba viendo en ese momento. Andar por el agua, tocarla con las manos, notar la humedad donde la espalda pierde su casto nombre... Son sensaciones que me cargan las pilas, son momentos que necesito vivir para continuar por el camino de la vida. El camino con sus subidas y bajadas, con sus piedras y sus tramos lisos, con unas palabras de "no puedo" aquí y otras de "si puedes" allá. Y al llegar al destino la sensación de que ha merecido la pena el no rendirse cuando las fuerzas empezaban a irse. No estoy acostumbrada a hacer senderismo y al principio, hasta que el cuerpo se habitúa me cuesta un poco dar paso tras paso. El camino de vuelta es mas llevadero, la mochila pesa menos... y el corazón también. A la orilla del río dejo las tristezas, las añoranzas y demás sentimientos y pensamientos negativos. La corriente se los lleva y entonces hay hueco para llenarlo con la belleza del paisaje y el rumor del agua aquí y el silencio mas absoluto allá. Tengo ganas de volver a andar, de verme rodeada del verde de los árboles, el marrón de la tierra y el azul del cielo. Me apetece mucho hablar con la gente de ese entorno, siento que tengo mucho que aprender y las personas con las que hablo me lo pueden enseñar. Si a todo esto le añadimos la presencia de las personitas mas importantes de mi vida, ya no necesito nada mas. Tendré que probar esa experiencia y hacer una excursión con ellos, despertarles el gusanillo por el senderismo y el amor a la naturaleza.
Volviendo a los sentimientos de este verano, mi corazón también ha tenido su ración de quiero y no puedo. He vuelto a vivir el principio del fin de una historia que pudo ser y no fue. En esta ocasión estoy muy contenta porque siento que no he perdido el tiempo sino que lo he invertido en lo que, espero, sea una sincera y duradera amistad.
He empezado la entrada diciendo "hola" a cada persona que lee esto. Ahora toca la despedida. Pero antes de ello... ¿qué tal vuestro verano? ¿Qué habéis sentido? Gracias por estar ahí y hasta la próxima.
Al pensar en el verano el primer sentimiento es la añoranza. Sé que entre nosotros hay algún papá y/o mamá separado. Seréis los que mejor entendáis ese sentimiento de tristeza que se apodera del corazón cuando la casa permanece en silencio demasiados días seguidos. He llorado al tener a los reyes de la casa fuera de ella. Sabía que estaban bien, pero me faltaba un beso, un abrazo y hasta una mirada pícara cuando el mayor me va a tocar con las manos heladas o la mirada de enfado del pequeño cuando le digo que espere su turno para hablar. Sabía que estaban bien y que es positivo para todos que estemos ese tiempo separados, pero la tristeza es un sentimiento que está ahí aunque quieras que se vaya. Para combatirla hice un viaje relámpago y pude darle nada mas y nada menos que seis tirones de orejas al pequeño de la casa. Gracias a eso el mes no ha sido tan largo.
Otro sentimiento que me he viene al recuerdo es la incertidumbre en el trabajo. La cosa está delicada y hasta que llegue octubre no encontraré la estabilidad y la rutina que anhelo.
Hay otros sentamientos como impotencia y resignación que también ha hecho mella, pero prefiero no entrar ahí, no es algo positivo.
Lo muy positivo ha sido la paz, el silencio y el compañerismo que he sentido al salir de excursión. Allí, rodeada de árboles y agua, solo era yo y nadie mas. Las voces de los compañeros de fatigas sonaban lejanas y el ruido ensordecedor del agua me impedía no pensar en algo que no fuera lo que estaba viendo en ese momento. Andar por el agua, tocarla con las manos, notar la humedad donde la espalda pierde su casto nombre... Son sensaciones que me cargan las pilas, son momentos que necesito vivir para continuar por el camino de la vida. El camino con sus subidas y bajadas, con sus piedras y sus tramos lisos, con unas palabras de "no puedo" aquí y otras de "si puedes" allá. Y al llegar al destino la sensación de que ha merecido la pena el no rendirse cuando las fuerzas empezaban a irse. No estoy acostumbrada a hacer senderismo y al principio, hasta que el cuerpo se habitúa me cuesta un poco dar paso tras paso. El camino de vuelta es mas llevadero, la mochila pesa menos... y el corazón también. A la orilla del río dejo las tristezas, las añoranzas y demás sentimientos y pensamientos negativos. La corriente se los lleva y entonces hay hueco para llenarlo con la belleza del paisaje y el rumor del agua aquí y el silencio mas absoluto allá. Tengo ganas de volver a andar, de verme rodeada del verde de los árboles, el marrón de la tierra y el azul del cielo. Me apetece mucho hablar con la gente de ese entorno, siento que tengo mucho que aprender y las personas con las que hablo me lo pueden enseñar. Si a todo esto le añadimos la presencia de las personitas mas importantes de mi vida, ya no necesito nada mas. Tendré que probar esa experiencia y hacer una excursión con ellos, despertarles el gusanillo por el senderismo y el amor a la naturaleza.
Volviendo a los sentimientos de este verano, mi corazón también ha tenido su ración de quiero y no puedo. He vuelto a vivir el principio del fin de una historia que pudo ser y no fue. En esta ocasión estoy muy contenta porque siento que no he perdido el tiempo sino que lo he invertido en lo que, espero, sea una sincera y duradera amistad.
He empezado la entrada diciendo "hola" a cada persona que lee esto. Ahora toca la despedida. Pero antes de ello... ¿qué tal vuestro verano? ¿Qué habéis sentido? Gracias por estar ahí y hasta la próxima.
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